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Bien merece una pequeña página en nuestro recuerdo, para  el gran hombre que cuantifico la inexistencia de Dios, mirando las estrellas desde su Cruz.
Junto a este gran hombre, merodeaban deseosos de conocimiento una gran multitud de fieles.  Leían sus libros, miraban el cielo… y no veían el universo; así que rezaban mirando  sus pies, y repitiendo lo que decía el Gran Hombre de las Estrellas.
“Es improbable que Dios exista”
Hasta que un día, alguien salió de su cueva al encuentro esa multitud. Se presentó ante ellos portando un gran  hueso de un animal salvaje que había matado con una llave inglesa. Lanzó el hueso al aire que cayó entre ellos.
Así les dijo el hombre de la cueva cuando le prestaron atención:
“Dios ha muerto, nosotros los hemos matado, ea”
Entonces el grupo que se amontonaba en torno al  Hombre de las Estrellas, salió de allí corriendo. Estaban contentos y felices de haber escuchado algo que comprendían, y  liberaba a la multitud tanto de su orgullo como su mala conciencia, por no decir  del tiempo que perdían haciendo conjeturas sobre probabilidades.
De este modo, felices y contentos los hombres como niños que vuelven del colegio a su casa cantaban alegres:
-La historia del tiempo es un galimatias que no comprendemos, bailemos, hasta que demos en el agujero.
Se fueron de este modo todos los que acompañaban al Hombre de Las Estrellas, menos una persona, el hombre de la Cueva, que miraba al Hombre de las Estrellas. Este hacía tiempo lo esperaba.
El hombre de la cueva se acercó amigablemente al hombre de las estrellas.
-He leído tu libro, he de confesar que me lo he pasado muy bien leyéndolo, aunque no he comprendido  nada. He disfrutado hasta la carcajada más sutil  con esas piruetas acrobáticas en el espacio y el tiempo, hasta el punto de unir disparates de tal calibre, que la multitud que los lee cree que puede ir atrás y adelante en el tiempo. A las masas les encanta este circo espacial. A los hombres hay que darles esperanza.
EL Hombre de las Estrellas, sintiéndose sorprendido por el hombre de la Cueva, empezó a reírse en su cruz gozoso de tener un verdadero enemigo que le quisiera como nadie, y esto le dijo
Que se vayan al infierno mirando las estrellas –
ambos llenos de dicha de encontrase se abrazaron fraternalmente forjándose entre ellos una gran amistad que duro hasta que murió el hombre de las estrellas.
EL hombre de la Cueva se sintió muy apenado por la muerte de su amigo. Escribió para animarse una carta al Papa explicándole que el  Hombre de  las Estrellas había muerto, pero que su mente resucitaría dentro de tres días en otra galaxia.
A lo que el Papa respondió al hombre de la cueva:
!Satán ha vencido, el anticristo ha nacido!
Ni que decir tiene que el hombre de la cueva empezó a dar votes de alegría mirando las estrellas.
Angelillo de Uixó.