Archive for the ‘relatos’ Category

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El siguiente poema está escrito junto una camada de perros encerrados en una habitación en medio de un temporal de lluvia, nieve y viento en una caseta en ruinas llena de goteras. Este ambiente de necesidad lleva a las situaciones habituales de hostilidad tanto hacia el exterior como hacia el interior, así como estrés crónico, sensación de afinamiento, y otras derivadas dadas en estas circunstancias de semiguerra que se desarrollan en la cuidad vall d´uixó en el 2017.

 

En la cuna del suelo,

pequeñas gotas de luna,

cal y leche.

Tu mundo y el mío,

entre el hambre y las vallas.

Tus días serán grandes y cerrados,

esperando la tierra tan llena de nada.

Tu vida,

un mundo sin tráfico.

Un mundo quieto a la deriva en la arena.

Hay siempre una celda,

que se mueve a otra,

en un laberinto marino

de normas y calabozos

Donde la soledad se mece en los labios,

cosidos de paz,

y silenciados por la calumnia.

! Tan agusanada dentro de gotas de agua!

Olfatearás la necesidad cabizbajo,

vigilado por si despierta la rabia.

Para aplicar a tu carne la cura.

Ensayada vena por vena.

Hasta dejar la vida tan mansa y cerrada,

dentro de un huevo.

que si despertará la existencia de dentro hacia fuera.

La romperían la salir,

hueso por hueso.

Angelillo de Uixo.

<a rel=”license” href=”http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/”><img alt=”Licencia de Creative Commons” style=”border-width:0″ src=”https://i.creativecommons.org/l/by-nc-sa/4.0/88×31.png&#8221; /></a><br />Este obra está bajo una <a rel=”license” href=”http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/”>licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional</a>.

La caza de brujas de la ley mordaza. (mundo obrero)

 

 

 

Stalin-
estas fueron las últimas palabras antes de saltar desde lo alto del puente de los mártires de Vall d´UIxó  años después de haber sido detenido y puesto en libertad un ciudadano Valenciano acusado en la caza de brujas de la ley mordaza.
Estas palabras sirvieron para confirmar lo que sospechaba la policía local y guardia civil de vall d´uixó, que el ciudadano que se acaba de inmolar cuestionaba los derechos humanos.
Un saco blanco con la bandera de España y una calavera dibujada con dos huesos en forma de aspa en una fosa común y la palabra Stalin como testamento ponían fin a años de persecución, de imputaciones, de difamaciones, que dejaron  el alma de este cuidado excluida de dignidad,  de una vida decente, y de una moral adaptada.
Todo quedaba aclarado gracias a la palabra Stalin.
Si, con esa confesión a la hora de morir la imputación quedaba aclarada. Al igual que una bruja de la edad media cuando era interrogada por la inquisición y al final, ante el suplicio confesaba:
Soy una bruja, quemarme.
Llegada al convencimiento sincero de que era una bruja, quedaban tranquilas ambas conciencias, la del inquisidor, la de bruja.

Años atrás, en el 2010, en pleno desconcierto por la crisis económica el ciudadano que se acaba de suicidar firma en internet no con su nombre, sino como Ciudadano Paródico, una serie de confesiones sobre el desempleo, la pobreza en la que se encuentra inmerso, así como fotos personales semidesnudo enseñando sus costillas donde se muestran las marcas por el hambre. Desconoce que la crisis no es solo económica, sino policial.
Una vez se despegan sus palabras en la mesa camilla del cuartel de la guardia civil bajo los focos dejan ver los fantasmas de Stalin, Chávez, Fidel que se ocultan bajo el discurso. Entonces es cuando pasa el ciudadano a una lista oculta por la policía donde hay cientos y cientos de nombre de ciudadanos, en una matriz inmensa con una chincheta virtual clavada sobre sus nombres.
Pero se necesita una denuncia anónima de otro ciudadano para que se inicie el verdadero proceso de brujería.
La ciudadanía está aterrizada en un clima de histeria colectiva por culpa de la manifestaciones por los recortes, los inmigrantes, y sobre todo los musulmanes, chivos expiatorios de la ruina de España. Por eso colabora dando nombres por internet de cualquier persona que diga algo contra los eslóganes de la iglesia o las consignas de la ciencia.
La policía está hechizada por la ley mordaza.
Bajo el claro de luna se emiten desde las ondas advirtiendo del peligro de una sublevación de desposeídos contra la riqueza, el orden democrático, y la paz. Los desposeídos son gente sin alma, dogmática y radical que prometen venganza y hostilidades contra el Papa, la policía, los empresarios, los jueces, y los políticos.

Travestidos todos los valores sociales por las fuerzas de seguridad y la política se condena a sufrir, a la resignación, al castigo y al redil.
Pacifico, gente inmóvil como un océano que les hunde.
Pacifico, océano inmenso donde perderse.
Quizás encontrar almas extraviadas a las que castigar.
No se asuste, no le vamos a pegar ningún puñetazo como a un niño, aunque se lo merezca- ciudadano paródico observa la celda donde es arrojado.
Le viene a la memoria las sensaciones que tuvo antes de saltar por el puente.
En la celda no hubo golpes para el alma.
Solo paz y descanso.
La verdadera represión vendría después, con la puesta en libertad. Cuando la prensa entró en acción y se hizo eco de la noticia de la detención para ejemplificar con su caso la más que merecida tortura que se merecía. Eso era lo mejor ante el peligro que corría el país si no se actuaba con mano dura contra desposeídos. Luego siguió su total ruina, física y moral. El aislamiento una vez se hizo  famoso, los insultos en la calle, las amenazas, y con ese reconocimiento publico de la causa instruida, siguió  de la falta de trabajo, hasta perderse en su propio asco.
Solo el juez en el interrogatorio insistió en los asuntos del mal y su curación :

¿ Odia usted a curas y monjas?
¿ Por qué Incita a otras personas a pensar como usted en ideas erróneas,y que no son ciertas?

Parece que el molino moviera la ira- exclama  mirando al viejo molino derruido que hay frente al puente rodeado de chopos donde anidan los grajos que como una sombra de compás abren las alas y salen en desbandada volando.
Observa el tic tac del reloj de publicidad de coca cola y recuerda el tiempo, las agujas se mueven lentas, el minutero avanza monótono recordando el tiempo  pasado  desde la absolución.
Las cosas no se han perdonado.
Nadie ha perdido perdón. La persecución sigue con la derogación de la ley mordaza , incluso  es peor después del hundimiento del partido instigador de la caza de brujas .
Estamos  en una lista donde se acurrucan muchas voces, muchos pensamientos. Muchas ideas quedaran silenciadas en los rincones.
Y todos aquellos  perseguidos por la ley mordaza seguiremos  siéndolo de una u otra manera.

Antes de que acaben empujándome a cruzar las puertas de la locura, prefiero abrirme yo solo las puertas de la muerte.
Stalin.

Licencia de Creative Commons
La caza de brujas de la ley mordaza. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com.

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Bajaba desperezándose Raquel a las siete y media de la mañana por las empinadas  calles del Roser repletas de callejones curvos con santos y vírgenes con flores adornando las fachadas de las viejas casas de aires morunos. Ni una sola alma se cruzaba  con ella cuando abría los hierros galvanizados de la puerta de la panadería. Ésta, se abría como se cierra un abanico, mientras vall d’Uixó, una población convertida en perezosa todavía dormitaba.
La claridad azulada y luminosa del mediterráneo, iba poco a poco conforme el sol ascendía levantado las primeras  persianas de las fincas  proletarias de la avenida suroeste. Un barrio alzado con prisas en los años 60 en una zona dedicada al desarrollo urbanístico para acoger a trabajadores miserables y desesperados llegados de la pobre meseta castellana y andaluza a trabajar como mano de obra no cualificada en la fábrica de zapatos Segarra.
Silvestre,  el propietario de esa panadería, y así como de dos más, aparecía a esa hora puntual montado en su furgoneta, aparcando e introduciendo el género cargado con basquets repletos de pan y pastas entre sus rechonchos, cortos y fuertes brazos. Tras dejar la mercancía apilada a Raquel junto a unas estanterías de madera, y darle unos escuetos buenos días;  como hombre con prisas que debe vigilar los negocios y confía en sus trabajadores,  se iba para no volver hasta las siete y media de la noche, al cierre. Entonces recogía el dinero sin contarlo, el género que hubiera sobrado,  y sobre todo, preguntaba a Raquel que necesitaría para el día siguiente.
Ella le hacía los encargos de pan y pastas según calculaba que iba a necesitar. Siempre acertaba evitando perdidas.
Raquel, con treinta y cuatro años de edad, y catorce trabajando en esa panadería con abnegación inusitada en el pobre y descorazonador ambiente laboral de vall d”Uixó, no necesitaba recibir  ninguna orden de Silvestre, el propietario. Llegaron con los años  a creer los clientes que quien mandaba en la panadería era ella.
Raquel era el alma de la panadería. SU fortaleza ante el trabajo, más similar a la de los animales, sin importarle las horas que tuviera que hacer. Su responsabilidad y tenacidad  a la hora de trabajar, y un trato cálido  ante los clientes, donde siempre los atendía con amabilidad , aunque fueran gente que no perteneciera al ambiente tradicional y de parroquia de vall d’Uixó, que iba poco a poco difuminándose, sobre todo entre la gente joven y desencantada con ese tipo de sociedad miserable y atrasada que señalaba al diferente y quería perpetuarse  a costa del empobrecimiento general a que llevaba su fanatismo tradicional.  Raquel representaba un anacronismo, un papel del que no era consciente  y al  cual  mucha gente de vall  Uixó  se aferraba con uñas y dientes. Este ejemplo de sociedad entre moruna y patriarcal    había descolocado la localidad en un mundo globalizado. El resultado no se hizo esperar: consiguiendo el récord nacional al  pueblo más castigado de toda España por la crisis económica. En siete años, del 2008 al 2015, transformó su laboriosa sociedad, en una sociedad dependiente de pensiones, viciosa, cruel,  holgazana, y temerosa de los bancos y la justicia que no paraban de acosar a las familias. Muchos compararon por esto  a vall d’úixó con Andalucía . Tanto por el numero de andaluces llegado a trabajar a vall d”Uixó hacia más de cincuenta años, y que ahora sus hijos y nietos estaban en situación  de paro y desintegrados de la cultura local; como por los males endémicos de esa región de España cuyo nombre suena  casi a maldición de hambre y miseria. Como la que estaba viviendo la actual vall d”uixó: la Andalucía de Castellón.

Desde el 2008 el número de desempleados en vall d”uixó llegó a extremos jamás vividos. Las protecciones  sociales cayeron  a niveles  de tercer mundo , corriendo cómo la pólvora la noticia de la desnutrición severa de varias persona del pueblo.
EL pueblo sufría, pero lo hacía como un animal manso. Los andaluces sabían de eso mucho, y la gente del lugar, acostumbrada a la miseria del trabajo del curtido de la piel para hacer zapatos. Por eso soportaron todo aquello sin rebelarse. Ellos, incluso los andaluces pertenecían a un pueblo con una conciencia  de  ser tratados como el cuero. Los tiempos eran duros, y había que aguantar.
La panadería de la avenida suroeste como negocio aguanto bien. La gente seguía acudiendo a tomar su café, incluso más que antes. Los precios no suponían ningún esfuerzo demasiado extraordinario. Raquel, esa chica joven, siempre con una sonrisa en los labios y de piel pálida por no  recibir el sol en todo el día, entregada a su trabajo. Al igual que su pareja que trabajaba la tierra. Ambos dispuestos a sacar adelante la hipoteca que habían firmado con un banco para pagar una hermosa viviendo en el Roser. Raquel tranquilizaba  con su presencia a todo el mundo. A alguien tradicional, como había sido la gente antes” trabajadora y humilde” le iba bien. Sin embargo,  a su alrededor, tanto clientes como hasta Raquel, contemplaban con ojos de incredulidad , los de gente sencilla ajena a la política y que creían en un sistema capitalista y bancario, como  amigos y vecinos acaban desahuciados de sus casas. A tal extremo de tensión individual se llegó, que incluso hubo una oleada de suicidios en vall d”uixó, conmocionando al pueblo.  Empezando entonces a formarse asociaciones contra los desahucios. Asociaciones muy mal organizadas, al no haber un tejido asociacionista en el pueblo que respiraba unos aires morunos de solemnidad ante Dios y las procesiones, y de indiferencia en cuanto a las reivindicaciones sociales.

-¿Os podéis creer que han despedido a Raquel ?- Teresa con el café en la mesa le comentó estupefacta a su vecina Virtudes  mirando de reojo  a la nueva muchacha que le servía, lolita. Ésta era una chica de veinticuatro años, muy hermosa, de talle fino, con aires modernos.  Cursaba la carrera de filología inglesa. Había entrado a trabajar por Raquel con un contrato de aprendizaje por la mitad de sueldo que ésta. Solo deseba estar unos meses antes de irse a Escocia. La reforma laboral acaba de entrar por la puerta de la panadería, e incluso Raquel no se salvaba de Rajoy.
Para esas gentes sencillas, votantes del PP,  eso era demasiado.
Salvador no era un empresario que gozara,  como no lo hace ningún empresario en Vall d’Uixó, de mala fama.
Pero en ese momento la tuvo. Él,  por edad podía ser el padre de Raquel , y a un padre se le debe exigir un  comportamiento como tal, al igual que a un empresario. EN vall d uixó el modelo de empresario es el paternalista. EL empresario es alguien que ayuda a sus trabajadores,  sus trabajadores a cambio no se rebelan.
Sin embargo, durante la crisis,  en esa sociedad moruna en cuanto a la calma, y fascista en cuanto al modelopaternalista , se estaba llevando por delante esos conceptos se seguridad donde descansa  el orden moral de esta población.
Teresa, Virtudes, Paca, Sandra y otras mujeres que fueron entrando a lo largo de la mañana , pagaron su café, su pan y sus pastas  escandalizadas cuando preguntaron  a la chica nueva con preocupación familiar si Raquel estaba enferma al no verla como era habitual en catorce años.
Ella les respondió con timidez de novata, y sin saber que iba a pasar los días venideros en un país donde despedir trabajadores es deporte nacional ,cuando les respondió:
Ahora estaré yo. Raquel ha cesado de trabajar aquí.

 

En los siguientes días al despido de Raquel, la nueva empleada, Lolita, abría la panadería con el mismo estrépito de persianas de metal rompiendo como una saeta el silencio de la madrugada de la avenida suroeste igual que lo hiciera Raquel. Silvestre aparecía a la misma hora con su furgoneta sacando la cabeza redonda entre los basquets de pan abrazados con sus rechonchos brazos cortos dejando apiladas las mercancías junto las estanterías.
EL silencio reinaba entre ellos, era un silencio de dos desconocidos en medio de una situación extraña.
Tras dejar el pan, pensativo salía Silvestre entre los primeros rayos del amanecer que iluminaba las cumbres de las montañas secas de Vall d ‘uixó abandonadas al trabajo, repletas las laderas de troncos de algarrobos moribundos entre los ribazos donde se amontonaba todo tipo de matorrales en bancales sedientos, convertidos en una escombrera entre las que rumiaba de perfil de algunas de las casetuchas por construir o por derribar de San Antonio, y sobre este chabolismo caótico: la humilde ermita  de san Antonio con su techo inclinado como la cabeza d eun buey manso, su fachada blanca rematada con una cruz de metal torcida, casi anticristiana,  y bajo ella, su pequeña campana. Silvestre invadido por el frescor optimista de la mañana tranquila y despejada al meterse de nuevo en la furgoneta para proseguir el reparto. Creía que todo pasaría rápido, que la gente olvidaría lo de Raquel y todo volvería a la normalidad.
Lolita se colocaba tras el mostrador con su delantal perfectamente blanco esperando con ilusión la entrada de clientes. Pero no se producía, dejándole una sensación de culpa.
Cada dos o tres horas atendía a algún cliente extraviado de otros barrios que pedía una empanadilla, o algo similar. Miraba algo confuso y turbado las sillas vacías sin atreverse por educación a preguntar.

Lolita miraba por la ventana de la panadería con la mirada extraviada viendo pasar a gente del barrio paseando al perro. Gente que antes entraba, y ahora se quedaban merodeando observando quien entraba y quien salia.
No había ningún tipo de amenazas para el cliente de toda la vida que entraba a comprar el pan. Pero sus vecinos, que estaban en la calle paseando  el perro, o  hablando en los portales de las grandes finca de siete plantas de altura de la avenida suroeste, la más alta de vall d’Uixó, miraban al traidor que salia de la panadería de tal manera, que cuando se metía en el portal con el pan, sentía haber cometido una traición hacia la pobre Raquel. Ésta , después del despido se había encerrado en casa como un animal herido y durante días apaenas salía, como si cumpliera un dolo muy intenso.
Silvestre recogía todos los días por las tardes los basquet de pan casi llenos. Ahora miraba la recaudación de la caja. Era escasa, misera, apenas cubría los gastos del sueldo de la nueva empleada. Y eso que era miserable el sueldo que le pagaba a Lolita.
Lo veía claro, se habían puesto de acuerdo para arruinarle el negocio los vecinos. Silvestre era vall d’uixó, y sabía cómo era el pueblo cuando le ponen la cruz a alguien. ¿ pero a él?  a uno de los suyos.
¿Qué mal había hecho él? ¿ Por qué esas gentes humildes, que siempre apoyaban al empresario, conspiraban para hacerle daño ?
Él , Silvestre, solo era un pobre empresario sin fortuna en el mundo empresarial. Uno de esos empresarios que está obligado a trabajar, a levantarse cada mañana a las cuatro de la madrugada y no volver a casa hasta el anochecer. así día a día,  para sacar adelante tres panaderías. Fue la cámara de comercio de castellón la culpable de todo ( pensaba con rabia de hombre engañado por las instituciones,) junto con el ayuntamiento de vall d’Uixó. En unas jornadas de emprendimiento a las que le invitaron a acudir junto otros empresarios de vall d”uixó. Allí le convencieron que tenía a su disposición un amplio abanico de posibilidades de despido y recontratación de nuevos empleados por la mitad de sueldo. Le ofrecieron ventajas increíbles. Aquello era un chollo: discapacitados mentales, tullidos, enanos, delincuentes que acaban de salir de la cárcel y no cobraban por trabajar a cambio de reintegrarse en la sociedad.
Finalmente Silvestre después de pensar en lo que se iba ahorrar si despedía a Raquel, y teniendo miedo siendo una persona conservadora, al igual que su clientela, de lo que pudiera pasar,  o lo que pudieran decir de él  si metía una partida de mongólicos en la panadería ,  opto  por una modalidad  más moderada y tradicional, menos innovadora: universitarios sin beca y con necesidades económicas. Así apareció  Lolita que estaba inscrita en la bolsa de la universidad como demandante de empleo en la categoría de Auxilio. La cámara de comercio tenía un acuerdo con la facultad donde Lolita estudiaba filología inglesa. Al acabar la reunión los empresarios de vall d”uixó fueron captando sus nuevos talentos para sus empresas.
¿ Cómo decírselo a Raquel? fue lo que pensó Silvestre inspirado por las nuevas ideas que acaba de conocer , pensando ya sin dudas en despedir a Raquel . Estuvo dándole vueltas como decírselo. Raquel era una trabajadora ejemplar, pero de la vieja escuela Europea: cara. Seguro que si le decía después de catorce años que debía trabajar por la mitad de sueldo, se negaría. Conocía su carácter, cuando Raquel se negaba, era como la gente humilde del pueblo que cree tener razón, no da  su brazo a torcer ni a palos. Durante toda esa noche Silvestre dio vueltas agitado  en la cama. Su mujer maruja, una señora  cincuentona, apática,  que cualquier gesto fuera de lo normal de su marido o sus hijos se desencajaba. Le preguntó varias veces sobresaltada:
silvestre ¿qué te pasa? Estás muy raro desde que has venido de la cámara de comercio.
Recollons, que me ha de pasar dona, los negocios han cambiado ¿ comprens? No podemos seguir así, hay que deshacerse de Raquel. Ya ha dado bastante leche.
Maruja asustada por  estas palabras se fue a rezar el rosario.

 

A las 10 de la mañana del día siguiente aparecieron para sorpresa de Raquel unos técnicos dedicados a la instalación de cámaras de vigilancia. Tenían la misión de instalar una cámara de filmación con grabadora para vigilar y escuchar a Raquel. Ésta llamó sobresalta de inmediato a Silvestre extrañada.
“Silvestre, hay unos técnicos de seguridad en la tienda que dicen que usted ha mandado que instalen unas cámaras de vigilancia detrás del mostrador”
-Si, es por tu seguridad Raquel- le contestó secó Silvestre, y colgó.

Durante varias semanas los gestos feos, las malas miradas, la cámara a la espalda de  Raquel siguiéndola,  fueron enturbiando la relación entre jefe y empleada. Raquel,  de voluntad firme y pensado sobre todo en su hipoteca,  y en la gente del barrio que acudía a la panadería y la apreciaban, tuvo fuerza moral para continuar. bajando con paciencia infinita todas las mañanas por las calles morunas del Roser entre vírgenes y santos hasta abrir sobresaltada por la presencia de Silvestre que le causaba estrés, la puerta de metal.
La clientela notaba algo de lo que pasaba.
Teresa, que siempre ocupaba la mesa a la izquierda de la puerta junto a un grupito de jubiladas, que a la misma hora acudían y tomaban  día tras día, años tras año lo mismo, café con pastas. Teresa, que   ejercía de lideresa al tener más virtudes que ninguna, siempre con gesto amable hacia Silvestre por ser  hombre,  y esto de por si era para cualquiera de ellas era una categoría de respeto.  Un día de los que solía frecuentar la panadería Silvestre ( cosa que después de la instalación de la cámara empezó a ser habitual) le preguntó sin tapujos   al comprobar que las cosas habían cambiado en la relación entre Raquel  y SIlvestre, y empezaba a comentarse entre las mesas, siempre pendiente de los cambios,  sobre todo si eran cambios no deseados que agriaban la pacifica convivencia en un lugar convulso y lleno de miseria laboral , con situaciones  para la gente humilde de ésta tierra que les era difícil de comprender: los inmigrantes, los discapacitados trabajando, causantes de las increíbles cifras de desempleo.
Silvestre ¿ por qué ha puesto la cámara?- le preguntó con rostro lleno de inocencia ingenua en el que no cabe  malicia, pues ésta gente sencilla no suele enjuiciar nunca las relacioens de empresario trabajador.
Silvestres le respondió sonriendo:
Por seguridad.
Ahh ¿ veis ? con ingenuidad animal  Teresa se volvió a  sus compañeras que dejaron por zanjada la discusión.
Ningún comentario de este tipo se volvió a dar hasta el día del despido. Según silvestre, producido por falta de interés en el trabajo por parte de Raquel. La cámara y sus visitas lo demostraban. Él lo había visto. Raquel ya no era la de  antes, ahora era un ser desconfiado ante el amo que quería que la panadería se arruinará para cobrar el despido de catorce años. Aquello no podía seguir así. Silvestre no se despertaba a las cuatro de la mañana y volvía a las nueve para que le arruinaran sus trabajadores.
Este motivo del cese se conoció no por Silvestre,  que evitaba tras el despido aparecer , más que lo imprescindible. Por evitar alguna pregunta molesta o mala cara de algún vecino. Así  dejaba el pan a lolita y volvía  por la noche. Fue cuando vieron días después de su despido a Raquel volviendo a su casa con  pan del mercadona bajo el brazo hablando sola,  llena de rabia  y con rostro de agraviada.  Como el de alguien herido no solo en su amor propio, sino en la confianza hacia el mundo,  y que quiere su lógica justicia cuando tiene toda la razón del mundo y se la deniega.
La noticia de lo que le hicieron a Raquel voló por el barrio, y lo hizo como una agravio, no contra Raquel,  sino contra todo ellos, ya cansados de no tener justicia, y por contra, padecer sus golpes y excesos, siendo tratados  por su condición social como mercancía barata por los empresarios, ayuntamientos, cámaras de comercio, policías, jueces  y otros proxenetas. Acabando los humildes, los miserables, por la codicia de esa casta vaga institucional   desamparados y sufriendo toda suerte de desgracias siendo personas trabajadoras. Raquel se recluyó en su casa, como si le hubieran despedido de la vida ante la imposibilidad de tener justicia.
No hubo ningún manifiesto de boicot al despacho de pan, nadie prohibía el paso a nadie al despacho de pan. Sin embargo, entre estas gentes divididas, acostumbradas a no ponerse de acuerdo, esto fue lo que ocurrió. Durante meses y meses nadie entraba en la panadería. Abría cada día Lolita, triste en cuanto a su futuro laboral, con la idea de irse de vall d’uixó, como la mayoría de gente joven. Silvestre  veía  como todos sus esfuerzo de años estaban siendo arruinados. Era la justicia del pueblo de vall uixó. Un pueblo de gente desunida, recelosa y envidiosa. Acostumbrada a coser espardeñas, a cortar piel,  a vivir en un ambiente que olía a carne muerta, y a procesión de domingo. seres subordinados y conservadores, gente tradicional, antihuelgas, que apoyaban al empresario, sobre todo  al pequeño, muchas veces el peor.
Pero la justicia no acabo allí.
Sino que la justicia, la que atenta contra los trabajadores, la que representan esos hombres vestidos de negro siempre cargados con papeles que buscan el mal de la gente honrada y trabajadora, también actuó. Y cosa muy extraña, casi increíble: dicto a favor de Raquel que denunció en un tribunal los hechos.
A Silvestre desde que perdió el juicio  interpuesto por su antigua  empelada Raquel unos labios arrugados se le quedaron  permanentes  en su semblante sin separarse de él en todo el día. Especialmente al acudir  a primera hora a la panadería en su furgoneta temblando por las pérdidas de la venta como por  los costes del juicio y las indemnizaciones que se veía obligado a pagar. Cruzaba  de este a oeste el pueblo. Las primeras luces procedentes del mar  salpicaban  el cielo  con todo tipo de colores vivos y alegres  iluminando  desde fértil y desaprovechada  vega cercana al mar  que se estrellaba seis kilómetros tierra adentro en vall d´uixó. Puerta de la sierra de Espadán,  donde la agricultura  nunca tuvo ningún tipo de consideración más que en la época de los moriscos, cuya cultura había  sido cubierta con piel de cerdo para hacer calzado. Esa fisonomía es la que se veía desde las cumbres de vall d´uixó, una enorme piel de cerdo silenciando la cultura  morisca que había debajo, y que en cualquier obra, remodelación de viviendas o en el comportamiento del numen del lugar: surgía. La fábrica segarra había dado un ritmo frenético y lumpemproletario a la vall d´ Uixó de tranquilas acequias moriscas que repartieran el escaso, pero regular caudal , de los barrancos   repletos de hortalizas en bancales. Esa cultura de la calma quedaba  representada  en cada esquina de los barrios viejos, atrapados entre un  cinturón de avenidas para los trabajadores del curtido que los envolvía como una serpiente, estrangulando su calma milenaria  entre gritos y palmas flamencas de gente de bares. Canalla asomada a las puertas  buscando peleas o mirando con descaro a las mujeres que les temían como al demonio.

Silvestre al llegar a la panadería  veía a Lolita arrepentido. Era una buena adquisición, con carita de porcelana, una larga melena morena,  cuerpo muy bien dotado, educada y atenta a los clientes. Clientes  tradicionales que tenían en cuenta que no la habían visto pese a ser del pueblo, de fallera llevando flores  y cantando a la Virgen. Tenía cierto aire de ateísmo, y en su mirada de ojos verdes y resueltos saltaba una chispa de pragmatismo anglosajón que chirriaba junto la imagen de San Bartolo que tenía a su espalda. Lolita tenía futuro fuera de esa panadería, fuera de vall d´Uixó. Eso es lo que pensaba Silvestre al dejar el pan con el ceño fruncido por el desorden del mundo. Lolita se sentía arrepentida de trabajar allí. La poca clientela que entraba era gente de paso que compraba una empanadilla,  o antiguos clientes. Generalmente  mujeres con la sangre avinagrada que querían husmear, hacerla sentir culpable de usurpar ese puesto de trabajo de otra mucho más honrada que ella.  Se hubiera ido a la menor ocasión, pero en todo el pueblo no había un solo  empleo desde hacía cuatro años. El empleo era un cadáver en la piel una vez la fábrica Segarra cerró. El Ayuntamiento, junto la cámara de comercio,  hacían campañas para incentivar el comercio. Ese era su  plan ante una situación catastrófica de miseria , hambre  y un pánico aterrador de los vecinos ante las amenazas de la exclusión social. También  fomentaba el emprendimiento el ayuntamiento y las cámaras de comercio entre los trabajadores,para que se  abrieran estos un comercio. La mayoría de las veces eran panaderías, verdulerías, zapaterías, venta  de productos  a un euro. Esos eran  los comercios que abrían unos miserables trabajadores desesperados que no sabían dónde ir,  y no se aventuraban a viajar por  una Europa con las puertas cerradas a los inmigrantes. Según ellos, solo España, la buena, la tonta, la pobre, la generosa,  era la única que permitía el paso a los inmigrantes dejando a la gente del lugar  sin empleo. Así es como muchos trabajadores cogían la senda de los emprendedores. se endeudaban por encima de sus posibilidades por segunda vez cuando veían como los bancos con ayuda de ayuntamientos  les amenazaban para que les pagaran impuestos o los  créditos de la hipoteca.

Señor, son peor que los judíos los ayuntamientos,  y los bancos- es lo que más se repetía en la calle.-

A los pocos meses de abrir se cerraban estos humildes negocios terminado de arruinar a sus propietarios que pasaban a tener una deuda mayor.

El pueblo estaba lleno de grandes superficies, dos mercadonas, erosky, charter, dos o tres msymas, aldy, varios Dia, hasta había  super en las antiguas cooperativas agrarias  que se había apuntado al carro de la compra en china. Estas superficies comerciales controlaban con puño de hierro   la soberanía  alimentaria del pueblo teniendo comprada la voluntad de los jueces , que sentenciaban  no solo multas , sino prisión de años por robar alimentos.

Sin embargo seguían promocionando en vall d´uixó  el  Ayuntamiento el comercio local por promocionar algo, casi como un acto de Fe, a ver si alguien sobrevivía y tocaban las campanas por él.

Silvestre esperaba al igual que Lolita que llegaran las vacaciones  de Agosto.

Un mes de tregua con esta gente- se decía Silvestre volviendo a su anterior confianza en si mismo que había perdido. Solo el pensamiento positivo de empresario de que la gente humilde se cansa pronto de las causas. Estaba sorprendido de que durara tanto el boicot. Seis meses ya desde el despido de Raquel y no aflojaban. Las mujeres, que eran la mayoría de la clientela,  no iban a ninguna parte ya que los bares de hombres que tenían a lo largo de la avenida suroeste les daban miedo. La mayoría eran parados de la obra, gente peligrosa cuando estaban en grupo y bebidos  que podían poner en un aprieto a una mujer.

EL día de mayor caja en la panadería  eran los sábados. Un grupo senderistas y de ciclistas  de montaña, hombres  de cuarenta años, hijos de curtidores de piel cuyas madres aún reputaban en casa  para lo que quedaba de la industria del zapato que había  diseminado  el trabajo,  ya no en costosas fabricas, sino  que las empleadas, siempre mujeres, trabajaban en  casa mientras los maridos , más afortunados en la reconversión industrial de los 90,  muchos lograron la jubilación completa desde los 50 años de edad. Ellas que al casarse se salieron de la fábrica para criar, cuando los chiquillos tenían cierta edad, 10 o 12  años,  volvían al oficio repuntado en casa por un suelo mísero que era una pequeña ayuda para comprar ropa o libros a sus hijos.

Lolita ¿dónde iras en vacaciones? Le preguntó con amabilidad un senderista.

Los senderistas o ciclistas eran indiferentes al tema de Raquel,  y no participaban en el boicot al no haberse  enterado bien de lo que había pasado. Escucharon campanas como las que sonaban en ese preciso momento anunciando procesión. Solían ir solo los  sábados por estar la panadería  al final de la avenida y dar paso a los caminos de montañas hacia la Font de Garrut. Allí se juntaba gente procedente de Texas, el Toledo, el Carmadai. No había entre ellos ninguno del Roser. Solo era un punto de reunión que eligieron al azar hacia varios años, y como gente de costumbre perpetuaron comprar el pan para el bocadillo allí y lo harían hasta el final de los días.

Iré a Mallorca- le respondió Lolita con su hermosa sonrisa, abriendo el pan con sus manos finas  para la mezcla  de los deportistas. Gente que sin ningún amor ni interés cultural por el paisaje corrían por  el término sin prestar atención a la gravedad de deterioro  en que se encontraba el medio ambiente. Languidecía  la cultura no solo morisca de vall d´uixó sino consigo la  ambiental. EL  origen de esta degradación de las montañas y valles estaba en el desprecio que la industria peletera causo, junto la  inmigración nacional empujada por Franco de gente desesperada de Andalucía y Castilla huyendo del campo, y que no quería ni oír ni hablar de la tierra y toda su enorme miseria.  La puntilla a esta situación en la actualidad venía del  modelo social.  La actividad comercial como apuesta sin sentido y  suicida  de vall d´Uixó , aunque el problema de fondo era  de civilización.

Los sábados era el día favorito de Lolita. Los que acudían era hombres, con ellos se sentía segura. No se tenía que enfrentar a rumores de la  gente del barrio. Mujeres que entraban juntas de vez en cuando a doctorear y miraban todo de arriba abaja con desagrado, a ella la primera.  Sandra, de luto con el rosario, anciana de metro cincuenta. Una mañana se acercó para soltar la lengua.

Filla meua, pon un café.

Cuando se lo servía. arrugando  la cara:

Te puc fer una pregunteta?

Claro señora- contestó amable Lolita.

Que me han dit (exclamó mezclando los idiomas cosa que hacía de forma habitual haciendo gesto de estupidez- me han dicho que sales con la hija del jefe, con Rosarito y por eso tienes el empleo.

Sorprendida Lolita rió:

La conozco de la facultad, y hemos coincidido en las discotecas del pueblo. La conozco de vista, además, aunque no le importe, tengo novio. SI lo dice por el puesto de trabajo, lo conseguí por estar inscrita en una bolsa de empleo, lo otro es una casualidad. ¿Quién le ha contado eso?

Sandra  tratando de disimular con excusas:

 

Ay filla meua, no te pongas así, que solo es un rumor que m´han dit.

Lolita miraba por la ventana pasar a Teresa con el perro mirando con interés desde la calle la conversación. Lolita la miró fijamente y se fue.

Llegó el mes de agosto y la pendería cerró como todos los años.

Los números no mentían. Silvestre perdía todos los meses mucho dinero.  Gracias a las ganancias de las otras dos panadería podía sobrellevar, pero esa situación no podía durar.

 

Te llama Lolita silvestre,- le dijo Maruja con el teléfono en la mano un doce de Agosto a la hora de comer cuando estaba a punto de echarse la siesta  Silvestre

Señor Silveste he encontrado trabajo en un hotel en Mallorca y me ofrecen un contrato de seis meses. Me gustaría  quedarme aquí.

Silvestre comprendió en seguida la situación.

Te prepararé los papeles, te deseo suerte Lolita.

¿Qué quería silvestre? Le preguntó con interés Maruja  adivinando en su rostro lo que iba a decir.

Cerraremos la panadería. Esto no pasa Maruja.

¿ Y no crees que en septiembre se les abra olvidado lo de Raquel? Intentó dar ánimo para que continuara   la lucha Maruja.

Silvestre negó  con la cabeza.

Empiezan las fiestas patronales del barrio. Raquel pondrá la estela de la sagrada familia colgando del balcón y saldrá de fallera con un ramo de flores para la patrona.  A la hora del toro preparará coca de tomate como todo los años  e invitará a todo el barrio a su casa y se recordará todo.

EL semblante de silvestre palideció, miró a su mujer como un hombre  decidido  y que afronta  su resolución final,  y ya no hay más que hablar.

Agarró de Maruja llevándola contra sí . Ésta  suspiró sofocada.

Se acabó Maruja la panadería, la pondremos en  traspaso.

Vicenta se dirigió desde el barrio proletario de calles rectas  de texas , a la casa de Silvestres con paso firme y decidido. Atravesó calzada con zuecos blancos desde la avenida suroeste aventurándose en los callejones serpenteantes y oscuros del Roser interrumpidos súbitamente por escaleras que le obligaban a subir o bajar una calle empinada cambiando de barrio al llegar ante centenaria plaza con una fuente u ornamento de piedra recordando algún ilustre nombre de la patria que nadie sabia quien era .
Su marido, Jacinto, había estado en la cámara de comercio de vall d´Uixó el día anterior en una revisión de su cartilla de desempleado para que le examinaran el curriculum, y ayudarle así a encontrar empleo. Encontró varias faltas de ortografía el funcionario que se encargaba de ayudarle a encontrarle empleo. Cosa que acepto Jacinto sin rechistar.
¿ ha sido usted pandero, verdad?- le preguntó con súbito interés.
En el termino de Cortes de Arenoso hace 20 años- Jacinto con acento Aragonés respondió con orgullo y un recuerdo feliz de sus primeros años de prometedor trabajo. Entró a trabajar cuando tenía catorce años. Así estuvo hasta los 21 cuando fue a la mili. Al volver es cuando conoció a Vicenta en las fiestas de Fuente la Reina, y tras un noviazgo rápido decidieron irse de allí buscando un mejor futuro que nunca llegó.
El funcionario vio en él un hombre de provecho, fuerte, humilde y trabajador. Se inclinó sobre la mesa, agobiado  por el número de desempleados de vall d´uixó, y la falta de voluntad y emprendimiento entre la clase trabajadora. Don Antonio, funcionario de méritos en una oposición, tenía vocación de magisterio. Conocía las tierras de vall d´uixó. La pereza moruna de estas gentes de las que solo podía sacarlos un fascista como el empresario Segarra a través de la subordinación, la exclusión social, el ostracismo, el prejuicio. Había que mandar, mandar como un califa o un general Franco convirtiéndose en un padre severo que se hace respetar por esa pandilla de holgazanes rumiadores de cuentos y leyenda moras, cuyo anhelo intimo es vivir como un jeque a costa de sus mujeres que lo soportan todo como animales de labor, y con las que el jeque,  al volver de la fábrica se desahoga ante los infortunios de la vida a la que están arrojados. Todo es pobreza y miseria en este lugar- se repetía todos los días Don Antonio como un mantra cuando se colocaba los calzones largos y arrojaba el caldo del orinal por el bater antes de ir a la cámara de comercio. Al pasar por la Ollería, caminando sobre lo que fue un risueño riachuelo que seguía sonando en su  triste cabeza pese a estar extinguido bajo el asfalto. Entonces desaguaba en la balsa de la Asunción, convertida hoy en colegido publico, y sus huertas, convertidas en viviendas. A su espalda quedaban las montañas secas, y el castillo moro que se difuminaba cuando el sol lo iluminaba con un crisol salpicón y atolondrado de colores que al chocar con las paredes erosionadas reflectaba muros amarillos agrietados, confundidos con  rocas rojas y plateados ribazos, pareciendo el castillo creación de la naturaleza.
Don Antonio se sentaba y atendía a sus obligaciones. Solía mostrar hostilidad a muchos desempleados al destetar el carácter de la canalla del bar que traían algunos. Cuando veía nobleza y aristocracia en algún trabajador, quería poner en práctica sus buenas ideas renovadoras de una España en cimiento. Jacinto era un ladrillo con el que construir un nuevo país parecido a Estados Unidos, y sino se podía llegar tan lejos, se les podía morder en los talones a los Alemanes y a los Rusos.
¿ Ha pensado usted ser emprendedor?- le preguntó Don Antonio a Jacinto tras observar su curriculum mirando con interés en sus gesto a través de sus cristales ahumados, pues en su afán por saber, Don Antonio había cursado 1 y 2 de psicología en la universidad a distancia, dejándolo por falta de tiempo.
Jacinto, negó con la cabeza como si esa palabra le doliera como una pedrada.
Don Antonio sabía que otras personas de clase trabajadora tenían la misma reacción de hostilidad hacia la palabra emprendimiento. Era cuestión de presentar la cosas de forma agradable.
Le seré sincero- comentó grave Don Antonio en su papel de estadista y militante de ciudadanos- la situación es caótica. Hay hambre, miseria, exclusión social. mire ( mostró un cheque que sacó del cajón de los servicios sociales para que se diera cuenta de que no hablaba en broma) cuando a estos desgraciados se les acaba el paro, para que no maten ni roben el ayuntamiento les da 120 euros para pasar el mes.
Jacinto examinó el cheque y exclamó horrorizado:
! Pero se morirán de hambre con esta calderilla!
Antonio asistió con la cabeza y dijo un número.
Al noveno, al noveno día se quedan sin un euro y convertidos en una mierda.
Luego sonrió a Jacinto, y su rostro de Ciudadano empezó a cambiar. La fisonomía muscular de su cara le transformó completamente. Mostró ante Jacinto una amplia sonrisa levantando su bigote gris espeso hasta las fosas nasales dejando ver unas largas hileras de dientes amarillentos mientras surgía de ellos una sonora y castañeante risa psicótica que rugía en la cámara de comercio de vall d´uixó.
El corazón de Jacinto se aceleró.
Don Antonio sintió que era el momento adecuado para la negociación.
Don Antonio, encargado de la sección de emprendimiento sabía convencer y divulgar este concepto. Le abrió un dossier a Jacinto donde se mostraba la panadería de la avenida suroeste con información geoestretégica de la zona. Sin duda le podía interesar arrendar ese negocio ya montado.
Traspasan esta panadería, el propietario nos ha dejado aquí información, y como pertenece a la red de empresarios de la vall y de amigos de comercios del municipio, como socio nos ha pedido que le ayudemos en el traspaso.
El negocio de esa panadería es prospero señor Jacinto. Además, tendrá la ayuda de este ayuntamiento. Nosotros mismo le asesoraremos como a Don Silvestre para ayudarle a que sea más rentable el negocio. Tenemos innovadoras ideas. Son tiempos de oportunidades en Vall d´Uixó, un lugar nuevo.
Cuando iba a proseguir, Jacinto le interrumpió con la cabeza llena de confusión, como hombre sencillo que no se fía de las grandes ideas, sobre todo si son novedosas.
¿ qué pasó?- ( preguntó más interesados por detalles anecdóticos)
Don Antonio retrocedió tocando su espalda con el respaldo de su sillón, y miró confuso a un pequeño cactus que vivía sobre el ordenador de su despacho.
No tenía claro que responder. Silvestre no le aclaró muy bien las causas, habló muy afectado, temeroso, el día que anunció a la cámara de comercio con voz entrecortada que la nueva empleada  se había quedado en Mallorca en un viaje en las vacaciones. Luego añadió que estaba cansado del mundo, un mundo lleno de traidores y de estafadores, y que había que volver a instaurar las antiguas tradiciones paternalistas.
Luego salió dejando con la boca abierta a Don Antonio que no se esperaba el cese de la panadería de Don Silvestre.
Jacinto esperó una respuesta que se hacia larga. Antonio volvió en sí. Su semblante se contrajo, pasó su mano derecha por el bigote que rascó cayendo algo de caspa que sopló. Para tranquilizar a Silvestre le dio la siguiente explicación con un tono de misterio oriental:
Algo paso con el servicio.
Vaya- respondió atónito Jacinto que observó con buenos ojos las fotos de la panadería.
ÉL como propietario de un negocio.
Tengo que decírselo a Vicenta, mi señora, si ella dice si, todo arreglado.
Ambos hombres se dieron la mano.

Señor Silvestre, nosotros nos haremos cargo de negocio. Mi marido y yo hemos trabajado en panaderías, conocemos el oficio.
Vicenta acaba de pasar al comedor de los Silvestre para hablar del traspaso. El comedor: amplio, limpio, luminoso hcia el este. Con fotos de la virgen de los desamparados sobre el viejo televisor junto a un toro bravo de peluche con banderillas con los colores de bandera de España, y la señera valenciana. Presidiendo la mesa plantada en el centro de la instancia donde se reunía la familia, las fotos de la boda de ellos hacia 25 años, y la comunión de Elvirita, su hija que estudiaba filología inglesa y estaba en Canada. Todas las fotos en marco de plata.
Don Silvestre les dijo el precio por el alquiler. El acuerdo siendo razonable se cerro.
EL 15 de septiembre abrió sus puertas de metal la panadería chirriando como siempre, plegándose como un abanico de nuevo la puerta de metal. Nuevas manos la abrían.  Ese día invitaron a café y pastas a todo el mundo. Los antiguos clientes volvieron atestando el local a ver quien se lo había quedado.  Hubo curiosidad de gente sencilla. Incluso Raquel, la antigua empleada acudió como si todo se hubiera perdonado  ya. Ellos eran gente humilde y buena que luchaba contra un empresario parecido a un judío. Vencido Silvestre, el malo, quedaba todo resuelto. Pero el local seguía siendo de Silvestre, que ahora era arrendador y ganaría dinero sin trabajar. Además, Raquel seguía sin trabajo, y sufriendo por el despido, verla allí con su precioso pelo recogido, sentada habiendo sido el alma de esa panadería, impresionaba.

¿ Qué sería de ella? se preguntaban muchos. Las viejas y limpias estanterías eran las de siempre, la caja registradora, la caja que durante tantos años abrió Raquel ,que ahora estaba seria y la vez alegre, sin que nadie supiera lo que pensaba, y a la que iban suspicaces miradas de las antiguas clientas intentando adivinar que pensaba, era una señal de que no era lo mismo siendo todo igual. En la inauguración vieron y escucharon que tras el mostrador  habían unas personas que no hablaban valenciano, ni nadie conocía. Eran de las tierras fronterizas de Aragón. Bajados escapando de la miseria de esos lugares a un pueblo industrial. Durante años la floreciente industria del zapato de Vall d´Uixó asombró a la gente inmigrante  con sus tuberías de amianto a lo largo del río Belcaire escupiendo agua amarilla repleta de espuma hepática con olor a carne podrida que se filtraba en el cauce seco, hasta las lluvias torrenciales que arrastraban como un vomito haciendo flotar la basura acumulada: cañas, ramas, pieles , plásticos; que revoloteaban juguetones entre oleadas turbulentas de espumas químicas hasta mezclarse con la espuma de nata de las crestas de las olas azules y frescas que morían en moncofar donde también desaguaban paralelas al Belcaire, las aguas verdes de acequias que alimentaban los fértiles campos de la vega.
Al día siguiente, Vicenta, con su delantal blanco junto a su marido abrieron con ilusión de que se llenara como el día anterior. Incluso colocaron flores rojas y amarillas  que recogieron de la orilla del Belcaire a su San Pascual, imagen que colocaron con cariño en el mostrador.
A las nueve Vicenta le dio ánimos a su marido.
Es pronto todavía.
Nadie entraba.
El segundo día fue un desastre.
El tercero se ánimo más.

Entró Teresa, erguida, con el moño bien puesto,seguida de Sandra con su cabeza encorvada, mirando al suelo por si encontraba un céntimo. Pascuala entró poco después. Saludo tímida sin saber donde sentarse, hasta que la virtuosa de Teresa la llamó:
Pascuala, siéntate con nosotras.
Esta dócil obedeció.
¿ qué les sirvo?
Con una amplia sonrisa de alguien que llevaba horas despierta les atendió Vicenta mientras Jacinto como un jeque leía el periódico.
Yo unas patas con café con leche. Exclamo autoritaria Teresa, y para Sandra una coca con tomate y café (añadió)
Sandra mirando unas ensaimadas tuvo un alarde de voluntad.
Prefiero unas ensaimadas.
Teresa la corrigió:
¿Desde cuándo comes ensaimadas? ( con asombro añadió) antes no lo hacías.
Sandra tímida, confusa, mirando el brillo del hojaldre de las ensaimadas.
Es que estás parecen diferentes, vull tastarles.
Bueno- dijo Teresa con amargura.
Pascuala no sabia que decir hasta que Teresa le aconsejó:
Antes, cuando Raquel la tarta manzana estaba muy buena.
Esas palabras molestaron a Vicenta que silencio.
Pascuala eligió tarta de manzana.
Jacinto observó la cara de asco que hacia Teresa ante sus pastas.
Tomaron el café con prisas, dando a entender que querían irse. Teresa no quiso terminarse las pastas y Vicenta angustiada le preguntó:
¿ es que no le gustan?

Teresa por fingir ser educada con una sonrisa falsa y tocándole la mano le dijo con dulzura levantándose victoriosa de la silla:
Las terminare en casa, dame un papel para envolverlas:
Vicenta envolvió las pastas medio mordidas en un papel y volvió al lado de su marido que la abrazó mientras sus ojos se llenaron de humedad cuando salieron, estaba apunto de romper a llorar.
No te ha dicho que no le gusten- intentó consolarla Jacinto.
Al día siguiente el rumor se escampó. Sandra y Teresa detuvieron a Rosita que iba a comprar el pan. el pan de la nueva panadería no valía nada, el café menos.
Vicenta y Jacinto veían pasar a la gente mirando con disimulo, y riendo de ver el local vació.
Parece que disfruten de que no entre gente y nos arruinemos- solía decir desesperada Vicenta viendo su inversión perdida sin saber el por qué.
Entró Angustias, vecina del bloque donde estaba la planta baja de la panadería. Ella conocía a la gente del lugar, y desde que abrieron solía tomar café a eso de las doce del mediodía ya que estaba desempleada. Luego compraba el pan y ya no salía de casa en todo el día. Había escuchado lo que pasaba y quería que les fuera bien.
Fila meua, ( aconsejo a Vicenta con cariño) cambia el café y pide el pan a otro despacho, y ganaras mucho, a la gente no le gusta. Aquí la gente es así, hay que hacer las cosas a su capricho, muchas veces no tiene que ver con el gusto. Es conforme lo vean. ( con ademan de confesión) he sido cocinera. A veces a una tarta asquerosa le pones una naranja de metal sobre la nata, y les metes dentro un Cristo de acero como sorpresa con el que se rompen los dientes, y estas bestias piensan que eres la mejor cocinera del mundo. Realmente estos paladares viene de comer garrofas, y de pasar calamidades, penurias, insultos, humillaciones en los almacenes de naranjas o cuando estaba la fábrica en Segarra. Allí comían entre pieles apestosas casi todas ellas y ahora es peor aun, en sus casas no tiene ni para comer, ven a sus hijos y sus maridos sin empleo y sale la barbarie. No son malas gentes, solo que viven como animales. Nadie se preocupa por sacar a la gente de estas condiciones de vida y cada vez va a ser peor.
Vicenta cambio de distribuidora de pan y de café.
En vano, seguía estando malo según la gente, no era como el de antes.
Acudió a Silvestre para que les bajara el alquiler al segundo mes.
Fue en vano, Silvestre quería recuperar lo perdido con Raquel. Ellos podía aguantar, sin embargo, él, Silvestre, debía pagar los costes de un juicio elevadísimo. La panadería era buena, si ellos no la querían vendrían otros necesitados.
Vicenta y Jacinto abrían todos los días a la misma hora con endereza, esperando que cambiara algo.
Pero veían las mismas caras. Algunas les sonreían con malicia, o entraban para quejarse al hacer la compra, o simplemente a ver que el negocio era una ruina:
María ,madre de Conchín entró un día extraño, llovía. Lo hizo con el paraguas como si se refugiara de la tormenta ,y con disimulo pidiendo un café la llamó cuando lo preparaba:
¿Le puedo hacer una pregunta?
Vicenta sintió una punzada por el tono de voz, y acostumbrada a decir que si fuera asintió amable:
Me han dicho en el bar las Encinas qué vais a cerrar, es por mi hija Conchín que pregunto, hace años que no trabaja. Quizás ella pueda levantar el negocio. ¿ Es muy caro el alquiler?
Vicenta asombrada de que supieran que iban a cerrar pues no se lo había dicho a nadie miró a Jacinto irónica.
SI quiere le doy la tarjeta con el número de Silvestre el dueño, y habla usted con él. Cerramos la semana que viene.
Gracias- con alegría cogió María la tarjeta con humildad pensando en su hija, casi con ganas de besar a Vicenta. Poco después entró Macario, un desempleado de cincuenta años que bajaba de las casetas de San Antonio echando pestes y con una fuerte impresión que quería desahogar. Era ajeno al drama de la panadería. La panadería estaba vacía de clientes. Solo estaba Vicenta y Jacinto agotados. Acaba de dejar de llover y el suelo de la acera estaba repleto de charcos plateados cuando se sentó absorto en un rincón y pidió una cerveza con la cabeza perdida. Sus vecinos, mala gente, canalla chulesca que le tenían como un idiota porqué no les plantaba cara le habían talado un algarrobo para quemar en sus chimeneas ahora que venía el frío. Lo plantó hacía más de 30 años, cuando compró un terreno donde sembraba hortalizas alrededor de ese algarrobo. Año si año no sus vecinos por hacerle mala sangre y disfrutar con su sufrimiento y sumisión, le destrozaban la siembra. El entonces empezaba un ritual de chillidos y quejas del afectado que les divertía, porque Macario era inofensivo.

Fill de putes, lladres, – les gritaba lleno de rabia e impotencia.

 

Dos semanas después, una tarde de noviembre, acudió Silvestre  con las luces del atardecer, la hora en la que regresaban algunos trabajadores a casa cansados de coger naranjas. La puerta chirrió como si se lamentara al cerrarse.

Aquí están las lleves señor Silvestre- se las entrego Jacinto.
Jacinto y Vicenta de la mano regresaron por el margen del Belcaire seco, en silencio hacia texas.
Fin.

Angelillo de Uixó.
La panadería: venganza moruna. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com.

La panadería venganza moruna.

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Vicenta se dirigió desde el barrio proletario de calles rectas  de texas , a la casa de Silvestres con paso firme y decidido. Atravesó calzada con zuecos blancos desde la avenida suroeste aventurándose en los callejones serpenteantes y oscuros del Roser interrumpidos súbitamente por escaleras que le obligaban a subir o bajar una calle empinada cambiando de barrio al llegar ante centenaria plaza con una fuente u ornamento de piedra recordando algún ilustre nombre de la patria que nadie sabia quien era .
Su marido, Jacinto, había estado en la cámara de comercio de vall d´Uixó el día anterior en una revisión de su cartilla de desempleado para que le examinaran el curriculum, y ayudarle así a encontrar empleo. Encontró varias faltas de ortografía el funcionario que se encargaba de ayudarle a encontrarle empleo. Cosa que acepto Jacinto sin rechistar.
¿ ha sido usted pandero, verdad?- le preguntó con súbito interés.
En el termino de Cortes de Arenoso hace 20 años- Jacinto con acento Aragonés respondió con orgullo y un recuerdo feliz de sus primeros años de prometedor trabajo. Entró a trabajar cuando tenía catorce años. Así estuvo hasta los 21 cuando fue a la mili. Al volver es cuando conoció a Vicenta en las fiestas de Fuente la Reina, y tras un noviazgo rápido decidieron irse de allí buscando un mejor futuro que nunca llegó.
El funcionario vio en él un hombre de provecho, fuerte, humilde y trabajador. Se inclinó sobre la mesa, agobiado  por el número de desempleados de vall d´uixó, y la falta de voluntad y emprendimiento entre la clase trabajadora. Don Antonio, funcionario de méritos en una oposición, tenía vocación de magisterio. Conocía las tierras de vall d´uixó. La pereza moruna de estas gentes de las que solo podía sacarlos un fascista como el empresario Segarra a través de la subordinación, la exclusión social, el ostracismo, el prejuicio. Había que mandar, mandar como un califa o un general Franco convirtiéndose en un padre severo que se hace respetar por esa pandilla de holgazanes rumiadores de cuentos y leyenda moras, cuyo anhelo intimo es vivir como un jeque a costa de sus mujeres que lo soportan todo como animales de labor, y con las que el jeque,  al volver de la fábrica se desahoga ante los infortunios de la vida a la que están arrojados. Todo es pobreza y miseria en este lugar- se repetía todos los días Don Antonio como un mantra cuando se colocaba los calzones largos y arrojaba el caldo del orinal por el bater antes de ir a la cámara de comercio. Al pasar por la Ollería, caminando sobre lo que fue un risueño riachuelo que seguía sonando en su  triste cabeza pese a estar extinguido bajo el asfalto. Entonces desaguaba en la balsa de la Asunción, convertida hoy en colegido publico, y sus huertas, convertidas en viviendas. A su espalda quedaban las montañas secas, y el castillo moro que se difuminaba cuando el sol lo iluminaba con un crisol salpicón y atolondrado de colores que al chocar con las paredes erosionadas reflectaba muros amarillos agrietados, confundidos con  rocas rojas y plateados ribazos, pareciendo el castillo creación de la naturaleza.
Don Antonio se sentaba y atendía a sus obligaciones. Solía mostrar hostilidad a muchos desempleados al destetar el carácter de la canalla del bar que traían algunos. Cuando veía nobleza y aristocracia en algún trabajador, quería poner en práctica sus buenas ideas renovadoras de una España en cimiento. Jacinto era un ladrillo con el que construir un nuevo país parecido a Estados Unidos, y sino se podía llegar tan lejos, se les podía morder en los talones a los Alemanes y a los Rusos.
¿ Ha pensado usted ser emprendedor?- le preguntó Don Antonio a Jacinto tras observar su curriculum mirando con interés en sus gesto a través de sus cristales ahumados, pues en su afán por saber, Don Antonio había cursado 1 y 2 de psicología en la universidad a distancia, dejándolo por falta de tiempo.
Jacinto, negó con la cabeza como si esa palabra le doliera como una pedrada.
Don Antonio sabía que otras personas de clase trabajadora tenían la misma reacción de hostilidad hacia la palabra emprendimiento. Era cuestión de presentar la cosas de forma agradable.
Le seré sincero- comentó grave Don Antonio en su papel de estadista y militante de ciudadanos- la situación es caótica. Hay hambre, miseria, exclusión social. mire ( mostró un cheque que sacó del cajón de los servicios sociales para que se diera cuenta de que no hablaba en broma) cuando a estos desgraciados se les acaba el paro, para que no maten ni roben el ayuntamiento les da 120 euros para pasar el mes.
Jacinto examinó el cheque y exclamó horrorizado:
! Pero se morirán de hambre con esta calderilla!
Antonio asistió con la cabeza y dijo un número.
Al noveno, al noveno día se quedan sin un euro y convertidos en una mierda.
Luego sonrió a Jacinto, y su rostro de Ciudadano empezó a cambiar. La fisonomía muscular de su cara le transformó completamente. Mostró ante Jacinto una amplia sonrisa levantando su bigote gris espeso hasta las fosas nasales dejando ver unas largas hileras de dientes amarillentos mientras surgía de ellos una sonora y castañeante risa psicótica que rugía en la cámara de comercio de vall d´uixó.
El corazón de Jacinto se aceleró.
Don Antonio sintió que era el momento adecuado para la negociación.
Don Antonio, encargado de la sección de emprendimiento sabía convencer y divulgar este concepto. Le abrió un dossier a Jacinto donde se mostraba la panadería de la avenida suroeste con información geoestretégica de la zona. Sin duda le podía interesar arrendar ese negocio ya montado.
Traspasan esta panadería, el propietario nos ha dejado aquí información, y como pertenece a la red de empresarios de la vall y de amigos de comercios del municipio, como socio nos ha pedido que le ayudemos en el traspaso.
El negocio de esa panadería es prospero señor Jacinto. Además, tendrá la ayuda de este ayuntamiento. Nosotros mismo le asesoraremos como a Don Silvestre para ayudarle a que sea más rentable el negocio. Tenemos innovadoras ideas. Son tiempos de oportunidades en Vall d´Uixó, un lugar nuevo.
Cuando iba a proseguir, Jacinto le interrumpió con la cabeza llena de confusión, como hombre sencillo que no se fía de las grandes ideas, sobre todo si son novedosas.
¿ qué pasó?- ( preguntó más interesados por detalles anecdóticos)
Don Antonio retrocedió tocando su espalda con el respaldo de su sillón, y miró confuso a un pequeño cactus que vivía sobre el ordenador de su despacho.
No tenía claro que responder. Silvestre no le aclaró muy bien las causas, habló muy afectado, temeroso, el día que anunció a la cámara de comercio con voz entrecortada que la nueva empleada  se había quedado en Mallorca en un viaje en las vacaciones. Luego añadió que estaba cansado del mundo, un mundo lleno de traidores y de estafadores, y que había que volver a instaurar las antiguas tradiciones paternalistas.
Luego salió dejando con la boca abierta a Don Antonio que no se esperaba el cese de la panadería de Don Silvestre.
Jacinto esperó una respuesta que se hacia larga. Antonio volvió en sí. Su semblante se contrajo, pasó su mano derecha por el bigote que rascó cayendo algo de caspa que sopló. Para tranquilizar a Silvestre le dio la siguiente explicación con un tono de misterio oriental:
Algo paso con el servicio.
Vaya- respondió atónito Jacinto que observó con buenos ojos las fotos de la panadería.
ÉL como propietario de un negocio.
Tengo que decírselo a Vicenta, mi señora, si ella dice si, todo arreglado.
Ambos hombres se dieron la mano.

Señor Silvestre, nosotros nos haremos cargo de negocio. Mi marido y yo hemos trabajado en panaderías, conocemos el oficio.
Vicenta acaba de pasar al comedor de los Silvestre para hablar del traspaso. El comedor: amplio, limpio, luminoso hcia el este. Con fotos de la virgen de los desamparados sobre el viejo televisor junto a un toro bravo de peluche con banderillas con los colores de bandera de España, y la señera valenciana. Presidiendo la mesa plantada en el centro de la instancia donde se reunía la familia, las fotos de la boda de ellos hacia 25 años, y la comunión de Elvirita, su hija que estudiaba filología inglesa y estaba en Canada. Todas las fotos en marco de plata.
Don Silvestre les dijo el precio por el alquiler. El acuerdo siendo razonable se cerro.
EL 15 de septiembre abrió sus puertas de metal la panadería chirriando como siempre, plegándose como un abanico de nuevo la puerta de metal. Nuevas manos la abrían.  Ese día invitaron a café y pastas a todo el mundo. Los antiguos clientes volvieron atestando el local a ver quien se lo había quedado.  Hubo curiosidad de gente sencilla. Incluso Raquel, la antigua empleada acudió como si todo se hubiera perdonado  ya. Ellos eran gente humilde y buena que luchaba contra un empresario parecido a un judío. Vencido Silvestre, el malo, quedaba todo resuelto. Pero el local seguía siendo de Silvestre, que ahora era arrendador y ganaría dinero sin trabajar. Además, Raquel seguía sin trabajo, y sufriendo por el despido, verla allí con su precioso pelo recogido, sentada habiendo sido el alma de esa panadería, impresionaba.

¿ Qué sería de ella? se preguntaban muchos. Las viejas y limpias estanterías eran las de siempre, la caja registradora, la caja que durante tantos años abrió Raquel ,que ahora estaba seria y la vez alegre, sin que nadie supiera lo que pensaba, y a la que iban suspicaces miradas de las antiguas clientas intentando adivinar que pensaba, era una señal de que no era lo mismo siendo todo igual. En la inauguración vieron y escucharon que tras el mostrador  habían unas personas que no hablaban valenciano, ni nadie conocía. Eran de las tierras fronterizas de Aragón. Bajados escapando de la miseria de esos lugares a un pueblo industrial. Durante años la floreciente industria del zapato de Vall d´Uixó asombró a la gente inmigrante  con sus tuberías de amianto a lo largo del río Belcaire escupiendo agua amarilla repleta de espuma hepática con olor a carne podrida que se filtraba en el cauce seco, hasta las lluvias torrenciales que arrastraban como un vomito haciendo flotar la basura acumulada: cañas, ramas, pieles , plásticos; que revoloteaban juguetones entre oleadas turbulentas de espumas químicas hasta mezclarse con la espuma de nata de las crestas de las olas azules y frescas que morían en moncofar donde también desaguaban paralelas al Belcaire, las aguas verdes de acequias que alimentaban los fértiles campos de la vega.
Al día siguiente, Vicenta, con su delantal blanco junto a su marido abrieron con ilusión de que se llenara como el día anterior. Incluso colocaron flores rojas y amarillas  que recogieron de la orilla del Belcaire a su San Pascual, imagen que colocaron con cariño en el mostrador.
A las nueve Vicenta le dio ánimos a su marido.
Es pronto todavía.
Nadie entraba.
El segundo día fue un desastre.
El tercero se ánimo más.

Entró Teresa, erguida, con el moño bien puesto,seguida de Sandra con su cabeza encorvada, mirando al suelo por si encontraba un céntimo. Pascuala entró poco después. Saludo tímida sin saber donde sentarse, hasta que la virtuosa de Teresa la llamó:
Pascuala, siéntate con nosotras.
Esta dócil obedeció.
¿ qué les sirvo?
Con una amplia sonrisa de alguien que llevaba horas despierta les atendió Vicenta mientras Jacinto como un jeque leía el periódico.
Yo unas patas con café con leche. Exclamo autoritaria Teresa, y para Sandra una coca con tomate y café (añadió)
Sandra mirando unas ensaimadas tuvo un alarde de voluntad.
Prefiero unas ensaimadas.
Teresa la corrigió:
¿ Desde cuando comes ensaimadas? ( con asombro añadió) antes no lo hacías.
Sandra tímida, confusa, mirando el brillo del hojaldre de las ensaimadas.
Es que estás parecen diferentes, vull tastarles.
Bueno- dijo Teresa con amargura.
Pascuala no sabia que decir hasta que Teresa le aconsejó:
Antes, cuando Raquel la tarta manzana estaba muy buena.
Esas palabras molestaron a Vicenta que silencio.
Pascuala eligió tarta de manzana.
Jacinto observó la cara de asco que hacia Teresa ante sus pastas.
Tomaron el café con prisas, dando a entender que querían irse. Teresa no quiso terminarse las pastas y Vicenta angustiada le preguntó:
¿ es que no le gustan?

Teresa por fingir ser educada con una sonrisa falsa y tocándole la mano le dijo con dulzura levantándose victoriosa de la silla:
Las terminare en casa, dame un papel para envolverlas:
Vicenta envolvió las pastas medio mordidas en un papel y volvió al lado de su marido que la abrazó mientras sus ojos se llenaron de humedad cuando salieron, estaba apunto de romper a llorar.
No te ha dicho que no le gusten- intentó consolarla Jacinto.
Al día siguiente el rumor se escampó. Sandra y Teresa detuvieron a Rosita que iba a comprar el pan. el pan de la nueva panadería no valía nada, el café menos.
Vicenta y Jacinto veían pasar a la gente mirando con disimulo, y riendo de ver el local vació.
Parece que disfruten de que no entre gente y nos arruinemos- solía decir desesperada Vicenta viendo su inversión perdida sin saber el por qué.
Entró Angustias, vecina del bloque donde estaba la planta baja de la panadería. Ella conocía a la gente del lugar, y desde que abrieron solía tomar café a eso de las doce del mediodía ya que estaba desempleada. Luego compraba el pan y ya no salía de casa en todo el día. Había escuchado lo que pasaba y quería que les fuera bien.
Fila meua, ( aconsejo a Vicenta con cariño) cambia el café y pide el pan a otro despacho, y ganaras mucho, a la gente no le gusta. Aquí la gente es así, hay que hacer las cosas a su capricho, muchas veces no tiene que ver con el gusto. Es conforme lo vean. ( con ademan de confesión) he sido cocinera. A veces a una tarta asquerosa le pones una naranja de metal sobre la nata, y les metes dentro un Cristo de acero como sorpresa con el que se rompen los dientes, y estas bestias piensan que eres la mejor cocinera del mundo. Realmente estos paladares viene de comer garrofas, y de pasar calamidades, penurias, insultos, humillaciones en los almacenes de naranjas o cuando estaba la fábrica en Segarra. Allí comían entre pieles apestosas casi todas ellas y ahora es peor aun, en sus casas no tiene ni para comer, ven a sus hijos y sus maridos sin empleo y sale la barbarie. No son malas gentes, solo que viven como animales. Nadie se preocupa por sacar a la gente de estas condiciones de vida y cada vez va a ser peor.
Vicenta cambio de distribuidora de pan y de café.
En vano, seguía estando malo según la gente, no era como el de antes.
Acudió a Silvestre para que les bajara el alquiler al segundo mes.
Fue en vano, Silvestre quería recuperar lo perdido con Raquel. Ellos podía aguantar, sin embargo, él, Silvestre, debía pagar los costes de un juicio elevadísimo. La panadería era buena, si ellos no la querían vendrían otros necesitados.
Vicenta y Jacinto abrían todos los días a la misma hora con endereza, esperando que cambiara algo.
Pero veían las mismas caras. Algunas les sonreían con malicia, o entraban para quejarse al hacer la compra, o simplemente a ver que el negocio era una ruina:
María ,madre de Conchín entró un día extraño, llovía. Lo hizo con el paraguas como si se refugiara de la tormenta ,y con disimulo pidiendo un café la llamó cuando lo preparaba:
¿Le puedo hacer una pregunta?
Vicenta sintió una punzada por el tono de voz, y acostumbrada a decir que si fuera asintió amable:
Me han dicho en el bar las Encinas qué vais a cerrar, es por mi hija Conchín que pregunto, hace años que no trabaja. Quizás ella pueda levantar el negocio. ¿ Es muy caro el alquiler?
Vicenta asombrada de que supieran que iban a cerrar pues no se lo había dicho a nadie miró a Jacinto irónica.
SI quiere le doy la tarjeta con el número de Silvestre el dueño, y habla usted con él. Cerramos la semana que viene.
Gracias- con alegría cogió María la tarjeta con humildad pensando en su hija, casi con ganas de besar a Vicenta. Poco después entró Macario, un desempleado de cincuenta años que bajaba de las casetas de San Antonio echando pestes y con una fuerte impresión que quería desahogar. Era ajeno al drama de la panadería. La panadería estaba vacía de clientes. Solo estaba Vicenta y Jacinto agotados. Acaba de dejar de llover y el suelo de la acera estaba repleto de charcos plateados cuando se sentó absorto en un rincón y pidió una cerveza con la cabeza perdida. Sus vecinos, mala gente, canalla chulesca que le tenían como un idiota porqué no les plantaba cara le habían talado un algarrobo para quemar en sus chimeneas ahora que venía el frío. Lo plantó hacía más de 30 años, cuando compró un terreno donde sembraba hortalizas alrededor de ese algarrobo. Año si año no sus vecinos por hacerle mala sangre y disfrutar con su sufrimiento y sumisión, le destrozaban la siembra. El entonces empezaba un ritual de chillidos y quejas del afectado que les divertía, porque Macario era inofensivo.

Fill de putes, lladres, – les gritaba lleno de rabia e impotencia.

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Dos semanas después, una tarde de noviembre, acudió Silvestre  con las luces del atardecer, la hora en la que regresaban algunos trabajadores a casa cansados de coger naranjas. La puerta chirrió como si se lamentara al cerrarse.

Aquí están las lleves señor Silvestre- se las entrego Jacinto.
Jacinto y Vicenta de la mano regresaron por el margen del Belcaire seco, en silencio hacia texas.
Fin.

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Angelillo de Uixó.

La panadería: venganza moruna.
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Bajaba desperezándose Raquel a las siete y media de la mañana por las empinadas  calles del Roser repletas de callejones curvos con santos y vírgenes con flores adornando las fachadas de las viejas casas de aires morunos. Ni una sola alma se cruzaba  con ella cuando abría los hierros galvanizados de la puerta de la panadería. Ésta, se abría como se cierra un abanico, mientras vall d’Uixó, una población convertida en perezosa todavía dormitaba.
La claridad azulada y luminosa del mediterráneo, iba poco a poco conforme el sol ascendía levantado las primeras  persianas de las fincas  proletarias de la avenida suroeste. Un barrio alzado con prisas en los años 60 en una zona dedicada al desarrollo urbanístico para acoger a trabajadores miserables y desesperados llegados de la pobre meseta castellana y andaluza a trabajar como mano de obra no cualificada en la fábrica de zapatos Segarra.
Silvestre,  el propietario de esa panadería, y así como de dos más, aparecía a esa hora puntual montado en su furgoneta, aparcando e introduciendo el género cargado con basquets repletos de pan y pastas entre sus rechonchos, cortos y fuertes brazos. Tras dejar la mercancía apilada a Raquel junto a unas estanterías de madera, y darle unos escuetos buenos días;  como hombre con prisas que debe vigilar los negocios y confía en sus trabajadores,  se iba para no volver hasta las siete y media de la noche, al cierre. Entonces recogía el dinero sin contarlo, el género que hubiera sobrado,  y sobre todo, preguntaba a Raquel que necesitaría para el día siguiente.
Ella le hacía los encargos de pan y pastas según calculaba que iba a necesitar. Siempre acertaba evitando perdidas.
Raquel, con treinta y cuatro años de edad, y catorce trabajando en esa panadería con abnegación inusitada en el pobre y descorazonador ambiente laboral de vall d”Uixó, no necesitaba recibir  ninguna orden de Silvestre, el propietario. Llegaron con los años  a creer los clientes que quien mandaba en la panadería era ella.
Raquel era el alma de la panadería. SU fortaleza ante el trabajo, más similar a la de los animales, sin importarle las horas que tuviera que hacer. Su responsabilidad y tenacidad  a la hora de trabajar, y un trato cálido  ante los clientes, donde siempre los atendía con amabilidad , aunque fueran gente que no perteneciera al ambiente tradicional y de parroquia de vall d’Uixó, que iba poco a poco difuminándose, sobre todo entre la gente joven y desencantada con ese tipo de sociedad miserable y atrasada que señalaba al diferente y quería perpetuarse  a costa del empobrecimiento general a que llevaba su fanatismo tradicional.  Raquel representaba un anacronismo, un papel del que no era consciente  y al  cual  mucha gente de vall  Uixó  se aferraba con uñas y dientes. Este ejemplo de sociedad entre moruna y patriarcal    había descolocado la localidad en un mundo globalizado. El resultado no se hizo esperar: consiguiendo el récord nacional al  pueblo más castigado de toda España por la crisis económica. En siete años, del 2008 al 2015, transformó su laboriosa sociedad, en una sociedad dependiente de pensiones, viciosa, cruel,  holgazana, y temerosa de los bancos y la justicia que no paraban de acosar a las familias. Muchos compararon por esto  a vall d’úixó con Andalucía . Tanto por el numero de andaluces llegado a trabajar a vall d”Uixó hacia más de cincuenta años, y que ahora sus hijos y nietos estaban en situación  de paro y desintegrados de la cultura local; como por los males endémicos de esa región de España cuyo nombre suena  casi a maldición de hambre y miseria. Como la que estaba viviendo la actual vall d”uixó: la Andalucía de Castellón.

Desde el 2008 el número de desempleados en vall d”uixó llegó a extremos jamás vividos. Las protecciones  sociales cayeron  a niveles  de tercer mundo , corriendo cómo la pólvora la noticia de la desnutrición severa de varias persona del pueblo.
EL pueblo sufría, pero lo hacia como un animal manso. Los andaluces sabían de eso mucho, y la gente del lugar, acostumbrada a la miseria del trabajo del curtido de la piel para hacer zapatos. Por eso soportaron todo aquello sin rebelarse. Ellos, incluso los andaluces pertenecían a un pueblo con una conciencia  de  ser tratados como el cuero. Los tiempos eran duros, y había que aguantar.
La panadería de la avenida suroeste como negocio aguanto bien. La gente seguía acudiendo a tomar su café, incluso más que antes. Los precios no suponían ningún esfuerzo demasiado extraordinario. Raquel, esa chica joven, siempre con una sonrisa en los labios y de piel pálida por no  recibir el sol en todo el día, entregada a su trabajo. Al igual que su pareja que trabajaba la tierra. Ambos dispuestos a sacar adelante la hipoteca que habían firmado con un banco para pagar una hermosa viviendo en el Roser. Raquel tranquilizaba  con su presencia a todo el mundo. A alguien tradicional, como había sido la gente antes” trabajadora y humilde” le iba bien. Sin embargo,  a su alrededor, tanto clientes como hasta Raquel, contemplaban con ojos de incredulidad , los de gente sencilla ajena a la política y que creían en un sistema capitalista y bancario, como  amigos y vecinos acaban desahuciados de sus casas. A tal extremo de tensión individual se llegó, que incluso hubo una oleada de suicidios en vall d”uixó, conmocionando al pueblo.  Empezando entonces a formarse asociaciones contra los desahucios. Asociaciones muy mal organizadas, al no haber un tejido asociacionista en el pueblo que respiraba unos aires morunos de solemnidad ante Dios y las procesiones, y de indiferencia en cuanto a las reivindicaciones sociales.

-¿Os podéis creer que han despedido a Raquel ?- Teresa con el café en la mesa le comentó estupefacta a su vecina Virtudes  mirando de reojo  a la nueva muchacha que le servía, lolita. Ésta era una chica de veinticuatro años, muy hermosa, de talle fino, con aires modernos.  Cursaba la carrera de filología inglesa. Había entrado a trabajar por Raquel con un contrato de aprendizaje por la mitad de sueldo que ésta. Solo deseba estar unos meses antes de irse a Escocia. La reforma laboral acaba de entrar por la puerta de la panadería, e incluso Raquel no se salvaba de Rajoy.
Para esas gentes sencillas, votantes del PP,  eso era demasiado.
Salvador no era un empresario que gozara,  como no lo hace ningún empresario en Vall d’Uixó, de mala fama.
Pero en ese momento la tuvo. Él,  por edad podía ser el padre de Raquel , y a un padre se le debe exigir un  comportamiento como tal, al igual que a un empresario. EN vall d uixó el modelo de empresario es el paternalista. EL empresario es alguien que ayuda a sus trabajadores,  sus trabajadores a cambio no se rebelan.
Sin embargo, durante la crisis,  en esa sociedad moruna en cuanto a la calma, y fascista en cuanto al modelo paternalista , se estaba llevando por delante esos conceptos se seguridad donde descansa  el orden moral de esta población.
Teresa, Virtudes, Paca, Sandra y otras mujeres que fueron entrando a lo largo de la mañana , pagaron su café, su pan y sus pastas  escandalizadas cuando preguntaron  a la chica nueva con preocupación familiar si Raquel estaba enferma al no verla como era habitual en catorce años.
Ella les respondió con timidez de novata, y sin saber que iba a pasar los días venideros en un país donde despedir trabajadores es deporte nacional ,cuando les respondió:
Ahora estaré yo. Raquel ha cesado de trabajar aquí.

Angelillo de Uixó, continuará.
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La panadería: venganza moruna. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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abracadabra dicto sentencia, moral para jueces.

Basado en hechos reales.

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Entra el juez de Nules hollando su huella sangrienta mientras camina hacia la  barra patinando a contrasuelo húmedo tras el paso del mocho por la panadera sobre un piso recién  vitrificado. La panadera, entre panes patinando sobre la cera observa al magistrado aferrada a las paredes. Arrastrándose llega hasta la barra y como en un pinball rebota hasta una mesa.

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Trae los pies ensangrentados el magistrado por aquel paciente vecino de vall d”uixó que ha hecho suya la voluntad  divina y ha dado un salto a  su vida como un cometa meteoro desde el puente. La panadera vuelve a salir y va tras su huella con el mocho, escurre la sangre en una esquina resbalando una pierna.
En la panadería voces de las viejas prudentes, aferradas a sus caderas, que aguardan inmóviles a que todo se seque, decidiendo irónicamente si había  sido suicidio, o capricho de un bromista que de un salto ahito de expresión quería dar un grito de horror contra la indiferencia alto y claro:

Aquí estoy yo con más virtud que nadie.

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La panadera les ha pedido respeto al establecimiento, por un comentario sarcástico sobre si el puente ha sido vitrificado por el nuevo ayuntamiento, y un poquito de inmoralidad en los comentarios para hacer del suicida un héroe de la virtud de vall d’Uixó.
Acomodado  el magistrado, hombre muy de sillas, en la ciudad moruna de vall uixó, que dormita de siesta ibérica cercana a la muerte, cantada por la boca miles chicharras. La luna encendida busca fatigada la vida, una burla de la muerte. Los montes que se ven desde la ventana de la panadería, duermen envueltos en la calima.
Habla el juez al leer un articulo bastardo del diario confidencial castellón titulado: ” represión judicial”

 

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golpe la mesa con la prensa convertida en un martillo  para llamar la atención.
las viajas y la  panadera escuchan al magistrado como si fuera un encantador de serpientes.
Ángel Blasco es un parásito de la sociedad que da asco, que vegete , y cuando se canse de vegetar, que muera con orgullo y con causa justificada como el que acabo de visitar. Que se suba al puente, y se lance en picado. hay que curar a la sociedad de tanto degenerado, y la  primera degeneración es la compasión. ¿ nos podemos permitir en España el derecho a la vida sin correr el peligro de hacerla desaparecer como raza?
Oh Hermanas candelarias, escuchar.

Jamás olvidare al primer moribundo al que tuve que asistir como juez de instrucción. Aquello daba horror.  Con los brazos convertidos en una zeta, los pulmones llegaban a  la boca, la cabeza medio abierta,y mirándome arrepentido me decía:

Ayuda.
Las viejas se santigüan.

 

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Oh , que placer tuve entreteniendo al médico haciéndole firmar unos documentos sabiendo que expiraba su paciente. Nunca olvidaré como sus ojos se apagaban al igual que sus quejidos, que no le valieron de nada. Su último gesto de existencia, hermanas, fue una queja.

( Da el juez un golpe seco que espanta a la viejas)

se quedo detenida en su boca abierta.

ahhhhh.
Luego le pregunte al médico:

¿ Hemos hecho lo correcto, verdad doctor?
Más me respondió humanitario:

no le quepa duda, que el culpable ha sido él. La decisión del paciente la deben respetar los médicos y jueces.
Entonces aprendí que un juez debe ser sordo a la queja  por el bien de la sociedad, hacer que ésta de asco, sea indigna, un acto de locura que censurar. SI, la censura, la imputación facilona. Hay que proteger a la sociedad de sus críticos.

!cuanta inadaptación hay en la queja!

cuanta debilidad,  que vidas más pobres.

Siento verdadero asco cuando alguien se lamenta.

Alguien que se lamenta es un cómico.

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El juez dejándose llevar por sus instintos se pone en pie semejando un hombre macizo de virtudes que  patina entre las mesas mientras se despide:

Una España vengadora, una España redentora, una España centinela vigilante que nunca duerme….

 

 

Angelillo de Uixó.

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