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27 de noviembre del 2017. Suena un pitido en el móvil que guardo en el bolsillo del pantalón. Sin sacarlo sé que se trata del mensaje para fichar a la entrada del trabajo. Son las 7, 30 de la mañana cuando entro por el patio. Dejo la bicicleta junto una palmera. Doy unos pasos y  me sitúo el último en una fila de compañeros que están junto una mesa donde hay un ordenador. Detrás de ella, está la monitora escribiendo los códigos que les van dictando los alumnos trabajadores . Veo sus cabellos rubios y sus manos pequeñas y blancas, el resto de su cuerpo me lo tapan los compañeros  que se encuentran delante. Escucho sus voces hablando entre ellos, casi siempre hablan de gente del pueblo. La mayoría de veces cosas muy duras. Vall d´Uixó es así, desde hace años, ya demasiados, los sucesos truculento forman parte del día. Es un lugar que me angustia y del que no puedo salir, aunque me está matando. Mi trabajo me gusta y lo que aprendo de jardinería, pero el sitio, y algunas personas con las que estoy, forman parte directa o indirectamente de sucesos truculentos sobre los que he escrito en mis publicaciones por Internet. Ellos lo saben, y aún así mi convivencia con ellos no es problemática . Con un par de chicas, sobre todo con una , se puede decir que tengo verdadera amistad.   No me acuerdo si les he dado los buenos días. Creo que no. Siento que  a nadie le ha importado, ni reparado  en el detalle. Me alegro de haber llegado a tiempo, pensaba que lo hacía tarde. Llevo esta semana llegando muy justo al trabajo, incluso el lunes creo que fiché cuatro minutos tarde. Tampoco importó este suceso.  En dirección no me dijeron nada, pasó mi falta   desapercibida. Guardo silencio en la cola. En el móvil me entra un wassap cuando me toca el turno de fichar. Lo abro de forma automática mientras la monitora espera que le diga el código. Ella cree que lo estoy leyendo, pero es esto lo que leo :

“La publicación del articulo la  dejaremos para más adelante. Habla con tu abogado, estuvimos hablando con él por teléfono,  dale  nuestro para concertar cita ”

Miro la fecha, 27 de noviembre, recuerdo que  hoy era el juicio a las 11, 30 en la audiencia de Castellón. Hace unas semanas mi abogado me dijo que se había  aplazado.

Estoy durante un rato que se me hace interminable mirando este mensaje  . Me siento aplastado, con ganas de guardar silencio, de alejarme de todo el mundo, y de volverme a casa. Un sentimiento de sinsentido  me domina, hasta tal punto que no puedo continuar con lo que tengo que hacer. Ahora solo siento  una mezcla de tristeza, impotencia, angustia, y rabia.  La monitora sigue esperando  que le dicte el código para terminar de fichar y empezar a distribuir el trabajo. El resto de compañeros están sentados mirándome mientras sujeto fijamente el móvil sin hacer nada durante quizás, un par de minutos, creo que para entonces mi mente está en blanco, solo siento latidos fuertes en el corazón y un sudor frío bajando por mi frente.

 

¿ vas a darme el código? Me pregunta la monitora Is. con tono cansado  levantando las manos del teclado y  la cabeza inclinada para mirarme, ya que me encuentro de pie  a su izquierda.

 

Reparando en la situación, noto como mis músculos faciales intentan salir de ese estado y siento como al emitir una especie de sonrisa mejoro anímicamente y recobro fuerzas para volver a mis obligaciones, aunque en la cabeza sigo teniendo la visita al abogado. Suelen ser molestas, me hacen sentir como un criminal.

-Perdona estaba mirando una cosa relacionada con mi proceso- Le contesto excusándome  cerrando el wassap y abriendo los mensajes.

Le dicto mi código del día:

ZS8PC

Una vez confirmado el código me dirijo hacia mi mesa sin mirar a nadie. Camino de forma torpe, sin saber si sentarme o seguir en pie.

La mayoría de mis compañeros  miran sus móviles, o hablan entre si mientras la monitora sale del aula con  las llaves del almacén para abrirlo, y nos comenta que nos cambiemos los zapatos y nos pongamos los de seguridad.

Los que se habían sentado se  vuelven   a poner en pie dispuestos a salir. Algunos abren las taquillas del aula y dejan sus cosas, otros guardan los móviles. Reparo por primera  vez hoy en mi amiga C. Nos cruzamos las miradas sin hablar.  Está  frente a mi, sentada en la mesa de enfrente. Lo hace  desde que se exilio allí para estar más ancha, ya que antes estábamos en la misma mesa,  yo invadía con frecuencia su espacio dejando mis cosas, como el casco de la moto cuando iba al trabajo con ella, así como libros, libretas, vasos de café… Terminan  mis compañeros apresuradamente el café de máquina, y dejan el vaso de plástico en la papelera. EL sol del amanecer empieza a  penetra  a través de las ventanas del aula mientras en el patio se nota la umbría y el frescor de una noche de noviembre, aunque no demasiado fría para las fechas en las que estamos, y que atribuimos al cambio climático. A estas horas podemos empezar a trabajar bien, a veces es casi de noche cuando llegamos al tajo.

Miro la mesa casi vacía, solo esta mi mochila tirada. Es extraño que no haya un vaso de café, y no solo eso, en 10 minutos no he hablado con nadie todavía. Mi compañera L . lo percibe cuando pasa detrás de mi para salir:

¿ te encuentras bien Ángel? – me pregunta.

La miro y cuando voy a contestar callo  como si quisiera decirle algo que no me atrevo.

No consigo decir nada, solo un gesto indescriptible con la cara. La llaman. L ¿ puedes venir?  se aleja mirándome de forma inusual, como si no me comprendiera.

El resto que van saliendo  pasa por mi lado sin reparar en mi presencia, que perciben normal.

Salgo y entro en el almacén, cojo un pico, una azadón, pienso que más coger. El resto está haciendo lo mismo. Cada cual como los gladiadores va cogiendo las herramientas que más le gustan para el combate. Los que no tienen ganas de sudar mucho,  eligen las escobas y los recogedores, lo más demandado en un taller de empleo.   Veo la caja de herramientas con las herramientas de fontanería. A su lado hay  un compañero cambiándose los zapatos. No sé si vamos al asilo a terminar la zona ajardinada que empezamos hace unos días, o iremos a la moleta.  Tengo que revisar la instalación del agua del asilo,  en la parte que  realicé, una de las principales,  quedó un trozo de la tubería general sin empalmar.

Cuando voy a preguntarle si sabe donde vamos, este acaba de ponerse los zapatos y ya está saliendo, dentro del almacén  me entra una profunda angustia.

Voy al cuarto de baño a refrescarme. Me acerco al espejo que hay junto la pila. Abro el agua y me mojo la cara.

Al retirar las manos de mi rostro noto algo extraño e inquietante.  Una especie  zona oscura bajo mi piel . Paso mis dedos por los pómulos, la piel esta tersa, en buen estado, pero se ha marchitado  bajo mi físico, bastante aceptable a mis 44 años.

Ahora veo la ansiedad ligada a mi rostro en el espejo como si fuera una radiografía emocional. No puedo apartar mi visión del espejo donde me veo de dos formas, una física donde todo está bien, otra anímica y espantosa que pega golpes contra el cristal deseando escapar.

Entra J.L. al servicio llamándome. me dice de forma amable al verme mirándome en el espejo :

Te están esperando en la furgoneta. Vas a llegar tarde.

Aparto mi mirada del espejo dándole la espalda  a mi rostro. Cogiéndole del brazo,  miro fijamente  a J.L al que detengo  cuando iba a salir tras darme el recado. Deseo  que me  preste atención al rostro y me diga si ve algo. Si ve mi segundo rostro gritará espantado y pedirá ayuda para que pueda salir.

Lo he conseguido , me mira fijamente con los ojos muy abiertos. El brusco gesto lo ha sorprendido, incluso asustado. Pero no nota nada de lo que me pasa realmente.  Me lo temía.  Sé sin saber el motivo  que no iba a ver nada diferente en mi de lo habitual. Estoy atrapado con mi rostro en el espejo.

Escuchó que trata de calmarme, ha debido notar que me pasa algo.

Siento por fin una breve esperanza, una nueva forma de comunicación que me pueda ayudar. Pero desaparece pronto mi euforia al escucharle hablar.

No te cabrees Ángel, me ha mandado tu monitora para que te des prisa, te están esperando en la furgoneta.

Suelto su brazo mientras hago ademán de compresión y de que me perdone por el gesto brusco.

Me da una palmada en el hombro. sale sin darle importancia a mi conducta  del servicio.

Escuchó a dos hombres que entran al servicio cuando sale J.L al que saludan.

J.L – se limitan a decirle amistosamente.

 

Pasan por mi lado y me saludan. Son  los alumnos trabajadores del otro taller de empleo. Les escucho hablar y orinar.

-Sabes que se suicido ayer  R. B. Era muy amigo de M.N.

– No tenía ni idea. Hablando de muertos, también murió ayer el hijo del farmacéutico de la farmacia de don P. y en el facebook del ayuntamiento, acaban de escribir que ha muerto un barquero M. ¿ no sé si lo conocías?

¿ M, el barquero? no, creo que no,  a ese no lo conocía, pero al que conozco es al padre de  un muchacho joven que apuñalo ayer  a su novia porque le ponía los cuernos.

Vaya, como está el patio, suicidios, navajazos, gente joven muerta. Están muriendo mucha gente de poco más de 40 en Vall ´d Uixó de ataques al corazón y cáncer.

Ambos se suben las cremalleras y van hacia donde me encuentro. Les dejo  la pila libre para que se laven las manos tranquilamente .

Me miran y me preguntan mientras se frotan las manos con agua y jabón :

¿ sabes que te están esperando en la furgoneta?

Asiento con el gesto. Ambos salen sin prestarme atención hablando de otros sucesos.

 

Agacho la cabeza. Me mojo de nuevo la cara. Observo el  agua girando en una pequeña espiral desaparecer por el desagüe,  como mi vida destrozada por una fotos que publiqué con un fin altruista. Alguien confundió su significado ,  se malinterpreto la realidad con la ficción y ha destrozado mi imagen y mi realidad.

Me veo otra vez en  el espejo , tropiezo de nuevo con mi rostro que tiene forma de sufrir un riesgo  inminente.

Pitan desde la furgoneta llamándome mientras me observo sin poder salir de allí.

 

Angelillo de Uixó. Los sucesos narrados del suicidio, apuñalamiento  y dos muertes naturales de gente relativamente joven se han dado de forma verídica en estás  48 horas en Vall d´Uixó, así como la fecha de mi juicio era hoy.

 

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https://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/sucesos/detenida-mujer-intentar-quemar-otra-robarle-vall-d-uixo_1242378.html

 

La prensa cuenta unas crónicas  de unos personajes terribles que un juez acaba siempre condenando, y otros que en la sombra del anonimato  son igualmente castigados.

EL signo que los ilumina son siempre los mismos:  locura, pobreza, opresión, soledad, desamor, y sobre todo dejación por parte de las instituciones y la sociedad de esta gente que actúa sobre ellas tarde y mal, tan solo para aniquilarlos. El destino de sus vidas es como si estuviera marcado irremisiblemente.

!Pater misericordia!

Almorzando me contaban la historia ocurrida en Vall d´Uixó anteayer ,se trataba del suceso de una mujer que había intentado prender  fuego a un chiquillo dentro de un carrito.

Me ha costado entender lo que me decían mis compañeros, y para ayudarme a comprender lo horrible que es la naturaleza humana de ciertos individuos mis compañeros  me han ofrecido el articulo de la prensa.

El titular, efectivamente,  hablaba de que había habido un intento que quemar a un chiquillo dentro de un carrito.

Conforme leía el articulo, el calor de la noticia se iba convirtiendo en frío, en tristeza.

Esta mujer , era una vulgar atracadora con métodos absurdos, tan absurdos que causa terror imaginarlos, por lo desproporcionado del objetivo y el dolor que iba a causar para conseguirlo. Quería  el supuesto dinero del bolso de una mujer que iba paseando, y para ello amenazó con quemar al chiquillo para lograr el bolso.

-¡ Dios santo me he dicho, semejante fuerza de voluntad y crueldad para algo tan estúpido !

El horror, el horror.

. Y lo llamativo del caso es que ya había cometido otros atracos, y entonces he pensado, que voluntad de indiferencia tiene nuestras instituciones, es como si tiraran gasolina los peces gordos de arriba todos los días a la gente y esperaran al momento adecuado para quemarlos. Una política de hechos consumados en servicios sociales, en los trabajadores sociales, en los psicólogos, en los políticos, en jueces y policías. Llevarlos hasta el final de su resistencia a pobres demonios cada vez más poseídos,  que voluntad y paciencia tienen nuestras instituciones, y entonces a hechos consumados actuar con una brutalidad inimaginable, capaz de resignar a toda una nación.

Servicios sociales con toda un aplantilla dedicada a las tareas burocráticas, a dar pagas no contributivas como solución a los problemas sociales que no resuelven ni el pago de la luz y al final, el gran estallido, la gota que desborda el vaso- ¡ hechos consumados! De acudir a servicios sociales,  de la paga no contributiva, del psicólogo,  a la cárcel.

Ahora ante esta  noticia, que es un  indicador social e histórico que demuestra las miserias en que vive este pueblo, algo así como la presencia de ciertos helechos en un bosque que indican la pureza del aire, se escucha la retórica de  voces satisfechas desde la policía, servicios sociales, los políticos y la prensa, porque una vez se han consumado los hechos,  esta persona está encerrada y ya no será un peligro ese individuo para la sociedad.

 

Angelillo de Uixó.

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