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Antropología de Pamela Anderson o el rostro de la justicia.

epidérmica, creída, pija, sin poder aguantar el asco: así es la justicia

epidérmica, creída, pija, sin poder aguantar el asco: así es la justicia

Estas memorias están basada en los recuerdos reales de la subida de un preso del calabozo al tribunal.

solo vi pobres a mi alrededor en el banquillo, tarados de cojones, subnormales vendidos

solo vi pobres a mi alrededor en el banquillo, tarados de cojones, subnormales vendidos

Recuerdo la oscuridad del calabozo en la que vivía y en la que me había quedado ciego, la irrupción de la luz  fue cómo un diamante brillante, de repente aquel sucio lugar de castigo tenía el valor de un tesoro inmenso, donde yo desolado me recogía. Me lleno la luz de melancolía cuando abrieron la puerta unos policías entre risas y comentario cachondos mientras metían a un hombre detenido vestido en ropa interior de mujer, y me sacaban a mi para llevarme ante el tribunal de justicia en el piso de arriba.
Subiendo las escaleras de mármol sentía a través de los sonidos de mis pasos, cientos y cientos de sentencias.
Reflexionaba sobre cómo sería el rostro de la justicia a la que me enfrentaría.
Lo primero que percibí ante ella, es que no que le gustaba verme allí , no por quererme y no verme en tan mal trance, si no por considerarme algo feo, asqueroso a su juicio.

muertos huyendo
A mi alrededor había todo tipo de feos, gente que parecían calaveras. Todo un carnaval de mellados, calvos, gordos, tullidos, mal nutridos, tanto que se retorcían de hambre y sed, indiferentes a su suerte. Para ellos la suerte no existía   esperando terminar de morir en esos banquillos.
Recuerdo que mire atentamente los rostros morenos, aceitunados, negros de  ellos. Poseían un aire  indolente de idiotas atados cómo animales a los bancos, con policías a sus costados.
A la justicia no le gustaba el tufo que desprendían, y se tapaba la nariz para no olerlos. Se cubría los ojos para no verlos, al igual que los oídos para no escucharlos, y por tanto minusvalorar al final los sacrificaba cómo se hace con cucarachas en una celda de castigo hasta que los presos se vuelven locos.

pamela II
locos,
locos,
locos.
Locos eternos
locos de atar,
locos hasta el final.
locos revisables a perpetuidad.
Angelillo de Uixó.

pamlea

Antropología de Pamela Anderson o el rostro de la justicia. by Ángel Blasco Giménez is licensed under aCreative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en wwwalgarabia.blogspot.com

Programa por tantos pobres a la basura.

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I
El concejal de servicios sociales era un maníaco peligroso de las tendencias neoliberales con voz de marica y aspecto de gilipollas que tenía muy a su pesar que cargar con los desesperados del pueblo a punto de reventar de puta exclusión social. Tenía por este motivo tratos con la cruz roja y cáritas, organizaciones destinadas a quemar con caridad a los pobres que acudían allí cómo moscas golpeadas por el flit de la crisis económica, o llegaban arrastrados cómo algas por la corriente en pateras desde áfrica a los que les había sacado de sus expropiadas selvas,  las petroleras y empresas de diamantes: a cañonazos.
El concejal de servicios sociales, un hombre muy apañado a la hora de almorzar, a lo que dedicaba, cómo cualquier cacique español metido en política, más de tres horas al día. Solía dar sus recetas una vez a la semana en la reunión- almuerzo con personal de cáritas y la cruz roja para atajar la gran cabronada de gente acudiendo a tropel a los servicios sociales en busca de socorro.

Para salir de la crisis económica hay que hacerlo de forma chusquera, sin hacer mucho caso de los psicoanalistas ni psiquiatras . Solo así superaremos la actual situación de colapso de los servicios sociales y pobreza del pueblo sin hacer daño a nuestro sistema de valores de ayudar a todo el puto mundo.
A lo que el viejo repartidor de mandioca de cáritas, un abuelo medio sordo chocho que siempre fue lo más vago y servicial de la derecha que se pudiera encontrar en toda España. Asqueado de tanto pobre llorando y con la barriga vacía pidiendo y pidiendo comida, el pago de la luz, del agua, pañales, medicinas, y demás memeces miserables que cualquier ser humano normal de un país desarrollado obtiene de forma sencilla, contra atacaba en las reuniones semanales:
se pasan el día cómo ratas dando vueltas a los contenedores de basura para comer algo nuestros huéspedes. Luego apestan por el pueblo sin reparo, ahhh, los ves pasar y sientes un profundo malestar y frustración. Es cómo lavar una pocilga con el cerdo dentro. te joden el día cuando los ves, y sabes que tarde o temprano los tendrás en la diócesis a esos cabrones. Yo les digo: no te dí hace dos días una bolsa repleta de mandioca cabronazo.
y los muy cabrones sin mirarme me responden:
comida ya, cáritas es grande. Mucho dolor de vientre, mucho dolor.

Los muy hijo de puta no te agradecen nada, siempre quieren un paquete más de arroz, hijos de puta, miserables, habría que colgarlos a todos esos marranos pobres.
Tras purgar su alma el viejo chocho de las limosnas, se quedaba la mar de augusto. Pensaba que nadie le escuchaba porqué era medio sordo.
Pero todos lo oían y se reían  con el viejo cabronazo.

Una de las que también formaba parte de la reunión almuerzo de las fuerzas satíricas contra la pobreza del municipio, era la representante en la cruz roja. Se trataba de la nueva ornada de trabajadores sociales, una lesbiana rubia muy guapa con fobia a los hombres, especialmente los que llegaban del África del islam. Solía imaginar que cualquier islamista la quería violar, y luego comerse unas galletas mientras ella gemía bajo sus pies con las piernas abierta escupiendo semen por su vagina recién violada. Solía mencionar semana tras semana la necesidad de establecer algún programa de educación sexual para inmigrante islámicos, lo que nunca era bien entendido por sus compañeros que la solían mirar cómo si fuera una zorra.
Al cabo de cuatro o cinco horas discutiendo estas propuestas , el concejal medio borracho se solía levantar con ayuda de un pobre que hacia de colaborador social personal a cambio de comida. Sus funciones eran de guarda espalada, criado y amante.
El concejal lo trataba cómo si fuera un perro cuando trabajaba y bebía, que era todos los días:
¿ Donde me llevas So cabrón? debería mandar azotarte por cogerme. ¿Te he pedido yo que me ayudes a levantarme asqueroso muerto de hambre?No me toques con tus sucias manos, engendro, mezcla de razas.
El ayudante, un anormal medio gitano de barrio marginal que adoraba al concejal de servicios sociales por tratarle cómo un patriarca, con paciencia se limpiaba los escupitajos de la cara de forma sagrada, cómo si fuera agua bautismal que el Señor le lanzara:
le llevo a casa señoría, debe usted descansar. No debe preocuparse tanto por los demás. Tiene fiebre. El señor quiere que descanse.
EL concejal era fácil de conmover cuando le hablaban de Dios:
Es cierto Rigodón, debo descansar, necesito dormir para que Dios me inspire nuevos remedios para los pobres. El bien Rigodón, el bien, hay que buscar el bien en este estúpido mundo. Si gente cómo yo no lo dotara de sentido a este absurdo ¿ que sería de la gente?

La mezcla racial que lo llevaba por la calle del pueblo se imaginaba para si mismo que haría la gente si nadie les empujara cuesta abajo, o los humillara. la respuesta que se daba Rigodón le aterraba más que cualquier vejación que pusiera causarle el concejal de servicios sociales:

“la gente no haría nada, se abandonaría. Si no hay quien empuje, azote, humille a las personas y las llene de odio, la gente se  quedan sin hacer nada, viendo pasar las horas en las esquinas. Esa es la verdad: hay que joder a la gente para que haga algo, así de hijos de puta son todos ellos.

valld´uixó y su gente
II.

Finalmente las cosas tomaron el rumbo por donde iban: muy cuesta abajo.
Así que el Alcalde, que estaba a favor de matar a los pobres con medidas similares a las que empleo Franco contra los vencidos. Al final cedió de forma cobarde y humillante para él, pero eran elecciones y le pudo más el calculo electoral. claudicó a la presión de las ONG, partidos de la izquierda convencional, y aprobaron que era indigno seguir acostumbrando a la gente a buscar comida en la basura. Muchos pobres se quejaban de que otros miserables ya habían pasado por el contenedor y no habían dejado nada para el siguiente, lo que provocaba odios y violencia la hostia de divertida entre ellos acusándose de tanto egoísmo e indiferencia hacia su miseria. gracias a las fuerzas del orden acababan sancionado el pobre en cuestión, quedando sin comer de la basura dos días y aprendiendo a ser comunista y compartir.
EL municipio debería por lo menos garantizarles contenedores de basura con alimentos, era lo que exigían los pobres y la oposición.

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Yo por entonces , para siempre estaba maldito de todas las oficinas de trabajo, y sobre todo por el ayuntamiento. Me dedicaba a abrir camellones en medio de los barrancos repletos de humedad, miseria y abandono, que es donde mi alma mejor se encontraba. En algún puntual claro del barranco, atiborrado de vegetación muerta en la que siempre aparecía algún resto de perro o gato difunto cuyos huesos dispersos y blancos estaban rodeados entre ramas podridas de algarrobos, enormes espinos, romeros de hasta dos metros de altura cargados de litio natural, y oliveras gigantescas medio bordes de los años que llevaban sin podar. Zarzaparrilla liándose de lo bueno sobre pinos de 12 metros hasta estrangularlos. En fin, un sin fin de plantas matándose unas a otra y viviendo en la más absoluta miseria de insectos, moscas blancas, piojos, arañas, entre bancales deshechos. Eso sí, siempre que hubiera algo de humedad para vivir, crecer y pelearse hasta morir. Una vez sacabas la cabeza magullado del barranco no había nada más que un espantosos secano con rocas grises por todas partes hasta dar con el pueblo del Valle D´Aixó. El muy asqueroso y pintoresco pueblo facha y fachada del mediterráneo se veía por todas cochinas partes en las que te metieras, sobre todo el puto campanario de la iglesia de la Visitación, el edificio más alto, y emblemático. Yo siempre me maravillaba ante un débil reguerillo de agua resbalando por una tierra que a su paso adquiría el color del oro, aunque no tenían ningún valor mineral ni agrícola, pese a que yo con un esfuerzo supremo me dedicaba a demostrar todo lo contrario por asco al consumo, y metía simientes de patatas, ajos, espinas en la tierra que labraba. Había llenado muchos barrancos en camellones estrechos, repleto de fango, largos cómo una enorme lombriz de semillas, que con cuidado y paciencia de pobres desconectado de la realidad social arreglaba y a duras penas al cabo de varios meses sacaba un bolsa de rábanos, espinacas y patatas que comía con deleite. Hacía esto por no tener nada mejor que hacer después de no encontrar trabajo y estar maldito por los caciques del lugar, que era los únicos que te podían echar una mano para ayudarte o hundirte. Aquí nadie pasaba desapercibido para los hijo putas del valle de D¨Aixó. Del cacique y su opinión dependía absolutamente todo lo publico de este pueblo español. Ninguna vida escapaba a él. EL sistema ideado era semejante al Franquista.

Las instituciones.

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Las chicas de la agencia local de desarrollo me tenían tanta manía que evitaban mis preguntas y mis ruegos. Me rebajaba cómo el que más por encontrar trabajo, pero a mi nunca me contrataban por haber hecho publico que estaba a favor de otro cacique. Mi gusto por pasar horas por los barrancos tenía su origen en la agencia de colocación local y la aprensión que me causaba ese lugar, tanto cómo la oficina de empleo. Solía salir muy irritado de allí. Había gente sin empleo, excluidos sociales que les daba por tomar litio, prácticamente casi todos los excluidos sociales tomaban algún medicamento psiquiátrico, o eran adictos a alguna sustancia, la mayoría eran tarados de mucho cuidado, tomaban litio, prozac, cocaína, o tratamiento contra las convulsiones y les encantaba el porno. Y si no eran unos verdaderos pirados, solo unos putos desgraciados, una temporadita de pobres en el municipio les haría acabar bien pirados, ya se encargaban los servicios sociales, la cruz roja y cáritas, los servicios de colocación de empleo, la agencia de desarrollo local en darles bien.
En mi desesperación por la pobreza y sus consecuencias, a mi me daba por ir  al monte, allí realizaba un ritual cómo si trabajara. Tenía la suerte a diferencia de los cocainómanos, recoge chatarra, de que nadie me veía porqué era la mar de estúpido hacer de Robinson crusoe seguido de tres perros que se tumbaban en el fango mientras yo le daba la azada . La mayoría de veces que iba al barranco rompía a llorar entre cantos de gorriones y una gran explosión de flores. malvivía cómo un animal perseguido, señalado por tener una opinión diferente, era tratado por esos hijos de puta sin la más mínimo dignidad y estaba en un estado de desatención de mis necesidades más básicas. Siempre en estado de alerta y de defensa. Al final acabaría zumbado. Me la tenían jurada y no podía pedir perdón ya por no haber apoyado al cochino cacique de alcalde. Encima a los otros caciques de izquierda que apoye, si siquiera les importaba mi situación, me consideraban un tipo que se había inmolado por nada. Y tenían razón.
Sin embargo tuve un momento de suerte.
Me entere que estaban buscando gente que ayudara a la cruz roja y cáritas a tirar a los más pobres a los cubos de basura. A cambio daban poco dinero, una mierda la verdad, pero algo era algo, y también era una forma de no acabar en un cubo de basura.

alimentos-basura
Se trataba de un programa piloto y garantista a la altura del lugar. desde luego que es indigno para cualquier ser humano en el siglo XXI- comentaban los inventores del programa- siempre estaban invocando el siglo XXI cuando ocurría alguna salvajada cómo la de las gentes del lugar que se veían rebuscando entre los cubos de basura. Por eso en pleno municipal se había decidido no olvidarse de que estábamos en el siglo XXI, y que había que hacer desaparecer  la humillación de estas personas,  que no se viera su vergüenza publica, eso se podía hacer  echando a los pobres dentro de cubos de basura. Se evitaba así una mala imagen del municipio, los malos olores que desprendían los pobres. Incluso a la vista olían esta panda de asquerosas personas. Ademas, estaba la cuestión de la vigilancia del contenedor de basura contra vándalos, antisistemas, anarquistas, así cómo ratas, perros, gatos y otros pobres descontrolados del censo que danzaban por los cubos de basura. Los mismos cubos de basura que hacían que comiera muy a gusto el alcalde que había robado un millón de euros de la empresa de basura. De este sucio modo, cómo el alcalde, se ganaban en cierto modo su alojamiento y comida los pobres, con la basura y cumpliendo con los principios y valores de la nueva sociedad plástica y monetarias en la que vivíamos, donde todo se reciclaba, y un euro costaba su trabajo conseguirlo. Un euro es meta, y el que no lo tenga acabaría en el cubo de basura. Se acabaron los tiempos de Quevedo donde el pobre era un pícaro, y el rico y aristócrata le importaba tres rábanos estar con pobres siempre que tuvieran dos buenos cojones y fueran unos picaros chulescos capaces de sacar la navaja si les tocaban el honor. Ahora, a la derecha del país y los ricos, eran una panda de fobopobres, y los pobres le tenían pánico a los ricos porque´había perdido su honor. se acabó el estar juntos, y la rica historia de pobreza de España, todo un montón de siglos de oro de la miseria arruinados en cuatro días con cuatro pollitos amariconados que habían visto películas norteamericanas y robado lo que nunca se había robado.

así me lo propuso un gordo de servicios sociales, grueso cómo una foca, con gafitas, y muy educado el muy hijo de puta. Esto es lo peor de los tiempos en los que nos movemos. ese aroma a progreso y educación de estos criminales, por lo menos con el carbón de franco se sabia cuando te iban a fusilar, y se acabó todo de forma decente. Ahora los filonazis maricas y ladrones de la derecha, te dejan echo una mierda viva, languideciendo por dentro y por fuera.
El gordo, sacando un documento de colaboración social me preguntó sabiendo que yo era de lo más chusquero del lugar:

¿ quieres colaborar cómo voluntario junto la cruz roja y de cáritas lanzando pobres a los contenedores de basura?
Desde luego que si- le respondí, aunque la idea no era de la más apetecible, el trabajo parecía sencillo, aunque no estaba bien pagado, aun así no me lo pensé, era el tipo de trabajo que a mi me gustaba, lo habría hecho hasta gratis.
Claro señor, sera para mi un honor tirar pobre al contenedor. quiero sumergirme en estos tiempos modernos- le respondí con optimismo y entusiasmo, hasta imite la cara del euro.
la rapaz gorda con alegría apretó mis manos:
Así me gusta, gente emprendedora y con ganas de hacer algo pro los demás.

III.

desnutridos
Mi primera visita fue acudir al contenedor de Juan Carlos, estaba en un descampado bajo de una farola, abrí la tapa y le salude.
Buenos días, es usted juan carlos ¿ verdad?
El sacó la cabeza del contenedor y apoyó la barbilla en el canto. Parecía cansado, acaba de abrir la boca. bostezo.
Si soy yo, ¿ es usted el colaborador social?- me pregunto, mirándome con sus ojos amarillentos, estaba pálido cómo un enfermo, y tan delgado que semejaba una rama seca.
Veras, me han mandado que te arroje algo de comida ¿ quieres que empecemos?
Si- me respondió con un tono cordial.
Lo primero que hice fue tirarle por la cabeza una botella medio llena de leche.
Leche- le dije.
Bien- me respondió confirmando.
Tengo un trozo de sepia mutilada como si acabara de luchar contar un pez, le faltan dos tentáculos, pero el culo y la cabeza está bien, ¿ la quieres?
Venga- me respondió y se la arroje. Voló hasta el fondo del contenedor a donde la siguió.
Espere a que la devorara y salio.
Cuidado, que voy a tirar la sopa y mancha- le dije arrojando la sopa.
¿ me puedes dar una pajita?- me preguntó.
Ah si ,disculpa.
Le tire una pajita y Juan Carlos se sumergió a sorber.
¿ Aceite? le pregunte.
No gracias, aun tengo- respondió con comprobar la despensa.
Tengo una hamburguesa ¿ te apetece?
Para después, echala.
y se la tire.
Escuche cómo dio contra el fondo.
Entonces se hizo un silencio.
Como era mi primer día no sabia que decirle.
Rompí el hielo con una foto de una chica desnuda.
Mira, te he traído esto para que te masturbes a gusto-
El cogió la foto y la guardo para masturbarse después.
Gracias, apenas vienen aquí mujeres guapas, casi todas son viejas putas- me comento lamentado que las mujeres que acudían la contenedor a tirar basura.
Las jovencitas no quieren acercarse a los contenedores, no quieres oír nada de basura…comente cuando un tremendo golpe impacto en el contenedor seguido del grito:
Gol.
Los dos nos giramos y vimos a unos chiquillo que jugaban al balón.
Yo me fui hacia ellos y les grite.
¿ estáis locos o que?¿ no veis que en el contenedor vive una persona?
queréis que os tire a la basura y os lance el balón, ¿ eh?
Disculpe señor- me dijeron.
No pasa nada, son niños- comento Juan  carlos.
No, no Juan carlos si que pasa. yo la verdad es que quería tirar a los niños al cubo de basura, me moría de ganas por hacerlo. La madre de uno de ellos vino, ella era igual de cabrona que su hijo.
Llamo a su hijo para que se alejara, y ni pidió disculpas la marrana.
Venga Manolito, deja a esos vagabundo- le grito.
Más respeto señora, que seguramente su hijo acabara en la basura- le respondí yo.
Mi hijo sera futbolista- me grito la muy zorra y el niño, el muy hijo puta empezó a hacer toques con el balón.
Yo me volví a Juan carlos que parecía triste.
¿ tienes hijos?- le pregunte.
Si uno, esta con su madre en un contenedor de basura en las afueras del pueblo.
La empresa de recogida me lleva hasta allí los domingos con el camión, y comemos juntos.
Ay se me olvidaba- comente pegándome un golpe con la palma de mano en la cabeza- los servicios sociales mean han dado estás hojas, son para que las firmes como que he venido y has recibido la comida. También me han dado un manual sobre reciclado, ahora quieren que recicles. Debes formarte Juan carlos. es obligatorio la formación si quieres que el ayuntamiento te garantice el cubo de basura un mes más.
Juan carlos dudo con el manual de reciclado en la mano y lo rechazo con mala gana

Esto ya es demasiado. Por esto no paso- respondió sorprendentemente sublevado.
Yo no estaba preparado para un caso de desobediencia civil, así que improvise con palabras amables:
Lo siento, pero es así, estás en un contenedor municipal, y te tienes que formar. ¿ Algún día querrás salir del contenedor, no?

ÉL me miró con desconfianza.
¿ de que lado estás? – me preguntó molesto. No sabia si fingía.
La pregunta me heló el corazón. Note su desconfianza hacia mi, en cierto modo me sentía cercano a él, aunque claro yo todavía no estaba en un cubo de basura.
Yo seguí trivializando, al fin y al cabo ese manual era una cosa sin importancia para alguien que vivía en un cubo de basura.
Pero si es una tontería, cogí el libro y lo mire.
Son 30 páginas y casi todas tienen dibujos de bolsas de basura hablando y latas de coca cola que comentan contentas: dame otra oportunidad de hacerte feliz.
No creo que sea para ponerse así Juan carlos.
yo por dentro sentía repugnancia hacia los dibujitos del libro, pero no quería expresarlo. Tenía un deber que cumplir, me limitaba a balbucear argumentos amables según mi posición. El hijo puta de los servicios sociales que ideo todo aquello de escucharme me abrazaría de contento.
Venga hombre que no es nada. Si el libro está muy bien, es cultura.
que no- el se ofuscó en su negativa de forma dogmática Dios sabría porqué, incluso se había metido dentro del contenedor cómo un avestruz de la basura para no escucharme. hasta tuve que meter también la cabeza para hablarle, pero el seguía en su negativa.
Cierra la tapa y déjame.
Aquel hombre, enérgico y digno, medio muerto de hambre, hasta en un cubo de basura desafiaba al concejal de servicios sociales. Yo por dentro estaba emocionado, aunque fingía estar en desacuerdo con él, y debería informar sobre lo que había pasado. Seguramente acudirían a hablar con él gente más experta de la cruz roja y cáritas, le amenazarían con las consecuencias de su actitud,
No quise seguir la discusión y me despedí lo más amable que pude:
Me voy Juan carlos. Cerraré la tapa, abrígate bien que va a hacer frió y no te preocupes por lo del libro, ya veremos que se hace.

Angelilo de Uixó.

Programa por tantos pobres a la basura. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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Desperrado.

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Me resultaba extraño tener que llamar a la policía local de vall uixó a las tres y media de la tarde de un domingo a causa de unos vecinos que formaban una pandilla de delincuentes juveniles que había okupado una casa en ruinas colindante a mi casa en ruinas. Una porquería de casa de campo en ruinas repleta de escombros que se había convertido en un tesoro para ellos, por tener corral para meter perros, y objetos de cualquier volumen. Así cómo estar situada en un lugar estratégico a las a fuera de uixo, de fácil huida, y cerca de texas, donde solían subir muchos de los jóvenes de familias desestruturadas del barrio, que acudían allí a disfrutar de la porquería de casa, y vete a saber si de algún tipo de comercio de dudosa catadura moral.
La verdad, después de convivir con ellos más de año y medio, sabía por experiencia que suele ser las noches que se quedan en casa cuando se vuelven realmente asquerosos. La luna y las drogas les dan en toda su azotea repleta de perros, y toda la vagancia, el deambuleo, la frustración de no haber hecho nada durante el durante el día, se transforma en violencia que se mezcla con la luz de las farolas. Entonces es cuando su estupidez se vuelve audacia, y cometen pequeños robos a gente tan imbécil cómo ellos, aunque siempre acaban pillados. Si no están detenidos todos los días es porqué la policía esta tan cansada y de vuelta de todo cómo el que más en este puto país que se lo han tragado los bancos , el cinismo, la brutalidad social, y la corrupción.

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Las noches que salen de casa y de nuestra zona, a la pandilla no le va mejor, regresan a la ruina perseguidos, atropellados, y pasándolo tan mal cómo la gente honrada que trabaja.

Yo suelo hablar con varias de sus víctimas con las que tengo amistad. Solemos comentar a modo de broma que habría que darles un pequeño susto cómo pegarle fuego a la casa mientras duermen. Una vez nos desahogamos de forma chusca de los pequeños e insignificantes delitos de esta pandilla de anormales , solemos reírnos de su forma de delinquir. Generalmente la gente que comete delitos, suele pasar desapercibida donde vive, pero mis vecinos no. Delinquen delante de todo el mundo de forma exhibicionista, se hacen unos líos que te cagas de la risa y la violencia. Incluso yo que no les tengo simpatía, ante tal muestra desconcertante de inutilidad manifiesta, he tenido gestos de piedad al no ir al cuartelillo después de grabarles con una cámara conversaciones comprometidas.
Sin embargo, la escena del domingo de autos, día cuatro de enero, domingo, mientras la montaña de San Antonio ofrecía todo su esplendor oficial de paellas de domingo, y la paz que suele ser respetada a la hora de la siesta, sagrada incluso para Antonio Anglés, cuyo destino es seguramente familiar para mis vecinos okupas, se rompió de forma traumática entre aullidos lastimeros de un perro. Un perro de los de verdad, de esos con tantas pulgas sobre su cuerpo cómo mis vecinos y yo, y de los que se comen lo que encuentra en la marchita terraza donde está confinado junto a dos o tres perros de presa más. Sobresaltado de los aullidos me asome, y vi a dos de los okupas con piedras del tamaño de un puño fusilando literalmente al perro a pedrazos. Las piedras que le alcanzaban sonaban a un ronco golpe, cómo el de un hacha sobre un tronco, seguido de un profundo aullido de un cuerpo dolorido que en una posición de cuclillas, el animal se deslizaba casi sin moverse hacia una esquina de la terraza buscando cómo los boxeadores malos protección en las cuerdas. Las piedras que no le daban estallaban contra la pared y levantaban polvo y algunos pequeños trozos de ladrillos que cómo ascuas rojas volaban sobre la terraza entre aullidos, sin que la cara de los apedreadores tuviera la mínima expresión humana. Allí estaban cómo afásicos, matando indolentes al animal a pedradas.
El perro en cuestión debía ser masoquista, ya que momentos antes andaba cómo idiota ladrando por la terraza, y por otras ocasiones el perro debía saber lo que pasa a los perros que ladran cuando no toca. El caso es que funciono, y el perro tuvo su deseada tanta de pedradas, si es lo que quería conseguir para animar la tarde de domingo. Los ocupas solo habían subido a pedir paz, respeto y silencio al perro, y después de apedrearlo y dejarlo lisiado en el rincón le preguntaron:

Si quieres vuelve a ladrar.

La verdad es que me resultó un poco cínico el motivo de la escena paleolítica, ya que los okupas suelen ser bastante ruidosos, y si hubiera que hacer lo mismo con ellos, o con el pueblo gitano de texas, no habría suficientes piedras en todas vall d”uixó para castigarles de igual manera su falta.
Entonces se dieron cuenta los okupas que desde mi terraza estaba observándolos asqueado, más que nada por la violencia y la brutalidad que habían mostrado con un animal medio enloquecido que deambula día y noche por la terraza medio loco, quizás buscandóselo, pero aún así era repugnante de presenciar un domingo después de comer.
Todo había acabado, el perro no gemía ya, y ellos al verme comprendieron lo que iba a pasar. Iba a llamar a la policía, y la paz de tregua de que gozábamos desde hacía un par de meses tras mi ultima denuncia, se acaba de terminar.

Cuando llegó la policía local, el coche de ellos acaba de salir presintiendo las molestias habituales: registro, documentación, preguntas, que al día siguiente sería determinante para la denuncia a la guardia civil que les llevaría al cuartel, y amablemente las harían unas preguntas de las que saldrían airosos con sus habituales farsas :

No señor, nosotros no le tiramos piedras al perro, al revés, lo queremos mucho. Lo encontramos abandonado y lo cuidamos. Somos buenos chicos.
La denuncia se tramitaría y se pegaría a otras que ya tienen por méritos propios, y ellos saldrían sueltos, vigilados, porqué nadie les cree con todo el historial de estupideces cometidas, pero según el reglamento se debe aparentar y fingir que se les cree y soltar.
Al llegar la policía local me acerque a ellos.
Soy yo el que les ha llamado- les dije.

les conté lo sucedido de forma clara y precisa, y fueron a buscarlos sin ningún tipo de entusiasmo en particular.
Note con desagrado que mis vecinos de arriba, gente de bien, de domingo familiar con paella y bandera de España en el muro, me abandonaron a mi suerte, eso si, dejándome la bandera para consolarme cuando llegará la noche y los días venideros, que se iban a poner interesantes al saberse denunciados, vigilados y perseguidos.

Habría tensión y desafío.

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Se perdía con la marcha de mis vecinos de bien a su casa del pueblo, una oportunidad de ver actuar a dos tipos de caracteres: el de los okupas con sus pequeños delitos, y el de la gente familiar y patriótica, comprometida con la seguridad y la propiedad que abandonaban a su suerte.
Siempre me ha decepcionado un poco eso, toda está gente de buena costumbres, integrada en la sociedad, y tan amiga de los cuerpos de seguridad del estado, que revindican cómo prioritario para su existencia la seguridad de sus bienes: cómo ante pega perros, tarados y ladrones de cuello sucio cómo mis vecinos de abajo, cuando yo llamo a las fuerzas de seguridad o propongo hacer una denuncia conjunta, me huyen cómo el diablo, incluso me miran peor que a los okupas.
Pero hombre vecino, les he animado yo muchas veces cuando he llamado a la policía a causa de alguna pedrada perdida de los okupas que ha aterrizado en mi casa, o en la de algún vecino cercano:
denuncien, hablen ahora, pidan que los fusilen en el muro su casa, ahora es el momento. Mejor ocasión no tendremos.

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Angelillo de Uixó. Juro por mi honor que todo la declaración que acabo de hacer es cierta y esto esta ocurriendo en vall d uixó a día 5 de enero del 2015, a su excelencia el juez de instrucción de nules, muy atentamente y para todo lo que disponga su leal servidor: angelillo de Uixó.
Desperrado. by Angelillo de UIxó is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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