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Los bagaudas de vall d’uixó.

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odisea del siglo V al XXI.

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Por fin. Ya ha llegado el poeta- caudillo- exclamó a su hijo un pobre viejo vestido con prendas viejas, arqueando las cejas rubias mientras le gruñían  los intestinos por el caldo de alubias que comía todos los días. Su hijo, que miraba un ABC de agosto del 2015 tirado en el suelo no dijo nada, limitándose a limpiarse el sudor del rostro con la camisa de AC/DC. Ambos vestían con harapos, y tenían la mirada perdida por tantas fatalidades cuyo origen no terminaban de comprender. Contemplaban como avanzaba por la necrópolis tardorromana de vall d’Uixó, en un estado de total abandono, un joven tan mal vestido como ellos, que les había citado allí para mantener una reunión sobre su supervivencia.
La necrópolis estaba encharcada tras una tormenta de agosto ocurrida la tarde anterior.
Bolsas de plástico, botes de cerveza, hierbas, excrementos de perros formaban parte de un paisaje esperpéntico de tumbas mal cuidadas, cuyos inquilinos habían sido recuperados, más de mil quinientos años después , de mala gana, y metidos en cajones en un museo no se sabia donde; como no se sabia lo que les hacia ocurrido cuando a toda esta tribu  que moraba en vall d’uixó en el siglo V, y fueron llevados a ese lugar para ser exterminados. Este clan  se enfrentó a las autoridades locales que querían venderlos como esclavos para pagar la deuda contraída por varias familias aristocráticas del lugar que había pactado una reforma fiscal con tribus de vándalos para que no les tocaran sus privilegios procedentes de  un imperio romano destruido en muchos sitios pero que perduraba en vall d’Uixó.  Tuvieron los bagaudas la muerte de los vencidos y pisoteados en España. No muy lejos de esta necrópolis seguían tirados en cunetas los muertos de la guerra civil del bando perdedor.  Sobre la necrópolis se veía la cumbre de la parda colina  de la que formaba parte este pequeño talud encajonado a lo largo de unos 100 metros y unos 15 de ancho, entre dos pequeñas carreteras que discurría entre dos calles que habían colonizado la colina, siendo esta rodeada de casitas que bajaban hasta el llano del pueblo, formando elipsis necrológica para los vencidos de 1.500 años que cerraba la calle Francisco Franco un poco más abajo.

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El poeta saludaba al padre y al hijo cuando varios hombres más pertenecientes a la asamblea de parados de vall d”uixó entraron en la necrópolis convocados por el poeta- caudillo ,al ser según él, uno de los pocos lugares que no estaba vigilado por la guardia civil, ni la caja rural san isidro, ni la policía local, ni su ejercito de gente bien pagada como conserjes  que les informara de los movimientos de los parados, tratados por las autoridades del estado como objetivos político militares a eliminar.
En torno a unas tumbas que estaban formadas por losas orientadas al este, el poeta extendió las manos al cielo y les pidió que se sentaran alrededor de las tumbas empezando  a rezar:

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Mientras cantan en las fiestas de las peñas ,
los dueños de la espiga y el trigo,
dispuestos a lanzar sus flechas contra nosotros,
aquellos que nos han robado el pan de las manos,

y quieren que vivamos como siervos esclavos.
Aquí os convoco hermanos del infortunio,
con una palabra celta:
bagaudas.
que significa reunión.
Aquí estamos reunidos mil quinientos años después, sufriendo la misma persecución que nuestros antepasados por parte de los mismos enemigos que nos condenan a estar mal nutridos, expuestos a enfermedades, peligros… en definitiva:
el estado quiere matarnos.
no tenemos futuro.
Entonces:
¿ A qué esperamos?
¿A que los godos, los francos, los taifas… vengan a socorrernos?
A las armas hermanos,
a las armas hermanos,
demos la última batalla.
Baguadas, baguadas.

El poeta tras decir esto guardó  silencio observando  los rostros demacrados ,  desesperados,cansados,  de los miembros de la asamblea de parados, para ver en ellos el juicio que su discurso había dejado.
en torno a las tumbas se hizo un concéntrico silencio asambleario. Los desempleados se miraron unos a otros preocupados por la situación.Tomó la palabra Tomás, limpiándose sus gafas ralladas sobre su camisa sucia.
¿ Qué te ha dicho, oh poeta el ayuntamiento sobre la posibilidad de que los bagaudas podamos tener tierra, y se nos otorgarse el permiso de recoger la algarroba?
Más el poeta así le respondió:
Vuelva usted mañana.

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Un trueno sonó en la distancia dejando ver sus rostros, y las montañas perdidas que los rodeaban, mientras estos hombres doloridos, agitados,  acostumbrados al dolor pensaban entre los muertos en la causa de su milenaria persecución y marginación.

su caudillo sensible a los pensamientos de sus hombres les aclaró en el círculo sagrado de la muerte del clan:
Es una rueda donde nacemos, lo hacemos con nuestras madres sembradas como estirpe de baguadas o esclavos, ladrones, forajidos,  llamados a revelarnos, como antes los fueran otros. para el poder somos vagos, ladrones,  pero para nosotros…. hermanos, debemos consideraros guerreros.
El poeta caudillo poniéndose en pie se alejó señalando las tumbas vacías y a cada uno de los integrantes de la plataforma de parados que miraban su destino puesto sobre la guerra, sobre la sublevación, sobre la tierra, sobre la muerte.

Una negra nube los cubrió, y empezó a descargar  agua que caía sobre sus rostros encolerizados, indignados, empapando sus ropas sin que se movieran, como si estuvieran de guardia antes de la batalla.

En una tumba se leía a modo de epitafio:

“Prefirieron vivir libremente con el nombre de esclavos, que ser esclavos manteniendo sólo el nombre de libres» salviano de marsella sobre los Baguadas.

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Goliat.

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Oh Goliat,
cuanto has crecido,
desde mi última visita al juzgado.
! vas a reventar la silla!
Y solo han pasado dos semanas.
!como te cuidan Goliat!
El estado te alimenta bien.

Puros, putas y vino.

Todo lo contrario que a mi ,
que me oprime y me castiga.
me quiere casto y divino.
o como diría cualquiera que no fuera yo,
desgraciado y arruinado de por vida.
Te cambio mi papel de David,
por el de Goliat.
¿ qué te parece ponerse la mascara de otro, juez?
en menos de que cambie la luna,
el uno y el quince.
invariable y  leal,
aquí me tienes otra vez.
Tu romancero fiel.
Fichando como todos los parias,
hasta que digas ya está bien.

Que gran ojo tienes Goliat,
hay que ver muy bien,
para capturar siempre al ratero pequeño,
al que tu implacable mirada,

derrite como el fuego.
Mientras los grandes escualos,
se van mar a dentro,

pasando bajo tus pies,

con los dientes ensangrentados del festín.

coloso de Rodas, Goliat.
Valiente Goliat,

filisteo de Nules.

Si yo pudiera emplear las palabras,
para describir tu buen juicio,

no buscando mi condena.
las que te diría serían buenas.
Escarabajo del estado, fantasma.
das pena y asco. Goliat.
Caminado por banquillos enlutado
con la cruz en la mano ,
gritando como buen magistrado,
lavando su conciencia algo cruzado:
“arrepentíos desgraciados,
arrepentíos desgraciados.
Llorad criminales,
por aquel que murió por vosotros”

OH Goliat,
luchador del estado,
aclamado por la multitud de facciosos del ABC,
Siempre buscando un destino desatento  al débil,
y sustento seguro al poderoso.
Haces trampa con la suerte magistrado.

Es tu misión,
desenvainar la espada por la villanía,
favorecer la corrupción,
apoyar de desunión.

Brindas por la salud del fuerte,
para que tenga suerte,

y nadie lo derribe.
LLorar pues,

por mi suerte adversa hermanos.

Angelillo de Uixó.

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Hey Gringo.

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Fuente de la información, revista Alfa Omega, sobre la muerte de un vagabundo al que se complacen de haber enterrado decentemente.
«Quiero que el cariño que no recibió en vida lo reciba ahora a borbotones. Se murió solo, eso es lo que más me duele. Estuvo dos días muerto antes de que lo encontraran. Murió de soledad, pero éramos muchos lo que lo queríamos». Alfa Omega.
Hey gringo.

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Carlos Bastida era un político de éxito de mediana edad de Vitoria que gastaba cerca de 1.000 euros al día entre gastos de comidas, y de representación. Su éxito se basaba en que acudía a todos los eventos de Vitoria y se rodeaba de gente cómo él que gastaban mil euros al día. Su verdadero secreto era actuar cómo el resto de políticos y gente de poder y aprovecharse al máximo del cargo para vivir bien. Entre sus obligaciones estaba besar las manos del rey, le fuera simpático o no  cuando visitar Vitoria, abrazar con gusto o disgusto a algún dictador africano que traía bajo el brazo un contrato para comprar armas, inaugurar carteles de colegios que sabia que no se iba a construir porque  iban a recalificar ese suelo para viviendas de lujo, pero por motivos electorales anunciaban la construcción de esos colegios.
Carlos se había acostumbrado a todo esto.
Un día de mayo se despertó y vio extrañado que en su agenda  estaba anotado ir al entierro de un vagabundo. No se interesó de cómo se llamaba, ni que había hecho para recibir un entierro de calidad guardia civil muerto en acto de servicio. Para Carlos estaba en la agenda y tocaba ir al entierro, nada más.
Acudió a la hora indicada, saludo a varios políticos de la oposición del consistorio de Vitoria con los que habían estado el día anterior en una boda de una chica fea y un novio pijo a los que no conocían. Por lo que Carlos hubo de estar toda la boda brindando con la oposición  por  ser los únicos que si conocía. Ellos estaban allí al igual que él, mandados por el consistorio por tener el padre de la chica fea y del chico pijo  muchísimo dinero.
Carlos tras saludar a la oposición  se unió a la comitiva que no conocía siguiéndoles al entierro. LLegaron hasta el féretro donde estaba el cura que iba a iniciar el sepelio.

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El cura en el entierro estaba muy metido en su papel, cómo el resto de asistentes. Entre las cruces del cementerio bufaba iracundo con una sotana blanca y el cráneo amarillento frente el ataúd con el que dialogaba.
Tras el cura estaba el coro de personas ajenas al difunto que miraban todo aquello cómo una muerte ajena a ellos, de alguien de otra categoría al que le estaban haciendo un favor.
Carlos leía en los rostros que nadie realmente  quería estar allí. ni les importaba el difunto.
El cura empezó a hacer su discurso:

Aquí venimos a combatir con rabia tu muerte con amor.

a lanzar borbotones de la comprensión que no recibiste en vida.

Te demostramos Gringo que la soledad del prójimo nos duele,
cuando se nos muere,
dejamos de ser suspicaces y egoístas.
Si estuvieras vivo,
nos llamarías príncipes del bien que reparte los peces y los panes.
Ojala pudieras vernos,
te hemos traído flores, políticos y músicos.
¿ Es lo que te gustaba?
Hola, Hola.
Hey Gringo
Vitoria llora con pena tu ausencia:
que lo sepas:
que aunque estabas solo,
te queríamos.
Hola, Hola,
Te damos la bienvenida.

Y viendo cómo te has muerto,
varios a la iglesia han vuelto.
Adiós, adiós.
Por Dios.
No nos preguntes el por qué Gringo.
ahora aquí contigo.
todos nos sentimos
muy unidos con tu muerte.
Ya estamos echando una hojeada al siguiente.
Hay uno bajo el puente ,
anda cojo,
no ve,
apenas puedes masticar.

nos va hacer rezar de nuevo.
Hey Gringo descansan en paz.
Hey Gringo reza por nosotros,
Hey gringo te traeremos al siguiente.
Repartimos amor entre los muertos.
Si no podemos repartir los panes,
porque el pan nuestro de cada día,
es nuestro,
nuestro.
nuestro y de nadie más
Hola, Hola.

La gente empezó a aplaudir, mientras en Carlos ese discurso tan claramente hipócrita y violento le marco profundamente, transformando algo en él. EL cura siguió hablado de los días que lo había visto en la calle. Las conversaciones disfrutadas con el difunto que escribía poesías, y lo arrepentido que estaba el cura de no habérselo llevada a su casa. El día, aunque era cálido y claro, de repente en el cielo  se empezaron a amontonar  nubes negras. Se estaba gestando una tormenta. A lo lejos Carlos vio varios rayos caer del cielo, y cómo si uno de ellos hubiera estallado en su cabeza, y le hubiera iluminado la conciencia…se dio cuenta de que aquella gente era la responsable de la muerte de ese pobre desgraciado al que querían darle toda la ayuda y amor que no le habían dado en vida: muerto.

Eso era una salvajada. EL cura  conoció al difunto, al igual que gente de la parroquia que estaba allí, y lo dejaron en la calle. Eran responsables de su muerte. luego pensó que al igual que él, por ser una de las autoridades políticas que consentía en Vitoria esa pobreza en la que vivía esa gente. Carlos sintió que empezaba a marearse. Cayó una gota, luego otra, y empezó una gran tormenta. la gente se fue corriendo.  Carlos  sintió vergüenza por ellos, y se quedó allí viendo cómo la tierra era empujada por el agua al  hoyo que había cavado para meter el ataúd de Gringo.
– NO, no participare jamás en este tipo de actos, se juró Carlos  abrazando la tumba de Gringo.

Angelillo de Uixó.

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Hey gringo by ángel blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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La adopción de la perra de Alba, relatos de perreras.

subtitulado: podemos escribir historias de injusticias en españa peores que las de  la época zarista.

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La siguiente historia está basada en hechos reales. en vall d´uixó también ha pasado pero no se ha publicado os dejó la primera que he encontrado en google antes de mi relato educativo y moral.

https://clickug.com/noticies/2005-09-22/news-48171-source-2-donostia-detenido-por-pagar-con-falsos-billetes-de-50-euros

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I.
Colmillo lácteo y toda la camada que ya tenía casi tres meses se acercaron a mi con ganas de saber de que había tras la puerta de nuestra casa.

Eran muy pequeños todavía para enfrentarse al mundo, así que yo les contaba cuentos de gatos que podían matarlos, de niñas con caperuzas roja que se alimentaban de cachorros, y pijas solteronas amantes de los animales que se apuntaban a protectoras de animales para mitigar su soledad y que los torturaban en su compañía cuando caían en sus manos.
Yo, con cariño cogía a colmillo lácteo y tras sentarlo en mis rodillas le relataba a él y a los demás cuentos de adopciones de perros que me habían contado en la perrera de Castellón.
La camada escuchaba, y yo notaba cómo su mente se abría y se preparaba para salir al mundo y hacer lo que pudiera para sobrevivir.

II. LA odisea social de Ulises Lincón.

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Erase una vez Duquesa, la perra de Alba, una niña caprichosa, anoréxica y pija de diecisiete años cuyo padre era el juez de Nules de la sala segunda. Este juez se llamaba Salomón de Alba, y era el que había condenado al dueño de Duquesa a prisión. EL dueño de Duquesa era un chico delgado, moreno, y medio tonto llamado Ulises Lincón al que habían denunciado sin ganas un trabajador de una gasolinera por pagar con un billete falso de 50 euros.

Los billetes que portaba este pequeño malhechor del barrio de texas, vall d´uixó, eran tan falsos que los detectaban enseguida la gente. Generalmente ocurría que cuando iba a pagar lo echaban a patadas los comerciantes de los establecimientos de vall d´uixó, ya que denunciarlo les traería más perdidas que no hacerlo. Es decir, cerrar el comercio para acudir a la policía, luego ir a un juicio, y sobre todo no ganar nada. Ulises Lincón, era casi un huérfano que vivía en vall d”Uixó en una casa okupa en compañía de una perra llamada Duquesa.
Su padre estaba vivo, pero no le hablaba desde hacia varios años a raíz de una discusión donde le echo de casa. Su padre era un pobre desgraciado que había sido un calavera egoísta toda su vida, cómo la mayoría de pobres de vall d´Uixó. frecuentaba los bares de la avenida suroeste donde gastaba en tres día la pensión del mes. Lo último que le dijeron es que se le había ido la chaveta con una chica de 16 años a la que le pagana la cocaína a cambio de su compañía.
Ulises que encontró el dinero falso en la casa okupa, unos quinientos euros en billetes de 50 euros de bastante mala calidad. Solo una vez consiguió su objetivo de comprar algo con ese dinero, fue en una gasolinera.
Buenos días- dijo la entrar.
El trabajador lo miró con desagrado por su aspecto escuálido y su ropa harapienta, pero cómo a la gasolinera muchos de sus clientes eran de esta guisa, lo atendió con naturalidad fingida.
¿ que desea?- le preguntó el trabajador-
Ulises le respondió mirando varias revista de mujeres desnudas:
una recarga de telefonía móvil de 15 euros de voparon.
El empleado tecleo pidiéndole información:
Me da su número por favor.
Lincón se lo dio tras leer el número del móvil.
Al ir a pagar el vendedor se dio cuenta del engaño:
Este billete es falso.
Fingiendo muy mal Ulises, respondió con una sonrisa que solo un idiota cómo él podía hacer:
¿ de verdad?

Me lo han dado así.
El empleado cabreado le amenazo:
Mira tío, dame los 15 euros o no te devuelvo el billete.
Ulises caminando a la salida le dijo riendo y triunfal por primera vez en su vida:
Quedátelo prigao.
Ulises Lincón se fue, y el trabajador de la gasolinera se quedó con el billete pensando toda la tarde que hacer.
Cuando llegó su encargado a la hora de cerrar a contar el dinero, que era toda su función en una cadena de gasolineras de la que era encargado después de haber sido durante más de 15 años un simple dependiente, y arqueo la caja le dijo al trabajador:
Faltan 15 euros, si no aparecen los pagarás de tu bolsillo Juan.
El trabajador sacó el billete y le contó lo ocurrido.
Mira Juan, se que eres nuevo, pero debes aprender a catalogar a las personas. Me da igual que te hayan engañado, lo que no voy a permitir es que la empresa pierda. Paga.
Juan pagó de su bolsillo, pero le dio tanta rabia que denunció los hechos a la policía que investigo el asunto dedicándole dos agentes de la secreta. No prestaron atención la policía a la extorsión a la que estaban sometidos los trabajadores de esa gasolinera que también de forma indirecta salía en el relato. Solo interesaba  a la policía  el asunto del billete falso.
Juan paso la mañana siguiente en comisaria. Y al día siguiente fue otra vez citado para reconocer las fotos una vez la policía se llevó las cintas de las cámaras de seguridad de ese día.
Las cámaras de la gasolinera cumplieron su función y se localizó al joven Lincón en el parque de la petanca de texas con su perrita husky duquesa.

La policía se lo llevó al cuartel y allí Ulises contó que se había encontrado el dinero el dinero en la casa okupa donde vivía, pero nadie le creyó.
Dos meses después fue a juicio.
El jurado formado por comerciantes y gente de clase media le impuso una pena de tras años de cárcel, aunque el juez de nules no le creía culpable, pero el fiscal demostró que Ulises estaba en posesión de dinero falso. Su abogado no pudo hacer creer al jurado las circunstancias de pobreza en las que vivía Lincón.

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Así fue cómo el dueño de Duquesa fue a prisión el día del cumpleaños de Alba. El padre de Alba era el juez Salomón , que fue quien firmo la sentencia de Ulises para prisión creyendo que era solo un desgraciado inocente víctima del ambiente de donde vivía. En el momento en el cual el preso podía dirigirse al tribunal suplicó con firmeza por su perra:
Señores del tribunal, acepto mi condena, pero pido por mi perra, no se que será de ella.
Y dirigiéndose al tribunal paseo la mirada:
¿ alguien quiere adoptarla mientras estoy en la cárcel?
El tribunal repleto de gente que iba bien vestida silenciaron:
solo una mujer de mediana edad y muy católica que voto porque fuera a prisión, preguntó conmovida por su  conducta piadosa :
¿ es grande?
Ulises le respondió que si.
Entonces la mujer  dijo que no podía ser,
EL juez decidió por compasión, y para que el animal no fuera sacrificado en la perrera, el llevarse a este animal a su  casa y reparar en cierto modo el mal hecho.
Yo me la quedaré hijo, cuando salgas, tendrás  una notificación y nos pondremos en contacto para devolverla. Ahora… suerte.
Gracias señor juez- le dijo Lincón muy contento.
La perra llegó a casa de los Alba el día del cumpleaños de Teresa Alba que cumplía diecisiete añitos.
Así fue como Duquesa paso a ser parte de la familia de Alba.
Duquesa se sentía extraña en ese hogar, por eso no hacía más que llorar ante el juez que había sido participe de llevar a su dueño a prisión por tan solo tener en posesión varios billetes falsos. Alba por su parte se comportaba con Duquesa de forma dominante. la tenía a en régimen de mascota. Le obligaba a hacer genifluxiones  con la pata ante su presencia , también estar sentada mientras ella hablaba , y a escuchar las conversaciones que se traía sobre chicos.

Durante los días siguientes de la entrada de Duquesa en la casa de los alba sufrió mucho recordando su antigua vida.
En la casa del Alba vivían dos perros. Se trataba de dos enormes bóxer, uno macho que la quería montar y otra hembra que le tenía celos y le mordía.

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El hogar de los alba pasaron los meses. Duquesa vivía resignada recordando los momentos felices con Lincón. EN el nuevo hogar no le faltaba comida pero odiaba a los dos bóxer y a la niña de Alba con la que tenía que pasear casi todos los días.

Pasaron un par de cosas que harían que la vida de Duquesa cambiara.
la primera fue que el bóxer llamado Emperador un día de calor la montó y la preñó.
Y la otra fue que el juez Salomón empezó a tener problema en el juzgado porque le pedían la libertad de un preso que había condenado por formar parte de un entramado societario que había hecho un desfalco más de mil millones de euros en subvenciones publicas, aunque el único condenado por el juez Salomón fue un vagabundo que firmaba los pagares que le daban la trama corrupta a cambio de dormir en una oficina vacía. Cuando se descubrió por culpa de la prensa la sentencia del juez Salomón donde solo el vagabundo había sido condenado a prisión, hubo gente progresista y culta que elevó una suplica al tribunal supremo para que liberaran la vagabundo. Entonces apareció el caso de Ulises Lincón y su pequeña estafa en una gasolinera. también hubo gente que se escandalizó haciendo analogías de que por esa cantidad miserable un ser humano se viera privado de libertad mientras las institucionales estaban copadas de auténticos ladrones.

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El juez Salomón salió en la prensa antifascita nuevamente cómo un encarcelador de pobres, aunque fue un jurado popular de gente de clase media que suelen odiar a los pobres más que los ricos el que  condenó a Ulises.
Duquesa pario 8 cachorros medio bóxer medio husky mientras el juez Salomón pedía más leyes para saber que hacer en casos difíciles, pues su conciencia bailaba junto la de otros jueces acusados de injustos.
El casó de Ulises fue revisado y salió de prisión.
Lo primero que hizo fue ir a recoger su perra que se la dio encantado el juez Salomón con ocho cachorros.
Le deseó suerte en la vida señor Ulises, y mire bien los billetes con los que paga.
Ulises regreso a su casa muy contento de estar libre.
La habían ocupado unas personas que conocía, que le dieron la bienvenida, sin entusiasmo, con indiferencia, pues ellos también habían estado en la cárcel.

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Angelillo de Uixó.

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