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Ayer dejaba a mi espalda la plaza del mercado con las peñas en fiesta. Me adentraba en el barrio lumpemproletario de san Antonio-Texas empujando del manillar mi bicicleta y observando un monótono ocaso, cuando una voz que venía hacia mí me detuvo al disponerme a cruzar la carretera para subir la cuesta en dirección a la ermita de San Antonio. Me llamaba con estas inocentes palabras:

Contigo tengo que hablar.

Cruzó donde yo estaba sin mirar la carretera una desdichada criatura, hacía aspavientos con las manos y gestos nerviosos con los labios sin atinar con las palabras. Empezó a hablar mitificando mi biografía:

quiero contarte algo tu que has estado en la cárcel.

Allí te dan de comer, de cenar, te llevan a la piscina.

¿ Es grave un delito leve?

Depende- respondí con indiferencia- ¿ Qué te ha pasado?

Quién me hablaba era un crío que conozco superficialmente, con cara y cuerpo más infantil de la edad que realmente tiene por falta de un desarrollo normal. varias veces he hablado con él, sin saber bien de que lo conozco, siéndome un muchacho simpático, incluso una vez hicimos juntos en bicicleta el trayecto de Nules a vall d’Uixó cuando yo salía casualmente de fichar del los juzgado de Nules. Ese día me pare a tomarme un café, y él estaba vendiendo lotería de las peñas. Lo hacía gratis, por hacer un favor a alguien, pues no era de peñas. No recuerdo sin al final él pagó el café, o lo pagué yo. El caso es que hicimos en trayecto juntos y me contó que era huérfano de madre, y al parecer el padre no tenía mucho interés en él. En Vall d’Uixó muchas veces lo había encontrado registrando los contenedores de basura, en esos momentos, si podía me alejaba de donde estaba sin que lo notara. Prefiero hacer esto para no saludarlo, por si lo ofendo. Cuando va solo por ahí ,como yo, deambulando sin nada que hacer con las manos en los bolsillos, entonces le saludo, de eso lo conozco, de saludarlo.

En ocasiones escuchó como desde las ventanas salen cabezas que chillan su nombre para que suba a comer, o haga algún remiendo.

¿ me pintarías el salón por 15 euros?

Él negocia de forma astuta.

15 es muy poco por un salón.

La otra persona que sabe sus trucos termina con él enseguida:

O 15 euros o llamo a otro.

Arrastraba en sus ojos lo que sus palabras no expresaban, pues acostumbrado a ser motivo de burla, bromas, risas, de ejercer un papel de bufón que odiaba profundamente, causante de un bloqueo mental que le provoca tartamudez; cosa que le hacia más cómico ante la gente con la que se juntaba, que estaban en su misma situación económico social que él: Sin oficio, sin estudio, sin trabajo, y aunque estos tuviera un grupo familiar, para el caso en caso de apuro, era lo mismo que para él, o que para mí, pues en vall d’uixó grupos enteros de familiar estaban en la exclusión social más miserable inimaginable y hacían gala de un egoísmo adaptativo de perros.

Sin embargo, su cuerpo, su poca gracia en la expresión ala hora de hablar, lo mal que vestía, le hacían víctima entre las víctimas.

Finalmente se arrancó a decirme lo que le pasó, y por lo que me pedía consejo.

Le he pegado con un bote a una niña en un ojo. ¿ es grave?

¿ Cómo ha pasado?- le pregunté extrañado ya que es un crío muy pacifico, de hecho siempre he pensado que aceptaba bien vivir dentro de su cuerpo raquítico que no crece, el rechazo social que sufre, el ser despreciado por las mujeres e insultado por los hombres, el que hagan un coro en torno a él el chulito de un grupo para ridiculizarlo. Por eso me sorprendió que se rebelara hacia estas situaciones a las que pertenece, como le pertenece al perro más débil de una camada.

Con angustia, sin comprender el acto de rebeldía que había cometido, empezó a contarme lo que ocurrió y por lo que fue llevado a declarar al cuartel de la guardia civil.

Me había invitado a estar con ellos un rato una familia de gitanos con los que me llevó muy bien, cuando llegaron invitados y empezaron con un spray a rociarme la cara para reírse. Esta familia de gitanos es buena gente, pero cuando llega al que me estaba rociando gritando:

ya estoy harto. Métete el bote por los cojones.

Mi intención era lanzarlo contra la pared, pero pasó una chiquilla pequeña de una habitación , y le dio en el ojo.

Ha sido un accidente- comenté yo. ¿ le ha causado mucho daño?

Me respondió confuso:

dice uno de sus familiares que ha estado unos días sin ver, y que tienen que operarle de la cabeza para que vuelva a ver, pero otras personas me han dicho que solo tiene un puntito rojo bajo del ojo. El caso es que me han denunciado, eso si, el padre dice que no va matarme, aunque el otro día recibí una amenaza diciéndome que iba a matarme.

La gente suele cambiar de opinión- le comenté yo, preocupado lógicamente por lo que me contaba, pues le tenía cariño a este pobre muchacho, y conociendo como conozco por experiencia a los jueces de Nules, no me extrañaría que aplicaran el código de hammurabi, o que se ejerciera sobre su pequeño cuerpo una venganza moruna gitana.

Medite brevemente.

La opinión publica es muy importante en estos casos . Si quieres puedo hacer un vídeo explicando lo que te ha pasado. EL argumento es sencillo, tu sales con un parche en el ojo y un diente en la mano, y yo con una piedra y un spray.

ÉL realizó una expresión extraña y volvió a su principal preocupación:

¿ crees que iré a la cárcel?

Yo mire sus ojos llenos de inocencia y su carne de yugo, me santigüe pensando en esas manada de tiburones negros de Nules que le esperaban hambrientos, pero para no desanimarlo y tranquilizarle antes de que me lo mataran, le comenté antes de despedirme sabiendo que era un caso perdido:

No será nada, no te preocupes y confía en tu abogado de oficio. Todo irá bien, estamos en el siglo XXI.

Angelillo de Uixó.

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Divinos Down.

som la vall II
Episodios nacionales de angelillo de Uixó.

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Basado en hechos reales.

 


EL día del mercado María Reyes, la Moderna, en peritos de ayudas sale a realizar gentilezas vestida de princesa. Se mezcla entre  transeúntes ahítos de grandeza, desbocados de miseria, seres irreales alimentados de fantasías clase media,  que desayunan en los bares un último desahucio, y un  fiambre lanzado desde un puente con absoluta indiferencia.  El perro siempre agradecido, junto a sus piernas, acariciado a contrapelo cuando ladra atado a la silla junto al dueño en la terraza.
¿ Qué botón toco?- Mari reyes se pregunta frente a una maquina plateada a juego con  falda y  salpicaduras del rímel bajo los parpados, señalando con el dedo desanillado de divorcio en duda a la hora de decidir que ataque realizar a una maquina que muestra peligrosa tres colores vivos:

rojo, amarillo y azul.

En rapto de desesperación y nerviosismo frente a la máquina pregunta a  policía local de mirada distraída, que como un cangrejo tiene a su lado y a su servicio.
Ladeando un paso al pitido de voz, observando a la cincuentona vestida de quinquillera de 16, interroga sin severidad policía local:
¿ para qué?
Con gesto de sarcasmo y vocecilla estridente  María Reyes hecha un fideo disecado ante la azulada autoridad dialoga socrática y paciente:
– ahora que ha cambiado el gobierno de la nación, imagino yo…. que si los otros no me ayudaron… me ayudaran estos.

Exigente en el timbre de voz:

quiero hablar con el nuevo alcalde.
Alcaldesa- correge el policía local convertido en retor de la real academia de la lengua.
Con gesto de desconocer quien manda, y alzando cómicamente los hombros, María Reyes en gesto de señora y repleta de dignidad  sujetando una carpeta rosa repleta de facturas que quiere explicar, responde catedrática:
Pues alcaldesa, pero a mi… que me ayuden.
Con los dedos ante el policía como abanicos, sembrando guasa en una sonrisita irónica que apóstrofa:
que se note el cambio.

El policía suspirando estira  dedo, toca botón azul que produce el escupitajo de la maquina de  un papel blanco similar a la loto  con  números. Como una lengua sale a modo de burla de la comisura metálica de los labios de la maquina que araña con sus  dedos María  Reyes para agarrar.

El policía se vuelve de espadas contemplativo, semejando un gigante asceta budista que milenario inamovible es al cambio.
Un gato pasa por la puerta de la taberna los cinco ducados haciendo:

miau.

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Dentro de la taberna, lúgubre y oscura, con poco riesgo en el genero: aceitunas flotando en agua sobre garrafas de plástico en el mostrados, entre tres platos de pinchos de tortilla. Golpe de fichas de domino cayendo, aroma a cafetín, y ventiladores que simulan aire acondicionados. asomada a la barra, atenta como una galga en el campo la Clotilde, vestida con un delantal blanco. Feliz después de dos semanas de haber sido adquirida mediante contrato de aprendiz a los 55 años, y un sueldo que da para merendar sardinas en lata en el parque. Pero Clot no se queja, al revés, agradece a su tío Casimiro que ha despedido a la chica que había antes y estaba fija, para que entre ella, que solo cotiza  tres horas de las doce que hace.  Risas de fondo en la taberna por una mosca que ha atrapado pechineta que lleva del ala mesa por mesa, y miradas de los contertulios más sabios al alcalde saliente, cuyo pelo pelirrojo destaca entre los asistentes. Toma su café en medio del pueblo regio,  dando a su figura realengo vencido en las urnas, mientas inspirado por las voces del pueblo Sancho escribe en su diario su ensayo de venganza:

vándalos.

divinos down

Maritrini entra, tras el mostrador le sonríe  un rostro de piruleta roja pegada a ella con dos ojos muy redondos, casi inexpresivos en las escuadras de la dulce faz. Clotilde saluda a Maritrini que lleva un  gesto contraído de “estrella que se ha caído en el jardín”
Pide un café y platicar con Clotilde  confidencial. Sonriente le sirve su café desprendiendo su cuerpo  olor a frutas por el baño de agua de cerezas que se vierte en garrafón comprado del mercadona cada mañana sobre su cuerpo de 90 kilos en algo menos de metro sesenta de altura.
Maritrini  hermosa y ordinaria, jamelga de 20 años de buen ver y catar, va perseguida de la mirada de todos los farandules que se levantan como liebres peludas  en celo para ponerle una cerveza a su lado, ofreciéndole caballerosos. Mientras esta los espanta con  mirada, y los batuecos vuelven a sus juegos derrotados.
Clo- le dice- me han dicho que hablaste mal de mi ante el juez en el juicio.
Clotilde cambiando el gesto de amistosos a desconcierto niega con la cabeza tres veces como Pablo y como Kafka:
!Pero eso es absurdo! (cloquea) ¿ Por qué iba yo a hablar mal de ti?
Maritrini sorbe un poco de café sujetando con sus gráciles manos la taza donde parece haberle caído un bello lunar de su rostro de porcelana en el caldo despertino. No aparta sus hermosos ojos verdes de viva mirada víbora, casi agitanada, con evidente muestra de nerviosismo.
Ay hija, te cuento lo que me han dicho, que has hablado de mi mal ante el juez. Yo, cuando me lo han dicho he venido corriendo a saber- deja caer la taza mientra Clo le da vueltas a la cabeza.Se queja amargamente:
Mira que la gente es mala, es absurdo- sigue barruntando la Clo pensado sobre el mundo. (Imagina  en el lío en que le han metido) Está ajena a varios brazos como sotas de bastos levantados que  le piden más cerveza, y  estoicos distraídos como ella, miran caninos la disputa que se escucha entretenidos.
La taberna está en silencio, testigo de muchas situaciones similares.
Ya hablando para todos, sin disimulos educados, a medio gritar la clo, elevando al techo sus ojos tristes, queja y   brazos semejantes a monigote de michelín,  en ademán exculpatorio:
Pero es absurdo, ¿por qué yo iba a hablar mal de ti?
Maritrini también elevada la voz con la cabeza ida, y saca la verdad aumentando la pena hasta drama:
De mi , de la Josefa, y la Monica…. de todas del grupito, has hablado mal al juez ,y contado cosas que decimos aquí.
Resignada apaga sus brazos derrotada que deposita junto su abdomen agarrándose las manos unidas entre si , de modo a como lo hace un histérico o un trastornado obsesivo compulsivo, con lógico temor de ser señalada la clo por siempre de por siempre, eterna  cantarina hasta la muerte en el pueblo de la vall d’Uixó.
Un  tono consagrado a la piedad, y gesto indescriptible de desconcierto, miedo y rabia,  faltando un porqué explicativo sociológico, más que la maldad intrínseca natural de las gentes de vall d’uixó en que pueda sustentarse las oraciones dubitativas.
Pero Maritrini ¿como yo voy a hablar mal de vosotras? En ese caso, piensa chica. ¿ No os habría llamado el juez?  no ves que es absurdo Maritrini, que yo te juro que no tengo nada contra ti ¿ qué me has hecho tú más que bien de venir aquí a consumir?
Maritrini piensa en esa excusa y se desconcierta.
La clo sigue quiquireando:
Es absurdo, absurdo.

saca de golpe varias cervezas pedidas hace un rato dejando que piense Maritrini, y vuelve frente a ella quedando las dos mujeres atraídas como un imán.

( pensado la una en la otra)
Raúl, farandul de baja estopa jubilado, bigote de morsa, autoproclamado don Juan de bar, que seduce  a los sesenta años mostrando a jovencitas  paquete de cocaína. varias veces ha tenido suerte, y ha tocado a  jovencitas de dieciséis apetecibles al paladar y la mano. Coloca  el Raúl el quinto de cerveza  contemplando sin pudor de chulo seductor  las piernas cruzadas en el taburete, desnudas casi hasta la ingle de Maritrini en trance de atar cabos, tragando saliva , mientras la pieza de trofeo y de lujuria es observada públicamente desde los corridos de las mesas del fondo.
Maritrini con sentimiento de humillada  insultada y ofendida, sigue sintiendo esa mancha a su buen nombre.
la clo desconcertada no sabe que decir, más teme las consecuencias a su buen nombre y ser señalada por la calle.
Llevando la melancolía en la voz y el haber sido participe en  juicio, con solemnidad traída de quien ha estado ante las autoridades, hace auto de su inocencia dejando dictado alto y claro ante todos los parroquianos convertidos en sus testigos de los hechos desde ese momento, que desean saber que ha pasado.

La intriga se rompe, y cada cual trata de pensar en éstas palabras sacadas de la acusada cuyo fallo empezaran a dictar cada cual en su mesa, y habrá lógica disparidad de opiniones y sentencias.
Yo solo fui a declarar como testigo por el juicio de la chica que trabajaba aquí, que denuncio a mi tío Casimiro,  por despido improcedente. ¿ Por qué iba a hablar mal de los clientes que vienen aquí? Sería absurdo.
Se hace un silencio en la taberna  solemne, que cae como una sombra misteriosa y de Fe sobre los rostros oliváceos, con tonalidad  casi de reptil como el lagarto del petrel que devora varias moscardas.
Maritrini nerviosa paga el café, temblorosa da el cambio con tristeza Clotilde.

Se despiden sospechando.
La puerta se abre y entra la luz en la taberna.

Angelillo de Uixó.

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