Archive for July, 2015

La caseta.

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Caía la tarde sobre el enjambre disperso entre las pordioseras casetas de vall d”Uixó donde el numen que habitaba éstas construcciones de treinta años: ligeras, ilegales, estivales, torpes, que rozaban el chabolismo y el ridículo tratando de imitar una arquitectura perdida de piedra seca en el monte y los chalets de los ricos en las grutas de San José. Con sus puertas de hojalata de saldo falsamente acogedoras. Puertas como estas gentes, de las que el valenciano siempre decía que uno no se podía fiar de pasar, aunque estuvieran abiertas mirando al mar. El mar  surgía en el horizonte como una plancha plana y brillante tras un laberinto de senderos serpenteantes de hormigón que destellaban entre los verdes naranjos. Al alcor del ocaso, entre los últimos cantos de las chicharras salían los hombres de estas casetas descamisados a las terrazas dando voces frenéticas, histéricas, animalescas, para revolotear en la terraza como moscas buscando como animales perezosos plegados a la voluntad de ese terreno pedregoso, inmóvil, duro, arisco, llamado a la quietud; un lugar donde seguir descansando una vez el sol se retiraba . A la misma hora llegaban de las pequeñas cuevas y oquedades que rodeaban el secano los murciélagos, cada vez más escasos. Aleteaban dispersos entre si, alrededor de las casetas en un vuelo muy bajo y vivaracho, danzando por el aire como borrachos ahítos de sangre entre los ultimo rayos del sol que se ocultaban tras las grutas de San José, dejando un lienzo dorado sobre un paisaje apagado de campos desnudos. Terrenos valdios, sepulcrales, carentes de vitalidad, secos. Donde el monumental algarrobo languidecía junto la aromática higuera que a esas horas exhalaba toda su fragancia, casi sexual , con sus frutos sin recoger fermentando. Al igual que los de los almendros, en cuyas ramas colgaba su precioso y duro fruto olvidado, carente de interés y de valor.  Se pudría como la uva en estos tiempos modernos de desprecio al monte y a la dignidad ser humano.Todo se perdía con la muerte del plebeyo campesino. Ahora convertido en paria que doblegaba su frente. Si ayer lo hiciera en esos duros secanos donde podía desplegar su vitalidad de animal humano concienzudo en la conquista el territorio. Hoy, presa  inculta y sin autoestima ante las asistentas sociales, o las autoridades municipales, buscaba alguna paga, que  la mayor de las veces no llegaba, quedando relegado a la caridad cristiana de cáritas, la cruz roja, o la familia. Convertido por su falta de oficio en  habladuría en terrazas de casetas y terrazas de bares, donde el mal fainer, el gos, el perro, el sin estudios. Como tal , humilde y vivaracho traspasaba la puerta de algún bar de los muchos y abundantes, como el vicio escampado por un pueblo de hasta ayer gente trabajadora, buscando alguna caricia que le llegaba como a los perros,  en forma de comentario que le golpeaba:

¿por qué tío Seba  se toma  usted un café en vez de comprar con el dinero una barra pan?

En las casetas de termino de vall d’uixó, sentados en humildes sillas con el rostro de halcones persiguiendo con la mirada la calle, bajo alguna cochambrosa y raída bandera de España, señal  para que no durara nadie que pasara de la ganadería a la que pertenecían el amo de la caseta. La televisión de fondo, levantados al ver pasar los coches de sus vecinos, que lo hacían inquietos continuamente. Con un frecuencia nerviosa, recorriendo el polvoriento camino de ida y vuelta de las casetas dispersas en el monte entre un kilómetro la más cercana al ayuntamiento, y hasta  cuatro kilómetros de distancias la más alejadas. En menos de una hora habitualmente el coche que bajaba volvía a subir, para una vez llegar volver a bajar en menos de 15 minutos de reposo inquieto, parando ante un saludo  en las  terrazas orientadas siempre al  camino. Orientadas para dotorear,  que en las casetas era la ciencia difusa de observar el comportamiento humano desde una ventana o terraza. Y volver, tras saludar, a seguir el coche camino  frente el mar. Mar quieto desde vall d”uixó, como una plancha de acero vaporosa, brillante. Mar silencioso, misterioso, profundo y calmado a esa distancia. Desde la terraza se realizaba el escrutinio dotoreador al conductor si era de bando afín, cargando con algún saludo histérico  a base de chillidos de reconocimiento, y de pitidos por parte del coche, que informaba que volvía al toro o al bar en busca de alguien.
El coche se alejaba sin que tardara en volver. Las primeras sombras de la noche en las casetas de San Gerundio de vall d’uixó  dejaban un pose de aceituna iluminado por la luna en los rostros morenos de sus  habitantes bajo el aleteo de los murciélagos mientras las innumerables filas de hormigas , última legión trabajadora del secano, se retiraban a los hormigueros a descansar.
varios perros eran vistos con espanto por el valenciano casi todos los monótonos atardeceres. El valenciano era un forastero venido a mucho menos que había estrellado su vida en vall d”Uixó por sus criticas. Tiraba por las tardes de dos bolsas del supermercado, cargado de arroz y latas de sardinas, subiendo la larga cuesta de San Gerundio, donde tenía su sede en lo alto del risco el santo en una ermita caseta. Andaba el valenciano como apestado, como un animal infectado de rabia. Siempre solo, sordo al comentario y ajeno a las miradas de desprecio de sus vecinos que atesoraban con gran gozo su ruina. Pasando sin saludarle por su lado y haciendo con el coche como que le atropellaban. El valenciano miraba casi todas las tardes  unos perros espantando a un grupo de ratas. Siempre acaba  mordiéndose los mismos animales entre si en una disputa eterna por unos despojos de una bolsa de basura que el clan de los chalados habían lanzado entre la chatarra almacenada para vender.
La  caseta de los chalados estaba  formada por unos corrales para personas que servían de granja humana, vivienda y  almacenes de chatarra. Los chalados era familia que vivía amorcillada, y era peculiar en cuanto su hablar castellano marginal, y su gusto por el escombro que trabajan con asombro. Estaban  integrados perfectamente a la cultura del lugar que exigía mucho poco a cualquiera. Los chalados vivían bajo unas torres de media tensión, de esas que suelen propagar el saludable cáncer, que como solía decir el valenciano elimina el montante  de población sobrante, incluido ricos. El cáncer es justo en España hasta ahora,  hay tratamientos igualitarios para ricos y pobres. Sin embargo a los chalados no les afectaba la radiación como al resto de seres humanos. Lo que creo la leyenda de que a los parias ni la alta tensión los mata. A tal extremos llegó esta creencia en los bares  de vall d’uixó, que un ingeniero de hiberdrola miembro del partido popular del pueblo, y el médico de cabecera de los chalados que era burgués socialista, hicieron apuestas un día de Julio del  año 2014, subiendo la tensión a niveles de ultra radiación para ver si sobrevivían. Con orgullo y risas el médico ganó la apuesta dos meses después, sin síntomas, a los chalados que se les podía ver animando todas las fiestas de toros de vall d’uixó a castellón. La apuesta consistió en una donación a cáritas de mil euros para pagar la luz a los pobres. así se trataba la pobreza y la exclusión en vall d’Uixó, con desinterés endémico y tratando a los pobres como basura resistente. Los bebes gitanos y rumanos eran también famosos  en bares y terrazas por su estómagos gloriosos , una mina de la resistencia vital al  ser alimentados con comida caducada y que no les pasará nada.

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Estos forasteros, los chalados, revestidos de un aura de inmortales eran gentes llegadas de Portugal, y sabe Dios como dieron con el sendero de  vall d’Uixó  El valenciano solía explicar como habían llegado diciendo que DIos  juntaba a los iguales, y repelía a los diferentes. Los chalados  eran valientes, estaban dispuestos a conquistar el territorio a base de amenazas, empujones, y exhibición de mugre que desolaba al adversario.  Iban los conquistadores siempre vestidos con chándal raído cosido  con la bandera de España que utilizaban como socorrida costura que espanta. Al atardecer entre música de camaron de la isla y palmas se les podía ver salir de la terraza a varios niños escurridos jugando de rojo y amarillo entre los secos escombros infectados de excrementos de los perros. Patos, gallinas, pavos, incluso cabras hacían una coral dentro de los corrales, al igual que el canto de los pajarillos protegidos: ruiseñores, petirrojos, cagarneras… cazados en parany. Construcciones populares de vall d ‘uixó donde se entra de rodillas, y se ve un techo que huele monte hecho de paja fresca. Dentro  se oculta de cazador donde con una red tras poner alpiste,  como si fueran peces atrapa a los desconcertado pajarillos que aletean desesperados y aturdidos.

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No hay caseta en toda castellón sin su bohemio. En San Gerundio  asomaba  el triste y melancólico  rostro hebreo de la casa del bohemio  apodado el  quebrado. Le gustaba el vino y el polvo blanco, soñador cincuentón con barbas blancas que recordaban sus buenos tiempos de músico durante la época de la movida. Tiempos que se echaron a perder con el asentamiento pop y la tristeza musical que siguió a la transición española. Ahora enloquecido, abandonado de su familia, vivía roto consigo mismo y con todos, buscado en sus incansables horas de soledad reparar el mal, limpiar su culpa en medio de ese secano que durante 12 hora al día bañaba la pared sur de su casa con ese   implacable sol que amarilleaba los campos secos. Lanzaba pestes contra sus vecinos. Las mujeres temían que algún día  San Gerundio le escuchara y llegará la peste bucólica a la montaña. Pero en general  entre los hombres que eran su antítesis especialmente los chalados, reinaba hacia él una gran  indiferencia.   Del quebrado  decía la leyenda que le habían echado en los bares,   que siempre había vivido solo  pensando en la música de la bohemia. En vall d’Uixó solo se recordaba un verdadero episodio bohemio. Y este había puesto el listón tan alto que ni el quebrado decían que podría superarlo. Aquel sensible pintor que tras hacerse marica se colgó de un algarrobo vestido de novia.

Algo más arriba del bohemio, se encontraba la caseta que ocupaba el valenciano.  Famoso por sus piernas, delgadas, no muy altas, pero vitales. Siempre caminando con sus miserables  bolsas de la compra: tres euros le cundían más que a nadie, y se quejaba. Teresa, una pelirroja muy guapa de  texas que paseaba el perro en ocasiones por San Gerundio, solía decirle cuando protestaba que era afortunado por poder vivir con tres euros al día y tener todo el tiempo libre. Ella se pasaba el día buscando empleo y gastaba 10 euros. Del valenciano eran famosas más que sus piernas   sus  quejas, que escribía  en blog con entradas de no saber donde estar. Su caseta, cuyas ventanas miraban al mar, tenía  forma de una enorme caja de zapatos, como el resto de casetas. Su tejado plano de baldosas rojas solo era roto en su  monotonía arquitectónica por la chimenea.  Tenía entre unos perros por compañía y por testigos de su drama, en un estado deplorables, fieles caminante en  su condenada. Decía el quebrado al verle pasar:

 

En la penitencia llevas la condena. fardacho, sin vergüenza, busca trabajo puerco.

El valenciano era el vecino más odiado del lugar, con fama  de vago. Tal fama de vago tenía que al final se lo creyó e imitaba a la perfección a sus vecinos. Nadie le dirigía la palabra, excepto dos inquilinas de más arriba, cercanas a las ideas progresistas en ocasiones, liberales en otras, cosa del relativismo de los tiempos. Pero que al ser  ante todo hembras sentían en las entrañas esa especie de fuego de la compasión por las criaturas que viven solas ante la dureza de ese lugar yermo, seco, sin recursos, donde la gente está condenada a la pobreza nada más nacer, rodeados  de un ambiente de charanga y pandereta en medio de un secano que provocaba tristeza y melancolía al contemplarlo. Por eso nadie contemplaba de cerca de forma concienzuda  las montañas de valld”uixó.
El valenciano salia salir de su caseta vestido como un chico de los recados de la revolución. Se creía su papel, como el bohemio y los chalados el suyo. Vestido con harapos de general se había otorgado el titulo de conde de las fuerzas revolucionarias de la vall d’uixó. Cosa que lejos de dar risa a quien los escuchara y lo viera con una casaca militar descolorida, y una gorra de teniente llamándose conde las fuerzas de liberación le daría risa. Sin embargo la gente del pueblo le creía. Y les daba rabia y que pensar a los sencillos habitantes de vall d”uxó que decían a su marcial paso al son de la flauta:
Se lo tiene muy creído.
andaba el conde siempre lleno de manchas. Su ropa permitía notar que bajo esa mugre había un cuerpo  atlético insensible a la pobreza que había sobrevivido   a los números ayunos, las dietas estrictas, así como varias plagas de gusanos en los intestinos contagiadas por los perros. así como los castigos eméritos que le proporcionaba el ayuntamiento desde el 2011 como premio  tras perder su trabajo temporal en una fabrica en el 2008 y andar por allí pidiendo cosas que querían desmantelar las autoridades cacicales para hacer espacio en vall d’Uixó, donde según palabras del alcalde no se podía respirar en vall d’Uixó  por el tufo de tanto pobre.

Espacio, espacio quiero, corredor sanitario ya en el mediterráneo – solía gritar.

vall d’uixó según el valenciano era un pueblo donde todo estaba preparado para perdurar eternamente, o que ocurriera alguna fatalidad. Las dos cosas las creían sus habitantes ciertas, sin reparar en la contradicción. En cualquier terraza de caseta o bar se podía escuchar a la misma persona decir que esto iba a ser siempre así , como al instante seguido que todo iba a estallar. Pues  conforme la crisis aumentaba lo hacia la sensación tanto de eternidad como de cambio que flotaban en el ambiente seco, hostil, desigual , pobre. Donde las chicharras cantaban, la desnutrición aumentaba,  los suicidios habían entrado a formar parte de las conversaciones en las terrazas junto los divorcios. Las trincheras de la guerra civil  envolvían lúgubres toda vall d’Uixó y transmitía  la cercana idea  de que se necesitaba muy poco para que la mecha de la revolución estallara en un pueblo anarquizado y lleno de odio de los unos por los otros, fomentado con la tolerancia de la desigualdad. cualquiera con una cerilla en el momento adecuado podría hacer explotar todo el sistema moral de la zona, que sobrevivía como un nido de águilas apuntalado  en las terrazas de las casetas y los bares, donde nervioso se mostraba  el pueblo simple de Uixó, que pegaba pataditas sobre las baldosas, medio chillando antes la noticias que se sucedían  sobre los escándalos de corrupción, y las detenciones de gente que protestaba contra el gobierno. Los nervios aumentaban con  la propagando del alcalde de vall d’uixó que le decía a sus vecinos dominados por el miedo en los bares y las terrazas de las casetas, que gente revolucionaria irían al mando de una tropa de socialistas y de la ugt casa por casa, y les pegarían un tiro en la nuca a la gente de bien que tenía fortuna delante de sus hijos en los días de peñas.
Los vecinos de las casetas del valenciano lo miraban mal porque estaban convencidos al ser del  otro bando, el  que no tenía nada más que resentimiento, de que si estallaba la revolución mandaría fusilarlos. Incluso se rumoreaba que lo haría de forma socarrona, vestido de Pancho Villa tocando la flauta montado en un asno mientras las balas penetraban sus cuerpos junto la blanca tapia del  convento de vall d’Uixó  nuevamente en llamas y con las monjas ardiendo después de haber sido violadas por los socialista de vall d’uixó y el comité de milicianos  de la UGT.
Había que hacer un milagro para que esto no pasara. Por eso los vecinos de vall d’uixó  apoyaban en las terrazas comentarios de  las detenciones preventivas de la guardia civil a los que no fueran a los toros ni a la procesión, así como mandar a la cárcel sin juicio a la gente por parte de los jueces de nules. Se escucha desde las terrazas    mano dura y que se imitara a Franco.
Franco flotaban en las terrazas de las casetas  de vall d’uixó, tanto como en las cervecerías .
Los viejos búnkers pulverizados casi indistinguibles de los ribazos, hechos una ruina, y cubiertos en ocasiones por escombros de las casetas recordaban al caudillo como el único garante de la tolerancia en un territorio sin recursos. Solo un tirano fascista podía repartir de forma equitativa entre los suyos y exterminar de forma juicios a los otros. La ventaja estaba de parte unos salvajes bautizados en territorio dividido entre buenos y malos.
En las casetas, todas las tardes con la televisión de antena tres de fondo ametrallando  a alguien, se recordaba a el hombre que trajo la paz, tal como hoy lo hacían los jueces demócratas. Eso tranquilizaba a la gente de las terrazas de las casetas y bares cuando escuchan hablar del cambio de sociedad. Reclinados en las terrazas de casetas y bares, mecidos como la paja cuando el viento  mueve la espiga, observaban con miedo a los que se les oponían. Fingían desde cualquier terraza indiferencia, juzgaban con desprecio animal y temerosos al adversario, temiendo que pudieran cambiar ese territorio que ya estaba bien así.

¿No tenía ellos una paga? ¿ no había entrado su nieto a los caminos a trabajar para el ayuntamiento? ¿ No había toros todos los días?
! Qué había gente sin comer o perseguida por jueces!
En las terrazas de san Gerundio entre risas predicaban como el alcalde bajo unas nubes plomizas producidas por el incansable calor que golpeaba como en una fragua vall d’Uixó, que Dios traía el hambre y la persecución para hacer espacio. había que limpiar las calles.
Angelillo de Uixó.

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La nana a la luna de colmillo lácteo.

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Dentro del plato de ducha convertido en moridero sobre un charco  sanguinolento respiraba en esta madrugada tenuemente, ayer al atardecer la luna llena asomaba plena , y en la terraza la sujeté entre mis manos, un día antes empezó a ponerse mala. En poco más de 24 horas, parvovirosis con 6 meses de edad se ha ido en mi casa en mis manos en vall d”uixó, esperando ser adoptada, lo ha sido por la muerte.

Sujeto en mis manos tu cuerpo,
disolviéndose entre mis dedos,

convertida tu vida de cachorro,
en un juguete negro de la muerte,
Canto en un silencio de dolor estrepitoso,
contemplando tu cuerpo infantil al que acuno,
ya sin remedio.
tan rápido ha llegado todo….

Pronto asomará hoy la luna,
que mandará sus jinetes,

tocando el primitivo tambor de Manú con un martillo.
veda ario que se vierte sobre nuestros oídos:
hambre,
virus,
pestes,
epidemias,
Nos condena con la muerte,
testigo es vall d’ uxó ,
la innombrable de casta resignada ,

la que se rinde ante la muerte,
labrada  de parte a parte en las cunetas,
que contempla este ocaso racial en nuestra terraza,
en estado de Nirvana.
mientras la luna va cayendo con la guadaña.
cantando su crimen anunciado,
sembrando los jardines con amapolas,
y el monte con rastrojos.
Quiero acunarte,
atarte por vez primera.
aferrarte a la vida,

notar en tu aliento esperanza ,
creer que puedas remontar el paso,
y que mañana podrás salir a corriendo,
entre los lados de la reja al monte.
Tú dolor se une a mi aliento,
tú enfermedad, tú muerte me sujetan.
se mete en mi sangre.
llevaré conmigo siempre tu muerte,
recordando mi pobreza ,

que brilla en esta casa sin esperanza,

como una navaja.
Los ojos de tus hermanos,

te observan en mis brazos,
Y se acercan a acunarte en silencio,

besando tu joven calavera,

bajo el hacha de mañana.
Angelillo de Uixó.
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ocaso casi de fantasmas para unos cachorros.

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escuchaba esa tarde triste y mustia las campanas junto mi camada como un caminante dormido acostumbrado a ver el paisaje desabrido de vall d”uixó.
Los padres de los cachorros a mi lado,  recogidos y en silencio entre matas de avena silvestre, el tomillo y el esparto, ahítos de tristeza en una tarde plomiza sobre nuestras cabezas,  sin sensación de vida, bajo los últimos rayos mortecinos. Los cachorros alborozados, como los niños cuando juegan persiguiéndose y saltando, cuando sonó un aullido distante.

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Entonces los cachorros corrieron en desbandada, con los cabellos erizados, muy asustados por el gris y polvoriento sendero cercano a nuestra casa en cuya puerta ladrando y temblando se cobijaron esperando que abriera.
Sus padres y yo , formando toscas figuras sobre el ribazo semejando viejos fantasmas del pasado entre las amarillentas matas silvestres bajo el alcor, alargando nuestra sombra como bueyes inmóviles sobre el pedregoso camino al declinar el día.
Entonces se deshojó mi pasado, y recordé cuando era niño.

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También soñaba con fantasmas, y aquella tarde como la de hoy, en una excursión al monasterio de Santo Espíritu, hacía quizás 30 años. Una rama en lo alto de un risco se convirtió en un fantasma cuando un compañero de escuela grito al ver esa esquelética rama:

!Mirad, un muerto!

durante toda la noche lloraba desconsolado.
Angelillo de Uixó.

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Dos idiotas y todo lo que les es afín.

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Intro  con un arlequín vestido de  duende azul contando en un despacho  lo que ha pasado.
El Azarias y el Napoleón son dos idiotas que tienen a su disposición todas las condiciones favorables en su mano para hacer el idiota en el pueblo de vall d’uixó, convertido en un foco de atracción y verdadero criadero de una estirpe imperecedera de idiotas. En un lugar recogido entre unos ricos tienen morada entre otros grupos de idiotas, estos dos idiotas  a los que me refiero señoría. Según mi informe… en la actualidad ocupan su tiempo libre dándose grandes sorpresas bastante estúpidas cuando van y cuando vienen.

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Las leyes son propicias con los idiotas, es el inconveniente de  vivir en una democracia, que permite a sus idioteces otorgarles un rango legal. Hay en el reino español  como usted sabe mejor que yo,  jueces para los imbéciles, abogados para los tarados, policías  para los idiotas, todo un despropósito de la estupidez señoría.

Pero sigamos.
Así ocurrió ésta historia interminable, a  tal día de hoy,  cuando el Napoleón pasaba bajo la ventana del Azarías. Este, avisado por los ladridos de los  perros de un vecino de lo más idiota que mora algo más arriba, corriendo el Azarías  ha bajado  a la puerta, y tras examinar que nadie pasaba, ha alcanzado  al Napoleón por sorpresa que iba de lo más entretenido en varias tonterías a las que le daba vueltas, empezando el  idiota Azarías a cantarle los siguientes piropos, ademas de empujarle:
Ratero, fardacho, puerco, que te voy a matar.
Ay, el de los vídeos, payaso que no eres más que un payaso, Napoleón.

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Según ha declarado Napoleón, en sus gestos el idiota del Azarías llevaba una  marca fisiológica de  locura. Sus ojos habituados en otros tiempos a la templanza, han cobrado una forma abominables de  animal carroñero repleto de malicia, y en sus  gestos, ha sacado el  psicótico que lleva dentro. Yo confirmo que mientras Napoleón tiene un cuerpo sano, la  fisiología del Azarías lo condena. Es la de alguien enfermo, flaco, amarillento, esquelético pordiosero. la fuerza de los empujones que ha dado a Napoleón, que con asco lo soportaba, según él, eran semejantes a las de una mujer, y ha declarado que  si no fuera porque iban acompañados de la fealdad de su rostro deformado, Napoleón hubiera roto a reír del idiota de Azarías.
El Napoleón, ayer su amigo, con su sombra y su idiotez desconcertada se ha alejado entre abucheos y más empujones, caminando senda abajo sintiéndose vencido por el débil, y maldiciendo de este modo las enfermedades de nuestro siglo, el egoísmo y la falsa compasión. me ha dado ésta nota para su señoría , por si la quiere leer.

se la paso.

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OH Señor,
que idiotas tan grandes da esta tierra de vall d’uixó.
Para poder enderezarla,
yo quisiera un buen martillo,
y dar con el tan fuerte,
para solo dejar vivir a los sanos y fuertes.
ya está bien de tanta  tontería.
Abajo la estupidez.
que suenen las campanas
se afilen las guadañas.
¿ Para que me metería yo a ayudar a este fantasma?

!Yo que le puse voz a su desgracia!

Y me contagie con su dolor,

vi en él un mesías.
Así me devuelve la compasión y Fe que le tuve.
con violencia, con insultos,

con el habitual gusto por la sangre de los idiotas.

El idiota es un animal desconfiado.

! que violencia más insana y más injustificada!

No hay forma de comprenderla, si no es buceando en lo profundo de la memez.

Nacida de darle vueltas a la rosca de un tornillo. Y ese tornillo se llama la falta de autoestima que se tiene el Azarías, y  su sentimiento de inferioridad para vivir como los demás.
Pobre espectro de Azarías, maldita sea su condena cuya voluntad y facultad para vivir flaquea, al igual que para pensar de forma elevada y noble. Ha claudicado metido en esa burbuja llamada cobardía, o vivir para adentro. cobardía en la que se refugia, en vez de intentar romper el mundo. Se ha roto por dentro, y hasta en eso ha fracasado pobre desgraciado no muriendo. Sin embargo, por mi natural idiotez, por muy duro que quisiera ser, no puedo dejar de sentir alegría de ver como vuelve a darme. Igual tiene razón. Venga Azarías, pégame,  dime perro, empújame, canta al mundo tu gran verdad: que soy un necio, un estúpido, un sapo,  que merezco ir a prisión y la muerte.

Se mi verdugo idiota, otro mejor que tu  no tendré, te prefiero al del juez de nules.

Pero silencio, silencio, que me persigue el Azarías, ahora viene con un hacha haciendo gestos de bufón de barrio de que la va a estrellar contra mi cráneo. Pero no se atreve, se controla, su locura está domesticada, como mis impulsos.
Pobre Azarías, después de insultarme, a casa a descansar hasta verme pasar mañana.
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Angelillo de Uixó  basado en hechos reales.

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la secuencia nos muestra un grupo de perros en la terraza de una casa humilde con pocos recursos, están todos juntos a un saco de pienso que ha caído como un regalo.

Colmillo lácteo sueña con fantasmas.

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En un rincón de un pobre hogar, tras bajar del monte de ver morir los viejos algarrobos habiendo atravesado en una  larga jornada estival de marcha por los largos secanos de la sierra de Espadan, como si colmillo lácteo fuera un Ícaro que ha aterrizado tras ver un mundo lleno de símbolos y metáforas que tiene que aprender a interpretar, el joven cachorro de husky al que el mundo le da todavía miedo, y cualquier forma desconocida le hace retroceder por la senda en que camina ladrando despavorido “sueña”  y al soñar colmillo lácteo gime, mueve las patas, tiembla. Más su amo,  un ángel custodio junto a él, así le habla:

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Si colmillo, en tu sueño te surge la calima traicionera  que hoy espantados hemos presenciado  formando  un mar de nubes misterioso que envolvía  el pueblo que despertaba cubierto con una fantasmal sabana sobre su lecho, entre cuyos desgarrones, asomaban madrugadores en diferentes calles un alcor parpadeante  placas solares sobre los tejados golpeados por  el tremendo martillo solar que hacía cantar cual sirenas a las  naúfragas chicharras, en este nuestro fantasmal  paisaje incorporado a los sueños,  que podríamos llamar mar flotante donde imaginar oscuras naves  surcando esta infernal y cálida niebla transportando difuntos. Ajusta en tu sueño el paso, galopa colmillo lácteo a los altos pinares, que unen el cielo con el mar. Salta las primeras trincheras de la guerra civil y alcanza senderos amarillentos del secano moribundo.

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Latas abiertas con nidos de avispas que zumban y calientan el día con su castigo, y ruedas entre los espinos en medio del campo verde te guiaran hasta las azules montañas entre cráneos de animales, despojos de pieles y plumas, cartuchos de caza de la vall d”uixo nacional.
Mi voz en tu oído, haciéndola sonar como una campana está contigo hermano colmillo. Pisa el sendero como el dedo una cuerda de guitarra haciendo un blend entre los cohetes que estallan en el aire anunciando la construcción de una nueva iglesia en el cielo, mientras el edifico se cae en la tierra. Los sueños anuncian la esperanza, aunque no la hay, todo colmillo lácteo se lo tragara la tierra, como las ramas polvorientas que no dan frutos en vall d’uixó, y si lo dan, parece un milagro del verano entre el abandono del ribazo.

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Triste soñar, atracados en lo alto del alto peñasco, contemplando un águila  cruzar errante un trozo de cielo, rodeados por una luz que abrasa, en la orilla del ribazo, todos juntos en la sombra de la última carrasca, al borde del camino junto el  barranco.
Angelilo de Uixó.

Duerme colmillo lácteo, despierta en el sueño, atrapa la metáfora tan necesaria para vivir.

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Colmillo lácteo sueña con fantasmas. by ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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Colmillo lácteo y las moscas a su cargo.

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desde un cerrillo  cubierto de color rojizo por el rodeno que  ocupa  un páramo completamente descubierto de vegetación, avanza colmillo blanco y sus hermanos dejando una efímera huella entre las frágiles piedras recalentadas bajo un intenso sol al que cantan las chicharras en celo. Colmillo lácteo súbitamente se detiene. Gira su cabeza a mitad de pasar aquel yermo cerro que lo forma una planicie desértica de cerca de un kilómetro. Puede observar  sin comprender la causa, los destellos que dan algunos tejados con placas solares, que como si fueran un espejo reflejan una luz muy brillante que da fogonazos. Mientras el pueblo que sestea cerca la hora del ocaso, ofrece un espectáculo propio de la observación mediante un calidoscopio , según incidan los últimos rayos de luz solar. Como la cera de una colmena una luz amarillenta, muy intensa, angustiosa, desasosegante, ilumina unas fachadas, edificios que parecen una lata en una barbacoa. Junto a ésta luz, discurre una línea negra paralela que forma una sombra que no oculta ninguna forma. Permite  ver las otras  latas o los edificios en sombra, incluido el blanco de las persianas que resaltan de los edificios de vall D ” Uixó.  La gran mayoría  construidos  de ladrillos rojizos o marrones. Y las grandes cúpulas de las iglesias, de color azulado, alrededor de las cuales a lo largo del día se propician diferentes destellos blancos encajonados entre las líneas también blancas,  que dividen la esfera como si fueran los hilos de los gajos de una naranja.

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Colmillo lácteo dirige de nuevo su cabeza al frente. Galopando prosigue las huella de sus hermanos  por el cerro. Al final del mismo se ven como si fuera un mar unos pinos. Están rodeados como si estuvieran en un desierto de unas figas  paleras cuyos frutos redondos con forma de dedos pulgares, todavía a finales de Julio son verdes y repletos de púas que cuelgan de sus enormes palas planas.
Los hermanos de colmillo blanco lo aguardan con las bocas abiertas jadeando en la sombra.
El verano del 2015 en valld”uixó está siendo diferente a cualquier otro verano. Nadie recuerda días de tanto calor. Hasta la llegada de la tarde bien entrada, no hay  rincón donde exista la sombra, donde se puedan  ver las formas de los objetos sin sufrir un mareo o una insolación. EL verano del 2015 parece como si fuera el último y al terminar  todo fuera a acabarse. EL monte, la parte que no se ha quemado  todavía es  una bomba apunto de estallar. La gente camina por vall d’uixó  perdida, agotada, casada. Cualquier movimiento hace sudar. A parte de ésta situación angustiosa por el calor, desde el punto de vista social, todos sus habitantes , unos 35.000, no son ya más que individuos desintegrados que no saben donde van a caer, como pasa con las moscas. Parece como si la lupa de las estadísticas se empeñara en poner a la gente de vall d’Uixó bajo el sol y la lupa hasta prenderles fuego. Desempleo, una sociedad inculta, salvajismo, mala convivencia familiar, funcionarios incompetentes, un ayuntamiento endeudado , un pueblo y unas autoridades sin iniciativa que resignados miran al cielo diciendo:
la que se nos viene encima.

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Por encima del pinar, entre unos ricos pardos, hay como si fuera un árbol sagrado sobre una roca sacra, con  raíces por garras apresando las moles de caliza sobre las que se cría una enorme garrofera plantada en la guerra civil que apenas da frutos. Bajos sus ramas ,un hermano de colmillo blanco pace tranquilamente merendando garrofas. Al escuchar sus hermanos que jadean romper el fruto, raudos y hambrientos van a él. husmeando de forma ágil y rápida alrededor del árbol notan que hay pocas  algarrobas en tierra, así que empieza una gran pelea en torno a la garrofera. Los cuerpos de los cachorros en diferentes gestos salvajes, arqueando sus cuerpos y estirándolos, hasta tensarlos formando una ballesta   en un cruce de brincos simiescos, lanzados sobre los lomos de sus hermanos, haciendo sonar en el choque un estruendo de colmillos que silencian a los pájaros del pequeño pinar. Tres de los cachorros caen sobre tierra dando vueltas quedando con las patas sobre sus pechos y mostrando los dientes empapados a sus  hermanos, que sobre ellos, al uso de  bustos romanos de emperadores, dominan con mortal amenaza congelados sobre ellos unos breves segundos, hasta que se retiran los vencidos. Colmillo blanco y otro hermano, se comen las pocas garrofas tranquilamente, mientras el resto descansa en el pinar jadeando.
Una águila de blancas y grandes alas flota sobre ellos en un cielo que arrastra nubes rojas .

Majestuosa el águila mueve las alas trazando círculos, se aleja hacia las purpuras montañas donde se pone el sol dejando un lienzo  de oro que empieza a palidecer.
Varios cohetes estallan en el cielo a más de 34 grados en vertical sobre un grupo de casas de vall duixó. Anuncian un encierro.
Los fantasmas de las moscas, del hambre, de la miseria. Los cachorros se levantan asustados, contemplado la estela de pólvora  suspensa flotando sobre los tejados de vall d’uixó bajo una luna fantasmal  y trasparente asomada tímida.
Anuncia  una fosa común la luna:

vall d “uixó entera.
El calidoscopio  hace brillar vall uixó  amarilleando una de sus avenidas, mientas el resto está ya en penumbra.
Los cachorros van tras su señor ,que en silencio va ellos como si fuera un silencioso pastor, vuelven a cruzar el cerrillo yermo bajo el alcor.

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Bajan por una costera repleta de aligas al hogar.
Al entrar a la casa, un enjambre de moscas aguarda.
Toda vall d’Uixó  está infectada en el verano de mayor calor que se recuerde, y el más triste desde la guerra civil donde se reza sudando:
mañana señor

¿ tendremos nuestro pan para comer?
angelillo de Uixó.

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Colmilo lácteo y las moscas a su cargo. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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