Archive for the ‘empresarios’ Category

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Ayer fui invitado a presenciar la obra de un artista local, me fascinaron sus cuadros y le prometí que trataría de escribir algo interpretarlos así como le invite de hacer algo de forma conjunta, no me dijo ni que si, ni que  no , solo se rió.

 

La neurosis de Dios.

Ver en el rostro del hombre,

la huella que queda,

Del incendio que alumbra la creación.

Y las vidas,

Ay, las vidas del hombre esparcidas como semillas,

grano diseminado por todo el orbe.

Es en él donde descansa la barbara risa de Dios.

EN esos surcos donde habita la privación de parte de él.

Inalcanzable ser ya más grande o más pequeño,

conducido al exilio, al suyo y junto a los demás.

Uno habita en otro, y otro en uno,

todos son todos cuanto son,

haciendo irreal todo lo que les envuelve de oculto,

que les hace creerse culpables, inocentes, verdaderos, falsos,

quizás elucubren hasta ser seres fuertes ,

capaces de soportar el llanto ajeno sin desmayar.

Pero lo que lo hace notable a los hombres,

es el dolor de la vergüenza que provoca,

tras una reflexión eterna, y ya inquebrantable ,

aceptar que todo es mentira,

en cuyo hedor se hunde Dios y el hombre.

Angelillo de Uixó.

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La neurosis de Dios. by Angdelillo uixo is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com.

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El rasca putas de la suerte.

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Marta se despertó esa mañana cómo si fuera un tronco seco. Acostumbrada cómo estaba a hacerlo cómo si fuera un chupa chups bien engrasado por el sobeteo de manos, lenguas, penes, y babas de sus clientes que acudían a perderse con ella en el club Marsella, situado cerca de la carretera entre vall d”Uixo y sagunto. Se tocó con el dedo el coño para comprobar que estuviera en su sitio, y nada más apartar las sabanas se dijo tras comprobar bajo el colchón el poco dinero que le quedaba:
Esto no puede seguir así.

Marta era una joven poco agraciada: delgaducha y larguirucha, que se daba aires de intelectual  al haber estudiado un año empresariales. A diferencia del resto de sus tres compañeras de oficio, a ella no le perdido un macarra, ni tenía una familia pobre que atender, ni tenia un retraso mental demasiado grande. Simplemente le gustaban los vestidos caros de los almacenes, las discotecas , el dinero y la cocaína. Marta era una chica capitalista standar. De los grandes almacenes, de las discotecas, de la universidad, acabo en  coches o casas de sus amigos haciendo favores sexuales por dinero o cocaína. Con el tiempo, conforme iba ampliando su circulo sexual de amistades y acudían amigos de sus amigos, comprobó que tener un macarra era mejor que andar sola por esos mundos con esa gente tan perdida. Así fue cómo llegó a ser  una de las chicas del club Marsella , que era una casa de campo pintada de rosa en medio de campos de naranjos cercana a una carreta comarcal. Un club de putas sórdido decorado cómo una casa de aperos al que acudían agricultores, camioneros, obreros poco cualificados, sudados y sucios después de trabajar, que no esperaban ni exigían mucho. El precio era  barato. Por 20 euros tenían la compañía de una chica, y el desahogo de toda la energía sexual reprimida durante el día fluía en 10 minutos. Junto Marta, estaban cómo compañeras tres chicas medio enloquecidas por la vida.
Marta quiso imprimirle al lugar su huella intelectual.
El macarra al que se había entregado Marta era un tipo sin mucha inteligencia, no muy alto, pero valiente y fuerte, aunque ya viejo para ser macarra a sus 45 años de edad. A Marta le impresionaban varias verrugas que tenía cerca de la nariz rota en una pelea, que le daban junto a sus labios carnosos y gruesos de sátiro un aspecto de autentica bestia. La frente de Fermín era amplia, y parecía  llevar tatuada la palabra:

subnormal.

Sus cabellos eran cortos y rizados, eso le imprimía  cierto carácter  africano. Se llamaba Fermín, había sido legionario en su juventud en Cauta. Allí conoció la grifa que le hizo girar la cabeza 360 grados. Su historia era la típica de los macarras:
De la legión a principio de los 90, al vagabundeo por la península, del vagabundeo al trafico de drogas en el final de los años 90 en discotecas. El cambio de siglo lo inicio con pequeñas condenas en prisión, y con el auge de los créditos baratos en el 2005 compró la casa de campo y la transformo en un club de putas. Pero al llegar al 2015 Fermín sentía que tenía mala suerte en la vida. se le escapaba la fortuna. EL negocio iba tan mal como las panaderías, carnicerías, lencerías….

Cada día entraba menos gente al local.

Intentó paliar esta situación subiendo el precio del servicio a 30 euros, y bajando el suelo a las chicas que ante se quedaban con el 50% , y ahora cobrarían 5 euros.
La cosa no funcionó.

Hubo muchas quejas de los parroquianos que se iban a los otros puti clubs por la subida de precios, y hasta hubo un borracho gordo que dijo de volverse casto antes de pagar 30 euros por esas putas.

Fermín se deprimió mucho, hasta que Marta, sonriente y seductora un día a la hora de comer, mientras le servia un gran plato de macarrones a la boloñesa a Fermín para animarle, le sugirió:

Mira papito mío, podríamos hacer obras de teatro en el club, y el Marsella será conocido en toda la provincia de castellón y valencia. Hay que ser innovadores.
Jacinta una puta casi enanita de grandes pechos y larga melena negra recogida en trenzas indias, que estaba medio loca a causa de las palizas recibidas por su padre en su infancia y debía mantener a un marido borracho, y dos chiquillos, se rió al escucharlo. casi escupió los macarrones de la boca.
¿ Y quién hará de actrices, nosotras?
Marta se adelantó contemplado a Fermín que cruzó los brazos, siendo eso mala señal:
No cariño, contrataremos a actores que representen obras picantes, cómo en el cabaret, nosotras nos sentaremos con clientes y les calentaremos. nuestra misión será hacerles beber mucho, y después los subiremos a las habitaciones.
Fermín, impulsivo se emocionó.
Pegó en la mesa con su puño lleno de anillos de cristo.
No se hable más. lo haremos Marta. encárgate tu de contratar a los actores, yo me encargare de la publicidad y de la decoración.
Aplaudir chicas.
El resto chicas a disgusto y furiosas con que Marta  se saliera con la suya aplaudieron sin comprender nada y presintiendo algo malo.

El club Marsella recibió  al cabo de dos semanas a la compañía marques de Sade para realizar su espectáculo. La obra que iban a representar se llamaba filosofía del tocador.

Marta supo de ellos por un anunció en un bar tomando un café. Leyó que la obra iba de burdeles y el titulo le pareció precioso. La única representación de la filosofía del tocador en un puti club  termino en un desastre. Tanto en la inversión  que Fermín realizó  transformando el salón del club donde estaba la pequeña barra en un escenario , así cómo  carteles publicitarios, anuncios en prensa, y el contratar a los actores que aceptaron encantados cuando les dijeron que actuarían en un puti club de verdad.
A ese evento hasta llegaron varios policías de paisano atraídos con la idea de pasar un alegre rato escuchando canciones verdes de un marques.

LA noche del estreno llegó.

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Las chicas iban de aquí para allá llevando copas a la gente. Se presagiaba un éxito en los primeros momentos. No hubo un lleno pleno,  pero si se animó bastante más de lo habitual.
El publico se quedo atónito al terminar el primer acto con las torturas sexuales que sufría la protagonista. La representación del marqués de sade  era una obra de instrucción hacia la humanidad, el club por un momento   se convirtió en un centro de la educación. Los actores  estaban felices y entregados actuando  en un verdadero santuario del placer y del sacrificio  ante gente de un mundo paralelo a su universo y que no tenía ocasión de conocer.
Fermín  antes de empezar el segundo acto subió al escenario y empezó a pegar a los actores, algunos de los  cuales sonreían y le animaban  que les pegara más. la policía viendo tanta degeneración llamaron a sus compañeros de servicio e hicieron  una redada mandando  detener a la compañía del marques de sade que acabo en los juzgados de nules.
Fermín gracias a sus amistades con la policía pudo conseguir que no detuvieran a las chicas, y consiguió que dejaran al margen a los clientes que también escupían sobre lo que había visto, llamado canallas inmorales a los actores y al tal marques de sade.

Marta  fue encerrada esa noche en su habitación para expiar su idea al día siguiente. Fermín acudió a primera hora a su habitación. Llamó antes de abrir la puerta con la llave que solo tenia él.
Al abrir la encontró frente al tocador mirándose la cara delgada y alargada.
Ven cariño- le dijo Fermín con ojos rojos, aliento a coñac, y semblante abatido tendiéndole la mano.
Marta cargada de  una pálida mirada observó los ojos castaños de Fermín  con una mueca dibujada en sus labios de pavor que desagrado terriblemente a Fermín. Esa mañana de colores turquesa y cálida que penetraban por la ventana de su habitación, le daban un semblante de matón a Fermín más acusado de los normal apoyado en la puerta entreabierta con la cabeza ladeada, vestido con una camisa de tirantes blancos y pantalones bombachos.
Fermin entró del todo. Cerró la puerta. Cogió la silla que había detrás de la cama. Se sentó suspirando mientras le indicaba donde tenía que sentarse:

sobre sus rodillas.
Marta dócil dio obediente  pequeños pasitos, temblando, se sentó sobre sus rodillas.
Fermín  levantó la faldita y con la mano empezó a azotarle las nalgas hasta notar al cabo de un buen rato que las nalgas estaban rojas y moradas, a punto de estallar en la superficie la sangre dejando hematomas enrojecidos que tardarían días en irse. entonces sabía Fermín que tenía que parar y pasar a pegarle en la nuca, bajo el pelo.
Marta se levantó cuando Fermín termino de trabajar,  y se tumbó en la cama llorando. Fermín sin decir nada salió sudado, agotado, y la dejó pensar.
Tras este acontecimiento, al club Marsella  le siguió una gran paz. Su marcha era la  habitual de un negocio ruinoso con clientes que no dejaban dinero.
Fermín empezó a ponerse muy sarcástico con las chicas, especialmente a la hora de la comida, cuando se reunían todos a comer y hablar.
-No gano con vosotras ni para comprar las bragas que gastáis. Voy a tener que deshacerme de alguna de vosotras, no puedo mantener tantas bocas.
Pilar, una rubia medio tonta a la que convenció para meterse a puta su novio tras haber pactado el precio con Fermín prometiéndole  que volvería con ella al cabo de varias semanas, cosa que no hizo.
Pilar cada vez que escuchaba que la iba a abandonar se ponía a llorar.
Fermín la consolaba abrazándola y mirando a Marta.
Tranquila Pilar que tú que quedaras. Pensaba en otra.

entonces Pilar pasaba bipolar a reírse.
nada parecía que fuera a cambiar en ese club en medio de campos de naranjos. A lo lejos se veían las chimeneas solitarias de los altos hornos de sagunto, hoy abandonadas. Desde las ventanas del Marsella, muchas tardes las chicas cómo viejas alcahuetas contemplaban  pasar camiones con sus mercancías alejándose de esa zona económicamente deprimida.
Marta empezaba a barajar la idea de irse.

Varias veces se acercó a Fermín con discreción, susurrando:

Fermín, de seguir así me tendré que ir.

Fermín tras escuchar y guardar silencio pasaba a rogar:

Espera princesa, todo cambiará, esto se llenara de clientes nena, yo te cubriere de oro.

A Marta no le convencía, pero hacia cómo que si, y volvía a su cuarto.

Marta una maña se levantó sintiéndose seca cómo un tronco seco. Estaba frustrada. Durante la noche  pasada despierta, al acecho cómo una perra de caza ataviada de  su más seductora  minifalda, sin parar de sonreír por la barra levantándose la blusa que le cubría el ombligo, dejándose tocar los pechos por los cuatro clientes que entraron para ver y no pagar. No consiguió ningún cliente. Ninguno tenía dinero. Tampoco Jacinta, o Pilar tuvieron suerte esa noche. Solo Rosa, una morena anoréxica con aspecto de menor de edad, tuvo sexo con un idiota al que le había  tocado un pequeño premio en el bingo de vall d’Uixó. El idiota se dejó todas las ganancias en el club.
Al día siguiente Marta, a la hora de comer estando todos reunidos en silenció dijo:
¿ Y por qué no hacer un sorteo para repartir?
Fermín que estaba de mal humor porqué le iba a embarga el audi le levantó la mano:
No me digas ninguna tontería más o te doy. ¿Crees que yo estoy para repartir dinero? ¿ Eh puta, eh? no estoy para bromas.
Marta que comprendió su situación se apresuró a aclarar su idea.
NO se hacen concursos para perder dinero. Quien suba a follar  con nosotras le damos un tiket, y también al que consuma en la barra cierta cantidad no se.. quizás 30 euros.

La gente Fermín, no viene por qué no tiene dinero, si se enteran de que en un lugar dan dinero, lo querrán. La gente acude donde hay dinero, y si encima les dice que para ganarlo lo van a pasar bien, vendrán felices. ¿ qué pierden nada? Si no ganas salen follados, es perfecto.
Con la propia actividad financiamos el premio. Las ganancias son seguras, además el dinero  vuelve por partida doble, realmente no hay premio. pues quien reciba el premio querrá gastarlo en el local  con sus amigos y el dinero vuelve tan rápido cómo salio. Es perfecto.
Fermín hizo gesto de pensar, que no era su fuerte, y exclamó varios segundos después  pegando un golpe impulsivo sobre la mesa que tembló
Bien Marta, yo me encargare de la publicidad, de los carteles…

el rasca putas de la suerte, me la follo y gano mil euros.

el rasca putas de la suerte, me la follo y gano mil euros.

Señalando Fermín a sus compañeras que hacían cara de no comprender lo que iba a pasar
Encargate Marta de que  estas chorlitas se disfracen de premio y actúen cómo si fueran  un premio.
Jacinta chilló:
otra vez a actuar cómo el día de  los actores. No saldrá bien.

Fermín la cogió de los labios levantándose de la mesa y haciendo que pareciera un pececillo con los morros fuera del agua, apretando la amenazó:

No me chafes  el evento.
Angelillo de Uixó.

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construcción vall d ´Uixó.

trabajar construcción

aferro sus pies y sus manos sobre el andamio y echo a andar sintiéndose seguro cómo Jesús sobre las aguas sobre un andamio que se movía cómo una noria un día huracanado, con prisas por terminar un sábado para ir a comprar carne refrigerada y troceada en el supermercado.

Pensaba que estaba en su mejor momento, y era un tipo afortunado de tener trabajo cuando ya había superado los primeros metros. Un golpe viento se llevó un tablero del andamio del tercero, que cayó a los pies de su compañero que cavaba una zanja.

Al verlo dudando y entretenido sujetándose el casco que se le iba, le gritó:
Me cago en la puta, date prisa en subir a la azotea y tapar las goteras antes de la tormenta o nos despedirán.

en la construcción II

Y con energías renovadas, dejando caer al vació su casco que se rompió en mil pedazos, motivado mientras su pelo se mecía entre el viento, siguió escalando cómo un cangrejo aferrándose a sus herramientas, desafiando los elementos y el desempleo.

Las bolsa de plástico que volaban chirriando a su alrededor se enganchan en su cuerpo.

Se paro un instante en el quinto a ver el espectáculo más hermoso que había visto nunca:

un cielo formado por un bosque de mil colores de hojas que se extendían cómo una alfombra entre las nubes incendiadas por mis rayos solares de vivos rojos chisporroteantes.

El andamio crujió. Silbó de igual manera que las cañas que se doblan por la brisa del cercano mar mediterráneo, donde crecían junto la orilla de sus barrancos, que llevan en sus entrañas un reguero de aguas tranquilas, oscuras y verdes de escaso caudal.

Su mano llego a la azotea, contemplo la tele asfáltica, el soplete, el pico, la pala y en un ademán de despedida movió las manos con la espalda en el vacío intentado aferrarse a algo mientras volaba haciendo mil piruetas y pensando:

me protegerá de esta caída el hecho de que tenga trabajo.

obra

angelillo de Uixó.

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Basado en la idea del accidente que tuvo lugar ayer en vall d”uixo,  ultimo día del mes de enero del 2015, un día de fuertes vientos con ráfagas de hasta 100 kilómetros hora. ( sin creer la versión del periódico  mediterráneo http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/sucesos/muere-vall-d-uixo-caer-tejado-nave-cerrada_916863.html ) Me baso en el recuerdo de las impresiones que he tenido yo trabajando en la construcción de peón a lo largo de mi vida. Recuerdo haber sido obligado a hacer cosas totalmente prohibidas: desde trabajar sin arnés en azoteas, taladrar una pared subido a un palet elevado por una fenwik, tirar objetos desde un tercer piso cómo mazas, una cizaña, incluso picos y palas , a mis compañeros que les habían mandado abajo el encargado para hacer otra faena. Para no subir ellos, ni que yo bajara, me mandaron que las tirara, y yo bien contento de hacerlo, me sentía un ángel. También recuerdo lo contrario, el ascenso tirando con cuerdas, ganas y garfios de sacos de cemento, sacas de arena, incluso un botijo y un cubo con cerveza, estando de puntillas sobre un encofrado sin barandillas. Tirar una pared sin apuntalar …. y cuando ha pasado algo, la empresa ha mentido, y obligado a mentir a los trabajadores bajo amenazas.


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Las naranjas de la ira.

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Traídos de aquí para allá, siempre compañeros de la escarcha que se calienta cómo un cohete sobre el cielo. Rojo al amanecer. Abandonan las últimas estrellas el azulado rosado que salpica el porche blanco, tan grande cómo la humilde caseta entre el plano huerto de naranjos, donde un perro guardián a la entrada atado con una cadena oxidada de varios metros, somnoliento nos mira a todos los que nos envían aquí y allá los comercios de naranjas. Gente venidas de todas partes y de ninguna, que han encontrado en vall d´uixó trabajo temporal . Sacrificados y buscando cómo un profeta cómo salvarnos cada amanecer, mientras el último acorde de guitarra de la película Sin perdón se extingue con el portazo de la furgoneta que es cerrada de forma brusca.

Esperamos que aparezca el encargado.
EL suave viento mueve el rocío de las hojas de los naranjos, y cae sobre la verde grama. Nuestras manos se calientan cómo las naranjas, las hojas y el sol.

Han comprado los comercios y las grandes superficies nuestra pobreza con dinero. Nuestro trabajo, nuestro despido, nuestra desunión. Todo el mundo está rígido y concentrado. Solo ha costado unos capazos de naranjas este estado a la empresa. La venta en Alemania de un kilo de naranjas supone más que el sueldo de una hora de nuestro trabajo.
Aquí estamos recogiendo la dorada ira que cuelga de las ramas. Cae al capazo, suena el golpe. Desfila el capazo con honores sobre nuestros hombros hasta el cajón donde es sepultada para ser cargada al camión y embarcada.
Empezamos el día cuando nos indican hilera, tira, calibre, color, y modo: con ramillete o sin el.
Corremos excitados durante el día.
Sin parar de correr y escuchando los chillidos de los encargados para que vayamos más deprisa y cojamos más y más.
Nunca es suficiente para nosotros el trabajo duro para quitarse el hambre y aferrarse al madero de la salvación.
El sol ha declinado.
Volver al barracón habiendo ganado lo suficiente para comprar comida.
Solo eso.
Sueldos ilegales.
Seguimos hundidos en la pobreza cómo las raíces del naranjo en la tierra.
Solo eso.
Nadie dice nada, pero se siente.
Es durante la noche  cuando todo de verdad se vuelve oscuro y duro.
Alejados de los campos de trabajo, encogidos entre colchones sucios,con las manos agrietadas y los pies doloridos, con el estomago medio vacío, y la incertidumbre del mundo girando por la cabeza.
La cabeza el centro de cada universo.
Y el mundo girando a su alrededor para pegarle bien al centro del universo.
Sin saber que va a ser de ti mañana., en ese momento es cuando nace nuestra ira. Lo he visto en mis compañeros. He oído sus gritos y he visto cabrearse por nada al volver del trabajo. En la última calle del pueblo, ya se empiezan a ver las estrellas parpadeantes y femeninas que parecen lágrimas brillando en la oscuridad. Aúllan contra el viento colgando lácteas y maternales, cómo las naranjas. Encendidas cómo nuestra alma que se agita ante la impotencia de tener frustradas las necesidades básicas.
En al última calle del pueblo, he visto a un hombre con una capucha sobre la cabeza escribir en un grafiti:
el mundo me odia.
me he dado la vuelta interrogándome por qué.
Una bola de nausea como una naranjas rodando por el suelo ha recorrido mi garganta sin que se pueda expulsar este grito de dolor interno al exterior.
He vuelto al colchón.
Aplastado por el amanecer, la ira se disipa cuando volvemos agitados a correr delante del encargado. Volcamos capazos por un euro en los cajones, menos de la mitad de lo que se debería según convenio. soportamos las amenazas de los comercios temporales, a veces llega un coche de alta gama y despide a toda una cuadrilla con una sonrisa:
habéis terminado- les dicen.
y los despedidos se alejan con un finiquito miserable deambulando perdidos por la carretera, sin saber donde ir bajo el sol.

El coche pasa por su lado sin mirarlos más.

angelillo de Uixó.

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Hermanolandia. La naranja de metal.

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I

A la hora del almuerzo se había producido un cambio de luna y estábamos todos muy animados contando anécdotas de nuestra vida laboral alrededor de una hoguera, pese a que la faena iba con retraso y el cabo cuadrilla estaba hecho una furia con nosotros. Había prometido pasearnos atado del cuello nuestro capazo de naranjas cargado con piedras cómo castigo por haberle hecho perder su tiempo ganando 8 euros hasta la hora de almorzar.

El legionario, nos contó arrimando sus manos agrietadas y llenas de inmundicia negra recogida de los arboles e incrustada en las uñas a la llama de la hoguera , que parecía cantar melodías religiosas primitivas , cómo acabó en su juventud un pesquero tras desertar de la legión porqué el sargento le tenía manía, Dios sabría el motivo. Cuando acudía al cuartel borracho acompañado de varias putas de Melilla que rondaban el cuartel, hacía tocar la corneta al centinela para despertar a los soldados que tenían que desfilar en calzoncillos delante de las putas. A todos les hacía desfilar, menos a él, que a modo de insulto le obligaba a presentarse ante ellas con el uniforme de gala y darle sus respeto cómo un caballero educado mientras el sargento les susurraba en voz alta a las putas:

Es marica.

Por este motivo decidió nuestro compadre huir por honor de la legión embarcándose en un pesquero.

Oh hermanos- con voz homérica nos relataba nuestro Ulises sus aventuras tras desertar de Itaca- en alta mar es donde he librado las mejores batallas de mi vida. Deberían haberme cubierto de medallas. Os contare mi aventura con una tortuga gigantesca. Un día en las aguas de Canarias, tras sacar de las redes entre las capturas una enorme tortuga de más de 300 kilos, que caminaba orgullosa cómo una reina entre los peces, lanzando bocados con su fiero pico a la tripulación. Incluso al patrón. Los chicos nos acercamos a ella y empezamos a montar encima de su caparazón, y a bailar sobre la concha de la tortuga mientras nos hacíamos fotos. Ella giraba su enorme cabeza, a modo de protesta, y lanzaba bocados al aire. Yo me acerque a su boca, y le puse el pie delante para que mordiera, y cuando iba a hacerlo lo retiraba, pero no se cómo fue, que en una de estas me agarro la bota. La partió en dos, menos mal que pude retirar el pie a tiempo, hacia el fondo de la bota, ya que en el mar, hermanitos, llevamos botas que nos viene grandes por si caemos al mar quitárnoslas rápidamente para poder nadar. No veáis hermanos el susto que me entro. Que quede pálido mirando a aquel puto animal. Me fui corriendo hasta la sala de maquinas y salí con una enorme maza de más de 10 kilos. La tortuga estaba allí plantada, cómo si fuera la dueña del barco, mascando la goma de mi bota y mirándome fijamente. Esclafe la maza contra su cabeza que quedo destrozada y esparcida por toda la cubierta. La tortuga levanto al máximos sus arqueadas patas, sin cabeza, y empezó a caminar hacia mi con su muñón ensangrentado donde había estado la cabeza que ya no existía. Caminaba macabramente chafando su propia sangre , así cómo a cientos de peces plateados que se agitaban sus colas desesperadamente haciendo un esfuerzo supremo por sobrevivir, hasta que chocó contra la cabina entre estertores. Sus patas empezaron a moverse cómo remos cada vez más fuerte. Estuvo así, en ese rincón unos tres minutos hasta que todo termino para esa gigantesca tortuga. El cocinero, un negro hindú que practica el vudú hizo una rica sopa con ella.

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En el momento en el que estábamos más a gusto hablando de nuestro heroico pasado alrededor de la hoguera que declinaba su llama, reducida casi al estado de ascuas, y nuestros ojos hipnotizados por su brillo se perdían entre los naranjos que nos llamaban. Apareció algo que jamás habíamos visto por estos lugares. De entre la sombra verde de las ramas apareció cómo una amenaza letal sobre nuestra espalda un tipo bien alimentado, correctamente peinado, afeitado y vestido con una gabardina. Calzaba zapatos elegantes. Llevaba en las manos una cartera de piel y un maletín con una maquina de escribir.

Lo miramos asombrados, y con temor al contemplar sus ropas muy superiores en calidad a nuestros harapos. Presentimos que se trataría de algo serio, y acertamos. El se presentó cómo un oficial de la inspección de trabajo. Nos enseño sus credenciales y todos nos pusimos muy nerviosos. EL cabo cuadrilla se escurrió con la excusa de que se había perdido sus documentos en unos árboles. Se adentro entre el bosque de naranjos. Vimos su sombra corriendo por las acequias.

Nosotros quedamos a su merced cómo ratones atrapados por un gato. Nos hizo unas fotos y con semblante serio de patrón de barco, nos dijo que nos iba a interrogar uno por uno, y que nuestra obligación era colaborar y decir la verdad.

A mi me señalo con su dedo inquisidor el primero, yo, cómo un cachorro de perro que sigue a su madre le seguí unos metros escuchando a Rocky decir al resto de compañeros:

No le digáis nada. Lo único que quiere ese tipo es jodernos. Seguro que lo han mandado los moros para que nos tiren al paro.

Por favor ¿ puedes traerme dos cajones?- me preguntó con amabilidad el inspector a lo que respondí que si.

Fui donde estaban mis compañeros aun sentados, expectantes con curiosidad de mirones y testigos ante el interrogatorio. De igual manera se hubieran comportado ante un cadáver, una violación, accidente de trafico con heridos, un incendio, o similares:

Venga Rocky y tú, tomas, mover vuestro puto culo de esos cajones, tengo que llevárselos al inspector.

No hables, no le cuentes nada- me ordeno amenazante Rocky poniéndose en pie y dándome el cajón mientras el inspector lo observó con una sonrisa de: tú serás el siguiente.

Tome señor- le dije cuando se los prepare para que se sentara y pusiera su maquina de escribir sobre uno de ellos.

Abrió su maletín de cuero y saco varios papeles con el timbre y logotipos del ministerio de trabajo, y un extraño manual sobre educación infantil.

Yo lance un profundo suspiro que el entendió cómo prueba de ansiedad.

Hijo, no estas detenido- trato de tranquilizar- solo voy a hacerte unas preguntas para ayudarte a ti, y ayudar a tu país. mira, estos tiempos son muy confusos, reina el mal por doquier ¿ Y sabes por qué?- me pregunto de una forma extraña.

Yo estaba de pie, con los brazos colgando y mirando las señales de Rocky con el rabillo del ojo. Lo veía haciendo el payaso con dedo en su boca, y pasando su dedo pulgar por debajo de su enorme cuello de buey , y señalándome a mi si hablaba.

No se porqué reina el mal- le respondí fastidiado al inspector. Y es la verdad hermanos, nunca lo he comprendido.

Él me miro con sus ojos azules y sonrió señalando un libro de educación infantil.

me lo temía- exclamo lanzado un vehemente suspiro. La causa de que las cosas estén como están, es por la educación antes de primaria.

¿ Eh?- le pregunte yo cada vez más extrañado de ese tipo que me empezaba a parecer que estaba cómo una cabra.

Si hijo, si. Yo soy inspector de trabajo, pero aficionado a la pedagogía. ¿ te sorprende, verdad? Mira chico, ( me dijo con orgullo de descubridor) he cruzado estas dos variables, y este es el resultado empírico que me da. Veras , los problemas laborales de nuestro país empiezan en la guardia, o más bien en que los trabajadores no van a la guardería. Con mis años de experiencia, haciendo inspecciones laborales por estos campos he comprobado que la mayoría de vosotros no ha ido a la guardería, y eso es el problema principal de todas estas situaciones, y que yo este aquí. Yo debería estar en una guardería, preparando a los trabajadores del futuro. ¿ comprendes? y ahora dime hijo, ¿ tu has ido a la guardería?

Yo cerré los ojos para tratar de recordar, pero no me salia nada y le respondí con sinceridad.

Mire señor, he intento recordar, pero la verdad, no lo se si fui a la guardería o no. Al colegio si fui varios años, hasta los 13 , creo. Lo que si recuerdo es que me echaron por quemar las cortinas del teatro de la escuela con unas bengalas. Lo que me proporciono una estancia en el hospital reflexiva de dos días por la paliza que me dio mi padre con la correa, y terror al teatro, al que jamás he vuelto.

El inspector anotó mi respuesta y volvió a posar su vista cansada y azul sobre mi, reparando en mi posición.

Está usted de pie. Por favor, vaya a por un cajón. Me da lastima que este de pie.

Yo obedecí de mala gana.

Mis compañeros me preguntaron al llegar a ellos.

¿ Cómo va?

Yo les respondí con el cajón en la mano con mi habitual sinceridad.

Creo que está pirado.

Esos son los mas cabrones- respondió Rocky.

Tumbe mi cajón de mala gana frente al suyo y me puse a su disposición.

Sacó en esta ocasión varios papeles de la todopoderosa oficina estatal de empleo del reino de España.

Empezó preguntándome nombre, apellidos, nacionalidad, para pasar a preguntarme el precio que cobrábamos por el cajón de la naranja, si lo que cobraba en la nomina era la verdad o recibía dinero en negro, las horas que trabajaba, si había recibido algún curso de higiene por parte de la empresa, equipo de seguridad , y un sin fin de preguntas que intuía no se muy bien porque, eran mal intencionadas con nuestra empresa.

Yo siempre he pensado cómo mi compañero Rocky, que es una contradicción de que el estado se esfuerce en ayudar a las empresas para que la gente trabaje, y luego las controle frenando su riqueza.

Así que opte por responder a todo lo que preguntaba que debía cumplir la empresa, o haber cumplido, cómo que lo había cumplido.

ÉL se anotaba esas respuestas, cuando termino de interrogarme, me solicitó que llamara a otro compañero.

Cada uno respondía una cosa. Habían hecho un pequeño ensayo en torno a la hoguera de lo que tenían que decir. El legionario incluso llamó al jefe de la empresa que les dio instrucciones. Lo malo es que ante el inspector , por los nervios incurrían en contradicciones, según el inspector debida a su falta de haber ido a la guardería y su egoísmo innato.

Una vez estuvimos todos debidamente interrogados. Se levantó el inspector y se dirigió hacia nosotros. Su aspecto imponía autoridad con su gabardina negra ondeando, sus finos guantes blancos de gentelman, y su cara perfectamente resurada y sonrosada, en franco contrate con nuestro misero aspecto.

Caballeros, siento haberles entretenido estos valiosos minutos de su trabajo. Yo el mío ya lo he hecho, ustedes ya pueden seguir. Han colaborado de forma perfecta con la inspección de trabajo del estado español. Le mandaremos una postal por navidad.

Recogió su maletín y su maquina de escribir, y como vino, se fue.

Desapareció físicamente, pero su presencia estaba entre nosotros.

Nosotros empezamos a silbar para que volviera el cabo cuadrilla y nos ordenara que teníamos que hacer, pues estábamos muy desconcertados y apunto de pelearnos.

Rocky acusaba a Tomas de haber hablado varios minutos más con el inspector que el resto.

¿ Que le has dicho hijo puta?- interrogó Rocky a Tomás.

Nada, de verdad Rocky. no he dicho nada, que se muera mi madre si miento.

Tu madre ya esta muerta- apuntille yo en honor a la verdad, pues no soporto las mentiras.

Está bien, pues por mi padre- respondió Tomas con la mano de Rocky en la garganta.

Eso está mejor- dijo Rocky aflojando.

El cabo desde un naranjo asomo la cabeza.

Eh chicos, ¿se ha ido ese hijo puta?

Si, si, sal sin miedo- comete para que le volviera el valor. Era un pena ver a nuestro cabo !con todo lo que había sido!  en ese estado tan lamentable.

El cabo salio totalmente color sepia.

¿ No habréis hablado de mi ante ese cerdo? preguntó.

no- respondimos.

¿ ha dicho algo de mi? con temor pregunto.

No- le tranquilizamos .

¿Seguro?- pregunto sospechando de nosotros.

Que no ostias, que no- le tranquilizamos nuevamente.

Por primera vez desde que trabajaba en la empresa ,nos mando meternos en le huerto con calma.

Venga, a mover las manitas princesas- nos dijo casi sin ganas, mirando melancólico el suelo donde había una naranja podrida y otra chafada.

Nosotros de forma lenta, volvimos dentro con dudas, mirándonos cómo enemigos.

II.

El inspector al llegar a su oficina se quitó la gabardina que colgó en el perchero. Subió la persiana de rejillas y encendió el calefactor eléctrico cuya resistencia empezó a cobrar un color naranja para pasar a convertirse en rojo.

Se sentó en su silla frente a la mesa y de quito los zapatos. Saco una botella de whisky y un pequeño vaso y dio un trago que le reconcilio consigo mismo.

Ojeo un libro de guardería.

Luego guardó la botella de whisky mientras cerro los ojos unos segundo intentando correlacionar datos.

Hablaba consigo mismo pensando en voz alta.

Es imposible encontrar entre estos hombres ennegrecidos por el sol y la lluvia, repletos de polvo y de restos los pesticidas tóxicos pegados a las hojas de los naranjos y a su carne, algún atisbo de verdad en sus palabras. Los arboles de los campos están enfermos, llenos insectos diminutos inmundos que se los comen desde la raíz, cómo el alma de estas personas.

Se que me han mentido. Tengo por una parte los datos con el peso del total de naranjas que recogen y van a la bascula del almacén, las nominas, las cotizaciones de la seguridad social de cada uno de ello. Más a parte, seis denuncias anónimas de trabajadores.

¿ No sería por mi parte una prueba de desprecio a su heroicos sufrimientos hacer un informe negativo basado no en la verdad, si no en las miles de mentiras que me han contado?

¿ Acaso esta gente desdichas, egoístas, cobardes, no son más honrados que cualquier empresario?

Estos trabajadores medio imbéciles y desequilibrados, no han ido a la guardería. Necesitan ser tratados así para que no anden por el mal camino de la vida. Dios sabe si no estuvieran aquí recibiendo instrucción laboral , lo que estarían haciendo en la ciudad.

Al mentir han dado una gran prueba de lealtad y de interés por la empresa.

No puedo más que manifestar en el informe de la inspección de trabajo que yo represento cómo autoridad laboral que se está haciendo todo bien. Se debería premiar a la empresa por su compromiso social y su gran labora educativa.

Sin este tipo de empresas no se que sería de estas personas que no han ido a la guardería.

Acabarían por la calle, en pandillas o en la cárcel, siendo una carga para el estado.

Angelillo de Uixó.


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La naranja de metal: operación maquillaje.

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La empresa de trabajo temporal para la que iba a empezar a trabajar en una unidad de recogida de naranjas, había apostado por todos nosotros ese día de igual manera que el chulo de mi barrio cuando nos traía al parque después de la misa evangelista a su puta favorita para que se ganara el pan como Dios o el diablo manda.
Nosotros, cómo recompensa por la confianza que nos daba la empresa temporal, quisimos ser legales con ella cuando nos dijo que la ley les obligaba a que fuéramos equipados al trabajo con botas de seguridad, gafas de seguridad, guantes, capazo, alicates, y que se cobrarían este material de la nomina.
Los que eran mis nuevos compañeros y yo, respondimos que sin problemas, que la ley es la ley, por mucho que nos moleste llevar gafas de seguridad, y botas que pesan un quintal y son más apropiadas para tirar a un tío a un río y hacerlo desaparecer del barrio.
Un chico del grupo con cara de espabilado saco la cartera y dijo:

Yo ya pago por adelantado.
¿ cuanto es? ¿ 40 euros?

La secretaria empezó a sumar la factura mientras entraron las bajas del día anterior.
Venían derrotados, tristes y silenciosos. Nos miraron al entrar con envidia por nuestra alegría y se colocaron a nuestras espaldas,  señal semejante a los perros vencidos en una pelea por el dominio dentro de una misma manada.
Esos son los chicos que han sido baja- comento una secretaria rubia bajita con cara de idiota a su compañera para que sacara los papeles del despido.
Nosotros los miramos con pena.
La verdad es que también nos daba asco verlos: había un gordo calvo, un viejo sin dientes, otro que cojeaba que comento haberse caído de un cajón, otro de ellos tenía aspecto de sordomudo, un hombre mayor con muchos tics  y ojos de búho.

Yo mire a mis compañeros, y me dieron más confianza, parecían hombres sanos y completos, cómo yo. Sabía que mi supervivencia laboral dependía en que estas personas corrieran cómo demonios por el campo cargados de cajones repleto de naranjas, y no les importara ser humillados e insultados por el capataz, y hacer un favor cuando hiciera falta.
Hoy por mi, mañana por ti.
Me preocupo un chico joven con cara de intelectual,  siempre son vagos, desleales y quejicas. Quitando eso, entre mis compañeros había un bizco, un tipo repleto de tatuajes y con un gran bigote negro, otro medio gitano y blanco con aspecto de gato, un melenudo con chupa de cuero abierta que dejaba ver una camiseta de interior personalizada con su foto y un cartel que decía:

Soy el rey de los petas.

Si, parecían buenos chicos, gente legal a los que podrías entregar tu vida en los momentos más duros. Gente capaz de dar sus propios huevos por ti siempre y cuando les demostrarás que estabas a su altura en la vida.

Menuda cabronada- comento el gordo y calvo que firmaba la baja lanzando un sonoro suspiro a modo de queja que le servio para que la secretaria le sonriera con compasión y entendimiento.
La verdad es que las palabras del gordo, a los chicos y a mi nos llegaron al corazón, que por cierto, lo teníamos muy sensible en materia laboral. Yo mismo, aunque parezca extraño llevaba tiempo sin trabajar, cosa que me desesperaba profundamente. Imagino que sería igual para el resto de mis compañeros.
Mientras recogíamos las botas, el contrato y demás, tuve una sensación de que la empresa nos podía traicionar. Pero dentro de mi deseche la idea. No, nosotros no eramos cómo esos tipos que habían sido baja. Además, estaban todos esos eslóganes de la ETT escritos por todas partes:

Confiamos en los trabajadores.
Lo más importante para nosotros sois vosotros.
Un trabajador feliz, un empresario feliz al cuadrado.

Mis primera palabras a mis nuevos compañeros fueron la lectura reflexiva de estos eslóganes publicitarios.
Exclamé con euforia y optimismo:
Estamos en buenas manos.

El intelectual movió la cabeza de forma extraña, cómo negando, cosa que francamente me desagrado.
Ya nos íbamos, cuando una secretaria sin mirarnos a la cara y con indiferencia que notamos cuando la observamos al girarnos, nos detuvo.

Esperar para conocer a vuestro cabo.

Todos nos detuvimos. Contemplamos las firmas de la baja de los trabajadores del día anterior, y cómo les daban el finiquito de un día a las bajas.
Una auténtica miseria que no cubría ni una tercera parte del material que le debían a la empresa y con la que tenían una deuda.
Sin duda a nosotros eso no nos pasaría, pensé.
Me tranquilizo intuirlo gracias a los comentarios de mis compañeros:

-Si han cobrado poco es porque se merecían cobrar poco, miau- fueron las primera palabras al sentarse en una silla del medio blanco medio gitano que miraba a las secretarias cómo un gato a un ratón.
Hay gente que no sabe- conformo el bizco mirando de perfil al hombre gato.
Nos comentó el chico de la chupa de cuero una historia de un tipo que conocía. Una leyenda en el mundo de la naranja que no terminamos de comprender del todo.
Yo conozco a un tipo que se empeñaba en contar cada naranja que recogía,hacia multiplicaciones mentales con ellas. La empresa le decía, eh tu, vega, deja de contar, que no eres notario y ve más deprisa. Era una buena empresa, podría haber hecho fortuna, pero el tío se empeñaba en contar las naranjas, no se porque le daba por hacer eso. Era del barrio, un buen tipo por lo demás, pero tenía ese defecto. Al final creo que lo tiraron. Se lo tuvo bien merecido-
Y todos le dimos la razón sin saber muy bien la razón.
Entonces apareció ante nosotros un tipo que venía del gimnasio vestido cómo un policía nacional, todo de azul. Dejo caer la bolsa de deporte al suelo que sonó a metal. Ruido de pesas. Cogió unos papeles del mostrador que le dio la secretaria rubia con cara de idiota diciéndole:
:
Esos son los nuevos.

ÉL se acerco a nosotros mirando nuestro nombre en los papeles.

Nos dijo:

Mañana a las seis de la maña aquí.

En esta empresa tendréis el futuro asegurado siempre y cuando acatéis mis ordenes, y sobre todo, cojáis más que la colla de Alí.
Nos aclaro a gritos quien era Ali.
Alí trabaja para este almacén, tiene varios moros que son realmente cojonudos cogiendo.
Hay uno que tiene seis dedos, y es capaz de coger el doble que un tipo normal. Unos dicen que es porque tiene seis dedos, otros que el mismo Alá lo hizo nacer de una naranja. yo no lo se, ni me importa, solo quiero que llegue el sábado y ver a ese Alí en el puticlub y decirle que mi colla ha sacado más cajones que él. Solo pido eso, no es mucho pedir ¿ verdad?
Nos echo un vistazo y nos ordeno que le enseñáramos los dedos.

a ver vosotros, enseñarme los dedos.

Le mostramos los dedos. Le decepcionó  al cabo cuadrilla que todos tuviéramos 5 dedos en cada mano, menos el bizco que tenia en una mano cuatro. Lo que le irritó al descubrirlo advirtiendo al bizco:
Tu no tienes manos de cogedor, pero en fin, si estás preciosas secretarias han tenido a bien catalogarte sin verte las manos cómo cogedor, seras cogedor, y ahora, a descansar monadas con manos de pato, mañana hay que trabajar.
Cada unos se fue a celebrar el contrato a su bar de confianza.
Al día siguiente con resaca montamos en una furgoneta destartalada, entre cajones de naranjas vacías. Mecidos por el bamboleo del vehículo contemplamos el amanecer del campo valenciano.
Había putas en las carreteras secundarias a las que pitábamos. Ellas nos alegraban la vista y el oído levantando sus suéter de putas y  enseñando sus pechos mientras nos retaban a parar.

Parar, parar, os daremos amor del bueno por muy poco.

Venga cogedores, entrar en calor con nosotras. Estamos muy calientes.

Con dolor en el alma y la conciencia elevada en el cumplimiento del deber abandonamos a esas divinas criaturas arrojadas cómo el estiércol en los campos de naranjos para ser devoradas cómo dulces naranjas compradas en la lonja. Vidas enraizadas en la miseria de las aguas turbias y verdosas de las acequias, el barro, la hebilla de los chulos, la risa de los mirones ,y el pasto de clientes envejecidos propietarios de los huertos, camioneros, yonkis, trabajadores de la naranja, y la maldita escarcha helada de la mañana. Sabíamos que a la vuelta al atardecer las encontraríamos en el mismo lugar, formando una larga fila de soldadas del ejercito de cupido y la felicidad de los naufragados, dispuestas a fumar por calderilla el amor acumulado en nuestros pantalones sucios.
Nada más llegar al campo y bajar de la furgoneta, el cabo eligió un cajón y me ordeno que le diera la vuelta.
Puse el culo del cajón arriba, y el cabo tuvo a bien sentarse dando orden de que empezáramos a movernos.
EL campo que nos había tocado era una putada: naranja de pequeño calibre que debíamos sacar a ramillete, a calibre y a color.
El precio a un euro el cajón, menos de la mitad que marcan las putas leyes del sector.
Pasaron dos minutos cuando empezamos a escuchar los primeros insultos:
Malditos cabrones mentirosos, dijistéis que sabíais coger y ya han pasado dos putos minutos de mi vida y no veo salir a nadie con el jodido capazo lleno de naranjas.
Os voy a arrancar los huecos y me voy a hacer un cantimplora con ellos, o meterlos en el cajón para que haya algo que facturar, aunque no pesaran mucho cabrones. Malditos bastardos hijos de perra.
¿Para qué me hacéis venir aquí con mentiras?
He gastado 20 euros de gasolina. Me la debéis.

No he visto gente tan inútil cómo vosotros.
Vuestras madres tiene la culpa por haber hecho hijos así de inútiles.
No me extraña que mi país este arruinado.
¿ Que empresa puede competir con una alemana si sus trabajadores son tan lentos?
Entonces salí yo el primero, y al ver el cabo que había una naranja con el ramillete demasiado corto, me detuvo y me amenazo levantándose del cajón.
¿ Has visto esto?- me preguntó con la boca abierta cómo un loco con una naranja en la mano.
Si- respondí yo.
Eres más tonto de lo que pensaba. Está naranja no tiene tres dedos de ramillete, esto no vale una mierda, igual que tu.
No vuelvas a sacar ninguna así- me advirtió lanzándola sobre mi.
Al siguiente en salir le toco meterse una naranja en la boca para que aprendiera a coger las del calibre que tocan por haber sacado varias pequeñas.
Le explicó con paciencia de maestro su castigo:
Si tienes dudas del tamaño, te lamentes en la boca cómo la polla de tu novio maricón de mierda.

Pasamos las primeras horas entretenidos, corriendo y esforzándonos todo lo que podíamos sin que se notara mucho nuestra entrega a la causa de la ETT debido al mal estado del campo y las naranjas. Aunque desde luego, eso no era excusa para que solo hubiéramos ganado 10 euros.
EL cabo cuadrilla se quejaba de que por nuestra culpa no podría pagar la letra del piso y acabaría en la calle con nuestras madres.
Nosotros nos pusimos de a cuerdo en darle algo de nuestro dinero para remediar esos problemas.
Más os vale que lo hagáis- nos recomendó.
A la hora de comer llego el camión, y el peor de los castigos en la recogida de la naranja. Donde el insulto más grave a tu condición de trabajador es hacer el trabajo más duro, que es el calificado de los torpes por haber fallado a tu grupo. Subirse al camión y cargarlo es el castigo en el campo. El intelectual que apenas podía mantenerse en pie fue el elegido para subir al camión. Yo viendo que apenas podía más, me ofrecí voluntario para ayudarle.
Cargamos el maldito camión entre los dos.
Después comimos entre un largo silencio donde solo se oía nuestros bocados resignados.
EL cabo se fue a un rincón para estar solo y meditar sobre su conciencia.
Algo le preocupaba en su cabeza.
Todos sufríamos por él. Era un tipo que deseaba lo mejor para nosotros, sin embargo, pese a sus consejos, no iban las cosas cómo deseaba y nosotros lo pasábamos mal por miedo a defraudarle.
Volvió para comunicarnos algo. Su aspecto era trágico. Puso su móvil ante nuestras caras y nos hablo midiendo las palabras:
Hace un momento, a las 14:17, me ha llamado Alí desde Vinaroz diciendo que tienes ya más de 700 cajas. Nosotros no llevamos más que 230.
Desde luego no es culpa mía esto.
Yo hago lo que puedo, y vosotros lo sabéis, sin embargo vamos mal.
EL medio gitano y medio blanco, cómo un gato acorralado se levantó para acusar al intelectual por la situación.
ÉL tiene la culpa de todo.
EL bizco en seguida se apunto al reparto de culpa y también le señalo, así como el hombre silencioso de los tatuajes y el bigote que nunca hablaba.
Es cierto, es cierto- dijeron y señalaron todos ellos.
EL cabo miro al intelectual y le preguntó con piedad cómo un padre:

¿ Que tienes que decir hijo?

EL intelectual miro a través de sus gafas de pasta avergonzado:
SI os parece, iré a parte.
Por supuesto- cometo el cabo cuadrilla y dio un aplauso instructivo que indicaba la dirección hacia el huerto y se reinicio del trabajo.
ÉL se sentó a comer una naranja y redactar un mensaje para Alí.
Por la tarde, pese a nuestro interés por enderezar el día no conseguíamos avanzar entre ese huerto sin apenas naranjas. Además, hubo un extraño accidente.
Al intelectual, el bizco que era su compañero, le dio disimuladamente un empujón que hizo que se clavará en el ojo una rama dejándolo tuerto.
Salio el intelectual chillando, tropezando y con la mirada borrosa.
EL cabo lo acerco a Sagunto donde cogió el autobús hasta vall duixó tras llamar el cabo a la ett para que lo despidiera por torpe.
Al terminar el trabajo ese día, el cabo nos dijo que le dábamos asco y que no volviéramos a aparecer ante su presencia.
Al día siguiente, al ir a firmar el finiquito encontramos a unos chicos firmando el nuevo contrato.
la secretaria al vernos dijo a su compañera para que sacara los papeles:
Ya están aquí las bajas de ayer.
Los nuevos nos miraban con desdén.
Entre nosotros había un bizco, uno con un solo ojo, uno medio gitano y blanco, otro que no hablaba con bigote y tatuajes, un tipo extraño con una chupa de cuero y una camiseta blanca con su foto que se auto implicaba en el asesinato del presidente Kenedy, y yo.
Angelillo de Uixó.
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