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Benavites, eco rutas de Angelillo de Uixó.

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I

Y a lejos, entre simétricos naranjos, asoma bajo un cielo transparente la inmensa mole negra de una hercúlea Torre.

1,2,1,2,1,2- va cantando mientras marcha pedaleando el Magno en dirección hacia ese foco de atracción.

Nada más que la Torre puede dar idea de que entre esos bosques de luminosos frutos que penden de las ramas, se esconde un pueblo.

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Y sin darle tiempo a frenar las imperiosas pedaleadas, entre tortuosas sendas de naranjos pobremente pavimentadas que discurren paralelas a las acequias moras, y guiado su rumbo por el pararrayos de la torre que hace de brújula o de firmamento, penetra el Magno súbito en Benavides dejando a escasos metros el último bancal de naranjos.

Ninguna casa está sola en ese lugar sin intimidad. Todas están unidas unas a otras, y todos saben los secretos que se ocultan las guardillas de cada hogar.

Las fachadas se extienden a lo largo de l pueblo por donde cruza una carretera que cómo una cicatriz lo cruza de parte a parte. Generalmente las fachadas son blancas, aunque hay alguna excepción que exhiben su piedra de rojo rodeno.

Y al llegar ante la torre de Benavites, el Magno se descubre el casco. Camina por la pequeña plaza empujando con la mano la bicicleta asombrado del tamaño y majestuosidad de la torre de Benavites.

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Asombroso, vini et vide- exclama, y se pregunta cómo haría cualquier viajero:

-¿ Cómo fue que en tan insignificante lugar, rodeado de casas tristes y humildes, casi todas de teja y mampostería, entre gentes que trabajan la tierra, pues no se ve otra industria, fuera alzada tan grandiosa torre, digna arma de guerra más bien de mi amada y noble Valencia ?

Y con deseo de tocar semejante tesoro de nuestro pasado nacional divaga melancólico entre balcones desiertos, casas cansadas de vivir de fachadas blancas :

¿ Qué legiones de brazos y siglos de trabajo, entre siegas y otras labores, levantaron tal monumento a la resistencia en las guerras?

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Y conforme se acerca al foso, ya tocando la puerta, aun más se asombra al observar lápidas romanas y caracteres hebreos también de sus tumbas.

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Oh piedras, que contenéis nombres y que cubristeis cuerpos. ¿ Cómo habéis acabado en este lugar? ¿ Que ha sido de aquellos restos humanos que protegíais? Hablarme piedras, hablarme, contarme vuestra historia para que llore junto a vosotras. La vida es horrible, ¿la muerte lo será también?

Yo te responderé-Escucha decir a su espalda, y el Magno se gira y se encuentra a un anciano encorvado, de cara ancha de valenciano, y ojos claros con las retinas desprendidas. Observa con compasión sus manos arrugadas del trabajo, y su aspecto de desencantado con el mundo y los años pasados sobre él; se agolpan en la mente del anciano recuerdos tristes, los años entre la guerra que desgraciadamente perdimos, la posguerra y la maldita democracia.

El anciano habla:

-El pueblo cómo habrás notado extranjero están en un llano, carente de piedras. Durante años se traían en carretas de una mina de piedra que distaba más de 30 kilómetros, daba abasto a las necesidades de la Torre, pero todo se ralentizaba demasiados siglos, y se tenía la sensación de que algún día llegaría la gente a vivir en paz y todo este enorme esfuerzo no habría tenido sentido.

-Eso nunca pasará anciano- le responde el Magno.

-Ya lo se extranjero, pero algunos insensatos lo pretenden. ¿Comprendes?

-Si- hace ademán el Magno y prosigue hierático escuchando al sabio anciano.

-También ocurrió que el precio del material sufrió una brusca subida por culpa de las leyes de la oferta y la demanda en 1420, la causa era la construcción del palacio de los marqueses en Petrell, así que nuestros ancestros pidieron permiso a los Saguntinos si podían quitar las lápidas en los cementerios de los herejes hebreos y los no menos herejes romanos.

Claro, claro- dijeron las cristianas autoridades- pero antes hagan un hoyo en algún barranco y tiren allí los despojos de los herejes tras bendecirlos.

Y así fue cómo se trajeron esas piedras que sirvieron de lápidas y ahora están en nuestra torre, defendiendo nuestro territorio.

Es una historia preciosa viejo- le comenta el Magno observando la belleza de la Torre.

Y una pregunta anciano- le dice el Magno observando la gran altura de la torre.

¿ Nadie se ha suicidado?

El anciano le mira extrañado y así con prudentes palabras le responde:

  • Aquí nadie se suicida. La gente ve pasar la vida triste, con pena, entre cosecha y cosecha, añorando el tiempo que se va, los amores que nunca llegan, pero, no, nadie se suicida. ¿ Acaso extranjero en tu tierra sí?

  • Ya lo creo anciano, en mi tierra Vall d´ Uixó, casi toda las semanas se suicida un parado, o un cocainómano, es la ostia. ¡Y eso que no tenemos una torre tan alta!

  • Vaya, vaya, vaya- exclama el anciano volviendo a su casa encorvado. Un gato paso por su loado. Todo queda en silencio, en paz. Las lápidas guardan la torre, y la torre vela por la tranquilada de este pueblo que vive entre naranjos, ajenos al mundo, llenos de secretos que solo ellos conocen, maldiciendo el tiempo que se va, la vida que se escapa entre las acequias que van al mar.

II.

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La torre de Benavites sobresale entre pequeñas casas, algunas en ruinas , sin que ello les quite el encanto melancólico que deja la huella del tiempo en nuestra historia. Benavites es un humilde pueblo tranquilo, cómo dormido entre naranjos, solo tiene de colosal y de extraño, la Torre. A su espalda queda la abrupta sierra Calderona, que se abre camino hacia la noble Teruel, pero Benavites, más que a montaña, más que a la lejana Aragón, tiene el aroma y el clima del mar, que desde cualquier balcón más alto que un naranjo se puede ver entre sus perfumados campos de naranjos perfectamente alineados. Saliendo de Benavites hacia el mar, dos kilómetros antes de llegar, el paisaje se ensancha, desaparecen los verdes naranjos, y surgen espaciosas marjales y campos de tomateras, y calabaceras. Se amontonan cientos de kilos de estos frutos amarilleando abandonados entre la negra tierra que poco a poco al cambiar la estación quedara sepultada bajo las aguas. Un enjambre de aves anima el cielo que se llena de chillidos y graznidos:

los negros cormoranes, las blancas garzas, las esperpénticas cigüeñuelas, los graciosos patos, incluso las impresionantes y poderosas águilas, tienen morada en estás fértiles tierras inundables. Saltan junto a la carretera y las acequias repletas de anguilas, las lisas y los barbos de entre las turbias aguas de las marjales que han sobrevivido al desarrollo urbanístico. De estás aguas del color del centeno, surge un vapor calido, a ciertas horas brillan cómo diamantes cristalinos por los rayos de sol las pardas aguas.

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Tras las marjales se ven las dunas, y la mar entre las calles de las urbanizaciones.

III.

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Ya el Magno llega por una pequeña carretera a una franja dominada por las urbanizaciones de lujo. Un despropósito de los burgueses. Enormes casas de empresarios, políticos, estafadores, ocupan lo que fueron los antiguos lagos y tierra de arrozales. Las casas tiene piscinas y letreros en al entrada de: zonas vigilada. Hay coches BMW, Mercedes. Pocos metros antes aun se oía el relincho de un caballo que pacía tranquilo entre los juncos que crecen junto al lago.

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Capitalistas sin sentimientos ni humanidad, que no valoran nada, deambulan por las calles felices y contentos de su vida hedonista, repleta de vicios y malos instintos. Sus corazones son turbios cómo las aguas de las acequias. No hay nada bueno en ninguna persona que vive en esa urbanización.

Absolutamente nada bueno.

Ya el Magno cercano al mar tropieza con una pareja de jóvenes burgueses que salen de un chalet, una criada negra les llama desde la puerta:

Señorita Leticia, señorita Leticia, que se olvida de su pamela.

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Ahhhh- grita ella.

-Froilan por favor ve a por mi pamela- le ordena mirándose las uñas la joven Leticia.

-Enseguida vuelvo cariño- le dice dándole un beso en la mejilla.

EL corre a por la pamela.

-Me dan ganas de vomitar- exclama el Magno con fuerza para que ella le escuche y se violente.

Se cruzan una mirada asesina que demuestra que ambos saben a que clase social pertenecen y que son enemigos.

EL novio vuelve con la pamela y se la pone en la cabeza. Ella sonríe y el Magno imitando a la innoble Leticia, se quita el casco ciclista y se lo pone mirándose en un cristal para ver lo guapo que está. Luego se lanza un beso y saca la lengua, y una señora que está tras el cristal la abre y amenaza al Magno:

-Largo de aquí delincuente, pervertido o llamo a la guardia civil, que esos saben cómo tratar a los maleantes cómo vosotros.

Ya me voy señora, no molesta a la guardia civil- le dice y se aleja mientras escucha las risas de Leticia y su novio.

-Papa nos ha pagado un viaje a Nueva York para Navidad- grita ella para que el Magno le escuche.

-Excelente- contesta el novio.

Los tres cada uno por una acera, el Magno por la izquierda y los novios por la derecha llegan a la playa a la vez.

Coño, ¿ que es esto? Se pregunta el magno al ver a todo el mundo desnudo.

¿ Será la paya esa nudista de almenara ¿- se pregunta tratando de comprender donde está, pues ha cogido el camino al azar, pedaleando entre naranjos, y serpenteando entre las sendas, sin más pretensión que llegar a cualquier orilla.

Leticia se quita la ropa, se contonea para que todo el mundo vea su cuerpo de gimnasio y sus enormes tetas que le han costado 5.000 euros a papa.

Froilan saca perfume y se rocía con el mientras se desnuda.

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La playa nudista está rodeada de casa de lujo, de gente que viste con ropa de primera y les gusta el ambiente liberal de las playas nudistas, pese a ser agentes sociales represivos.

El Magno, repleto de sudor y sin importarle estar entre burgueses, deja la bicicleta apoyada contra una piedra del espigón y se tira al mar desnudo.

Al salir del agua el Magno, con la cabeza salpicada de la espuma jabonosa de las olas y su con su cuerpo cubierto por los brillos del arco iris que dejan las gotas aun aferradas a su cuerpo cuando el sol pasa por ellas; se le acerca un hombre peludo, gordo, calvo y con el zib empalmado que ha observado al magno bracear y luchar con las grandes olas que cabalgaba valientemente, y esto le dice:

¿ Tienes fuego?

No- le responde El Magno sin saber donde mirar.

-He visto que nadas muy bien, ¿puedo sentarme a tu lado?

-Verás, es que tengo algo de prisa, tengo que irme a trabajar- le contesta el magno atragantándose al hablar mientras se pone raudo el bañador.

-Venga hombre, no te vayas, si acabas de llegar- le dice el hombre gordo y desnudo.

Angelillo de Uixó.

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Benavites, eco rutas de Angelillo de Uixó by Ángel Blasco, angelillo de Uixó is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.