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Elegía nazi por la educación.

 

 

Sobre nosotros,

han colocado una nueva  cruz.

La educación.

Me cortare la cabeza  por ella

Para que aprenda.

Ay de nosotros

Aquellos que huimos de ésta

Por ser el demonio.

Ved como somos perseguidos por  la ley

Hasta se paga  con prisión

Ser un hombre sin educación.

Nuestra quijada de asno como arma

Nuestro estado de penuria

Soportado con  agrado militante

Nuestro  odio hacia el burgués, el socialista, el trabajador.

¿ No merece un elogio intelectual

Aunque sea de una feminista?

Nuestro asco por la sociedad del conocimiento

Y del bienestar.

Nuestra intolerancia,

Nuestros apetitos destructivos

Nuestro desprecio hacia lo decente

¿ NO debe crear un vínculo de fidelidad con nosotros mismos?

Un pacto por la soledad.

Absolutamente descreídos  frente las verdades de la humanidad.

EL mal que perseguimos nos desune  al resto.

Solo tenemos enemigos.

Os digo esto con tristeza

Y para endureceros.

Estar hermanos prevenidos.

Hay gente por ahí

Que envidian que triunfemos.

Odian nuestro dominio

Nuestra fuerza espiritual

Son los enemigos del cambio.

Hombres educados,

Aparecen tranquilos, consecuentes,

Pero están deshilachados

Son inseguros, neuróticos, retorcidos.

Preocupados únicamente

por tener carbón para cocinar

Extraído de la explotación

Pisotean el verdadero espíritu de la libertad

Que quieren imponer

Desde el medio del camino donde están y estarán siempre.

Os digo esto,

Por qué la vida que nos presentan no vale nada,

Para que la rechacéis.

EL siguiente poema nace de la reflexión en la reunión que tuve ayer en la biblioteca de vall ´d uixó  con la alcaldesa, el concejal de cultura, y  varios universitarios para mejorarla.  Las propuestas principales están muy lejos de la verdadera educación.  Horarios, más horarios, un frenesí de horarios, día y noche abierta, incluso domingos  fue solicitado por  los universitarios, dando idea de lo que esperan de la vida: horario. Yo soy partidario de todo lo contrario  menos horarios. Otra cosa, silencio, la tiranía  del silencio se pidió, pero me pregunto  ¿ y la música que hace grande el alma?  En cuanto a libros, se apunto retirar los libros que no se leían que curiosamente son los mejores. Mientras hablaban pensaba  hacen falta verdaderos educadores.

Angelillo de UIxó.

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Elegía nazi por la educación. by Angelillo Uixó is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra enangelillo201.wordpress.com.

Pertenecer al rebaño o el suicidio.

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“Dedicado a mis vecinas L. y M, y al pueblo de Vall d´uixó que camina junto, pisando donde el otro ha pisado un momento antes, cómo un rebaño bien organizado, donde confían los unos en los otros”

Intro.

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Estaba en el jardín de mi casa a primeras horas del día plantando patatas, cómo en otros tiempos. La diferencia es que en ésta ocasión lo hacía con una profunda melancolía y aflicción de la impresión de haber redactado momentos antes mi testamento tras despertar de un sueño cuya claridad se me había desvelado tomando el café, y cambiaba el rumbo de mi vida. Ese sueño  me obligaba a unirme a la gente, al rebaño, o a suicidarme.

I.

El sueño de Angelillo de Uixó.

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En mi sueño salían las calles de vall d´uixó tal y cómo son en la actualidad, sin el tipo de distorsión onírica que suelen acontecer en los sueños. La única modificación de la realidad es que estaban repletas de barricadas y trincheras. Yo iba de copiloto en un camión que iba a requisar suministros. En mi sueño era muy feliz porque había estallado por fin la guerra civil entre Vall d´Uixó y Nules. A lo lejos, se escuchaban cómo ruido de fondo los bombardeos de nuestra aviación sobre los anarquistas y comunistas de Nules a los estábamos exterminando a muy ritmo. Había banderas fascistas, esvásticas a por todas partes de Vall d´uixó, y todos los valleros caminaban en orden y armonía por las aceras vestidos con un uniforme amarillo fluorescente.

El camión votaba sobre los duros adoquines del suelo de la calle de San Vicente. Recuerdo que en mi sueño tenía la sensación de caerme.

-Manolo por favor, ve más despacio, y respeta las señales del tráfico- ordenaba al conductor.

-Si mi capitán Angelillo- me respondía el soldado pasando de tercera a segunda para reducir velocidad y haciendo que al embragar el camión votara de forma ruda.

-Manolo, no sueltes el embregue de forma tan brusca, haz el favor- le reprendía de nuevo incomodo por la brusquedad y la falta de modales del soldado.

-Disculpe mi capitán Angelillo- me respondía Manolo disgustado con la reprimenda.

-Intermitente a la izquierda Manolo, frenas y luces de posición- le ordenaba a la altura del mercadona.

Baje de un salto del camión y me metí en el mercadona.

Entre cómo a mi me gusta, pegando varios tiros al aire.

Toda la gente del supermercado me miraba con admiración de mi audaz gesto y por mi uniforme fluorescentes amarillo con alas de ángel que denotaban que era oficial del ejercito católico fascista de Vall d´uixó.

Yo grite a la gente las órdenes que es lo que esperaban oír de mi.

-Vengo a requisar alimentos para el ejército fascista y de salvación de la patria.

Tu y tu, me ayudareis a cargar – ordene acudir a mi lado a una madre y su hijo que estaban en la cola de la caja mostrando sus cupones de la cartilla de racionamiento a una funcionaria del mercadona que verificaba que los productos que llevaban eran los asignados por el departamento de guerra.

Al acercarse el chico le pregunte:

Por cierto camarada ¿no deberías estar en el frente?-

El chico era un joven de 16 años con agne y gordito cuyo uniforme fluorescente amarillo le hacia semejante al muñeco de michelín.

Su madre, aterrorizada con la idea de que su hijo se fuera a la guerra me suplicó con lágrimas y la voz entre cortada:

Por favor señor oficial… no se lleva a mi hijo a la guerra. Es, es… lo único que tengo en este mundo. Su padre ha muerto defendiendo Vall d´uixó de los anarquistas. Además el chico esta gordo cómo una foca, cómo ve no vale para el frente, no aguantaría las largas caminatas, ni la escasez de comida, y al estar tan gordo sería un blanco fácil para los comunistas de Nules, tiene los pies planos y diabetes, tampoco es muy listo….

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Yo no le creía, y la miraba con lastima porque el hijo daba bastante pena y asco de ver, y también con  rabia porque aunque en sus excusas había algo de verdad, también era cierto que su hijo necesitaba instrucción militar por cuestiones de salud.

-Mama, mama yo quiero ir a la guerra y ser oficial, quiero matar cómo papa a gente de izquierdas- el gordito suplicaba a su madre con su voz aflautada y amariconada de gordo impotente, sin duda impresionado al observar mis alas de ángel que sobresalían desplegadas cada una un par de metros y me daba un aspecto majestuoso a la vez que fiero, el mismo efecto de belleza y bravura producía en la gente del mercadona mi corona de aluminio y hierro galvanizado que se cernía sobre mi cabeza con las palabras de capitán Angelillo gravadas en ellas.

La madre, desesperada ante la idea de perder a su hijo, le pegó un sonoro e histérico bofetón que le hizo llorar de rabia al chico, más que de dolor físico, era de dolor espiritual porque su madre le hacía sentirse un cobarde egoísta que no colabora en el esfuerzo del rebaño en la lucha, que más una guerra, era una forma de estar unidos los unos con los otros, una forma de combatir el individualismo y tener una meta colectiva.

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Entonces, yo conmovido por la actitud borreguil y guerrera del chico, me quite de mi oreja uno de mis gruesos pendientes de plata con forma de calavera, y lo deje en la mano del gordito dándole este consejo paternal:

Tranquilo hijo, está guerra va para tiempo, tendrás ocasión de demostrar que eres todo un hombre matando a algún rojo de Nules. Necesitamos muchachos que sobreviva a la guerra para que disfruten de todo el sacrificio que está haciendo la gente, cómo tu padre, por el futuro. Ahora debes obedecer a tu madre, y si quieres colaborar puedes hacerlo ayudándome a cargar alimentos para la tropa. ¿ De acuerdo?

El chiquillo ilusionado porque alguien de mi rango y mi estatus social le hablará, enseguida se puso a mi servicio cogiendo un carrito del mercadona.

Yo saque la lista de la compra de los soldados, e iba por las estanterías buscando los productos:

Champú, laca, limpia vajillas, ostras, mejillones, gambas, pulpo, toallitas húmedas, colonia, calcetines marca adidas…

Una vez todo cargado al camión, le dije al soldado Manolo donde teníamos que ir.

-Iremos a la iglesia de la Asunción y a cáritas a recoger más alimentos, también debemos cargar a varios voluntarios de las juventudes del PP para el frente.

No hicimos más que medio kilómetro cuando Manolo tuvo que frenar para no atropellar a una docena de cuerpos fluorescentes que iban balando por medio de la avenida Sagrado Corazón de Jesús.

Al parar el camión se dirigieron a nosotros y nos preguntaron:

-Señor, señor- ¿ si van ustedes hacia el barranco de la Cervera nos podría llevar?

No vamos hacia allí ¿ que ha pasado?- les pregunte inquieto ante cualquier eventualidad del frente.

Han atrapado a un desertor, y lo van a fusilar por egoísta- comentó un joven de pelo engominado, y muy bien afeitado.

Yo, en ese momento no supe que decir.

EL sueño que hasta ahora había sido hermoso, empezó a convertirse en tormentoso.

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El rostro perfecto de ese joven me empezó a inquietar. Su sonrisa de dientes perfectos y blanqueados comenzó a transformarse en la dentadura de un escualo.

Yo me agitaba en la cama.

Aquella sensación de pesadilla, de duda duro muy poco, lo que me costo preguntarme de forma retórica:

¿Existe de verdad gente capaz de despreciar todos los esfuerzos que estamos haciendo entre todos por un futuro mejor en esta guerra? No, no puede ser que haya gente así de egoísta, y si los hay, se les debe fusilar.

¿ Os ha dicho el motivo de su deserción?- les pregunte con furia.

Un hombre anciano indignado por el desertor me respondió lo que sabía.

-Dice ese desertor que el es un libre pensador, que va por su cuenta por el mundo y no quiere pertenecer a ningún rebaño. ¿No le parece estúpido? Nos acusa del rebaño.

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Entre risas un joven comentaba su opinión sobre el desertor:

– ¿se imagina que pasaría si todos fuéramos cómo él, unos desertores y no lucháramos contra esos malditos anarquistas de Nules? Nos invadirían y nos asesinarían. Al parecer prefiere morir a manos de los Nules sin pensar en los demás, ni en la familia, evidentemente le importa muy poco su madre, su padre, es un egoísta.

El suicidio es lo que ha conseguido con su actitud- les dije con cierta convicción no muy clara. Sentí cómo una punzada en mi corazón que debieron notar mis camaradas fascistas de vall d´uixó, ya que me preguntaron si me encontraba bien.

Si, si, no ha sido nada camaradas- me disculpe.

Bueno caballeros tenemos prisa, lo sentimos, nuestra dirección no la de ustedes, tendrán que caminar un poco para ver la ejecución. Nosotros debemos llevar estos alimentos a la tropa. La vida sigue.

Manolo prosigue- ordene.

¿ qué te parece lo de ese libre pensador?- le pregunte a mi chofer.

Yo solo soy un soldado camionero. Si me ordenan: lleva al capitán al mercadona entra con él y coge alimentos, Manolo obedece. Si me ordenan coge el camión y carga borregos para llevarlos al matadero. Manolo obedece y coge borregos y los lleva al matadero. Manolo no se cuestionada nada.

¿ Ni siquiera ésta guerra?- le pregunte irónico y malhumorado con su respuesta.

La guerra ha sido buena con Manolo, antes de la guerra no tenía trabajo, estaba solo, no tenía amigos, y vivía amargado, sin saber que hacer. Ahora tengo un sueldo, he conocido con el camión a una joven enfermera un día que llevaba heridos, y me voy a casar con ella, y tengo muchos amigos en el frente.

-A mi me pasa lo mismo Manolo- le conteste con sinceridad- Antes de la guerra estuve varios años en paro, estaba mal humorado. Aunque me veas estás hermosas alas de oficial, antes de la guerra yo era una oveja descarriadas, iba por mi cuenta, no obedecía a las normas, incluso a veces me juntaba con gente de Nules, pensaba que la vida no tenía sentido, cómo seguramente la de ese libre pensador. Ahora lo veo todo claro desde que pertenezco a un grupo militar. Tengo esperanzas en los demás desde que estalló la guerra. Creo que si no hubiera estallado la guerra habría acabado en una cuneta muerto de asco, o me habría suicidado en mi cuarto, en total soledad.

Angelillo de Uixó.

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Pertenecer al rebaño o el suicidio. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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