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construcción vall d ´Uixó.

trabajar construcción

aferro sus pies y sus manos sobre el andamio y echo a andar sintiéndose seguro cómo Jesús sobre las aguas sobre un andamio que se movía cómo una noria un día huracanado, con prisas por terminar un sábado para ir a comprar carne refrigerada y troceada en el supermercado.

Pensaba que estaba en su mejor momento, y era un tipo afortunado de tener trabajo cuando ya había superado los primeros metros. Un golpe viento se llevó un tablero del andamio del tercero, que cayó a los pies de su compañero que cavaba una zanja.

Al verlo dudando y entretenido sujetándose el casco que se le iba, le gritó:
Me cago en la puta, date prisa en subir a la azotea y tapar las goteras antes de la tormenta o nos despedirán.

en la construcción II

Y con energías renovadas, dejando caer al vació su casco que se rompió en mil pedazos, motivado mientras su pelo se mecía entre el viento, siguió escalando cómo un cangrejo aferrándose a sus herramientas, desafiando los elementos y el desempleo.

Las bolsa de plástico que volaban chirriando a su alrededor se enganchan en su cuerpo.

Se paro un instante en el quinto a ver el espectáculo más hermoso que había visto nunca:

un cielo formado por un bosque de mil colores de hojas que se extendían cómo una alfombra entre las nubes incendiadas por mis rayos solares de vivos rojos chisporroteantes.

El andamio crujió. Silbó de igual manera que las cañas que se doblan por la brisa del cercano mar mediterráneo, donde crecían junto la orilla de sus barrancos, que llevan en sus entrañas un reguero de aguas tranquilas, oscuras y verdes de escaso caudal.

Su mano llego a la azotea, contemplo la tele asfáltica, el soplete, el pico, la pala y en un ademán de despedida movió las manos con la espalda en el vacío intentado aferrarse a algo mientras volaba haciendo mil piruetas y pensando:

me protegerá de esta caída el hecho de que tenga trabajo.

obra

angelillo de Uixó.

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Basado en la idea del accidente que tuvo lugar ayer en vall d”uixo,  ultimo día del mes de enero del 2015, un día de fuertes vientos con ráfagas de hasta 100 kilómetros hora. ( sin creer la versión del periódico  mediterráneo http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/sucesos/muere-vall-d-uixo-caer-tejado-nave-cerrada_916863.html ) Me baso en el recuerdo de las impresiones que he tenido yo trabajando en la construcción de peón a lo largo de mi vida. Recuerdo haber sido obligado a hacer cosas totalmente prohibidas: desde trabajar sin arnés en azoteas, taladrar una pared subido a un palet elevado por una fenwik, tirar objetos desde un tercer piso cómo mazas, una cizaña, incluso picos y palas , a mis compañeros que les habían mandado abajo el encargado para hacer otra faena. Para no subir ellos, ni que yo bajara, me mandaron que las tirara, y yo bien contento de hacerlo, me sentía un ángel. También recuerdo lo contrario, el ascenso tirando con cuerdas, ganas y garfios de sacos de cemento, sacas de arena, incluso un botijo y un cubo con cerveza, estando de puntillas sobre un encofrado sin barandillas. Tirar una pared sin apuntalar …. y cuando ha pasado algo, la empresa ha mentido, y obligado a mentir a los trabajadores bajo amenazas.


construcción vall d ´Uixó. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a 
Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en 
angelillo201.wordpress.com.

Las naranjas de la ira.

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Traídos de aquí para allá, siempre compañeros de la escarcha que se calienta cómo un cohete sobre el cielo. Rojo al amanecer. Abandonan las últimas estrellas el azulado rosado que salpica el porche blanco, tan grande cómo la humilde caseta entre el plano huerto de naranjos, donde un perro guardián a la entrada atado con una cadena oxidada de varios metros, somnoliento nos mira a todos los que nos envían aquí y allá los comercios de naranjas. Gente venidas de todas partes y de ninguna, que han encontrado en vall d´uixó trabajo temporal . Sacrificados y buscando cómo un profeta cómo salvarnos cada amanecer, mientras el último acorde de guitarra de la película Sin perdón se extingue con el portazo de la furgoneta que es cerrada de forma brusca.

Esperamos que aparezca el encargado.
EL suave viento mueve el rocío de las hojas de los naranjos, y cae sobre la verde grama. Nuestras manos se calientan cómo las naranjas, las hojas y el sol.

Han comprado los comercios y las grandes superficies nuestra pobreza con dinero. Nuestro trabajo, nuestro despido, nuestra desunión. Todo el mundo está rígido y concentrado. Solo ha costado unos capazos de naranjas este estado a la empresa. La venta en Alemania de un kilo de naranjas supone más que el sueldo de una hora de nuestro trabajo.
Aquí estamos recogiendo la dorada ira que cuelga de las ramas. Cae al capazo, suena el golpe. Desfila el capazo con honores sobre nuestros hombros hasta el cajón donde es sepultada para ser cargada al camión y embarcada.
Empezamos el día cuando nos indican hilera, tira, calibre, color, y modo: con ramillete o sin el.
Corremos excitados durante el día.
Sin parar de correr y escuchando los chillidos de los encargados para que vayamos más deprisa y cojamos más y más.
Nunca es suficiente para nosotros el trabajo duro para quitarse el hambre y aferrarse al madero de la salvación.
El sol ha declinado.
Volver al barracón habiendo ganado lo suficiente para comprar comida.
Solo eso.
Sueldos ilegales.
Seguimos hundidos en la pobreza cómo las raíces del naranjo en la tierra.
Solo eso.
Nadie dice nada, pero se siente.
Es durante la noche  cuando todo de verdad se vuelve oscuro y duro.
Alejados de los campos de trabajo, encogidos entre colchones sucios,con las manos agrietadas y los pies doloridos, con el estomago medio vacío, y la incertidumbre del mundo girando por la cabeza.
La cabeza el centro de cada universo.
Y el mundo girando a su alrededor para pegarle bien al centro del universo.
Sin saber que va a ser de ti mañana., en ese momento es cuando nace nuestra ira. Lo he visto en mis compañeros. He oído sus gritos y he visto cabrearse por nada al volver del trabajo. En la última calle del pueblo, ya se empiezan a ver las estrellas parpadeantes y femeninas que parecen lágrimas brillando en la oscuridad. Aúllan contra el viento colgando lácteas y maternales, cómo las naranjas. Encendidas cómo nuestra alma que se agita ante la impotencia de tener frustradas las necesidades básicas.
En al última calle del pueblo, he visto a un hombre con una capucha sobre la cabeza escribir en un grafiti:
el mundo me odia.
me he dado la vuelta interrogándome por qué.
Una bola de nausea como una naranjas rodando por el suelo ha recorrido mi garganta sin que se pueda expulsar este grito de dolor interno al exterior.
He vuelto al colchón.
Aplastado por el amanecer, la ira se disipa cuando volvemos agitados a correr delante del encargado. Volcamos capazos por un euro en los cajones, menos de la mitad de lo que se debería según convenio. soportamos las amenazas de los comercios temporales, a veces llega un coche de alta gama y despide a toda una cuadrilla con una sonrisa:
habéis terminado- les dicen.
y los despedidos se alejan con un finiquito miserable deambulando perdidos por la carretera, sin saber donde ir bajo el sol.

El coche pasa por su lado sin mirarlos más.

angelillo de Uixó.

Las naranjas de la ira. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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París- texas (Vall d´Uixó)

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El hombre de la gabardina tras haber salido de la cárcel insertado gracias a un programa psicológico basado en la castración química, había descubierto que ya no necesitaba sorprender a las niñas del colegio con su anatomía masculina que les mostraba en los parques donde jugaban a la rayuela. Ni tampoco necesitaría desde la ventana de su casa silbar a alguna mujer cargada con la compra y exhibirse ante ella masturbándose. Ahora las ventanas estaban en Internet, y sin saberlo hacían estéril y vieja la acción de estos solitarios excéntricos.

Si hermana, la salvación de la humanidad, de esta sociedad apocalíptica y paternalista está en una mujer desnuda relinchando de rodillas y pariendo en medio de la acera mientras el mundo arde, las bestias cantan y ella alumbraba a un nuevo mesías- eso es lo que dijo en el ascensor a su última victima a la que abrió la gabardina hasta que llegó al séptimo donde se abrieron las puertas del ascensor y con la gabardina abierta, y si ropa, vio el hombre de la gabardina al novio de la chica experto en artes marciales. Ella salio y el novio entró. Pulso el botón de hacia abajo. Al hombre de la gabardina le dio tiempo solo a colocar un botón de la gabardina. Bajaba en la vida una vez más hasta el sótano de una existencia maldita. Ni siquiera se defendió.

Con los brazos rotos, y una rodilla que jamás volvería a doblarse, el hombre de la gabardina malvivía repartiendo publicidad de los puticlubs en los bares de vall d’uixó, pegando carteles de estos locales cerca de los supermercados, las peñas taurinas, el Ayuntamiento, incluso en las iglesias. También se acercaba a las pandillas de chicos para comentarles las tarifas enseñándoles las fotos de las chicas de oferta.
El negocio que durante su juventud le había permitido comprarse varias gabardinas empezaba a declinar. Su jefe, el hombre de las ideas de oro ,un día le invito a comer al bar rey Juan Carlos. Un bar de putas y macarras donde se hacían conciertos punkis. En un viejo escenario siempre había alguien con aspecto extraño, tocando la guitarra ante un publico que exigía que se equivocara o diera la nota tirando la guitarra a alguien, prendiéndole fuego. En ocasiones aparecía  una chica con los pechos al aire y la bandera de España en el culo. El hombre de las ideas de oro era un viejo feriante con ojos blanquinosos, barba mal aliñada dorada, y aspecto de pícaro que hacía exhibiciones circenses de monos amaestrados para comportarse cómo humanos barriobajeros. Tenía el mono macarra, la mona puta, el mono policía, el mono heroinómano. Había en su circo animal todo un elenco de tipos de monos de los bajos fondos, que se comportaba con igual salvajismo y fiereza que cualquier humano.
Pidió el hombre de las ideas de oro una ración de hígado de cerdo con tomate, pulmones de buey picado, y entrañas de cordero asadas con miel. Su acompañante, el hombre de la gabardina, inapetente por naturaleza, pálido, abúlico, pidió unas patatas fritas con mayonesa. Era su alimento diario acompañado para beber siempre de coca cola.
Pinchando el hígado con el cuchillo, desgarro el bocado que humeaba y expedía su olor de color sangre putrefacta. Vio  las entrañas de la nueva era.

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Oh hermanos, los tiempos del negocio del sexo avanzan cómo cualquier otro de los oficios gracias a las nuevas tecnologías, estamos en la era de la información, comunicación y la especialización. Las chicas ya no venden sus encantos tras un cristal, como si fueran langostas que elegimos en el restauran cómo menú. Ni siquiera se exhiben en un esquina de una sucia calle llamada Arroyo rue. Eso es para putas marginales. Las zorras con clase posan cómo modelos sonrientes y felices, y cuelgan sus fotos en las redes sociales, en blog. Los macarras organizan foros donde los clientes las puntúan y hablan de ellas. Hoy las chicas se venden tras el cristal del ordenador, y se piden por Internet, cómo una caja condones, un ramo de flores, una pizza ,o un edredón de plumas.
El hombre de las ideas de oro señalo a una vieja puta que había perdido la chaveta hacia años y bailaba sola con una escoba una canción folk que tocaba una joven vestida de marinera. Le susurro al hombre de la gabardina
A las putas, cómo a todas las mujeres, les gusta que hablen bien de ellas cuando son folladas, eso  motiva a trabajar más y rinden mejor. Estamos en la era de los derechos humanos, y el feminismo, todo lo que suene a explotación de la mujer tiene connotaciones negativas para cualquier negocio. A los puteros de hoy no les gusta saber que la chica con lo que lo hace sufre. Por lo tanto tenemos que proporcionar información ética y de calidad del producto al cliente.
El hombre de la gabardina miro a la vieja puta y al hombre de las idea de oro con expresión de no comprender nada. Mascando entrañas de cordero el hombre de las ideas de oro les expuso lo que le rondaba por la cabeza.

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Mira Ramiro, muchos macarras no saben escribir, y además les daría asco tener que hablar bien de sus putas en publico. Si ellas leen comentarios amorosos de su macarra les perderían el respeto que le deben, amen de que el macarra entrarían en una espiral de contradicciones que les haría enloquecer. Si tienen que castigar a una chica que se ha quedado con el dinero que les debe por darles trabajo, y luego se pone a decir por las redes sociales: mi cariñito, mi cariñito, solo pienso en volver a tus brazos y darte besos….
Entonces el hombre de la gabardina, cada vez más confuso preguntó con dudas sobre su puesto de trabajo:
¿ Donde quieres ir a parar?
EL hombre de las ideas de oro suspiro antes de hablar. Durante años y años había trabajado juntos. Ramiro había sido un trabajador leal. Pateaba las calles con publicidad porno que le proporcionaba el hombre de las ideas de oro . Este se quedaba una comisión por el trabajo de Ramiro, igual que los papitos se quedaban con una parte del de sus putas. Pero ahora internet había acabado con el negocio. Los papitos por compasión habían estado aguantando a Ramiro más de lo que tocaba. Sentían cariño por ese viejo exhibicionista. Siempre pegado al mundo de las mujeres, a las que despreciaba profundamente, cómo ellos. Pero el negocio era el negocio, y los macarras se daban cuenta de que ya no servía ir a los bares a entregar publicidad de putas. Ahora iba todo por internet, incluso un negocio tan conservador y leal cómo este.
Ramiro- le dijo mirando fijamente al hombre de la gabardina- se ha acabado la pegada de carteles, el reparto de publicidad, si quieres seguir en el negocio, puedes, pero ahora tendrás que vender las chica por intenet, participar en foros, verlas posando desnudas y haciendo algún comentario ocurrente. ¿ crees que podrás?
El hombre de la gabardina se sobrecogió, balbuceo atónito, mirando con horror a la vieja puta que bailaba sola y le invitaba a que fuera con ella:
pero, pero… cómo se puede hablar bien de esas mujeres que se pasean cómo Dios las trajo al mundo sin ningún tipo de vergüenza ante los ojos de los hombres. !Son unas pervertidas! Sería incapaz de poner algo bueno de ellas.

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Angelillo de Uixó.
París- texas (Vall d´Uixó) by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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la naranja de metal.

rocky II

Esperábamos cómo en el boxeo en el rincón del cuadrilátero a que sonara la campana en forma de camión con cajas vacías para proseguir dándonos de hostias con la vida en ésta mañana de noviembre. Estábamos seguros de que había amanecido con el único fin de ser especialmente dura e hija de puta la vida con nosotros. Llevamos solo 5 cajas por cabeza recolectada por culpa del encargado que vino a primera hora diciendo que quería las naranjas con ramillete. Lo que dificultaba su recolección notablemente, a lo que se añadía un precio ilegal, muy por debajo del convenio. A parte de esto flotaba el rumor de que un tipo que se había ido de la empresa harto de las frecuente cabronadas que le gastaba esta regreso a la oficina con un bate de béisbol cuando le dijeron en el banco que el pagaré que le había dado nuestro patrón Quico mericana no tenía fondos. Este llamo a la policía, y detuvieron a nuestro antiguo camarada por amenazas e intento de asesinato con agravante de alevosía. Ahora estaba según estos rumores en el calabozo siendo la risa de los brutales policías, y a disposición judicial, mientras nuestro jefe hoy tenía una reunión de negocios con una distribuidora alemana que le haría doblar la fortuna por tres.

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El camión con nuevas cajas vacías tardaba en venir.

Las diferentes cuadrillas estábamos diseminadas en grupos entre las colinas rebosantes de naranjos según raza: moros al este, rumanos al norte, españoles por el centro. Encendimos fuego y hablábamos.

Los hombres iban de una hoguera a otra con el fin de hablar, husmear, pasar un rato divertido.

Se acerco a nuestra colla, aburrido de predicar en la suya un tipo que había sido legionario en su juventud. Su discurso nos gustaba, y todos aplaudíamos sus ocurrencias, y le dábamos la razón entre risas idiotas.

– Hablará de los inmigrantes- les dije yo a mis compañeros, adivinando de que iba a hablar ya que casi siempre era de los mismo. El antiguo legionario era un hombre bajito, con barba de talibán, ojos verdes y brillantes de hombre astuto y fiero que le daban aspecto de felino, en contraste con su pie dura, curtida y ennegrecida. Empezó a hablar cómo si fuera un predicador radical.

Tras esta fila de arboles que veis, pronto veréis asomar las caras del anticristo. Son los rostros de esos cochinos leprosos inmigrantes que han acudido a nuestro gran país a darnos por culo a base de bien, abusando de la generosidad de nuestros empresarios, que junto con esos hijos de puta de las ONG, cáritas y la cruz roja, los mantienen con vida entre nosotros.

Los inmigrantes nos están crucificando sin que hagamos nada por evitarlo, han comprado la mente de los políticos y esos malnacidos ecofeminsitaprogres.

Así va el país, y si queremos una nueva nación, prospera, con trabajo para todos, decente y justa no habrá más remedio que matar a todos esos políticos, dinamitar el parlamento y que un tío con un par de cojones haga nuevas leyes desde un tanque dando instrucción de tirar a todos lo inmigrantes de este país, así cómo aquellos que los protegen.

Nosotros empezamos a dar palmas a su discurso, y hacer cómo que nos santiguábamos a la vez que le pasábamos al legionario una botella de vino y algo de marihuana. Acepto de buen gusto pasando revista con sus ojos verdes a cada uno de nosotros tres.

Aspiro el humo del porro y se relajo. Parecía por un momento sumido en alguna añoranza. Nos miraba cómo a sus antiguos camaradas del ejercito. Sentía verdadero placer por estar a nuestro lado.

Al parecer en su cuadrilla tenía la desgracia de haber topado con un progresista que tenía estudios universitarios y la crisis económica le obliga a caer al campo. Últimamente se veían tipos así por esos lares, complicando nuestra vida. Al parecer el universitario le hacía preguntas jactanciosas que le sembraban dudas y le boicoteaba sus discursos morales patrióticos. Pero con nosotros no tenía problemas, porqué la mitad no sabíamos leer apenas y estábamos acostumbrados a tratar con vagamundos, miembros de las fuerzas de seguridad del estado, jueces, gitanos, y gente salida del psiquiátrico.

Así que siempre que podía venía hasta nosotros a refugiarse, seguramente huyendo del licenciado.

Tras el discurso permanecimos en silencio. Estábamos cansados, aburridos y decepcionados con el día porqué adivinábamos que nos iban a endosar otro campo de repaso donde acabaríamos molidos de trabajar por un salario de hambre.

El legionario se sentó en un cajón y miro hacia el humo de su colla. Estaban tras unos ribazos repletos de naranjos sin apenas naranjas que tenía que repasar en cuanto llegará el camión.

¿ sabéis cómo podéis hacer que explote un vehículo?- nos pregunto el legionario por hablar de algo.

¿ Cómo?- pregunto la voz de Fernando desde el suelo, yacía tumbado bajo las ramas de un naranjo respirando el humo blanco de la hoguera que el viento le llevaba a los pulmones y le servía para perfumarse del sudor y la inmundicia que llevaba encima de cuatro días sin ducharse por no haberle cortado la compañía de facsa el agua.

Si deriváis un cable del arranque del vehículo a su propia batería, el puto coche explota cuando el hijo puta lo arranque.- nos dijo riendo.

No me lo creo. Demasiado bonito para ser verdad lejía- replique yo.

Puede ser- dijo la voz soñolienta de Fernando en posición de maja embutida en varios jerseys de lana debajo de las ramas.

Podíamos probar con el camionero. Estoy hasta los cojones de que tarde tanto- comete.

Igual se ha matado el hijo puta ya- replico la voz Tomas impaciente. Tomas actual jornalero venía la campo de mala gana y a veces borracho. Nunca había cogido naranjas, pero no se le daba mal. Antes había sido encofrador y ganaba 3.000 euros/mes. Ahora, tras la crisis de la construcción tenía una deuda con la seguridad social, un embargo de hacienda, pendiente la pensión de 6 mese de sus hijos por el divorcio. Se había dado al alcohol más si cabe, pues ya era aficionado. Su gusto por la bebida le llevo a conducir borracho y que le detuvieran. Le multaron varias veces, y al no poder pagar por estar desempleado, le llovieron nuevos embargos de trafico. Trabajaba para pagar embargos, y no hacía más que beber los fines de semana, a veces entre semana, y meterse en más problemas similares.

El legionario se desperezo y mirando de nuevo hacia su cuadrilla de la que se había exiliado nos recordó su última pelea dialéctica con el licenciado.

Enseguida adivine que vendría un nuevo discurso sobre los inmigrantes, y le pedí silencio a Tomas y a Fernando que le rumiaba algo a Tomas sobre la faena que nos esperaba bajo las ramas.

El legionario parecía obsesionado por el licenciado. Sin duda había sido herido en su amor propio. No podía sacar de su cabeza de que alguien cursi y estirado cómo ese pedante universitario negará algo tan obvio cómo que los inmigrantes no puede ser ni humanos, ni mucho menos hermanos ni camaradas de la gente de aquí. Así que quiso convencernos a nosotros de estos hechos.

Vienen aquí esos moros, latinos, negros, buscando nuestro oro en forma de servicios sociales para vivir de nuestro esfuerzo. ¿ qué mierda es eso de que son nuestros hermanos? si ni siquiera creen en Cristo mayoría y dicen que el Papa es un dictador y los empresarios explotadores. Lo único que quieren es arruinarnos. Pero yo os digo que ha de regresar un nuevo hombre, cómo el Caudillo, que pongan paz en este país de envidias, de rivalidades, de diferentes opiniones que solo nos han llevado a la división, y a aceptar disparates cómo que un negro es cómo nosotros. Y entonces, una vez los empresarios sepan lo que tiene que hacer, y no se dejen engañar cómo hasta ahora, ni ser títeres de esos come lechugas pacifistas anti españoles, volverá todo a ir bien. Nosotros cobraremos por nuestro trabajo, la tierra del sol volverá a brilla.

El legionario hizo un alto en su discurso para señalar una nube que tapo el sol y empleo cómo señal profética.

Pasará esta borrasca hermanos, pasará.

El sol de España parecía darnos cómo la vida: la espalda. La nube se quedo allí quieta mientras el legionario seguía escupiendo sobre los inmigrantes y mirando de reojo la posición de su enemigo el licenciado del que intuía que se estaría burlando de él y sus majaderías.

Fernando parecía estar medio dormido. Se había cortado con los alicates un dedo, y la carne de la yema de su dedo indice colgaba ennegrecida.

Tomas no pensaba más que en buscar otro empleo y volver a su antigua vida. En este pensaba que con 20 o 25 euros al día no le resolvía la papeleta. Trataba de adivinar cómo en menos de 3 años había pasado de tener una hipoteca, tarjetas de crédito, dos cuantas bancarias, coche, moto, un sueldo de 3.000 euros al mes, a no tener nada más que deudas. A veces nos decía que creía que estar con nosotros era un sueño.

Yo le preguntaba si no sería una pesadilla.

Vimos cómo llegaba el camión.

Estiramos las extremidades cansadas y fuimos hacía el.

Empezó a salir gente sucia, agotada, con los ojos hundidos, y el rostro lleno de desesperanza de dentro de los campos de naranjos hacia el camión.

Formábamos una fila semejante a hormigas esclavizadas y perezosas a las que una reina fustigará.

Sonaron cómo un ataúd las cajas de naranjas volcadas del camión que golpeaban el suelo cómo una lluvia gris espesa que cala la carne.

Angelillo de Uixó.


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