Posts Tagged ‘sacrificios’

La virgen muerta del Orinoco.

Posted: March 23, 2016 in feminismo
Tags: ,

La virgen muerta del  Orinoco.

I.

Abiertos  labios

Bebiendo todos

sobre  el mismo cadáver

Entre las piedras muertas.

Las piernas flotan.

Y el falo se hincha

 

Con la magia de la virgen  muerta.

II.

Metafísica  del  filósofo.

Amor, violencia,

Somos los  enamorados.

III.

Besar tu alma.

Cuerpo puro,

Agua de manantiales.

Virgen sacrificada,

Que nos une en esta orilla del Orinoco.

IV.

Nuestra vida es feliz,

Levantamos nuestras manos al sol.

En una plegaria,

Sujetando a una  virgen muerta.

Viajamos en éxtasis

Por un largo río

 

Llamando a la luna.

Y huyendo de todo lo oscuro.

Angelillo de Uixó.
La virgen muerta del Orinoco. by Angelillo uixo is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra enangelillo201.wordpress.com.

sátira antropológica y estructuralista en formato diario de autofilmación sobre los sacrificios humanos.

Cortar la cabeza a algún voluntario que se preste en castellón hoy en día cómo ritual de unión cultural da risa, pero no da risa, debe hacer pensar.

Cibeles: rito hombre- primavera en el corte inglés.

Imagen

http://cel-agricultura.blogspot.com.es/2014_04_01_archive.html

Imagen

I.

En una pequeña huerta encajonada entre muros de piedra en la parte trasera de una caseta destartalada. Llegan vientos secos de poniente y los ecos frenéticos e intranquilos de las voces y motores del cercano pueblo de Vall d´uixó. Se mezclan, en un ambiente extraño donde flota la luz del mediterráneo y el alma espera un cambio, con el canto de los jilgueros que crían, los milanos que buscan el sur volando bajo las estelas blancas de los aviones, las desgarbadas garzas que anidan en los húmedos campos abandonados repletos charcos corrompidos. Asciende de las ramas secas que envuelven la casa, el aroma seco, añejo, a monte, a Cibeles, del romero y el tomillo que florece entre los bancales desmoronados y se unen al purificador aroma de las matas de incienso de la huerta.

Salmodia una voz cantando a su jardín y a la primavera.

II.

Imagen

( cómo el gusano de seda se transforma en primavera en blanca mariposa, nace tras el invierno, al igual que le ocurre a la tierra, un nuevo hombre que no tiene nada que ver con su temporada pasada, es llamado de temporada primavera)

Voz que salmodia la canción de la primavera.

Es en primavera la huerta joven.

Cómo un corte inglés lleno de música y amores.

Una bacanal de flores.

Me invitan a salir de mi melancolía.

Estoy sentado en la escalera de piedra de mi huerta.

Así exprimo la vida quieto.

Cómo si estuviera helado por el viento.

( Saca el hombre de la temporada primavera varias cuerdas de esparto que hacen de lira y finger ser Orfeo tocando a las puertas del infierno)

Ahora, oh hermano, escucho

El ruido inquieto de un pueblo nuevo,

Que ha renacido en primavera.

¿Qué nuevos secretos se esconde tras estas tapias?

Veo de lejos mujeres jóvenes medio cubiertas.

Morenas y con diademas en el pelo.

Son cómo la salvia de los huertos,

Coronadas de flores moradas,

Y de hojas carnosas de ricos aromas.

Son tomadas de los brazos.

Exprimidos sus pétalos.

Arrancadas de sus casas.

Abiertos sus muslos en primavera,

Mientras ellas:

Ardorosas,

Divinas,

Vestidas para la ocasión

Cantan:

Aleluya, aleluya.

Mira mi hermosura.

Toma mi belleza que florece.

Me ofrezco cómo la naturaleza,

Cómo la diosa Cibeles al pastor.

Estoy enamorada,

De los hombres.

De las mujeres.

De las hadas.

Y de la temporada de la primavera.

La voz silencia,

Siente florecer una pena,

Una culpa,

Un remordimiento.

Se siente estúpido y poco mortal.

Imagen

III.

El hombre de primavera se ha vuelto melancólico, casi un Dios inmortal lleno de penas y ganar de morir. Recuerda que la tierra no es nueva en primavera, solo resucita. Sigue siendo igual de vieja, aunque la cosecha sea joven. Se muestra los comienzos de las plantas a su pupila.

Imagen

Contempla cómo varios tallos de patatas salen con gran ruido de la tierra.

A su lado, los garbanzos, de forma brusca y marcial buscan la luz.

La tierra seca es mecida sobre las olas de los camellones en un mar de jóvenes hojas que se acuna sobre sus tallos.

La albahaca exhalando su aroma construye una cúpula con cientos de troncos cómo columnas, oblicuas, rematadas en sus capiteles por miles de pequeñas hojas verdes que forman la esfera.

Sobre el tierno cardo, el más alto de todos, cómo si fuera un trampolín su estolón, una fila de hormigas se lanza sobre sus largas hojas kilométricas cargadas de semillas robadas.

El hombre siente pesar ante tanto esfuerzo por vivir.

Escupe una copa de vino con la que brindaba por la primavera a la diosa Cibeles.

No encuentra cosuelo en la grotesca borrachera.

Una nostalgia del invierno le vuelve el rostro pálido.

(Faz de cansancio y temor, mira a su alrededor dudando del sentido de la naturaleza)

Cerca de la huerta pasea gente que quiere cantar.

Ser feliz, no tener amarguras.

Hombres y mujeres, cómo mamarrachos van de la mano.

Imagen

Con el corazón infantil andan cantando:

Es primavera en el corte inglés.

Es primavera en el corte ingles.

Es primavera en el corte inglés.

(Atónito ante está canción acude corriendo el hombre de la primavera a la tapia del jardín, varias avispas jóvenes ruidosas y nerviosas tratan de detenerle, las espanta con la mano, observa a la gente)

Vuelve a la escalera de piedra.

Contempla las nubes rojas.

Y cómo mueren las matas de guisantes con la primavera.

Enrocadas sobre si, cenicientas.

El fino tallo se hace añicos sobre el polvo.

Es hermosa su destrucción.

Volver al hoyo.

Sentir la pena.

Escapar de la juventud.

Arrojarse a los brazos de la decadencia.

Y se pregunta escuchando los tambores de semana santa:

¿La alegría también muere en abril?

IV.

Imagen

El hombre primavera nota sobre la tierra un tumulto.

Escucha voces,

Música de fiesta.

Vuelve a la tapia y se encuentra con otros hombres primavera que salen de maratón a escalar la montaña. Los altavoces anuncian el evento con ruido, música muy fuerte. Pasan corriendo un enjambre de hombres primaveras a escasos metros del monte recientemente calcinado, y el barrio pasional de las palmas.

Los peregrinos de Cibeles hacen su marcha guiada envueltos en prendas deportivas de temporada.

El hombre primavera les saluda encendiendo una llama.

Así los llama:

Oh hermanos,

Almas pasajeras,

Que escucháis con indiferencia la tierra y su pasado.

Deteneos a escuchar los misterios de los barrancos.

EL secreto de las grutas.

El lamento de las plantas.

Antes de que la ciencia los silencie o los transforme.

Parar de correr hacia el abismo.

Hacia la nada.

Las cumbres son sagradas.

¿ Por qué ascendéis a ellas?

Hablando cómo gayos lascivos,

Los corredores, los hombres primavera.

Ponen en sus labios nombres de mujeres,

Con las que se han cruzado.

Arrojados a los brazos de la muerte prematura,

En las noches de bohemias.

Corren y hablan de cuerpos desnudos.

De copas de vino, de brindis.

Glorifican a las prostitutas,

Que entregan por una moneda sus órganos sexuales,

a los caminantes que pasan por su lado.

Honran las tabernas, la música, la moda.

Corren cercanos a los viejos almendros olvidados,

En sus somnolientos bancales,

Con sus flores blancas comidas por abejas,

Y aún con sus frutos podridos en las ramas sin recoger desde el otoño.

Desolado, al otro lado de la tapia.

El hombre solitario de la primavera,

Observa su huerta con los ojos derrotados.

Echando de menos los antiguos dioses que vivían antaño en cada casa.

Cuando la primavera era nueva.

Brotaban miles de espíritus y de creencias en las fuentes,

En los troncos huecos de los árboles derribados.

Las cosechas eran fértiles.

Y el hombre estaba unido a ellas.

Tenía un motivo para celebrar la primavera.

Tenía una excusa y una necesidad de amar.

Hoy no la hay.

Nada hay que celebrar, ni agradecer.

Es indiferente el invierno, el otoño,  el verano.

No hay dioses en los que creer.

No hay tierra que labrar.

Los corazones solo pueden mirar desde la ciencia.

Sin irritarse, sin sentir, sin apasionarse.

Las prostitutas de hoy son solo son trabajadoras del sexo.

No hay en ellas pasión, ni entrega.

Ya no son Cibeles, ni Venus.

Todo está muerto en el hombre de hoy.

Imagen

Angelillo de Uixó.


Cibeles: rito hombre- primavera en el corte inglés. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.
Based on a work at https://angelillo201.wordpress.com/.
Permissions beyond the scope of this license may be available at www.scribd.com.