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Sostenía un día de poniente el pueblo de vall  d´Uixó un hondo suspiro contenido en sus montes, cuyo aspecto de basurero prometía volverse un volcán contra ellos, si cualquier destello  de un simple cristal abandonado, chispa, o rayo, tocara alguna rama dando pasto el monte a las llamas.
La gente de este pueblo, acostumbrada a los sobresaltos, cruzaron los dedos por consejo del Ayuntamiento, para vencer el maleficio de esa jornada de poniente y aplicar sentido común al salir de casa.  recordó  el consistorio el hecho  nada sorprendente ya el que día anterior ya había habido dos incendios de forma espontánea. Incluso  llegaron a intervenir los helicópteros sobre las zona del molino.  Lanzando agua sobre las ruinas del viejo molino que perdió sus aspas luchando contra   las llamas.  Hacia ya de eso algunos  años. En una jornada de fuego urbano para no olvidar. Sobre todo cuando salieron lanzadas las piedras  del molino surcando el cielo como un cometa hasta dar con el hogar de la sagrada familia. Muchos pensaron que aquello fue un milagro, que aprovechó el ayuntamiento para hacer  un itinerario turístico llamado el sendero de Belén. Desde los helicópteros, ese día de poniente e incendios, podía verse un bosque de gigantescos algarrobos que rodeaban las ruinas  del molino. Sus ramas se agitaban como brazos de gigantes por el viento de las aspas, y caían del viento que producían al suelo pesadamente y con un ruido sordo. Desde los helicópteros se felicitaban por ganar la  batalla sin comprender  que los viejos gigantes que guardaban el molino, se rendían. La época de los molinos y los gigantes había terminado mientras los helicópteros  iban a otro incendio cercano seguidos por una bandada de bolsas de plástico que volaban a su alrededor.
Angelillo de Uixó.

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Nubes lanzadas desde tierra,
en una llamarada de plata que hiere el cielo.
Los pasajeros del aire
leyeron el aviso al pasar por los pueblos
salpicados por lóbregas cúpulas azules de media teta,
dominadoras de un erizado mar de casas , plazas, arenas ,
y criaturas dentro en un laberinto de cemento,
de espaldas a los almendros,
que se iban hundiendo entre la espuma y el fuego.
Cayeron sobre una sartén con aceite los olivos y las palomas.
Sería ya para siempre San José,
pues el hombre de las acequias,
estaba fatigado de las olivas y las palomas.
Quería ser espadachín de los fogones,
y porteador en las maratones de montaña.
Entre tanto ,
las abejas y las mariposas
se convirtieron en kamikaces
polinizando las flores en llamas.
Las hierbas bostezaron,
ante lo que veían venir con el viento de levante.
Pero no había San José,
como en los bares ni en las discotecas,
gritos ni empujones entre las llamas,
de todos los animalitos que huían sin salida.
Metiéndose con calma en la boca del fuego.
A el se entregaban en cuerpo,
la ardilla, la perdiz, el conejo, y el faisán.
Era una tarde de ocaso calurosa,
donde resbalaba el agua con el aceite.
Yo miraba las cúpulas azules de Vall d´Uixó
cubiertas de cenizas,
como si fueran las de una Venecia ,
que se hundía lentamente,
mientras bajaba el humo de las montañas.
Entonces fue cuando salió,
una hermosa ninfa negra mojada de una esquina,
cargada de aceite, palomas y ardillas,
que lloraba y gritaba:
Quiero irme de aquí.
Pero nadie le ayudaba.
Entre tanto,
se reunieron en torno a la cruz de los caídos,
entre grandes risotadas los tenderos.
Se juntaron a vender los terrenos endurecidos por el tiempo,
donde habitaban los muertos.
Aguardaban la gran inundación para resucitar con el barro.
Yo veía San José,

junto la gran cúpula azul del Ángel,
a la muchedumbre junto la jarra de cerveza
compartiendo la conciencia.
Y a los políticos en la televisión
con voz aterciopelada,
hablar de la paz, el progreso, el turismo, las montañas
los prados, las cabañas, el amor,
junto los bomberos y las llamas.
Angelillo de Uixó.

Sigue la ola de incendios en Vall d´uixó.

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La noticia:

Una ola de incendios asola Vall D´ Uixó. Desde hace varios meses todas las semanas hay algún incendio. Las autoridades han salido al paso en los medios de comunicación locales junto a bomberos y fuerzas de seguridad con una sonrisa algo fingida y restando importancia al asunto:

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“bueno, bueno votantes del PP, no hay de que preocuparse por estos incendios ni por la seguridad publica, se trata seguramente de una casualidad”

Periodista con dudas:

“ 20 incendios en 20 semanas señor concejal ¿ se puede llamar a eso casualidad?

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Autoridad carraspeando sin perder la sonrisa ni la estrategia comunicativa:

Seguramente si señorita, lo puede consultar en la ley de probabilidades. En fin, no nos preocupemos mucho por estos incendios y pensemos en el domingo que se celebrará la subida a Pipa, un clásico Vallero de gran interés medioambiental.

  1. Hugo tropieza con un encapuchado.

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En un claro día, previo a la vuelta a Pipa, los maratonianos se prepararan para la intrépida carrera patrocinada por la concejalía de deportes. En un bello claro, donde se abandona el sendero que sube al agreste monte y se cruza con el camino que se une al pueblo, Hugo, concejal de deportes, regresa de su entrenamiento. Es sacudido por el viril esfuerzo. Sin respiración, se detiene encorvado sobre si, cubierto de sudor, tosiendo y agarrándose las temblorosas rodillas. Sus piernas de gacela saltarina sienten las punzadas de las agujetas cómo si le hubieran perseguido una jauría de canis.

Joder madre mía, tengo que dar ejemplo en la concejalía, y no puedo sin detenerme dar la vuelta completa al monte Pipa, menuda bronca me espera si no obtengo algún buen puesto el domingo, y quizás Vilaba me pise el puesto. Tendría que haberme metido en hacienda, eso si es vida.

De repente, escucha Hugo mientras se lamenta, una voz que pasa por su espalda hablando sola. Es una sombra errante, una figura poco galante, cubierta por una capucha que le hiela a Hugo la sangre.

Palabras del encapuchado:

La llama incendia y quema,

Yo por dentro sufro,

Aunque nadie lo perciba.

Me desahogo con el fuego,

Pues tiemblo de rabia e impotencia ante tanta miseria.

Siento odio hacia este pueblo.

Vall d´uixó me amenaza,

y yo la amenazo.

Que nadie nos culpe de nada.

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Sobre la cabeza de Hugo saltan varias chispas convertidas en ceniza.

Levanta la cabeza y ve arder el monte.

Un pino de infinita belleza es abrasado por las llamas.

Otras almas del cercano barrio salen a escena acostumbrados a las hogueras.

Dan palmas y cambian impresiones.

Hay discusiones sobre el valencia y el barca.

Con conocimiento, devoción, y magia ante las llamas,

Siente el numen en su corazón,

cómo la lengua roja cargada de sangre, muerte y pasión,

Se encuentra con sus ojos llenos de penas y pesares.

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Cruje el monte,

llora,

se queja.

Su belleza no importa,

Es demasiado dulce para ser protegida, comprendida y querida.

Plumas quemadas de pájaros que anidan en las ramas vuelan calcinadas.

Este arder inflama el orgullo de los despechados, de los desesperados.

Y Hugo se pronuncia corriendo hacia la ducha:

Que casualidad, otro incendio, espero que en la subida no ocurra, que seguro que alguien me intenta chafar el puesto.


Sigue la ola de incendios en Vall d´uixó. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.
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El barrio de texas-vall d´uixó atrae el fuego.

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Escena I. Antes de ver el humo.

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Y la mano del poeta hace vibrar una cuerda de la guitarra eléctrica pensando en su angelical amiga con un dolor infinito de no poder estar enredado entre sus brazos y su cuerpo en esos instantes.

Desliza por el mástil el dedo haciendo un slide que quejumbro saca el sonido de su soledad interior. Semeja el sonido al de aquel perrofluata o ser de luz que se inventa para huir de los demás que las vibraciones del cuenco budista reequilibra sus energías.

Suenan duros ataques de púas en quintas y octavas retumbando desde el amplificador de la guitarra cómo metralletas que le excita el deseo, y le hacen sentir los golpes físicos por no estar con ella.

El poeta cantando:

Oh angustia, tu nombre es deseo, es mujer.

A toda sensación,

a todo sentimiento,

a todo contacto con mujeres,

deberíamos de renunciar para no conocerte.

Oh angustia, oh angustia.

Tu creas monstruos,

Tu creas Emmos.

Goodbye, goodbye my life.

Poco a poco se va acercando un helicóptero que hace de metrónomo.

Toco, toco, toco, toco toc.

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Cabalga por el cielo la máquina cuando pasa por delante de la ventana del poeta en dirección a las cercanas colinas que se deslizan sinuosas, amigables, inocentes, cálidas, fáciles de conquistar y de dañar en su fisonomía. Se extienden grisáceas y calcáreas hasta precipitarse en el serpentino río seco del Belcaire por el flanco sur-este del barrio de texas-Vall d´uixó, donde el fuego es bastante común en el lugar. Atraído según los poetas por un cúmulo de fatalidades y casualidades, y por una especie de determinismo según el horóscopo. Aunque según la guardia civil y los sociólogos son otros motivos que no tienen que ver con la casualidad lo que hace que cada poco arda algo por el lugar.

Escena II. EL poeta ve el humo.

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Joder, cuanto humo- exclama el poeta que arrastra el jack de la guitarra hasta la terraza donde surgen entre nubes medias blancas y algodoneras que soplan un viento seco y algo fresco, las nubes negras de humo que eclipsan a las nubes blancas que se alejan hacia el mar, mientras las negras ascienden cómo una hercúlea columna que se yergue desafiante sobre las colinas de texas- vall d’uixó.

Entre las llamas, se adentra el helicóptero coronando el fuego con su característico sonido de motor y aspas.

Las colinas tapan la escena del incendio que se produce en el otro lado.

EL helicóptero parece ser engullido por las colinas, pero el áspero sonido de la máquina y el humo alimentan en la imaginación del poeta mientras hace solos de guitarra la lucha de un dragón contra un incendio.

Gracias al ruido de sus motores puede adivinar lo que está pasando.

Sus dedos se deslizan muy rápidos por el diapasón cuando asciende majestuoso, solemne y victorioso entre el humo el helicóptero semejando una escena de Apocalyse Now.

Joder, esto es el paraíso- exclama el poeta emocionado tocando las Valquirias de Wagner, y la enorme maquina alada, cómo si fuera el sol , asciende poco a poco por la colina a menos de 800 metros de distancia de los ojos del poeta que saluda a la bestia.

El helicóptero gana altura dejando abajo los árboles y el humo negro.

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Empieza a dar vueltas en círculo para vez más amplios hasta alejarse cabalgando por el cielo cómo las valquirias.

El humo negro ha desaparecido, pero volverá, Texas lo atraera, porque desea desaparecer, necesita dejar de existir para volver a ser fundado de nuevo ese barrio.

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Angelillo de Uixó.


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