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En medio de una pista forestal de Vall d´Uixó , veredas repletas de pinos formando fila sobre escarpados barrancos. Todos aquellos hombres que la cruzan en bicicletas, haciendo footing, a caballo…. vienen a sentirse:
campeones.
Entre un paisaje luminoso con el frescor de los naranjos bajo las pinadas, y de fondo arrinconado al este un mar vencido con mil rutas que surcan tranquilamente los barcos. A la resaca del ojo que otea en ese lugar y vuelve la mirada del mar a la tierra, sobrevolando la montaña coronada por el castillejo del Almenara, y se clava de nuevo vibrando cerca de su cuerpo en esa solitaria pista donde se centra en un objeto que avanza . Un hombre con una cámara delante de ese objeto a unos doscientos metros, se detiene para esperar a un trineo que galopa . Gimen sus hierros al trote de las pezuñas de los perros cuando se abre el ojo frío de la cámara, su conductor da la orden de freno a voz, pulsando a la vez las manillas de la bici-trineo tirada por tres perros. La bicicleta barrunta antes de detenerse, y el último hierro con los arneses de los canes agoniza bajando hacia la rueda.
Roce de zapatas sobre las aristas de aluminios de las ruedas, los radios van viéndose sin que lleguen a parar hasta que los animales dejan de tirar al llegar a la altura del hombre que corría delante de ellos con una cámara. Este va filmando la llegada.
Sonriendo a cámara con seguridad y aplomo junto a su equipo de perros, apeado de la bici que sujeta aún con el apolineo casco ciclista en la cabeza, y la mano llena de cadenas con los perros, mochila deportiva a la espalda, sitiándose en medio de la pista como un campeón, habla a la cámara como si lo hiciera desde el balcón del Ayuntamiento a su pueblo.
Hola, mi nombre es Ángel, y estos son mis perros, unos campeones. Estoy haciendo un croosfading, y buscando patrocinadores para ir a Teruel, a la gran carrera de trineos y representar a Vall d´ Uixó.
Estoy seguro de que voy a ganar. Tengo unos perros ganadores. son unos perros abandonados que recogí de la calle cuando eran pequeños. Al principio no sabia que hacer con ellos, porque al recogerlos ya no podía abandonarlos. Así que vivían en un corral donde los metí, siempre encerrados porque ladraban y mis vecinos llamaban a la policía. La verdad es que les pusieron mala fama. Pensaba que no se podía hacer nada por ellos, y que estarían condenados a vivir en un corral hasta morir de aburrimiento y medio subnormales. EL tiempo pasó rápido y cuando me di cuenta eran muy grandes, y su fuerza se estaba malogrando. Un día pensé que ellos podrían servir para tirar de un trineo. Hice uno bien pesado con una carretilla de obra, y les encanto. Les dio el trineo una meta, un objetivo, un sentimiento de equipo. Después los enganché a la bicicleta. Poco a poco fui creyendo que ellos eran como yo:
unos campeones.
Hace unos días en el taller de empleo donde aprendo el oficio de botellero, por si alguien no lo conoce, es el que abre las botellas a los camareros en los grandes salones de fiestas, o se las abre en los estadios a los entrenadores de baloncesto, de football. Don Emilio, mi monitor, se enteró de que había una gran carrera en Teruel. Pero yo no tengo bici en condiciones, apenas frena porque es de zapatas, y aparte de que se desgastan muy pronto, apenas frenan, necesito unan bici con frenos de disco para parar a los perros. La bicicleta además tiene el sillín roto de un piñazo contra un pino que me di. Saltamos los perros y yo por el aire y rompimos varias ramas con nuestras cabezas. Me duele mucho el culo después de cada entrenamiento , y llego a casa pensando que me lo han roto en el bosque. Por eso me gustaría tener un bici nueva, con sillón, además necesito un entrenador, como lo tengo yo para buscar empleo. Que motive a los perros y a mi para subir las cuestas más duras. Como cuando ven los perros un gato, entonces se motivan y suben hasta por una pirámide. En las carreras me han dicho que no tiran gatos, ni liebres. Por eso siempre viene bien alguien que nos guié que nos represente la meta que queremos alcanzar. Si decide patrocinarnos el Ayuntamiento, o el servicio de empleo, llevaría publicidad de las Grutas de San José de Vall d´Uixó, y las cifras del paro, y cuando recoja las medallas se lo dedicaré a mi pueblo y a la gente que tiene empleo este mes.
Espero que apoyéis nuestro objetivo, porque nosotros somos:
Campeones.
La escena se cierra cuando el botón de la cámara pulsa stop.
¿Ha estado bien? Le pregunta Ángel a su compañero.
Bien, en Castellón el casal popular te preparará la hucha- le dice J.M. dándole la cámara a ángel.
Los perros huelen las hierbas, mastican algunas, agitan los rabos, escuchan la orden de adelante, y como soldado en formación obedecen. ambas bicis se alejan por la pista forestal como verdaderos campeones compitiendo la que va tirada con perros con la que va sin perros. Saltan , suben, bajan cuestas, todos con la lengua fuera porque son:
Campeones.
Angelillo de Uixó.

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La sangre de los tiburones atrae a Miguel Blesa.

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I.

En la Audiencia Nacional han juzgado a dos corderos, uno apodado Baltasar Garzón, y el otro apodado José Silva.

II.

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Sentados en un banquillo, muestran unos ojos lastimeros de corderos, y balan cómo víctimas inocentes arrojados a un estanque lleno de tiburones que aletea a su alrededor.
La sala de la audiencia nacional es un decorado del fondo de una gran pecera. Tiene mesas de madera, banderas a las que besar , y libros de zoología con los códigos de conducta del mundo animal que interpretan los tiburones.
Baltasar Garzón y José Silva desconcertados, atónitos, cómo un submarinista rodeado de escualos, observan frente a ellos un grupo de tiburones que les enseñan los colmillos.
Bucean hacia lo más profundo de la pecera, entre los corales, recordando sus días de pescadores, cuando capturaban presas sencillas que vivían en el fango de la sociedad:
anguilas, morenas, meros, y poco más.
Nunca contaban que atacaban a las masas de sardinas, de bacalao, de atún, con las que se llevaban bien. Hasta les decían a estos tranquilos y sumisos pececillos, que no temieran de ellos , que no eran tiburones, si no pescadores que lanzaban sus redes para apresar a los peces que les ponían en peligro. Las sardinas, los arenques, los boquerones de la pecera, crédulos, con sentimientos de ser insignificantes en un gran océano( que no es otra cosa que una gran pecera), se sentían protegidos por peces tan grandes, y elogiaban a estos escualos en los periódicos por cazar asquerosas anguilas.

III.

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Los pececillos no pueden soportar vivir pensando que están rodeados de tiburones que se los pueden comer, y los tiburones tampoco pueden soportar estar rodeados de otros tiburones.
Entre ellos a veces se matan, la pecera se agita y los pececillos toman partido por un bando de tiburones.
Los pececillos están convencidos de la inocencia Baltasar Garzón y Silva y por eso cantan:
La sangre de los corderos, la sangre de los corderos. Los han bañado en sangre de cordero.

Angelillo de Uixó.


La sangre de los tiburones atrae Miguel Blesa. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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