Posts Tagged ‘ecología’

 

Escena primera.


Salón de una casa de un agricultor. Aparatos de labranza artesanal en las esquinas. surtido de capazos, cajones con cebollas y patatas, azadas junto las estanterías. En el suelo, planteles  que aún alfombran el piso esperando ser transplantados. El sol , se cuela tibio por el ventanuco en mayo. Cantos de pájaros. Una carretilla con un saco en el centro del salón. La figura de un agricultor deambula por el salón haciendo revisión de lo que necesita para iniciar su labor en su nuevo terruño que llega casi hasta el salón. Junto la pared de la casa, un bancal seco  se extiende mirando al barrio de texas y otra casetucha. polvoriento y árido paisaje de algarrobos. En la radio están reunidas las voces de los concejales anunciando las obras municipales. Inauguración de un nuevo banco pintado, está vez con un botijo con el logo de facsa  para simbolizar que una empresa privada es la mejor gestora de los recursos naturales. En los otros bancos del paseo, en blanco, pero con un cartel según el concejal de cultura que pone:
pronto el sol y el aire.
Jornada de intensidad cultural , con actuaciones en la calle sobre el tema del agua. se pide participación ciudadana para asegurar el éxito del evento.
El agricultor ajeno a la noticia, levanta acto de defunción de su antigua y fértil huerta, asesinada al secar la charca. un hilo de agua corre del cadáver.
Bajo el saco, fauna de la charca agonizantes de San José,  intenta escapar atrapada entre cuatro paredes de hojalata de la carretilla. Del saco saltan ranas, peces, caracolas, culebras… atrapadas en los limos verdes que como un red cubre con su tela el retablo ibérico de su extinción.
La función empieza en el huerto de este agricultor, entre el maíz, crucificado entre las cañas el espantapájaros, un fantoche cuya cabeza es una calabaza llena de paja  cubierta por un sombrero, camisa que tapa una almohada, los brazos, formados ramas de la que salen de las muñecas con más paja, al igual que de sus pantalones de pana atados con una cuerda de los que también sale paja. Se descrucifica el fantoche espantapájaros tocando la flauta  y anunciando la actuación en la charca.
Entonación de su voz de ultratumba poética esperpéntica:
El  agua está quieta en la cultura dentro de una castañuela.
La están buscando en la calle los actores haciendo sonar sus remanso en las escaleras.
Voces de cañas y nubes silban dulces melodías que atraen a la gente que acude con árboles entre algodones.
Una mujer desnuda hace del agua agitando sus pechos.
Danza llena de amor y ternura
La flora y la fauna del agua tiembla martirizada en tierra.
Bajo las algas secas se enredan las culebras del agua entre las hierbas.
En las piedras luchan las colas de los peces su última batalla.
Bajo la corteza se disecan las caracolas.
Escena segunda.


El limo verde, para retener la humedad, es colocado por el agricultor entre los tallos de las tomateras que se enredan como una serpiente entra las cañas trepando en el bancal del secano.
Las avispas atraídas por el olor orgánico de los limos bajan a devorarlo.
En un bote de vuelta a la charca es llevada una culebra, parte de la fauna atrapada por el agricultor, para ser liberada. Las cabezas reclinadas desde el puente de San José meditan sobre el paisaje. Un breve destello de espejo formado por un dedo de agua como un ojo que llora rodeado de verdes limos de muerte refleja a dos jubilados.
Mira Mariano, la charca se está secando.
Habrán pinchado la tela Agustín, para que el agua se vaya y no nos piquen los mosquitos.
Pues muy bien que han hecho Mariano.
El agricultor pasa bajo las cráneos y se sitúa en el centro de los arcos.
allí se produce la despedida y liberación de estos animalitos de la exclusión.

aquí te dejo Eva, no se si te libero o te encarcelo. aquí te rapté sin darme cuenta. hemos pasado la noche juntos. No es la primera vez que duermo con una serpiente.  ya sabes donde vivo.
Inclinando el bote,  Eva se desliza sinuosa resbalando lentamente por las paredes, disfrutando con su contoneo, se va metiendo poco a poco entre la densa agua espesa por los limos. EL agricultor se va, pero antes nota como vuelve a salir la cabeza de Eva, que se queda mirándolo.
Entre los limos se sujeta la cabeza de Eva con el cuerpo sumergido, escuchando el eco de los pasos del agricultor, las voces de la gente que se asoma por el puente.
Ruido de coches, ladridos de perros, maullidos de gato, música de altavoces, voces de niños, petardos, cohetes….
La escena se va cerrando entre un zumbido de moscas que bajan al charco.
Angelillo de Uixó.
Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

cimg9981

 

 

 

Os he enseñado una palabra, una sola palabra animales y plantas mías, en estas cuatro estaciones ya, en las cuales vivimos juntos sin que se haya producido ningún cambio.
Maldición.
Esta es la palabra que os he enseñado, por ser la más mencionada en este valle seco y ruin, animales y plantas mías.
Como un eco que trae el viento desatado de poniente, se mete por doquier, hasta en el alma.
Maldición.
Oh espíritu santo,  en ella se menciona el pasado  y el porvenir de este lugar, y todo el desprecio al esfuerzo de que hace gala este pueblo vengativo y holgazán.
Maldición.
Maldición, maldición, maldición,  animales  y plantas mías, es la palabra más repetida, más insistentes, más desgastada, por tanto empleada en este valle repleto de populacho ruin.
Y cada vez que escucho esa palabra, lloro mirando vuestros ojos de fieras mansas, y vuestras hojas amarillas, animales y plantas mías.
Lloro la larga tregua de paz que nos han concedido.
Una paz vigilada, una paz llena de amenazas que desgasta, una paz  de castigos velados, peor que una rápida hoguera donde nos asaran, animales  y plantas mías, que hemos venido a este seco y duro valle a ser alimento.

La tregua  dura ya cuatro estaciones,  como toda tregua, es consecuencia de una guerra.
Por eso os digo, que una sola palabra empleada al levantar la cabeza y observar  el cielo seco,  o ver pasar, la sombra errante del poder de un policía, juez, funcionario, sacerdote, o vecino, no es suficiente para doblegarnos.
Os anuncio animales y plantas mías, que ha de venir el día del baile, después de la cosecha de otoño, cuando nieve.
El tiempo de cambio,
el cambio de tiempo,
existirá como la primavera después del invierno.
Ahora todo es uno.
Invierno, primavera, otoño, verano.

Pero las cosas que se han unido, como el grano y la paja, han de separarse para que vivan.
Y vuestro deseo, vuestro deseo de libertad, animales y plantas mías,  llegará el día que vuelva a nevar, animales  y plantas mías.
Pues unos sois perros de la nieve, y las otras en noviembre plantas del invierno. Necesitáis la escarcha en vuestras hojas, y los copos de nieve en vuestros lomos.
Esta es la nueva palabra que os quiero hoy enseñar, cuando las cuatro estaciones son siempre igual en este duro y seco valle, es:
Aguantar.
Angelillo de Uixó.

poulet1

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

 

 

I.
Todo cambia
los juncos las cañas,
el agua y el barro,
Están luchando, están luchando,
entre los nardos y las colas de los caballos.

cimg9780

II.
De mi costado desesperado,
brotan cañas y juncos
de agua sembrada.
Sentado en la orilla de grava,
se ahogan en el aire los peces
y vienen los perros a jugar a la arena.
La gente que salta del puente
por no poder seguir avanzando
Lo hace suspirando
dejando grabada con tiza
su silueta en el aire.
Entra y sale,
la muerte,
entre los juncos y el barro.
Y mi corbella
va cortando las hierbas
En una amencer,
quizás un ocaso.

 

III.
Que vienen que vienen, que vienen,
a defender el futuro que vienen,
gente siniestra que mira las estrellas.
Por el río seco hacia arriba
hay agua en una gruta con forma de tumba.
Y allí la están defendiendo
doce guitarristas.
Por el río seco hacia arriba,
se oculta la luna.
Angelillo de Uixó.

cimg9779

untitled

Intro del autor:
Te invito, Oh Lector, a pasar a mi huerta, donde me han quitado dos bidones de riego y gomas de goteo, así como me han arrancado varias tomateras que han dejado muriendo en el suelo.
Hago de mi miseria mi bandera, y la ondeo sin odio.
No me arrancarán la esperanza, de que las cosas deben cambiar, como me han arrancado las sandias.

thca52gdhs

II.
Entra y sal,
con la hierbabuena ,
de mi siembra.
Has pasado
y me has regalado,
tu imagen reflejada
en los bidones de agua
que regaban tras cada madrugada.
Hay un temblor en las cañas,
donde se enroscan los guisantes,
que anuncian sangre en los tomates,
dormidos en las ramas.
Y un temor en las alcarchofas,
de nunca verse en flor.
Duerme con el día,
tu sombra siniestra en los naranjos
que me sigue por el campo.
Entre los juncos te busco.
Llamándote para ayudarte.
Recuerda,
te digo como un Salvador,
que solo eres un miserable,
ven y toma lo que queda
sin ocultarte,
soy tu hermano.
Angelillo Uixó.

thcasvm1pl

Intro recopilatorio.

cimg9745

En nuestra anterior entrada.

cimg9759
La Albufera, un paisaje que merecía un mejor destino.
Antes de pasar a poemar el viaje de ayer a las tierras de la Albufera, dejo las fotos de un lago y unas tierras que se han convertido en un monótono bostezo, en un desierto de agua turbia, lenta, casi sin movimiento, repleto de mana para los cangrejos  americanos.
A su alrededor hay pueblos  como El palmar, Sueca, Sollana, que han salido del lago, y de ese mundo del barro.
Cañas y barro es un ensueño fantasmal,  tan distante para los que viven en la orilla de la albufera, como para alguien de Madrid o Bilbao.
II.


Cuando pasó de nuevo por el lago
lenta y somnolienta
el agua verde,
con el hombre de pie sobre su barca
navegando por la acequia.
Todo había cambiado.
Las cañas y el barro,
la acera,
la placa de prohibído el paso
el BMW en la puerta de la barraca.
Los bares, las tapas,
el sol, la hamaca,
los patos, las garzas,
el gato,
el Palmar.
Caía una cruz sobre el barro.
Dos pinzas rojas americanas,
en un desierto  de arroz
donde la cal de las paredes,
se desmoronaban
entre el cielo y el agua.

La albufera bostezaba,
cuando segaban sus campos,
verdes y amarillos en septiembre.
Había salido del lago
el hombre del barro.
Y ahora descansaba intranquilo,
en su orilla de cemento.
Lejos del  mosquito,
de las fiebres,
del cólera,
del paludismo,
y de ese maldito barro primitivo
invocado en todos los bares del Palmar,
como un eco fantasmal:
Cañas y barro
Cañas y barro,
Cañas y barro.
Una sombra se cernía,
sobre el hombre del lago,
llamado por su barro.

Angelillo Uixó.

La Albufera, un paisaje que merecía un mejor destino.
Antes de pasar a poemar el viaje de ayer a las tierras de la Albufera, dejo las fotos de un lago y unas tierras que se han convertido en un monótono bostezo, en un desierto de agua turbia, lenta, casi sin movimiento, repleto de mana para los cangrejos  americanos.
A su alrededor hay pueblos  como El palmar, Sueca, Sollana, que han salido del lago, y de ese mundo del barro.
Cañas y barro es un ensueño fantasmal,  tan distante para los que viven en la orilla de la albufera, como para alguien de Madrid o Bilbao.