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Walden, el tragaluz de España 2.000

 


El siguiente escrito nace de vivir en una caseta en una montaña en Vall d´Uixó rodeado de gente errante y perseguida que un día pararon en este lugar y decidieron como yo levantar su hogar. Sin embargo, he notado que su conciencia es diferente a la mía, por eso tengo la necesidad de manifestarlo públicamente y para que otros ciudadanos lo conozcan.
Walden, no solo hace referencia a la vida de Henry David Thoreau, que publico una obra con similar título, cuando construyo su propia caseta a orillas de la laguna Walden en Condor Massachuetts para ganarse la vida del trabajo únicamente de sus manos. Yo hago lo mismo en una cercana charca que brota bajo un puente donde la gente se suicida , por la que la he bautizado como la Charca de Walden Angelillo, donde hundo pozales para regar mi huerta cuando no está el forense vestido de hombre rana.
Mucha gente conmovida ante mi esfuerzo, que nace de mis profunda convenciones morales, me pregunta desde lo alto del puente si no tengo miedo a que me roben las verduras que cultivo.
Yo les respondo que me da igual todo.
Sin embargo, aunque todo esto que estoy narrando parece ideal, no lo es. Mi conciencia flota estancada como las aguas de la charca Walden, y el contacto con la gente que me rodea, de la que trato de ponerme en cuarentena ante su brutalidad y malicia, me impide daros consejos más valiosos que esta observación poética como naturalista de la charca Walden y las casetas de San Antonio mientras voy cantando con unos pozales de agua a mi huerta.
II.

Agua le dieron a un hoyo bajo los arcos de un puente donde la gente saltaba para quitarse del medio.
Y al caer el golpe sonaba como un cántaro que se rompe unido al canto de las ranas.
Pero antes de este sueño eterno al que se llegaba de un salto por este agujero, había una historia y una conciencia de un ser humano decidido a no dejar de ser humano.
Si su vida se la llevo el viento para alimentar al barro y al gusano, no faltaron horas de deber y obediencia entre sombras puerta con puerta borrachos de pena, tristeza y envidias formando una tierra turbia cargada de una mala conciencia incapaz de reformarse entre gente que camina y no piensa a donde va.
Extirpe errante pobre, envilecida y chandala que un día en un lugar se paran y levantan casetuchas al grito:
Esta tierra es mía.
Para mantenerla se doblegan al poder como bestias amaestradas llenas de resentimiento y astucia criminal. Esta gente llegan a un sitio como bárbaros asnos y hasta que no mueren a golpes de coces todo lo envilecen.

III. Los ahorcangelos de Uixó.
Habla el ahorcangelo colgado de una soga.

Dentro de mi me mezo,
en silencio,
ante todo el universo.
Rodeado de regueros de agua,
que borbotean  entre las rocas,
puras y transparentes tras las lluvias,
que se mezclan vivas en el Belcaire.
Con los pies en el aire.
Con los brazos en los costados.
Con las moscas a mi alrededor volando,
embriagadas de pegajosa vida.
Venzo con mi renuncia a la espada victoriosa.
Antonia Valls,
concejala socialista,
Pasea por el bosque sonriendo a la vida,
entregada a la palabra, al paisaje,
condenando el silencio.
ultrajada por el alcalde de vall d´uixó en el pleno,
tras formular varias preguntas,
y contestarle el alcalde con silencio,
cómo si hablara con un muerto.
De muertos vall d´uixó está repleto.
Acaba de aparecer otro,
de 27 años con una soga al cuello.
No importa,
porqué no grita.
Se le aparta con una tijera de la rama,
y se le mete en una funda.
La muerte es una parodia de la vida.
Una contestación en un pleno.
Una herida amplia que nos conviene.
Para conocer otro universo.

IV. La caseta.

Caía la tarde sobre el enjambre disperso entre las pordioseras casetas de vall d”Uixó donde el numen que habitaba éstas construcciones de treinta años: ligeras, ilegales, estivales, torpes, que rozaban el chabolismo y el ridículo tratando de imitar una arquitectura perdida de piedra seca en el monte y los chalets de los ricos en las grutas de San José. Con sus puertas de hojalata de saldo falsamente acogedoras. Puertas como estas gentes, de las que el valenciano siempre decía que uno no se podía fiar de pasar, aunque estuvieran abiertas mirando al mar. El mar  surgía en el horizonte como una plancha plana y brillante tras un laberinto de senderos serpenteantes de hormigón que destellaban entre los verdes naranjos. Al alcor del ocaso, entre los últimos cantos de las chicharras salían los hombres de estas casetas descamisados a las terrazas dando voces frenéticas, histéricas, animalescas, para revolotear en la terraza como moscas buscando como animales perezosos plegados a la voluntad de ese terreno pedregoso, inmóvil, duro, arisco, llamado a la quietud; un lugar donde seguir descansando una vez el sol se retiraba . A la misma hora llegaban de las pequeñas cuevas y oquedades que rodeaban el secano los murciélagos, cada vez más escasos. Aleteaban dispersos entre si, alrededor de las casetas en un vuelo muy bajo y vivaracho, danzando por el aire como borrachos ahítos de sangre entre los ultimo rayos del sol que se ocultaban tras las grutas de San José, dejando un lienzo dorado sobre un paisaje apagado de campos desnudos. Terrenos valdios, sepulcrales, carentes de vitalidad, secos. Donde el monumental algarrobo languidecía junto la aromática higuera que a esas horas exhalaba toda su fragancia, casi sexual , con sus frutos sin recoger fermentando. Al igual que los de los almendros, en cuyas ramas colgaba su precioso y duro fruto olvidado, carente de interés y de valor.  Se pudría como la uva en estos tiempos modernos de desprecio al monte y a la dignidad ser humano.Todo se perdía con la muerte del plebeyo campesino. Ahora convertido en paria que doblegaba su frente. Si ayer lo hiciera en esos duros secanos donde podía desplegar su vitalidad de animal humano concienzudo en la conquista el territorio. Hoy, presa  inculta y sin autoestima ante las asistentas sociales, o las autoridades municipales, buscaba alguna paga, que  la mayor de las veces no llegaba, quedando relegado a la caridad cristiana de cáritas, la cruz roja, o la familia. Convertido por su falta de oficio en  habladuría en terrazas de casetas y terrazas de bares, donde el mal fainer, el gos, el perro, el sin estudios. Como tal , humilde y vivaracho traspasaba la puerta de algún bar de los muchos y abundantes, como el vicio escampado por un pueblo de hasta ayer gente trabajadora, buscando alguna caricia que le llegaba como a los perros,  en forma de comentario que le golpeaba:
¿por qué tío Seba  se toma  usted un café en vez de comprar con el dinero una barra pan?
En las casetas de termino de vall d’uixó, sentados en humildes sillas con el rostro de halcones persiguiendo con la mirada la calle, bajo alguna cochambrosa y raída bandera de España, señal  para que no durara nadie que pasara de la ganadería a la que pertenecían el amo de la caseta. La televisión de fondo, levantados al ver pasar los coches de sus vecinos, que lo hacían inquietos continuamente. Con un frecuencia nerviosa, recorriendo el polvoriento camino de ida y vuelta de las casetas dispersas en el monte entre un kilómetro la más cercana al ayuntamiento, y hasta  cuatro kilómetros de distancias la más alejadas. En menos de una hora habitualmente el coche que bajaba volvía a subir, para una vez llegar volver a bajar en menos de 15 minutos de reposo inquieto, parando ante un saludo  en las  terrazas orientadas siempre al  camino. Orientadas para dotorear,  que en las casetas era la ciencia difusa de observar el comportamiento humano desde una ventana o terraza. Y volver, tras saludar, a seguir el coche camino  frente el mar. Mar quieto desde vall d”uixó, como una plancha de acero vaporosa, brillante. Mar silencioso, misterioso, profundo y calmado a esa distancia. Desde la terraza se realizaba el escrutinio dotoreador al conductor si era de bando afín, cargando con algún saludo histérico  a base de chillidos de reconocimiento, y de pitidos por parte del coche, que informaba que volvía al toro o al bar en busca de alguien.
El coche se alejaba sin que tardara en volver. Las primeras sombras de la noche en las casetas de San Gerundio de vall d’uixó  dejaban un pose de aceituna iluminado por la luna en los rostros morenos de sus  habitantes bajo el aleteo de los murciélagos mientras las innumerables filas de hormigas , última legión trabajadora del secano, se retiraban a los hormigueros a descansar.
varios perros eran vistos con espanto por el valenciano casi todos los monótonos atardeceres. El valenciano era un forastero venido a mucho menos que había estrellado su vida en vall d”Uixó por sus criticas. Tiraba por las tardes de dos bolsas del supermercado, cargado de arroz y latas de sardinas, subiendo la larga cuesta de San Gerundio, donde tenía su sede en lo alto del risco el santo en una ermita caseta. Andaba el valenciano como apestado, como un animal infectado de rabia. Siempre solo, sordo al comentario y ajeno a las miradas de desprecio de sus vecinos que atesoraban con gran gozo su ruina. Pasando sin saludarle por su lado y haciendo con el coche como que le atropellaban. El valenciano miraba casi todas las tardes  unos perros espantando a un grupo de ratas. Siempre acaba  mordiéndose los mismos animales entre si en una disputa eterna por unos despojos de una bolsa de basura que el clan de los chalados habían lanzado entre la chatarra almacenada para vender.
La  caseta de los chalados estaba  formada por unos corrales para personas que servían de granja humana, vivienda y  almacenes de chatarra. Los chalados era familia que vivía amorcillada, y era peculiar en cuanto su hablar castellano marginal, y su gusto por el escombro que trabajan con asombro. Estaban  integrados perfectamente a la cultura del lugar que exigía mucho poco a cualquiera. Los chalados vivían bajo unas torres de media tensión, de esas que suelen propagar el saludable cáncer, que como solía decir el valenciano elimina el montante  de población sobrante, incluido ricos. El cáncer es justo en España hasta ahora,  hay tratamientos igualitarios para ricos y pobres. Sin embargo a los chalados no les afectaba la radiación como al resto de seres humanos. Lo que creo la leyenda de que a los parias ni la alta tensión los mata. A tal extremos llegó esta creencia en los bares  de vall d’uixó, que un ingeniero de hiberdrola miembro del partido popular del pueblo, y el médico de cabecera de los chalados que era burgués socialista, hicieron apuestas un día de Julio del  año 2014, subiendo la tensión a niveles de ultra radiación para ver si sobrevivían. Con orgullo y risas el médico ganó la apuesta dos meses después, sin síntomas, a los chalados que se les podía ver animando todas las fiestas de toros de vall d’uixó a castellón. La apuesta consistió en una donación a cáritas de mil euros para pagar la luz a los pobres. así se trataba la pobreza y la exclusión en vall d’Uixó, con desinterés endémico y tratando a los pobres como basura resistente. Los bebes gitanos y rumanos eran también famosos  en bares y terrazas por su estómagos gloriosos , una mina de la resistencia vital al  ser alimentados con comida caducada y que no les pasará nada.
Estos forasteros, los chalados, revestidos de un aura de inmortales eran gentes llegadas de Portugal, y sabe Dios como dieron con el sendero de  vall d’Uixó  El valenciano solía explicar como habían llegado diciendo que DIos  juntaba a los iguales, y repelía a los diferentes. Los chalados  eran valientes, estaban dispuestos a conquistar el territorio a base de amenazas, empujones, y exhibición de mugre que desolaba al adversario.  Iban los conquistadores siempre vestidos con chándal raído cosido  con la bandera de España que utilizaban como socorrida costura que espanta. Al atardecer entre música de camaron de la isla y palmas se les podía ver salir de la terraza a varios niños escurridos jugando de rojo y amarillo entre los secos escombros infectados de excrementos de los perros. Patos, gallinas, pavos, incluso cabras hacían una coral dentro de los corrales, al igual que el canto de los pajarillos protegidos: ruiseñores, petirrojos, cagarneras… cazados en parany. Construcciones populares de vall d ‘uixó donde se entra de rodillas, y se ve un techo que huele monte hecho de paja fresca. Dentro  se oculta de cazador donde con una red tras poner alpiste,  como si fueran peces atrapa a los desconcertado pajarillos que aletean desesperados y aturdidos.
No hay caseta en toda castellón sin su bohemio. En San Gerundio  asomaba  el triste y melancólico  rostro hebreo de la casa del bohemio  apodado el  quebrado. Le gustaba el vino y el polvo blanco, soñador cincuentón con barbas blancas que recordaban sus buenos tiempos de músico durante la época de la movida. Tiempos que se echaron a perder con el asentamiento pop y la tristeza musical que siguió a la transición española. Ahora enloquecido, abandonado de su familia, vivía roto consigo mismo y con todos, buscado en sus incansables horas de soledad reparar el mal, limpiar su culpa en medio de ese secano que durante 12 hora al día bañaba la pared sur de su casa con ese   implacable sol que amarilleaba los campos secos. Lanzaba pestes contra sus vecinos. Las mujeres temían que algún día  San Gerundio le escuchara y llegará la peste bucólica a la montaña. Pero en general  entre los hombres que eran su antítesis especialmente los chalados, reinaba hacia él una gran  indiferencia.   Del quebrado  decía la leyenda que le habían echado en los bares,   que siempre había vivido solo  pensando en la música de la bohemia. En vall d’Uixó solo se recordaba un verdadero episodio bohemio. Y este había puesto el listón tan alto que ni el quebrado decían que podría superarlo. Aquel sensible pintor que tras hacerse marica se colgó de un algarrobo vestido de novia.
Algo más arriba del bohemio, se encontraba la caseta que ocupaba el valenciano.  Famoso por sus piernas, delgadas, no muy altas, pero vitales. Siempre caminando con sus miserables  bolsas de la compra: tres euros le cundían más que a nadie, y se quejaba. Teresa, una pelirroja muy guapa de  texas que paseaba el perro en ocasiones por San Gerundio, solía decirle cuando protestaba que era afortunado por poder vivir con tres euros al día y tener todo el tiempo libre. Ella se pasaba el día buscando empleo y gastaba 10 euros. Del valenciano eran famosas más que sus piernas   sus  quejas, que escribía  en blog con entradas de no saber donde estar. Su caseta, cuyas ventanas miraban al mar, tenía  forma de una enorme caja de zapatos, como el resto de casetas. Su tejado plano de baldosas rojas solo era roto en su  monotonía arquitectónica por la chimenea.  Tenía entre unos perros por compañía y por testigos de su drama, en un estado deplorables, fieles caminante en  su condenada. Decía el quebrado al verle pasar:

En la penitencia llevas la condena. fardacho, sin vergüenza, busca trabajo puerco.
El valenciano era el vecino más odiado del lugar, con fama  de vago. Tal fama de vago tenía que al final se lo creyó e imitaba a la perfección a sus vecinos. Nadie le dirigía la palabra, excepto dos inquilinas de más arriba, cercanas a las ideas progresistas en ocasiones, liberales en otras, cosa del relativismo de los tiempos. Pero que al ser  ante todo hembras sentían en las entrañas esa especie de fuego de la compasión por las criaturas que viven solas ante la dureza de ese lugar yermo, seco, sin recursos, donde la gente está condenada a la pobreza nada más nacer, rodeados  de un ambiente de charanga y pandereta en medio de un secano que provocaba tristeza y melancolía al contemplarlo. Por eso nadie contemplaba de cerca de forma concienzuda  las montañas de valld”uixó.
El valenciano salia salir de su caseta vestido como un chico de los recados de la revolución. Se creía su papel, como el bohemio y los chalados el suyo. Vestido con harapos de general se había otorgado el titulo de conde de las fuerzas revolucionarias de la vall d’uixó. Cosa que lejos de dar risa a quien los escuchara y lo viera con una casaca militar descolorida, y una gorra de teniente llamándose conde las fuerzas de liberación le daría risa. Sin embargo la gente del pueblo le creía. Y les daba rabia y que pensar a los sencillos habitantes de vall d”uxó que decían a su marcial paso al son de la flauta:
Se lo tiene muy creído.
andaba el conde siempre lleno de manchas. Su ropa permitía notar que bajo esa mugre había un cuerpo  atlético insensible a la pobreza que había sobrevivido   a los números ayunos, las dietas estrictas, así como varias plagas de gusanos en los intestinos contagiadas por los perros. así como los castigos eméritos que le proporcionaba el ayuntamiento desde el 2011 como premio  tras perder su trabajo temporal en una fabrica en el 2008 y andar por allí pidiendo cosas que querían desmantelar las autoridades cacicales para hacer espacio en vall d’Uixó, donde según palabras del alcalde no se podía respirar en vall d’Uixó  por el tufo de tanto pobre.
Espacio, espacio quiero, corredor sanitario ya en el mediterráneo – solía gritar.
vall d’uixó según el valenciano era un pueblo donde todo estaba preparado para perdurar eternamente, o que ocurriera alguna fatalidad. Las dos cosas las creían sus habitantes ciertas, sin reparar en la contradicción. En cualquier terraza de caseta o bar se podía escuchar a la misma persona decir que esto iba a ser siempre así , como al instante seguido que todo iba a estallar. Pues  conforme la crisis aumentaba lo hacia la sensación tanto de eternidad como de cambio que flotaban en el ambiente seco, hostil, desigual , pobre. Donde las chicharras cantaban, la desnutrición aumentaba,  los suicidios habían entrado a formar parte de las conversaciones en las terrazas junto los divorcios. Las trincheras de la guerra civil  envolvían lúgubres toda vall d’Uixó y transmitía  la cercana idea  de que se necesitaba muy poco para que la mecha de la revolución estallara en un pueblo anarquizado y lleno de odio de los unos por los otros, fomentado con la tolerancia de la desigualdad. cualquiera con una cerilla en el momento adecuado podría hacer explotar todo el sistema moral de la zona, que sobrevivía como un nido de águilas apuntalado  en las terrazas de las casetas y los bares, donde nervioso se mostraba  el pueblo simple de Uixó, que pegaba pataditas sobre las baldosas, medio chillando antes la noticias que se sucedían  sobre los escándalos de corrupción, y las detenciones de gente que protestaba contra el gobierno. Los nervios aumentaban con  la propagando del alcalde de vall d’uixó que le decía a sus vecinos dominados por el miedo en los bares y las terrazas de las casetas, que gente revolucionaria irían al mando de una tropa de socialistas y de la ugt casa por casa, y les pegarían un tiro en la nuca a la gente de bien que tenía fortuna delante de sus hijos en los días de peñas.
Los vecinos de las casetas del valenciano lo miraban mal porque estaban convencidos al ser del  otro bando, el  que no tenía nada más que resentimiento, de que si estallaba la revolución mandaría fusilarlos. Incluso se rumoreaba que lo haría de forma socarrona, vestido de Pancho Villa tocando la flauta montado en un asno mientras las balas penetraban sus cuerpos junto la blanca tapia del  convento de vall d’Uixó  nuevamente en llamas y con las monjas ardiendo después de haber sido violadas por los socialista de vall d’uixó y el comité de milicianos  de la UGT.
Había que hacer un milagro para que esto no pasara. Por eso los vecinos de vall d’uixó  apoyaban en las terrazas comentarios de  las detenciones preventivas de la guardia civil a los que no fueran a los toros ni a la procesión, así como mandar a la cárcel sin juicio a la gente por parte de los jueces de nules. Se escucha desde las terrazas    mano dura y que se imitara a Franco.
Franco flotaban en las terrazas de las casetas  de vall d’uixó, tanto como en las cervecerías .
Los viejos búnkers pulverizados casi indistinguibles de los ribazos, hechos una ruina, y cubiertos en ocasiones por escombros de las casetas recordaban al caudillo como el único garante de la tolerancia en un territorio sin recursos. Solo un tirano fascista podía repartir de forma equitativa entre los suyos y exterminar de forma juicios a los otros. La ventaja estaba de parte unos salvajes bautizados en territorio dividido entre buenos y malos.
En las casetas, todas las tardes con la televisión de antena tres de fondo ametrallando  a alguien, se recordaba a el hombre que trajo la paz, tal como hoy lo hacían los jueces demócratas. Eso tranquilizaba a la gente de las terrazas de las casetas y bares cuando escuchan hablar del cambio de sociedad. Reclinados en las terrazas de casetas y bares, mecidos como la paja cuando el viento  mueve la espiga, observaban con miedo a los que se les oponían. Fingían desde cualquier terraza indiferencia, juzgaban con desprecio animal y temerosos al adversario, temiendo que pudieran cambiar ese territorio que ya estaba bien así.
¿No tenía ellos una paga? ¿ no había entrado su nieto a los caminos a trabajar para el ayuntamiento? ¿ No había toros todos los días?
! Qué había gente sin comer o perseguida por jueces!
En las terrazas de san Gerundio entre risas predicaban como el alcalde bajo unas nubes plomizas producidas por el incansable calor que golpeaba como en una fragua vall d’Uixó, que Dios traía el hambre y la persecución para hacer espacio. había que limpiar las calles.
Angelillo de Uixó.

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sujetos subordinados, el deber de la desobediencia civil.

índice

t514
Al salir a la calle Colombino y Crispín vieron a través de los amplios ventanales rosáceos de los juzgados de nules la silueta recortada y negra de los funcionarios de la magistratura archivando papeles, yendo de un lado para otro con dossieres, atareados llamando por teléfono, cumpliendo ordenes y servicios diligentemente. En la puerta dos guardia civiles a modo de estatuas armadas custodiaban la institución. Todo ocurría del modo más natural y cotidiano al que estamos acostumbrados a ver, y cualquier súbdito del reino de España con conciencia institucionalizada hubiera estado encantado al comprobar que la maquina del estado estaba perfectamente engrasada por aquellas personas con corbata que iban y venían por los juzgados, y que dejarse gobernar por instituciones cómo los juzgados de nules creadas por un grupo de hombres en algún momento de la historia, era lo más indicado para su interés personal.
Colombino y Crispín llevaban la denuncia en la mano que habían formulado a una asistenta social que cumpliendo ordenes del ayuntamiento de vall d´Uixó les coaccionaba a realizar trabajos sociales para el estado por su condición pobres.

denunciada

Es una suerte que no nos hayan metido en la cárcel por ser pobres el juez- comento Colombino a Crispín reflexionado sobre el hecho de haber acudido a los tribunales de nules y haber salido libres. Cosa que no todo el mundo podía decir.
¿ Por qué dices eso?- le preguntó Crispín extrañado ya que se encontraba satisfecho de haber acudido a las instituciones y creía que el juez les daría la razón de que trabajar en servidumbre para el ayuntamiento sin contrato, por un suelo de hambre era una coacción. Colombino sabia que el juez se pondría de parte de la asistenta social y les mandaría ir a picar piedra. No quiso decírselo a Crispín, pues la denuncia tenía cómo fin educar a su amigo a que comprendiera el camino de la desobediencia civil. Colombino buscaba dentro de si una resolución negativa, y que el juez no le diera la razón para escribirlo en un libro ejemplar sobre la desobediencia. Es decir basado en su experiencia, pues Colombino era hombre de acción y no de letras y escribía solo sobre sus experiencias. Soñaba que se vendieran muchos ejemplares y revelaran al resto de la humanidad que el estado es el enemigo, para eso había urdido todo un plan que pasaba por llevar las denuncias a la prensa y que no la publicara, a los partidos políticos cómo el partido socialista e izquierda unida de vall d”uixó y no les hiciera caso. Inspección de trabajo debía para que su plan funcionara dar la razón al ayuntamiento. Al final, la conclusión a la que se debía llegar es que la desobediencia civil era el único camino cuando las instituciones estaban pobladas por gente egoísta cuya conciencia dormitaba en apoyar a un gobierno en el que no crían, pero lo obedecían porque les proporcionaban un sueldo cómodo al final de mes. No era ningún secreto que el gobierno de España gobernaba contra el sentido del bien general, incluso en la última fase en la que se encontraba antes de las elecciones, desafiaba ya el sentido común, habiendo entrado por razones que Colombino ni siquiera llegaba a comprender en un estado paranoico y criminal que alienaba a toda la sociedad.
Los escándalos de corrupción, los ultrajes a los derechos humanos, el ataque a las libertades eran constantes. El país parecía que fuera saltar por los aires, y sin embargo, pese a que dentro de cada ciudadano les daba asco y repugnancia esta situación donde España a ojos del resto de naciones había quedado postergado a un estado de ridículo y desfachatez que observaban desde fuera entre la incredulidad y risa. No obstante, la mayoría de ciudadanos estaba dispuesta a seguir en este estado de animalismo, de competencia por la existencia en el naufragio quitando de un empujón para salvarse a quien encontraran flotando en medio del naufragio sobre un madero.

Colombino le respondió a Crispín:
Lo digo por qué no tengo ninguna confianza en que el juez se interese por este asunto mi querido Crispín. Ni tengo ninguna confianza en la inspección de trabajo a la que fuimos la semana pasada, al igual que tampoco tuve confianza cuando acudí victima del desempleo a hablar con la asistenta social. Imagina Crispín, si una trabajadora social cuyo trabajo supuestamente consiste en ayudar a la gente te coacciona…! qué puedes esperar del resto de poderes del estado! Toda persona que se introduce en una institución se destroza moralmente. Es lo que ha pasado en los partido políticos, en los sindicatos, en la policía, en los colegios…
Las pagas que dan los servicios sociales a los desempleados no es por ayudar a estos, si no por su mala conciencia. Es un deber que tienen, una especie de costumbre, cómo cuando preñas a una mujer y para deshacerte del problema le das dinero todos los meses, no porqué te importe esa mujer,  ni su crio o cría, si no por ser lo que todos hacen en casos así.
Crispín sujetando su denuncia con las manos, mirándola con extrañeza preguntó a Colombino:
¿ Y para que hemos venido? Estamos pues haciendo el imbécil.
Colombino:
Debemos constatar la estupidez Crispín, dejar que entre la conciencia en las instituciones y que la aplaste el estado para contarlo. Les acabamos de exponer un problema ético a nuestras autoridades, ahora iremos a los partidos políticos con nuestra denuncia y a los sindicatos. veremos cómo lo resuelven, si desde el punto de vista de la conciencia, de la justicia, del amor al bien común a sus semejantes, o desde un punto de vista animal, electoralista, interesado, egoísta.
Lo vamos a pasar de puta madre Crispín, ya veras.
Crispín miró la denuncia con pesadumbre y empezó a reflexionar por si solo sobre lo que significaba la desobediencia civil mientras colombino se descojonaba.
Angelillo de Uixó. continuara.

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Colmillo lácteo frente las instituciones.

agradecer la ayuda de  SOS sagunto,  ayer sin que sepa si es de modo propio, o por parte de la protectora,  una voluntaria de esta  protectora se pasó por casa  dió 40 kilos de pienso.

agradecer la ayuda de SOS sagunto, ayer sin que sepa si es de modo propio, o por parte de la protectora, una voluntaria de esta protectora se pasó por casa dió 40 kilos de pienso.

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La entrega a la alegría, a los juegos, a la contemplación entusiasta de la naturaleza de colmillo lácteo y la camada de la que formaban parte junto al resto de sus siete hermanos por los rocosos bancales de valld”uixó, donde en plena primavera efervescente de plantas con sus puntas espigadas y flores blancas y amarillas naciendo aromáticas  hasta de debajo de las rocas,  se debía a la ingenuidad en la inseguridad de la conciencia del hombre con el que vivían. Felix,  entregado a la derrota de si mismo al alejarse de su amor hacia ellos pensando en un ataque de desesperación que llevarlos a alguna institución sería lo más adecuado para resolver el problema de que hacer con la camada, nacida de una perra abandonada que cuidaba de forma altruista.
Varias personas le habían preguntado al respecto que iba a hacer con los cachorros.
En las conversaciones siempre le mencionaba las instituciones: protectoras, perreras.

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Le aconsejaban sus vecinos que fuera a la perrera, o a la comisaria de policía y que llamara al timbre tras dejar  los cachorros en la puerta envueltos en un manita con unas monedas y un cartel explicando:
Me los he encontrado y no sabia donde llevarlos.  Confió en que ustedes les presten auxilio debido.Atentamente, un vecino que prefiere pasar desapercibido de vall d”uixó

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Sela era una joven idealista que detestaba el trabajo que realizaba de comercial para una gran empresa capitalista, y en sus ratos libres se volcaba a la protección de los animales en una protectora de una localidad vecina.
Estaba acostumbrada a ver a gente desconcertada sobre que camino adoptar con los animales con los que convivían, y que por los innumerables circunstancia presentadas en la vida  terminaban teniendo una camada con los consiguientes problemas de que hacer con ellos.
sucedía de diferentes maneras, que a unos los mataban al nacer, algunos eran abandonados en la carretera cuando hartos de poner carteles nadie los adoptaba. En ocasiones los llevaban a perreras después de haberlos tenido algunas semanas en casa  confiando en que otros hombres, formados y técnicos, especializados en estos asuntos, se preocuparan por ellos.
Las perras madres,  que todo lo veían, pero en su condición de servidumbre  no tenían voz, veían la transformación de sus propietarios, la gente con la que convivían, que pasaban del amor hacia ellas, a ser los verdugos de sus cachorros, o delegar el acto de verdugos al azar en las carreteras o en las perreras.
Sela se encontró a colmillo lácteo junto al hombre con el que convivía, Felix, que le habló con la voz ahogada, y le relato inseguro de si mismo que no sabía que hacer con ellos.

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No quiero llevarlos a una perreta-  comentó Felix mencionando el camino más duro y corto para salir del apuro- el imaginarlos dentro de una jaula llorando día y noche, esperando que le pongan una inyección, me perseguirá  en la conciencia cómo  si condenará  en un juicio a alguien inocente de mi familia, y de otra parte no puedo tener 11 perros en casa. Mi situación económica es un desastre, si bien es cierto que necesito para mi muy poco dinero para vivir, pero todos en conjunto necesitamos más de lo que pueda llegar a tener.
Félix no esperaba que Sela que lo escuchaba cómo había hecho con otras muchas personas le contestará diciendo que ella tampoco creía en las instituciones humanas creadas para la protección de los animales, y que llevarlo a la perrera era lo último de que debía hacer, qué intentaría darle su apoyo en la difusión para la adopción a personas con intereses comunes en el aprecio a la naturaleza y las personas. Sela viendo la pobreza en la que vivía Félix bajo con su coche y subió un par de sacos de 20 kilos de pienso.
Colmillo lácteo cunado regreso Sela jugo entre las piernas de la hermosa joven para llamar su atención. Olía  la el idealismo y la libertad espiritual de la joven.

ella lo cogió y lo deposito junto a su pecho, le dió un ligero beso en la cabeza y lo bajó al suelo con delicadeza donde se enroscó junto a sus hermanos formando una bella estampa idílica de igualdad y fraternidad.
El hombre que vivía con colmillo lácteo seguía teniendo que resolver que hacer con esas vidas que le reclamaban su consideración, con las que tenía un compromiso. Se sintió feliz de encontrarse con Sela, y volvió a pensar cómo pensaba antes de que la desesperación le hiciera pensar cómo los demás: que lo mejor era llevarlo a una protectora.

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Angelillo de Uixó.

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Sujetos subordinados.

denuncia penal por amenazas por parte de servicios sociales vall d´uixó.

denuncia penal por amenazas por parte de servicios sociales vall d´uixó.

reparto.
Crispín en el papel de Juan Luis Monleón. sujeto subordinado.
Colombino en el papel de Angelillo de Uixó. sujeto subordinado.
Asistenta social: en el papel de subordinadora.
Alcalde de Uixó, Concejal de servicios sociales, subordinadores en la sombra.
Guardia civiles, funcionarios judiciales en el papel de completo de verbo.

denuncia en inspección de trabajo por la colaboraciones sociales de servicios sociales valld´uixó.

denuncia en inspección de trabajo por las colaboraciones sociales de servicios sociales valld´uixó.

Dos presos en el papel del complemento directo.
Ante sala de los juzgados de Nules, dentro del detector de metales Colombino vestido con una chupa de cuero adornada con  clavos, botas militares con acero en la punta, una cadena con eslabones de acero es paseado por el detector de rayos x para saber si portar armas. El detector de metales no le deja pasar avisando que algo de metal anda mal. no para de aullar. dos guardias civiles revisan que todo este en orden. Crispín, enfermo de hambre, sin dinero, en la indigencia que se observa en su rostro demacrado, con la cuenca de los ojos deprimida, observa el ambiente de los juzgados de Nules algo nervioso. Colombino,  se ha girado y percatado dentro del detector de metales. Examina la fisonomia de Crispín. Tiene miedo de que se eche atrás. sabe que Crispín es valiente, que ha sufrido y se ha comprometido a luchar por la verdad. Pero Colombino dentro de su alma es un ateo, y sabe que puede que no tengan fuerzas para llegar a la verdad, depende de mucha más gentes, los socialistas de vall uixo, Compromis por la vall, Izquierda unidad, la prensa….
Hemos dicho basta Crispín- comenta Colombino con las manos en el aire mientras es cacheado.
Hemos dicho basta- repite Crispín con los brazos colgando.

tímido  le toca pasar por el detector a Crispín
Colombino se vuelve a colocar la chaqueta de cuero. avanza entre la gente que espera ser juzgada, testificar o denunciar.
En el mostrador indican al funcionario que van a denunciar un delito de amenazas y coacciones por parte de una asistenta social.
El funcionario les mira frío, algo extrañado de a quien van a denunciar, pero el automatismo indicativo le ordena decir que suban al primer piso.
Colombino y Crispín suben despacio las escaleras que conducen a la sala de primera instancia.
Hablan entre si a modo de ensayo dialéctico:

Colombino a Crispín, (ahora es él el arrepentido)
No quisiera tener que denunciar a una asistenta social que solo cumple con su deber. No es la verdad que busco.
Crispín acompañado por la secuela visible del hambre, la insensibilidad en muchas partes de su cuerpo que se duermen por falta de mielina, enfermedad nerviosa causada por la falta de la vitamina B-12 en su alimentación deficiente, y el recuerdo sangrante de las amenazas que se han cumplido de la asistenta social, recrimina la función de la asistenta social ante Colombino:
Su trabajo era ayudar, no coaccionar a que realizáramos colaboraciones sociales por un salario que no alcanza el sustento de cuatro días, 80 euros para pasar el mes, y a cambio trabajar sin contrato para el ayuntamiento, y si te niegas que quitan la ayuda. LLevo meses enfermo,  y aún así sabiéndolo me han negado toda ayuda. Incluso los miseros 80 euros mensuales.  ahora Colombino, tú que siempre has dicho que había que decir basta ¿te arrepientes?
Colombino negando:
No, no es eso, tienes razón Crispín. EL deber no justifica la injusticia, ni la indiferencia al prójimo, la obediencia debida tiene limites, pero creo que va a pagar quien no debe pagar.
Crispín enojado:

También yo pago por otros, y tú pagas por otros.  Ella pagará por otros. Así se haga en nombre del mundo al revés.
Colombino, sufriendo, mira desconcertado la ratonera que son los juzgados de nules. Se para en el rellano de las escaleras que cambian de dirección para subir hacia la derecha. Hay una gran cristalera por la que entra la luz. Se ve un patio interior repleto de macetas tras los cristales a tres metros de profundidad.
No se Crispín si podremos llegar a la verdad. Toda la represión que hemos sufrido. EL silencio, el silencio en que se mueve la actual represión para mi  lo peor. Tienen planeado el silencio nuestro verdugos. Cuentan con el cómo arma de guerra. España es una tumba para los oprimidos. ¿ Te acuerdas Crispín cuando te desmayaste en la calle y te llevaron al hospital desnutrido?
Crispín, bajando los ojos contesta con un monosílabo:
Si.
denuncie la noticia, la lleve a la prensa, a los partidos políticos de la oposición. Nadie quiso hacer nada, nadie se preocupó por comprobar si en el año 2014 la gente está muriendo de hambre habiendo pedido una ayuda a los servicios sociales.

Colombino  le pregunta a Crispín:

¿ alguien fue a tu casa cuando saliste del hospital?
Crispín responde mirando a través de la cristalera de los juzgados.
No.
Colombino, mira fijamente a Crispín  su rostro de perfil iluminado  por una luz blanca, casi artificial que baja por el deslunado de la azotea.
Pues entregue la noticia en todas partes.

( Suspirando agotado colombino añade a modo de puntilla)
Nadie quiso saber nada. ¿ Sabes por qué?
Crispín, angustiado.
No.
Colombino mirando a dos hombres negros esposado que pasan por su lado escoltados por la guardia civil, acentuando una sonrisa irónica:
No es rentable electoralmente ni mediáticamente. Mucha gente se está muriendo de hambre, está siendo detenida por sus opiniones políticas, represaliada por su condición de pobreza, pero nadie quiere verlo, prefieren creer que viven en una democracia y en un gran país civilizado y que los malos son los Venezolanos.  Para lo único que ha servido que yo dijera al ayuntamiento de vall d´Uixó que te ingresaron por desnutrición es  para que te quiten lo poco que te daban, 8o euros al mes.

Crispín.(  con determinación)
que sea lo que tenga que ser.
Colombino:
A eso hemos venido, pero deber saber Crispín que cuando denunciemos vendrán, más aún si cabe, a por nosotros.
Crispín, con su aire enfermo, pálido amarillento de  fuertes anemias:
Mejor, más razón tendremos. ¿ Y que pueden hacernos ya Colombino? Tú has renunciado a los 120 euros que te daban al negarte a hacer colaboraciones sociales.
Colombino herido en el recuerdo de sus sentimientos:
En una mesa sin tareas asignadas en la puerta de la biblioteca de vall d´uixó con un cartel del pecho escrito: colaborador social, para que todo el mundo se ría de mi al verme humillado, subordinado a una renta miserable que no cubre ni el alimento de una semana. Hijos de puta. No se cómo nadie ha hecho una locura.
Subamos Crispín y si hemos de morir que sea cómo hombres.
Alguien tiene que empezar a decir basta, basta.
ambos suben las escaleras hasta llegar al mostrado.
Angelillo de Uixó. Continuará.

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Confucio-Jesús.

Angelillo superstar.

la vida de brian

I. A la salida de juzgado ante el Gran Juez de Paz que les despide diciendo que no puede hacer nada por ellos al denunciar que sufren amenazas, intentos de agresión e insultos, pues es su destino.

Magno poeta mirando las calles llenas de rostros de hombres llenos de loco furor.

¿ De dónde vendrá esta costumbre nuestra de peregrinar siempre sin dinero, pobres, humillados, golpeados y al borde de ser crucificados?

El mesías Juan Karlos.

Dice Caifás que de estar separados de la sociedad , y de la cordura, pero yo creo que nuestro problema es que estamos demasiado metidos en ella, e intentamos cambiarla haciendo no que los de abajo suban arriba, si no que los de arriba bajen abajo, y eso les jode tanto a los pobres cómo a ricos porque no comprenden lo que les decimos de dar al césar lo que es del césar, y seguir igual de jodidos hasta pasar a la posteridad.

Magno poeta.

¿ qué putada no entender que no hay solución verdad?

Juan Karlos.

Es cómo para volverse locos.

Magno poeta.

¿ Vamos al psiquiátrico?

EL mesías Juan Karlos mirando la magno poeta.

Vamos.

II. EN el psiquiátrico.

desnutridos

El portero.

Buenos días caballeros ¿ cuantos son?

Angelillo de Uixó:

Dos.

El portero con ironía:

¿ Seguro?

Riendo:

Venga adelante. Siéntense en el césped y esperen a que salga un doctor.

Sale el doctor llevando de la correa a un hombre que ladra a su alrededor y huele a los dos nuevos pacientes que le acarician.

Juan Karlos.

Que hermoso perro.

¿ Cómo se llama doctor?

El psiquiatra:

Napoleón.

El magno poeta:

¿ sabe dar la patita?

El psiquiatra:

Y hasta hablar cuando quiere.

Dirigiéndose al perro:

Paco, habla con estos señores.

El perro, hablando:

Buenos días.

El psiquiatra volviendo a Juan Karlos y Angelillo de Uixó.

¿ Y ustedes quienes son?

Angelillo.

Confucio.

Juan Karlos:

Jesucristo.

El psiquiatra anota los nombres y con una gran sonrisa les da la bienvenida conduciéndolos a las instalaciones de fóbicos.

Bienvenidos señor Confucio y Jesucristo. Aquí estarán a gusto con Zaratrusta, Buda, Nietzche, Mahoma, Camilo Sexto, la Pantoja….

Al entrar el psiquiatra les deja explorar su nuevo entorno, y observan con gran gozo a un judío dando vueltas en circulo por la sala y lanzando en arameo versos de la cábala.

Dos homosexuales subidos a una mesa y con un cucurucho cada uno en la boca hacen cómo que tocan las trompetas de Jericó.

Un anciano desdentado habla con su sombra:

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Se salto la tapa de la olla, y empezó a esparcirse la carne y unos gusanos gigantes comenzaron a comerse los huesos, y luego se tiraron a mi cara unas lombrices que salían por todas partes de unos huevos que eclosionaban en la mesa.

Ahhhhhhhhh

Confucio a Cristo.

¿ Por qué hemos tardado tanto en venir aquí?

Jesús susurrando a Confucio:

Por sumisión a una sociedad injusta que enjaulaba nuestra conciencia y nos hacía ser judas.

Hemos vivido en las tinieblas mucho tiempo.

Confucio.

Es hora de despertar.

Una mujer joven con las muñecas de las manos vendadas se acerca al mesías y se quita la bata blanca quedando todo su hermosos sexo al descubierto

Se tira a los pies del mesías y se los besa, deseando sentir que es sacrificada su vida a los deseos de un desconocido.

EL mesías:

Levántate mujer.

Ella llorando, desconcertada, humillada suplica:

Soy una ramera.

EL resto de locos coreando:

Es una ramera, es una ramera.

Ella les grita con los ojos llenos de lágrimas:

No soy una ramera.

El resto de locos coreando:

Ella no es ya una ramera.

Entonces se levanta y le pega un bofetón al mesías. Se viste la bata riendo y le da un beso en la mejilla.

Entra un residente con aspecto de moro del patio pegando un portazo y cayendo al suelo.

Es perseguido y azotado por una docena de residentes.

Clama por su crucifixión.

Crucifixión, crucifixión, crucifixión.

Se arrodilla a los pies de Confucio, al que mira intentando reconocerlo.

¿ quién eres le pregunta?

Confucio- responde Confucio.

Y halando a las masas, con voz severa y blandiendo una silla sobre sus cabezas así les dice:

Confucio protege a este hombre, hasta que sepa si debe morir o vivir. O vosotros, matadores, primeros os pregunto:

¿ Por qué queréis crucificar a este hombre?

Las masas reveladas:

Se nos ha encomendado el sacrificio de este hombre a través de su palabra para poder salvarnos. No deseamos matarlo, bueno si, pero para salvarnos. Eso es lo que dice y creemos que es cierto.

EL mesías Juan Carlos entristecido:

! Qué decepción ! hasta aquí llega el egoísmo y la barbarie de las masas.

Confucio alegre y esperanzado:

Pero también hay gente que se quiere sacrificar por el bien.

EL mesías apócrifo:

Crucifixión, crucifixión.

Confucio al falso mesías:

No lo hagas hermano, si te matan el mundo seguirá igual. Los pobres no se salvaran, en el mundo hay gente que te necesita. Se necesita gente que luche por ellos.

El falso mesías recibiendo una patada de un hombre vestido de Napoleón en un momento de descuido.

Confucio que lanza la silla al emperador.

El mesías apócrifo:

Será la revolución mi eliminación.

Esta fuerza bruta de las masas, no creo que tengan malas intenciones al querer matarme, si no que no comprenden.

Tu misión Confucio es apelar por mi vida y divulgar mi mensaje.

Confucio, convencido:

En verdad te digo que tu eres mi mesías superstar.

¿ Cual es tu nombre?

EL falso mesías:

Buda.

EL mesías Juan Karlos maravillado con el nuevo mesías.

Eres mejor que yo. Te seguiré hermano Buda. Ya no necesito más pruebas ni seguir siendo Jesús.

Confucio:

Ni yo Confucio. Ahora soy otro.

Angelillo de Uixó.


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¿ Eres tú mi Rey? Angelillo superstar.

3,4

Coro I.

Juan Carlos está en un hospital entre los cojos que no quieren andar, los ciegos que no quieren ver, los sordos que no quieren escuchar, los mudos que no quieren hablar.

El tribunal de la inquisición del hambre juzga su conducta.

Fiscal, concejal de bienestar, banquero y auxiliar de contabilidad portando una escudilla con sémola de trigo.

¿ Dices ser Tú el rey de estos desgraciados?

¿y que vienes a salvarlos?

Juan Carlos.

Lo dices tú.

yo solo soy un hombre más que siente dolor y amor a partes iguales.

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Fiscal, concejal de bienestar, banquero, y auxiliar de contabilidad con la escudilla con sémola de trigo que ofrece al mesías poniéndose una medalla al altruismo tras su desgravación de la factura.

Extraño en verdad es tu poder, oh rey de los pobres, pues apenas puedas caminar y te debemos alimentar para que no te mueras. . Nunca hemos visto alguien tan débil que pretenda tanto. No eres capaz de meterte esta cuchara de sémola en la boca

¿ Y quieres hacer una revolución ?

De verdad que no te entendemos.

Por eso pensamos que estás loco.

Juan Carlos.

En verdad os digo a vosotros que el cojo podrá caminar, el sordo podrá escuchar, el ciego podrá ver, y el mudo podrá cantar al mundo, y recitar versos que unan a la gente a través de los sentimientos para coordinar al que pueda remar, y llevarán está nave a buen puerto.

Este es el poder de los débiles, realmente el que mueve al mundo.

Fiscal, concejal de bienestar, banquero y auxiliar de contabilidad dejando en la bandeja la sémola de trigo.

Forman un coro furioso dando vueltas a su alrededor cómo hienas.

Estás loco Juan Carlos.

Estás loco Juan Carlos.

Estás loco Juan Carlos.

Cómo, cómo, ¿cómo quieres que tus semejantes perdonen tus errores cometidos?

Aquí tenemos el curriculum de tu vida.

No terminaste sus estudios,

abandonaste la carpintería donde trabajabas,

fuiste músico ambulante.

luego alfarero.

Más tarde desempleado de larga duración.

Hay varias además varias rupturas sentimentales.

Dime, de verdad.( risas en el coro)

¿crees que alguien así debe ser nuestro rey?

Juan Carlos.

Vosotros decís que soy un rey.

Yo no lo digo.

Solo soy un hombre sobre este mundo que habla de dignidad aunque lo tengan que alimentar.

Bien lo veis.

pero os digo, aquí maniatado, en vuestras manos de las que pendo.

Mi pasado y mis errores me sirven para ir hacia atrás,

y coger impulso para saltar hacia arriba.

No importa cuando caminas,

O si lo haces riendo o llorando.

Hay versos y canciones para todos esos momentos.

Yo no reniego del dolor,

ni de la fragilidad,

solo de aquellos que son demasiado duros.

La gente inclemente de corazón.

Los fuertes,

Los poderosos

la gente inflexible.

no sobrevivirán a la revolución que ha de llegar.

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Seguir a los grandes mariscales.

Caminar detrás de los grandes reyes.

Cantar a la gloria y a la rapiña de la guerra

Conlleva tarde o temprano desaparecer en el camino.

¿ A cuantos grandes a lo largo de la historia tras incendiar campos y pueblos,

una vez derrotados tras las grandes tormentas, no les hemos visto ante los tribunales pedir perdón balbuceando para salvar el pellejo, y decir que ellos no sabían nada.

Yo os digo Grandes hombres, Poderosos, que sois mucho más débiles que cualquiera de estos ciegos, sordos, mudos.

Coro de ciegos, sordos, mudos.

poder

Bailando alrededor del mesías.

¿ Puedes hacer que vea Juan Carlos?

¿ Puedes hacer que oiga Juan Carlos?

Con el lenguaje de los signos

¿ Puedes hacer que hable Juan Carlos?

Juan Carlos.

De todas vuestras taras os podréis liberar si sois libres.

Yo he venido a ayudaros a liberaros.

Si creéis en la justicia social.

veréis, oiréis, hablareis.

Antiestrofa I.

el rey

El magno poeta hace huelga de hambre frente al ayuntamiento de vall d¨uixó, lee los objetivo del milenio de Juan Carlos.

Mantener conductas erradas.

Ser detenidos y juzgados por la gran corte penal de escualos.

Morir de hambre por la justicia social.

Aguantar la miseria y la dignidad antes que el expolio laboral de las colaboraciones sociales.

Dejarse sacrificar por la venganza de los poderosos.

Bajar a los infiernos de los servicios sociales.

Mantener el alma pura.

Comprender el sacrificio de Juan Carlos, y de todos aquellos que se sacrificaron por los demás.

Pasarse al Islam.

Afiliarse al partido comunista.

Observar las leyes del nihilismo.

Nueva canción del concejal de los servicios sociales.

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¿ quien es ese Juan Carlos, cuya vida está en mis manos para decirme a mi ,que debo ir a buen puerto?

Desafía la buena vida que le damos.

¿acaso 90 euros al mes y unas horas de trabajo no es bueno para estos desdichados?

Aún se quejan de que los hemos abandonado.

Pues que escuchen este canto que es una resta:

90, 80, 70.

Sigo cantando y restando, y ellos rezando y suplicando basta Concejal.

60,50, 40.

Esto es lo que os daré.

40 euros al mes,

y que se encomienden al espíritu de Juan Carlos.

Jaaaaaaaaaa

jaaaaaaaaaaa

Jaaaaaaaaaaa.

Angelillo de Uixó.


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