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I.

Aquí, en este reino de alegría y fiesta a temporal.

Donde se unen los astros y la muerte.

La hierba tiembla suavemente

mecida por los muertos.

La piedra cierra el arco.

Elevando las columnas una Cruz.

Aquí, en este reino.

Son empujados los pies

frenéticamente a correr por un río de asfalto.

Hasta cruzar al otro lado.

Rompen los aplausos,

en este reino de la fiesta y alegría.

II.

Voces que no me atrevo a escuchar.

Son los hombres de la calle.

EL sentir popular.

EL corazón en los cojones.

La semilla de los hombres,

sobre un trozo de arena lunar.

Paz y bien en la eternidad.

III.

Germinan los cuerpos

abandonados en la hierba.

Pacen quietos entre las piedras.

Recibiendo las hierbas,

las semillas de los hombres,

con el corazón en los cojones.

Rompen blancos aplausos.

Alrededor de la vida abierta.

Frente al sentimiento.

La hierba tiembla,

suavemente mecida por los muertos.

Aquí, en este reino de la vida.

Una calavera lanza una oración,

que rompen en aplausos desde el balcón.

IV.

Entre el aplauso y el movimiento.

Se dilata el corazón en los cojones.

Ojos que se desplazan quietos

mirando señoriales la muerte.

Para entrar en este reino,

Oh señor,

una mujer decente guía,

como el perro al ciego.

Ella empuja al honor y al valor.

Como el perro al ciego al cruzar la esquina.

En este reino,

oh señor,

de la fiesta y alegría.

Angelillo de Uixó.

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I

El trigo  da con mi ventana,

es como un velero en el tiempo

que mece el viento.

No  puede borrar sus huellas,

la rueda del progreso.

Trae el amanecer

trigo dorado

como un ocaso salido del horno.

La voz del trigo del  amanecer.

Suena en cada boca,

Palabras de paja.

Escrito está en nuestra frente:

“A cada gota de sudor”

hay un segundo de tiempo y una oración.

” A cada gota de sudor”

así hemos sido forjados.

Por palabras de paja.

Hay un instante de tiempo y una suplica,

en cada gota de sudor.

No más.

Somos hojas de un mismo tronco.

No más.

II.

¿ cuántos amaneceres tiene el día?

Escuché entre trigo  la voz de Rosana Martinez.

Tantos como te quieras.

respondió la voz de Loli.

Y ocho personas expresaron me gusta con el gesto.

No más.

Cuatro  espigas de trigo cayeron de un golpe de mi guadaña.

Cuatro ocasos nacieron en ese instante de día.

Ese fue mi primer movimiento esa mañana.

MI voz no tenía sentido.

Estaba confuso.

Palabras de paja.

Un susurro como un suspiro

terminó ahogado entre el trigo.

quise decir  te quiero.

palabras de paja.

No más.

Te quiero.

No se puede decir alto ni al cielo.

te quiero.

Tiene algo malo esa palabra.

palabras de paja.

tabu.

No más.

La cabeza bajó a la tierra.

Otro reino del amanecer, paralizado.

Hojas que se mueven con los astros.

astros que persiguen con la sombra.

La sombra  en movimiento.

un cienpies baila en mi zapato vacio.

cuando yo me recordaba quieto.

En este confín.

ayer es siempre hoy,

mañana es ayer.

No más.

Palabras de paja.

La voz en el trigo.

 

III.

Dejadme ver más allá del amanecer.

suplircar tendido bajo  a aurora entre el trigo.

EL canto de los gallo anuncia mi contacto con la piedra.

La piedra contra la paja del trigo.

quizas fuese yo,

parte de ese reino perdido que hubiera que separarse.

En el que se extienden los sueños del sacrificio.

Matadme.

Mi cabeza que ruede.

Hacedla divina sobre una columna.

Para que la seque el sol.

Ano solar.

Aquí, la mujer desnuda que amé.

que me ponga una corona de flores cada amanecer.

No más palabras de paja.

Que baile desnuda ante mis ojos en blanco.

cada amanecer.

Que grite, que se agite convulsa y sin sentido.

En este dolor que nace cada día.

Del solo sentimiento.

Por todo lo que vive,

por todo lo que siente.

por todo lo que muere.

No más.

Dejadme en este puente abandonado.

Dejadme perdido en este día.

Dejadme en la cuneta del sentimiento.

No más.

No más.

No más.

En este reino de la duda y del temor.

Debo solo caminar con una flecha clavada.

Dejadme en esta orilla desfondado.

ser una roca dura del río seco,

que tenga un nuevo amanecer cada hora.

Angelillo de Uixó.