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Bajaba desperezándose Raquel a las siete y media de la mañana por las empinadas  calles del Roser repletas de callejones curvos con santos y vírgenes con flores adornando las fachadas de las viejas casas de aires morunos. Ni una sola alma se cruzaba  con ella cuando abría los hierros galvanizados de la puerta de la panadería. Ésta, se abría como se cierra un abanico, mientras vall d’Uixó, una población convertida en perezosa todavía dormitaba.
La claridad azulada y luminosa del mediterráneo, iba poco a poco conforme el sol ascendía levantado las primeras  persianas de las fincas  proletarias de la avenida suroeste. Un barrio alzado con prisas en los años 60 en una zona dedicada al desarrollo urbanístico para acoger a trabajadores miserables y desesperados llegados de la pobre meseta castellana y andaluza a trabajar como mano de obra no cualificada en la fábrica de zapatos Segarra.
Silvestre,  el propietario de esa panadería, y así como de dos más, aparecía a esa hora puntual montado en su furgoneta, aparcando e introduciendo el género cargado con basquets repletos de pan y pastas entre sus rechonchos, cortos y fuertes brazos. Tras dejar la mercancía apilada a Raquel junto a unas estanterías de madera, y darle unos escuetos buenos días;  como hombre con prisas que debe vigilar los negocios y confía en sus trabajadores,  se iba para no volver hasta las siete y media de la noche, al cierre. Entonces recogía el dinero sin contarlo, el género que hubiera sobrado,  y sobre todo, preguntaba a Raquel que necesitaría para el día siguiente.
Ella le hacía los encargos de pan y pastas según calculaba que iba a necesitar. Siempre acertaba evitando perdidas.
Raquel, con treinta y cuatro años de edad, y catorce trabajando en esa panadería con abnegación inusitada en el pobre y descorazonador ambiente laboral de vall d”Uixó, no necesitaba recibir  ninguna orden de Silvestre, el propietario. Llegaron con los años  a creer los clientes que quien mandaba en la panadería era ella.
Raquel era el alma de la panadería. SU fortaleza ante el trabajo, más similar a la de los animales, sin importarle las horas que tuviera que hacer. Su responsabilidad y tenacidad  a la hora de trabajar, y un trato cálido  ante los clientes, donde siempre los atendía con amabilidad , aunque fueran gente que no perteneciera al ambiente tradicional y de parroquia de vall d’Uixó, que iba poco a poco difuminándose, sobre todo entre la gente joven y desencantada con ese tipo de sociedad miserable y atrasada que señalaba al diferente y quería perpetuarse  a costa del empobrecimiento general a que llevaba su fanatismo tradicional.  Raquel representaba un anacronismo, un papel del que no era consciente  y al  cual  mucha gente de vall  Uixó  se aferraba con uñas y dientes. Este ejemplo de sociedad entre moruna y patriarcal    había descolocado la localidad en un mundo globalizado. El resultado no se hizo esperar: consiguiendo el récord nacional al  pueblo más castigado de toda España por la crisis económica. En siete años, del 2008 al 2015, transformó su laboriosa sociedad, en una sociedad dependiente de pensiones, viciosa, cruel,  holgazana, y temerosa de los bancos y la justicia que no paraban de acosar a las familias. Muchos compararon por esto  a vall d’úixó con Andalucía . Tanto por el numero de andaluces llegado a trabajar a vall d”Uixó hacia más de cincuenta años, y que ahora sus hijos y nietos estaban en situación  de paro y desintegrados de la cultura local; como por los males endémicos de esa región de España cuyo nombre suena  casi a maldición de hambre y miseria. Como la que estaba viviendo la actual vall d”uixó: la Andalucía de Castellón.

Desde el 2008 el número de desempleados en vall d”uixó llegó a extremos jamás vividos. Las protecciones  sociales cayeron  a niveles  de tercer mundo , corriendo cómo la pólvora la noticia de la desnutrición severa de varias persona del pueblo.
EL pueblo sufría, pero lo hacía como un animal manso. Los andaluces sabían de eso mucho, y la gente del lugar, acostumbrada a la miseria del trabajo del curtido de la piel para hacer zapatos. Por eso soportaron todo aquello sin rebelarse. Ellos, incluso los andaluces pertenecían a un pueblo con una conciencia  de  ser tratados como el cuero. Los tiempos eran duros, y había que aguantar.
La panadería de la avenida suroeste como negocio aguanto bien. La gente seguía acudiendo a tomar su café, incluso más que antes. Los precios no suponían ningún esfuerzo demasiado extraordinario. Raquel, esa chica joven, siempre con una sonrisa en los labios y de piel pálida por no  recibir el sol en todo el día, entregada a su trabajo. Al igual que su pareja que trabajaba la tierra. Ambos dispuestos a sacar adelante la hipoteca que habían firmado con un banco para pagar una hermosa viviendo en el Roser. Raquel tranquilizaba  con su presencia a todo el mundo. A alguien tradicional, como había sido la gente antes” trabajadora y humilde” le iba bien. Sin embargo,  a su alrededor, tanto clientes como hasta Raquel, contemplaban con ojos de incredulidad , los de gente sencilla ajena a la política y que creían en un sistema capitalista y bancario, como  amigos y vecinos acaban desahuciados de sus casas. A tal extremo de tensión individual se llegó, que incluso hubo una oleada de suicidios en vall d”uixó, conmocionando al pueblo.  Empezando entonces a formarse asociaciones contra los desahucios. Asociaciones muy mal organizadas, al no haber un tejido asociacionista en el pueblo que respiraba unos aires morunos de solemnidad ante Dios y las procesiones, y de indiferencia en cuanto a las reivindicaciones sociales.

-¿Os podéis creer que han despedido a Raquel ?- Teresa con el café en la mesa le comentó estupefacta a su vecina Virtudes  mirando de reojo  a la nueva muchacha que le servía, lolita. Ésta era una chica de veinticuatro años, muy hermosa, de talle fino, con aires modernos.  Cursaba la carrera de filología inglesa. Había entrado a trabajar por Raquel con un contrato de aprendizaje por la mitad de sueldo que ésta. Solo deseba estar unos meses antes de irse a Escocia. La reforma laboral acaba de entrar por la puerta de la panadería, e incluso Raquel no se salvaba de Rajoy.
Para esas gentes sencillas, votantes del PP,  eso era demasiado.
Salvador no era un empresario que gozara,  como no lo hace ningún empresario en Vall d’Uixó, de mala fama.
Pero en ese momento la tuvo. Él,  por edad podía ser el padre de Raquel , y a un padre se le debe exigir un  comportamiento como tal, al igual que a un empresario. EN vall d uixó el modelo de empresario es el paternalista. EL empresario es alguien que ayuda a sus trabajadores,  sus trabajadores a cambio no se rebelan.
Sin embargo, durante la crisis,  en esa sociedad moruna en cuanto a la calma, y fascista en cuanto al modelopaternalista , se estaba llevando por delante esos conceptos se seguridad donde descansa  el orden moral de esta población.
Teresa, Virtudes, Paca, Sandra y otras mujeres que fueron entrando a lo largo de la mañana , pagaron su café, su pan y sus pastas  escandalizadas cuando preguntaron  a la chica nueva con preocupación familiar si Raquel estaba enferma al no verla como era habitual en catorce años.
Ella les respondió con timidez de novata, y sin saber que iba a pasar los días venideros en un país donde despedir trabajadores es deporte nacional ,cuando les respondió:
Ahora estaré yo. Raquel ha cesado de trabajar aquí.

 

En los siguientes días al despido de Raquel, la nueva empleada, Lolita, abría la panadería con el mismo estrépito de persianas de metal rompiendo como una saeta el silencio de la madrugada de la avenida suroeste igual que lo hiciera Raquel. Silvestre aparecía a la misma hora con su furgoneta sacando la cabeza redonda entre los basquets de pan abrazados con sus rechonchos brazos cortos dejando apiladas las mercancías junto las estanterías.
EL silencio reinaba entre ellos, era un silencio de dos desconocidos en medio de una situación extraña.
Tras dejar el pan, pensativo salía Silvestre entre los primeros rayos del amanecer que iluminaba las cumbres de las montañas secas de Vall d ‘uixó abandonadas al trabajo, repletas las laderas de troncos de algarrobos moribundos entre los ribazos donde se amontonaba todo tipo de matorrales en bancales sedientos, convertidos en una escombrera entre las que rumiaba de perfil de algunas de las casetuchas por construir o por derribar de San Antonio, y sobre este chabolismo caótico: la humilde ermita  de san Antonio con su techo inclinado como la cabeza d eun buey manso, su fachada blanca rematada con una cruz de metal torcida, casi anticristiana,  y bajo ella, su pequeña campana. Silvestre invadido por el frescor optimista de la mañana tranquila y despejada al meterse de nuevo en la furgoneta para proseguir el reparto. Creía que todo pasaría rápido, que la gente olvidaría lo de Raquel y todo volvería a la normalidad.
Lolita se colocaba tras el mostrador con su delantal perfectamente blanco esperando con ilusión la entrada de clientes. Pero no se producía, dejándole una sensación de culpa.
Cada dos o tres horas atendía a algún cliente extraviado de otros barrios que pedía una empanadilla, o algo similar. Miraba algo confuso y turbado las sillas vacías sin atreverse por educación a preguntar.

Lolita miraba por la ventana de la panadería con la mirada extraviada viendo pasar a gente del barrio paseando al perro. Gente que antes entraba, y ahora se quedaban merodeando observando quien entraba y quien salia.
No había ningún tipo de amenazas para el cliente de toda la vida que entraba a comprar el pan. Pero sus vecinos, que estaban en la calle paseando  el perro, o  hablando en los portales de las grandes finca de siete plantas de altura de la avenida suroeste, la más alta de vall d’Uixó, miraban al traidor que salia de la panadería de tal manera, que cuando se metía en el portal con el pan, sentía haber cometido una traición hacia la pobre Raquel. Ésta , después del despido se había encerrado en casa como un animal herido y durante días apaenas salía, como si cumpliera un dolo muy intenso.
Silvestre recogía todos los días por las tardes los basquet de pan casi llenos. Ahora miraba la recaudación de la caja. Era escasa, misera, apenas cubría los gastos del sueldo de la nueva empleada. Y eso que era miserable el sueldo que le pagaba a Lolita.
Lo veía claro, se habían puesto de acuerdo para arruinarle el negocio los vecinos. Silvestre era vall d’uixó, y sabía cómo era el pueblo cuando le ponen la cruz a alguien. ¿ pero a él?  a uno de los suyos.
¿Qué mal había hecho él? ¿ Por qué esas gentes humildes, que siempre apoyaban al empresario, conspiraban para hacerle daño ?
Él , Silvestre, solo era un pobre empresario sin fortuna en el mundo empresarial. Uno de esos empresarios que está obligado a trabajar, a levantarse cada mañana a las cuatro de la madrugada y no volver a casa hasta el anochecer. así día a día,  para sacar adelante tres panaderías. Fue la cámara de comercio de castellón la culpable de todo ( pensaba con rabia de hombre engañado por las instituciones,) junto con el ayuntamiento de vall d’Uixó. En unas jornadas de emprendimiento a las que le invitaron a acudir junto otros empresarios de vall d”uixó. Allí le convencieron que tenía a su disposición un amplio abanico de posibilidades de despido y recontratación de nuevos empleados por la mitad de sueldo. Le ofrecieron ventajas increíbles. Aquello era un chollo: discapacitados mentales, tullidos, enanos, delincuentes que acaban de salir de la cárcel y no cobraban por trabajar a cambio de reintegrarse en la sociedad.
Finalmente Silvestre después de pensar en lo que se iba ahorrar si despedía a Raquel, y teniendo miedo siendo una persona conservadora, al igual que su clientela, de lo que pudiera pasar,  o lo que pudieran decir de él  si metía una partida de mongólicos en la panadería ,  opto  por una modalidad  más moderada y tradicional, menos innovadora: universitarios sin beca y con necesidades económicas. Así apareció  Lolita que estaba inscrita en la bolsa de la universidad como demandante de empleo en la categoría de Auxilio. La cámara de comercio tenía un acuerdo con la facultad donde Lolita estudiaba filología inglesa. Al acabar la reunión los empresarios de vall d”uixó fueron captando sus nuevos talentos para sus empresas.
¿ Cómo decírselo a Raquel? fue lo que pensó Silvestre inspirado por las nuevas ideas que acaba de conocer , pensando ya sin dudas en despedir a Raquel . Estuvo dándole vueltas como decírselo. Raquel era una trabajadora ejemplar, pero de la vieja escuela Europea: cara. Seguro que si le decía después de catorce años que debía trabajar por la mitad de sueldo, se negaría. Conocía su carácter, cuando Raquel se negaba, era como la gente humilde del pueblo que cree tener razón, no da  su brazo a torcer ni a palos. Durante toda esa noche Silvestre dio vueltas agitado  en la cama. Su mujer maruja, una señora  cincuentona, apática,  que cualquier gesto fuera de lo normal de su marido o sus hijos se desencajaba. Le preguntó varias veces sobresaltada:
silvestre ¿qué te pasa? Estás muy raro desde que has venido de la cámara de comercio.
Recollons, que me ha de pasar dona, los negocios han cambiado ¿ comprens? No podemos seguir así, hay que deshacerse de Raquel. Ya ha dado bastante leche.
Maruja asustada por  estas palabras se fue a rezar el rosario.

 

A las 10 de la mañana del día siguiente aparecieron para sorpresa de Raquel unos técnicos dedicados a la instalación de cámaras de vigilancia. Tenían la misión de instalar una cámara de filmación con grabadora para vigilar y escuchar a Raquel. Ésta llamó sobresalta de inmediato a Silvestre extrañada.
“Silvestre, hay unos técnicos de seguridad en la tienda que dicen que usted ha mandado que instalen unas cámaras de vigilancia detrás del mostrador”
-Si, es por tu seguridad Raquel- le contestó secó Silvestre, y colgó.

Durante varias semanas los gestos feos, las malas miradas, la cámara a la espalda de  Raquel siguiéndola,  fueron enturbiando la relación entre jefe y empleada. Raquel,  de voluntad firme y pensado sobre todo en su hipoteca,  y en la gente del barrio que acudía a la panadería y la apreciaban, tuvo fuerza moral para continuar. bajando con paciencia infinita todas las mañanas por las calles morunas del Roser entre vírgenes y santos hasta abrir sobresaltada por la presencia de Silvestre que le causaba estrés, la puerta de metal.
La clientela notaba algo de lo que pasaba.
Teresa, que siempre ocupaba la mesa a la izquierda de la puerta junto a un grupito de jubiladas, que a la misma hora acudían y tomaban  día tras día, años tras año lo mismo, café con pastas. Teresa, que   ejercía de lideresa al tener más virtudes que ninguna, siempre con gesto amable hacia Silvestre por ser  hombre,  y esto de por si era para cualquiera de ellas era una categoría de respeto.  Un día de los que solía frecuentar la panadería Silvestre ( cosa que después de la instalación de la cámara empezó a ser habitual) le preguntó sin tapujos   al comprobar que las cosas habían cambiado en la relación entre Raquel  y SIlvestre, y empezaba a comentarse entre las mesas, siempre pendiente de los cambios,  sobre todo si eran cambios no deseados que agriaban la pacifica convivencia en un lugar convulso y lleno de miseria laboral , con situaciones  para la gente humilde de ésta tierra que les era difícil de comprender: los inmigrantes, los discapacitados trabajando, causantes de las increíbles cifras de desempleo.
Silvestre ¿ por qué ha puesto la cámara?- le preguntó con rostro lleno de inocencia ingenua en el que no cabe  malicia, pues ésta gente sencilla no suele enjuiciar nunca las relacioens de empresario trabajador.
Silvestres le respondió sonriendo:
Por seguridad.
Ahh ¿ veis ? con ingenuidad animal  Teresa se volvió a  sus compañeras que dejaron por zanjada la discusión.
Ningún comentario de este tipo se volvió a dar hasta el día del despido. Según silvestre, producido por falta de interés en el trabajo por parte de Raquel. La cámara y sus visitas lo demostraban. Él lo había visto. Raquel ya no era la de  antes, ahora era un ser desconfiado ante el amo que quería que la panadería se arruinará para cobrar el despido de catorce años. Aquello no podía seguir así. Silvestre no se despertaba a las cuatro de la mañana y volvía a las nueve para que le arruinaran sus trabajadores.
Este motivo del cese se conoció no por Silvestre,  que evitaba tras el despido aparecer , más que lo imprescindible. Por evitar alguna pregunta molesta o mala cara de algún vecino. Así  dejaba el pan a lolita y volvía  por la noche. Fue cuando vieron días después de su despido a Raquel volviendo a su casa con  pan del mercadona bajo el brazo hablando sola,  llena de rabia  y con rostro de agraviada.  Como el de alguien herido no solo en su amor propio, sino en la confianza hacia el mundo,  y que quiere su lógica justicia cuando tiene toda la razón del mundo y se la deniega.
La noticia de lo que le hicieron a Raquel voló por el barrio, y lo hizo como una agravio, no contra Raquel,  sino contra todo ellos, ya cansados de no tener justicia, y por contra, padecer sus golpes y excesos, siendo tratados  por su condición social como mercancía barata por los empresarios, ayuntamientos, cámaras de comercio, policías, jueces  y otros proxenetas. Acabando los humildes, los miserables, por la codicia de esa casta vaga institucional   desamparados y sufriendo toda suerte de desgracias siendo personas trabajadoras. Raquel se recluyó en su casa, como si le hubieran despedido de la vida ante la imposibilidad de tener justicia.
No hubo ningún manifiesto de boicot al despacho de pan, nadie prohibía el paso a nadie al despacho de pan. Sin embargo, entre estas gentes divididas, acostumbradas a no ponerse de acuerdo, esto fue lo que ocurrió. Durante meses y meses nadie entraba en la panadería. Abría cada día Lolita, triste en cuanto a su futuro laboral, con la idea de irse de vall d’uixó, como la mayoría de gente joven. Silvestre  veía  como todos sus esfuerzo de años estaban siendo arruinados. Era la justicia del pueblo de vall uixó. Un pueblo de gente desunida, recelosa y envidiosa. Acostumbrada a coser espardeñas, a cortar piel,  a vivir en un ambiente que olía a carne muerta, y a procesión de domingo. seres subordinados y conservadores, gente tradicional, antihuelgas, que apoyaban al empresario, sobre todo  al pequeño, muchas veces el peor.
Pero la justicia no acabo allí.
Sino que la justicia, la que atenta contra los trabajadores, la que representan esos hombres vestidos de negro siempre cargados con papeles que buscan el mal de la gente honrada y trabajadora, también actuó. Y cosa muy extraña, casi increíble: dicto a favor de Raquel que denunció en un tribunal los hechos.
A Silvestre desde que perdió el juicio  interpuesto por su antigua  empelada Raquel unos labios arrugados se le quedaron  permanentes  en su semblante sin separarse de él en todo el día. Especialmente al acudir  a primera hora a la panadería en su furgoneta temblando por las pérdidas de la venta como por  los costes del juicio y las indemnizaciones que se veía obligado a pagar. Cruzaba  de este a oeste el pueblo. Las primeras luces procedentes del mar  salpicaban  el cielo  con todo tipo de colores vivos y alegres  iluminando  desde fértil y desaprovechada  vega cercana al mar  que se estrellaba seis kilómetros tierra adentro en vall d´uixó. Puerta de la sierra de Espadán,  donde la agricultura  nunca tuvo ningún tipo de consideración más que en la época de los moriscos, cuya cultura había  sido cubierta con piel de cerdo para hacer calzado. Esa fisonomía es la que se veía desde las cumbres de vall d´uixó, una enorme piel de cerdo silenciando la cultura  morisca que había debajo, y que en cualquier obra, remodelación de viviendas o en el comportamiento del numen del lugar: surgía. La fábrica segarra había dado un ritmo frenético y lumpemproletario a la vall d´ Uixó de tranquilas acequias moriscas que repartieran el escaso, pero regular caudal , de los barrancos   repletos de hortalizas en bancales. Esa cultura de la calma quedaba  representada  en cada esquina de los barrios viejos, atrapados entre un  cinturón de avenidas para los trabajadores del curtido que los envolvía como una serpiente, estrangulando su calma milenaria  entre gritos y palmas flamencas de gente de bares. Canalla asomada a las puertas  buscando peleas o mirando con descaro a las mujeres que les temían como al demonio.

Silvestre al llegar a la panadería  veía a Lolita arrepentido. Era una buena adquisición, con carita de porcelana, una larga melena morena,  cuerpo muy bien dotado, educada y atenta a los clientes. Clientes  tradicionales que tenían en cuenta que no la habían visto pese a ser del pueblo, de fallera llevando flores  y cantando a la Virgen. Tenía cierto aire de ateísmo, y en su mirada de ojos verdes y resueltos saltaba una chispa de pragmatismo anglosajón que chirriaba junto la imagen de San Bartolo que tenía a su espalda. Lolita tenía futuro fuera de esa panadería, fuera de vall d´Uixó. Eso es lo que pensaba Silvestre al dejar el pan con el ceño fruncido por el desorden del mundo. Lolita se sentía arrepentida de trabajar allí. La poca clientela que entraba era gente de paso que compraba una empanadilla,  o antiguos clientes. Generalmente  mujeres con la sangre avinagrada que querían husmear, hacerla sentir culpable de usurpar ese puesto de trabajo de otra mucho más honrada que ella.  Se hubiera ido a la menor ocasión, pero en todo el pueblo no había un solo  empleo desde hacía cuatro años. El empleo era un cadáver en la piel una vez la fábrica Segarra cerró. El Ayuntamiento, junto la cámara de comercio,  hacían campañas para incentivar el comercio. Ese era su  plan ante una situación catastrófica de miseria , hambre  y un pánico aterrador de los vecinos ante las amenazas de la exclusión social. También  fomentaba el emprendimiento el ayuntamiento y las cámaras de comercio entre los trabajadores,para que se  abrieran estos un comercio. La mayoría de las veces eran panaderías, verdulerías, zapaterías, venta  de productos  a un euro. Esos eran  los comercios que abrían unos miserables trabajadores desesperados que no sabían dónde ir,  y no se aventuraban a viajar por  una Europa con las puertas cerradas a los inmigrantes. Según ellos, solo España, la buena, la tonta, la pobre, la generosa,  era la única que permitía el paso a los inmigrantes dejando a la gente del lugar  sin empleo. Así es como muchos trabajadores cogían la senda de los emprendedores. se endeudaban por encima de sus posibilidades por segunda vez cuando veían como los bancos con ayuda de ayuntamientos  les amenazaban para que les pagaran impuestos o los  créditos de la hipoteca.

Señor, son peor que los judíos los ayuntamientos,  y los bancos- es lo que más se repetía en la calle.-

A los pocos meses de abrir se cerraban estos humildes negocios terminado de arruinar a sus propietarios que pasaban a tener una deuda mayor.

El pueblo estaba lleno de grandes superficies, dos mercadonas, erosky, charter, dos o tres msymas, aldy, varios Dia, hasta había  super en las antiguas cooperativas agrarias  que se había apuntado al carro de la compra en china. Estas superficies comerciales controlaban con puño de hierro   la soberanía  alimentaria del pueblo teniendo comprada la voluntad de los jueces , que sentenciaban  no solo multas , sino prisión de años por robar alimentos.

Sin embargo seguían promocionando en vall d´uixó  el  Ayuntamiento el comercio local por promocionar algo, casi como un acto de Fe, a ver si alguien sobrevivía y tocaban las campanas por él.

Silvestre esperaba al igual que Lolita que llegaran las vacaciones  de Agosto.

Un mes de tregua con esta gente- se decía Silvestre volviendo a su anterior confianza en si mismo que había perdido. Solo el pensamiento positivo de empresario de que la gente humilde se cansa pronto de las causas. Estaba sorprendido de que durara tanto el boicot. Seis meses ya desde el despido de Raquel y no aflojaban. Las mujeres, que eran la mayoría de la clientela,  no iban a ninguna parte ya que los bares de hombres que tenían a lo largo de la avenida suroeste les daban miedo. La mayoría eran parados de la obra, gente peligrosa cuando estaban en grupo y bebidos  que podían poner en un aprieto a una mujer.

EL día de mayor caja en la panadería  eran los sábados. Un grupo senderistas y de ciclistas  de montaña, hombres  de cuarenta años, hijos de curtidores de piel cuyas madres aún reputaban en casa  para lo que quedaba de la industria del zapato que había  diseminado  el trabajo,  ya no en costosas fabricas, sino  que las empleadas, siempre mujeres, trabajaban en  casa mientras los maridos , más afortunados en la reconversión industrial de los 90,  muchos lograron la jubilación completa desde los 50 años de edad. Ellas que al casarse se salieron de la fábrica para criar, cuando los chiquillos tenían cierta edad, 10 o 12  años,  volvían al oficio repuntado en casa por un suelo mísero que era una pequeña ayuda para comprar ropa o libros a sus hijos.

Lolita ¿dónde iras en vacaciones? Le preguntó con amabilidad un senderista.

Los senderistas o ciclistas eran indiferentes al tema de Raquel,  y no participaban en el boicot al no haberse  enterado bien de lo que había pasado. Escucharon campanas como las que sonaban en ese preciso momento anunciando procesión. Solían ir solo los  sábados por estar la panadería  al final de la avenida y dar paso a los caminos de montañas hacia la Font de Garrut. Allí se juntaba gente procedente de Texas, el Toledo, el Carmadai. No había entre ellos ninguno del Roser. Solo era un punto de reunión que eligieron al azar hacia varios años, y como gente de costumbre perpetuaron comprar el pan para el bocadillo allí y lo harían hasta el final de los días.

Iré a Mallorca- le respondió Lolita con su hermosa sonrisa, abriendo el pan con sus manos finas  para la mezcla  de los deportistas. Gente que sin ningún amor ni interés cultural por el paisaje corrían por  el término sin prestar atención a la gravedad de deterioro  en que se encontraba el medio ambiente. Languidecía  la cultura no solo morisca de vall d´uixó sino consigo la  ambiental. EL  origen de esta degradación de las montañas y valles estaba en el desprecio que la industria peletera causo, junto la  inmigración nacional empujada por Franco de gente desesperada de Andalucía y Castilla huyendo del campo, y que no quería ni oír ni hablar de la tierra y toda su enorme miseria.  La puntilla a esta situación en la actualidad venía del  modelo social.  La actividad comercial como apuesta sin sentido y  suicida  de vall d´Uixó , aunque el problema de fondo era  de civilización.

Los sábados era el día favorito de Lolita. Los que acudían era hombres, con ellos se sentía segura. No se tenía que enfrentar a rumores de la  gente del barrio. Mujeres que entraban juntas de vez en cuando a doctorear y miraban todo de arriba abaja con desagrado, a ella la primera.  Sandra, de luto con el rosario, anciana de metro cincuenta. Una mañana se acercó para soltar la lengua.

Filla meua, pon un café.

Cuando se lo servía. arrugando  la cara:

Te puc fer una pregunteta?

Claro señora- contestó amable Lolita.

Que me han dit (exclamó mezclando los idiomas cosa que hacía de forma habitual haciendo gesto de estupidez- me han dicho que sales con la hija del jefe, con Rosarito y por eso tienes el empleo.

Sorprendida Lolita rió:

La conozco de la facultad, y hemos coincidido en las discotecas del pueblo. La conozco de vista, además, aunque no le importe, tengo novio. SI lo dice por el puesto de trabajo, lo conseguí por estar inscrita en una bolsa de empleo, lo otro es una casualidad. ¿Quién le ha contado eso?

Sandra  tratando de disimular con excusas:

 

Ay filla meua, no te pongas así, que solo es un rumor que m´han dit.

Lolita miraba por la ventana pasar a Teresa con el perro mirando con interés desde la calle la conversación. Lolita la miró fijamente y se fue.

Llegó el mes de agosto y la pendería cerró como todos los años.

Los números no mentían. Silvestre perdía todos los meses mucho dinero.  Gracias a las ganancias de las otras dos panadería podía sobrellevar, pero esa situación no podía durar.

 

Te llama Lolita silvestre,- le dijo Maruja con el teléfono en la mano un doce de Agosto a la hora de comer cuando estaba a punto de echarse la siesta  Silvestre

Señor Silveste he encontrado trabajo en un hotel en Mallorca y me ofrecen un contrato de seis meses. Me gustaría  quedarme aquí.

Silvestre comprendió en seguida la situación.

Te prepararé los papeles, te deseo suerte Lolita.

¿Qué quería silvestre? Le preguntó con interés Maruja  adivinando en su rostro lo que iba a decir.

Cerraremos la panadería. Esto no pasa Maruja.

¿ Y no crees que en septiembre se les abra olvidado lo de Raquel? Intentó dar ánimo para que continuara   la lucha Maruja.

Silvestre negó  con la cabeza.

Empiezan las fiestas patronales del barrio. Raquel pondrá la estela de la sagrada familia colgando del balcón y saldrá de fallera con un ramo de flores para la patrona.  A la hora del toro preparará coca de tomate como todo los años  e invitará a todo el barrio a su casa y se recordará todo.

EL semblante de silvestre palideció, miró a su mujer como un hombre  decidido  y que afronta  su resolución final,  y ya no hay más que hablar.

Agarró de Maruja llevándola contra sí . Ésta  suspiró sofocada.

Se acabó Maruja la panadería, la pondremos en  traspaso.

Vicenta se dirigió desde el barrio proletario de calles rectas  de texas , a la casa de Silvestres con paso firme y decidido. Atravesó calzada con zuecos blancos desde la avenida suroeste aventurándose en los callejones serpenteantes y oscuros del Roser interrumpidos súbitamente por escaleras que le obligaban a subir o bajar una calle empinada cambiando de barrio al llegar ante centenaria plaza con una fuente u ornamento de piedra recordando algún ilustre nombre de la patria que nadie sabia quien era .
Su marido, Jacinto, había estado en la cámara de comercio de vall d´Uixó el día anterior en una revisión de su cartilla de desempleado para que le examinaran el curriculum, y ayudarle así a encontrar empleo. Encontró varias faltas de ortografía el funcionario que se encargaba de ayudarle a encontrarle empleo. Cosa que acepto Jacinto sin rechistar.
¿ ha sido usted pandero, verdad?- le preguntó con súbito interés.
En el termino de Cortes de Arenoso hace 20 años- Jacinto con acento Aragonés respondió con orgullo y un recuerdo feliz de sus primeros años de prometedor trabajo. Entró a trabajar cuando tenía catorce años. Así estuvo hasta los 21 cuando fue a la mili. Al volver es cuando conoció a Vicenta en las fiestas de Fuente la Reina, y tras un noviazgo rápido decidieron irse de allí buscando un mejor futuro que nunca llegó.
El funcionario vio en él un hombre de provecho, fuerte, humilde y trabajador. Se inclinó sobre la mesa, agobiado  por el número de desempleados de vall d´uixó, y la falta de voluntad y emprendimiento entre la clase trabajadora. Don Antonio, funcionario de méritos en una oposición, tenía vocación de magisterio. Conocía las tierras de vall d´uixó. La pereza moruna de estas gentes de las que solo podía sacarlos un fascista como el empresario Segarra a través de la subordinación, la exclusión social, el ostracismo, el prejuicio. Había que mandar, mandar como un califa o un general Franco convirtiéndose en un padre severo que se hace respetar por esa pandilla de holgazanes rumiadores de cuentos y leyenda moras, cuyo anhelo intimo es vivir como un jeque a costa de sus mujeres que lo soportan todo como animales de labor, y con las que el jeque,  al volver de la fábrica se desahoga ante los infortunios de la vida a la que están arrojados. Todo es pobreza y miseria en este lugar- se repetía todos los días Don Antonio como un mantra cuando se colocaba los calzones largos y arrojaba el caldo del orinal por el bater antes de ir a la cámara de comercio. Al pasar por la Ollería, caminando sobre lo que fue un risueño riachuelo que seguía sonando en su  triste cabeza pese a estar extinguido bajo el asfalto. Entonces desaguaba en la balsa de la Asunción, convertida hoy en colegido publico, y sus huertas, convertidas en viviendas. A su espalda quedaban las montañas secas, y el castillo moro que se difuminaba cuando el sol lo iluminaba con un crisol salpicón y atolondrado de colores que al chocar con las paredes erosionadas reflectaba muros amarillos agrietados, confundidos con  rocas rojas y plateados ribazos, pareciendo el castillo creación de la naturaleza.
Don Antonio se sentaba y atendía a sus obligaciones. Solía mostrar hostilidad a muchos desempleados al destetar el carácter de la canalla del bar que traían algunos. Cuando veía nobleza y aristocracia en algún trabajador, quería poner en práctica sus buenas ideas renovadoras de una España en cimiento. Jacinto era un ladrillo con el que construir un nuevo país parecido a Estados Unidos, y sino se podía llegar tan lejos, se les podía morder en los talones a los Alemanes y a los Rusos.
¿ Ha pensado usted ser emprendedor?- le preguntó Don Antonio a Jacinto tras observar su curriculum mirando con interés en sus gesto a través de sus cristales ahumados, pues en su afán por saber, Don Antonio había cursado 1 y 2 de psicología en la universidad a distancia, dejándolo por falta de tiempo.
Jacinto, negó con la cabeza como si esa palabra le doliera como una pedrada.
Don Antonio sabía que otras personas de clase trabajadora tenían la misma reacción de hostilidad hacia la palabra emprendimiento. Era cuestión de presentar la cosas de forma agradable.
Le seré sincero- comentó grave Don Antonio en su papel de estadista y militante de ciudadanos- la situación es caótica. Hay hambre, miseria, exclusión social. mire ( mostró un cheque que sacó del cajón de los servicios sociales para que se diera cuenta de que no hablaba en broma) cuando a estos desgraciados se les acaba el paro, para que no maten ni roben el ayuntamiento les da 120 euros para pasar el mes.
Jacinto examinó el cheque y exclamó horrorizado:
! Pero se morirán de hambre con esta calderilla!
Antonio asistió con la cabeza y dijo un número.
Al noveno, al noveno día se quedan sin un euro y convertidos en una mierda.
Luego sonrió a Jacinto, y su rostro de Ciudadano empezó a cambiar. La fisonomía muscular de su cara le transformó completamente. Mostró ante Jacinto una amplia sonrisa levantando su bigote gris espeso hasta las fosas nasales dejando ver unas largas hileras de dientes amarillentos mientras surgía de ellos una sonora y castañeante risa psicótica que rugía en la cámara de comercio de vall d´uixó.
El corazón de Jacinto se aceleró.
Don Antonio sintió que era el momento adecuado para la negociación.
Don Antonio, encargado de la sección de emprendimiento sabía convencer y divulgar este concepto. Le abrió un dossier a Jacinto donde se mostraba la panadería de la avenida suroeste con información geoestretégica de la zona. Sin duda le podía interesar arrendar ese negocio ya montado.
Traspasan esta panadería, el propietario nos ha dejado aquí información, y como pertenece a la red de empresarios de la vall y de amigos de comercios del municipio, como socio nos ha pedido que le ayudemos en el traspaso.
El negocio de esa panadería es prospero señor Jacinto. Además, tendrá la ayuda de este ayuntamiento. Nosotros mismo le asesoraremos como a Don Silvestre para ayudarle a que sea más rentable el negocio. Tenemos innovadoras ideas. Son tiempos de oportunidades en Vall d´Uixó, un lugar nuevo.
Cuando iba a proseguir, Jacinto le interrumpió con la cabeza llena de confusión, como hombre sencillo que no se fía de las grandes ideas, sobre todo si son novedosas.
¿ qué pasó?- ( preguntó más interesados por detalles anecdóticos)
Don Antonio retrocedió tocando su espalda con el respaldo de su sillón, y miró confuso a un pequeño cactus que vivía sobre el ordenador de su despacho.
No tenía claro que responder. Silvestre no le aclaró muy bien las causas, habló muy afectado, temeroso, el día que anunció a la cámara de comercio con voz entrecortada que la nueva empleada  se había quedado en Mallorca en un viaje en las vacaciones. Luego añadió que estaba cansado del mundo, un mundo lleno de traidores y de estafadores, y que había que volver a instaurar las antiguas tradiciones paternalistas.
Luego salió dejando con la boca abierta a Don Antonio que no se esperaba el cese de la panadería de Don Silvestre.
Jacinto esperó una respuesta que se hacia larga. Antonio volvió en sí. Su semblante se contrajo, pasó su mano derecha por el bigote que rascó cayendo algo de caspa que sopló. Para tranquilizar a Silvestre le dio la siguiente explicación con un tono de misterio oriental:
Algo paso con el servicio.
Vaya- respondió atónito Jacinto que observó con buenos ojos las fotos de la panadería.
ÉL como propietario de un negocio.
Tengo que decírselo a Vicenta, mi señora, si ella dice si, todo arreglado.
Ambos hombres se dieron la mano.

Señor Silvestre, nosotros nos haremos cargo de negocio. Mi marido y yo hemos trabajado en panaderías, conocemos el oficio.
Vicenta acaba de pasar al comedor de los Silvestre para hablar del traspaso. El comedor: amplio, limpio, luminoso hcia el este. Con fotos de la virgen de los desamparados sobre el viejo televisor junto a un toro bravo de peluche con banderillas con los colores de bandera de España, y la señera valenciana. Presidiendo la mesa plantada en el centro de la instancia donde se reunía la familia, las fotos de la boda de ellos hacia 25 años, y la comunión de Elvirita, su hija que estudiaba filología inglesa y estaba en Canada. Todas las fotos en marco de plata.
Don Silvestre les dijo el precio por el alquiler. El acuerdo siendo razonable se cerro.
EL 15 de septiembre abrió sus puertas de metal la panadería chirriando como siempre, plegándose como un abanico de nuevo la puerta de metal. Nuevas manos la abrían.  Ese día invitaron a café y pastas a todo el mundo. Los antiguos clientes volvieron atestando el local a ver quien se lo había quedado.  Hubo curiosidad de gente sencilla. Incluso Raquel, la antigua empleada acudió como si todo se hubiera perdonado  ya. Ellos eran gente humilde y buena que luchaba contra un empresario parecido a un judío. Vencido Silvestre, el malo, quedaba todo resuelto. Pero el local seguía siendo de Silvestre, que ahora era arrendador y ganaría dinero sin trabajar. Además, Raquel seguía sin trabajo, y sufriendo por el despido, verla allí con su precioso pelo recogido, sentada habiendo sido el alma de esa panadería, impresionaba.

¿ Qué sería de ella? se preguntaban muchos. Las viejas y limpias estanterías eran las de siempre, la caja registradora, la caja que durante tantos años abrió Raquel ,que ahora estaba seria y la vez alegre, sin que nadie supiera lo que pensaba, y a la que iban suspicaces miradas de las antiguas clientas intentando adivinar que pensaba, era una señal de que no era lo mismo siendo todo igual. En la inauguración vieron y escucharon que tras el mostrador  habían unas personas que no hablaban valenciano, ni nadie conocía. Eran de las tierras fronterizas de Aragón. Bajados escapando de la miseria de esos lugares a un pueblo industrial. Durante años la floreciente industria del zapato de Vall d´Uixó asombró a la gente inmigrante  con sus tuberías de amianto a lo largo del río Belcaire escupiendo agua amarilla repleta de espuma hepática con olor a carne podrida que se filtraba en el cauce seco, hasta las lluvias torrenciales que arrastraban como un vomito haciendo flotar la basura acumulada: cañas, ramas, pieles , plásticos; que revoloteaban juguetones entre oleadas turbulentas de espumas químicas hasta mezclarse con la espuma de nata de las crestas de las olas azules y frescas que morían en moncofar donde también desaguaban paralelas al Belcaire, las aguas verdes de acequias que alimentaban los fértiles campos de la vega.
Al día siguiente, Vicenta, con su delantal blanco junto a su marido abrieron con ilusión de que se llenara como el día anterior. Incluso colocaron flores rojas y amarillas  que recogieron de la orilla del Belcaire a su San Pascual, imagen que colocaron con cariño en el mostrador.
A las nueve Vicenta le dio ánimos a su marido.
Es pronto todavía.
Nadie entraba.
El segundo día fue un desastre.
El tercero se ánimo más.

Entró Teresa, erguida, con el moño bien puesto,seguida de Sandra con su cabeza encorvada, mirando al suelo por si encontraba un céntimo. Pascuala entró poco después. Saludo tímida sin saber donde sentarse, hasta que la virtuosa de Teresa la llamó:
Pascuala, siéntate con nosotras.
Esta dócil obedeció.
¿ qué les sirvo?
Con una amplia sonrisa de alguien que llevaba horas despierta les atendió Vicenta mientras Jacinto como un jeque leía el periódico.
Yo unas patas con café con leche. Exclamo autoritaria Teresa, y para Sandra una coca con tomate y café (añadió)
Sandra mirando unas ensaimadas tuvo un alarde de voluntad.
Prefiero unas ensaimadas.
Teresa la corrigió:
¿Desde cuándo comes ensaimadas? ( con asombro añadió) antes no lo hacías.
Sandra tímida, confusa, mirando el brillo del hojaldre de las ensaimadas.
Es que estás parecen diferentes, vull tastarles.
Bueno- dijo Teresa con amargura.
Pascuala no sabia que decir hasta que Teresa le aconsejó:
Antes, cuando Raquel la tarta manzana estaba muy buena.
Esas palabras molestaron a Vicenta que silencio.
Pascuala eligió tarta de manzana.
Jacinto observó la cara de asco que hacia Teresa ante sus pastas.
Tomaron el café con prisas, dando a entender que querían irse. Teresa no quiso terminarse las pastas y Vicenta angustiada le preguntó:
¿ es que no le gustan?

Teresa por fingir ser educada con una sonrisa falsa y tocándole la mano le dijo con dulzura levantándose victoriosa de la silla:
Las terminare en casa, dame un papel para envolverlas:
Vicenta envolvió las pastas medio mordidas en un papel y volvió al lado de su marido que la abrazó mientras sus ojos se llenaron de humedad cuando salieron, estaba apunto de romper a llorar.
No te ha dicho que no le gusten- intentó consolarla Jacinto.
Al día siguiente el rumor se escampó. Sandra y Teresa detuvieron a Rosita que iba a comprar el pan. el pan de la nueva panadería no valía nada, el café menos.
Vicenta y Jacinto veían pasar a la gente mirando con disimulo, y riendo de ver el local vació.
Parece que disfruten de que no entre gente y nos arruinemos- solía decir desesperada Vicenta viendo su inversión perdida sin saber el por qué.
Entró Angustias, vecina del bloque donde estaba la planta baja de la panadería. Ella conocía a la gente del lugar, y desde que abrieron solía tomar café a eso de las doce del mediodía ya que estaba desempleada. Luego compraba el pan y ya no salía de casa en todo el día. Había escuchado lo que pasaba y quería que les fuera bien.
Fila meua, ( aconsejo a Vicenta con cariño) cambia el café y pide el pan a otro despacho, y ganaras mucho, a la gente no le gusta. Aquí la gente es así, hay que hacer las cosas a su capricho, muchas veces no tiene que ver con el gusto. Es conforme lo vean. ( con ademan de confesión) he sido cocinera. A veces a una tarta asquerosa le pones una naranja de metal sobre la nata, y les metes dentro un Cristo de acero como sorpresa con el que se rompen los dientes, y estas bestias piensan que eres la mejor cocinera del mundo. Realmente estos paladares viene de comer garrofas, y de pasar calamidades, penurias, insultos, humillaciones en los almacenes de naranjas o cuando estaba la fábrica en Segarra. Allí comían entre pieles apestosas casi todas ellas y ahora es peor aun, en sus casas no tiene ni para comer, ven a sus hijos y sus maridos sin empleo y sale la barbarie. No son malas gentes, solo que viven como animales. Nadie se preocupa por sacar a la gente de estas condiciones de vida y cada vez va a ser peor.
Vicenta cambio de distribuidora de pan y de café.
En vano, seguía estando malo según la gente, no era como el de antes.
Acudió a Silvestre para que les bajara el alquiler al segundo mes.
Fue en vano, Silvestre quería recuperar lo perdido con Raquel. Ellos podía aguantar, sin embargo, él, Silvestre, debía pagar los costes de un juicio elevadísimo. La panadería era buena, si ellos no la querían vendrían otros necesitados.
Vicenta y Jacinto abrían todos los días a la misma hora con endereza, esperando que cambiara algo.
Pero veían las mismas caras. Algunas les sonreían con malicia, o entraban para quejarse al hacer la compra, o simplemente a ver que el negocio era una ruina:
María ,madre de Conchín entró un día extraño, llovía. Lo hizo con el paraguas como si se refugiara de la tormenta ,y con disimulo pidiendo un café la llamó cuando lo preparaba:
¿Le puedo hacer una pregunta?
Vicenta sintió una punzada por el tono de voz, y acostumbrada a decir que si fuera asintió amable:
Me han dicho en el bar las Encinas qué vais a cerrar, es por mi hija Conchín que pregunto, hace años que no trabaja. Quizás ella pueda levantar el negocio. ¿ Es muy caro el alquiler?
Vicenta asombrada de que supieran que iban a cerrar pues no se lo había dicho a nadie miró a Jacinto irónica.
SI quiere le doy la tarjeta con el número de Silvestre el dueño, y habla usted con él. Cerramos la semana que viene.
Gracias- con alegría cogió María la tarjeta con humildad pensando en su hija, casi con ganas de besar a Vicenta. Poco después entró Macario, un desempleado de cincuenta años que bajaba de las casetas de San Antonio echando pestes y con una fuerte impresión que quería desahogar. Era ajeno al drama de la panadería. La panadería estaba vacía de clientes. Solo estaba Vicenta y Jacinto agotados. Acaba de dejar de llover y el suelo de la acera estaba repleto de charcos plateados cuando se sentó absorto en un rincón y pidió una cerveza con la cabeza perdida. Sus vecinos, mala gente, canalla chulesca que le tenían como un idiota porqué no les plantaba cara le habían talado un algarrobo para quemar en sus chimeneas ahora que venía el frío. Lo plantó hacía más de 30 años, cuando compró un terreno donde sembraba hortalizas alrededor de ese algarrobo. Año si año no sus vecinos por hacerle mala sangre y disfrutar con su sufrimiento y sumisión, le destrozaban la siembra. El entonces empezaba un ritual de chillidos y quejas del afectado que les divertía, porque Macario era inofensivo.

Fill de putes, lladres, – les gritaba lleno de rabia e impotencia.

 

Dos semanas después, una tarde de noviembre, acudió Silvestre  con las luces del atardecer, la hora en la que regresaban algunos trabajadores a casa cansados de coger naranjas. La puerta chirrió como si se lamentara al cerrarse.

Aquí están las lleves señor Silvestre- se las entrego Jacinto.
Jacinto y Vicenta de la mano regresaron por el margen del Belcaire seco, en silencio hacia texas.
Fin.

Angelillo de Uixó.
La panadería: venganza moruna. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com.

La panadería venganza moruna.

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Vicenta se dirigió desde el barrio proletario de calles rectas  de texas , a la casa de Silvestres con paso firme y decidido. Atravesó calzada con zuecos blancos desde la avenida suroeste aventurándose en los callejones serpenteantes y oscuros del Roser interrumpidos súbitamente por escaleras que le obligaban a subir o bajar una calle empinada cambiando de barrio al llegar ante centenaria plaza con una fuente u ornamento de piedra recordando algún ilustre nombre de la patria que nadie sabia quien era .
Su marido, Jacinto, había estado en la cámara de comercio de vall d´Uixó el día anterior en una revisión de su cartilla de desempleado para que le examinaran el curriculum, y ayudarle así a encontrar empleo. Encontró varias faltas de ortografía el funcionario que se encargaba de ayudarle a encontrarle empleo. Cosa que acepto Jacinto sin rechistar.
¿ ha sido usted pandero, verdad?- le preguntó con súbito interés.
En el termino de Cortes de Arenoso hace 20 años- Jacinto con acento Aragonés respondió con orgullo y un recuerdo feliz de sus primeros años de prometedor trabajo. Entró a trabajar cuando tenía catorce años. Así estuvo hasta los 21 cuando fue a la mili. Al volver es cuando conoció a Vicenta en las fiestas de Fuente la Reina, y tras un noviazgo rápido decidieron irse de allí buscando un mejor futuro que nunca llegó.
El funcionario vio en él un hombre de provecho, fuerte, humilde y trabajador. Se inclinó sobre la mesa, agobiado  por el número de desempleados de vall d´uixó, y la falta de voluntad y emprendimiento entre la clase trabajadora. Don Antonio, funcionario de méritos en una oposición, tenía vocación de magisterio. Conocía las tierras de vall d´uixó. La pereza moruna de estas gentes de las que solo podía sacarlos un fascista como el empresario Segarra a través de la subordinación, la exclusión social, el ostracismo, el prejuicio. Había que mandar, mandar como un califa o un general Franco convirtiéndose en un padre severo que se hace respetar por esa pandilla de holgazanes rumiadores de cuentos y leyenda moras, cuyo anhelo intimo es vivir como un jeque a costa de sus mujeres que lo soportan todo como animales de labor, y con las que el jeque,  al volver de la fábrica se desahoga ante los infortunios de la vida a la que están arrojados. Todo es pobreza y miseria en este lugar- se repetía todos los días Don Antonio como un mantra cuando se colocaba los calzones largos y arrojaba el caldo del orinal por el bater antes de ir a la cámara de comercio. Al pasar por la Ollería, caminando sobre lo que fue un risueño riachuelo que seguía sonando en su  triste cabeza pese a estar extinguido bajo el asfalto. Entonces desaguaba en la balsa de la Asunción, convertida hoy en colegido publico, y sus huertas, convertidas en viviendas. A su espalda quedaban las montañas secas, y el castillo moro que se difuminaba cuando el sol lo iluminaba con un crisol salpicón y atolondrado de colores que al chocar con las paredes erosionadas reflectaba muros amarillos agrietados, confundidos con  rocas rojas y plateados ribazos, pareciendo el castillo creación de la naturaleza.
Don Antonio se sentaba y atendía a sus obligaciones. Solía mostrar hostilidad a muchos desempleados al destetar el carácter de la canalla del bar que traían algunos. Cuando veía nobleza y aristocracia en algún trabajador, quería poner en práctica sus buenas ideas renovadoras de una España en cimiento. Jacinto era un ladrillo con el que construir un nuevo país parecido a Estados Unidos, y sino se podía llegar tan lejos, se les podía morder en los talones a los Alemanes y a los Rusos.
¿ Ha pensado usted ser emprendedor?- le preguntó Don Antonio a Jacinto tras observar su curriculum mirando con interés en sus gesto a través de sus cristales ahumados, pues en su afán por saber, Don Antonio había cursado 1 y 2 de psicología en la universidad a distancia, dejándolo por falta de tiempo.
Jacinto, negó con la cabeza como si esa palabra le doliera como una pedrada.
Don Antonio sabía que otras personas de clase trabajadora tenían la misma reacción de hostilidad hacia la palabra emprendimiento. Era cuestión de presentar la cosas de forma agradable.
Le seré sincero- comentó grave Don Antonio en su papel de estadista y militante de ciudadanos- la situación es caótica. Hay hambre, miseria, exclusión social. mire ( mostró un cheque que sacó del cajón de los servicios sociales para que se diera cuenta de que no hablaba en broma) cuando a estos desgraciados se les acaba el paro, para que no maten ni roben el ayuntamiento les da 120 euros para pasar el mes.
Jacinto examinó el cheque y exclamó horrorizado:
! Pero se morirán de hambre con esta calderilla!
Antonio asistió con la cabeza y dijo un número.
Al noveno, al noveno día se quedan sin un euro y convertidos en una mierda.
Luego sonrió a Jacinto, y su rostro de Ciudadano empezó a cambiar. La fisonomía muscular de su cara le transformó completamente. Mostró ante Jacinto una amplia sonrisa levantando su bigote gris espeso hasta las fosas nasales dejando ver unas largas hileras de dientes amarillentos mientras surgía de ellos una sonora y castañeante risa psicótica que rugía en la cámara de comercio de vall d´uixó.
El corazón de Jacinto se aceleró.
Don Antonio sintió que era el momento adecuado para la negociación.
Don Antonio, encargado de la sección de emprendimiento sabía convencer y divulgar este concepto. Le abrió un dossier a Jacinto donde se mostraba la panadería de la avenida suroeste con información geoestretégica de la zona. Sin duda le podía interesar arrendar ese negocio ya montado.
Traspasan esta panadería, el propietario nos ha dejado aquí información, y como pertenece a la red de empresarios de la vall y de amigos de comercios del municipio, como socio nos ha pedido que le ayudemos en el traspaso.
El negocio de esa panadería es prospero señor Jacinto. Además, tendrá la ayuda de este ayuntamiento. Nosotros mismo le asesoraremos como a Don Silvestre para ayudarle a que sea más rentable el negocio. Tenemos innovadoras ideas. Son tiempos de oportunidades en Vall d´Uixó, un lugar nuevo.
Cuando iba a proseguir, Jacinto le interrumpió con la cabeza llena de confusión, como hombre sencillo que no se fía de las grandes ideas, sobre todo si son novedosas.
¿ qué pasó?- ( preguntó más interesados por detalles anecdóticos)
Don Antonio retrocedió tocando su espalda con el respaldo de su sillón, y miró confuso a un pequeño cactus que vivía sobre el ordenador de su despacho.
No tenía claro que responder. Silvestre no le aclaró muy bien las causas, habló muy afectado, temeroso, el día que anunció a la cámara de comercio con voz entrecortada que la nueva empleada  se había quedado en Mallorca en un viaje en las vacaciones. Luego añadió que estaba cansado del mundo, un mundo lleno de traidores y de estafadores, y que había que volver a instaurar las antiguas tradiciones paternalistas.
Luego salió dejando con la boca abierta a Don Antonio que no se esperaba el cese de la panadería de Don Silvestre.
Jacinto esperó una respuesta que se hacia larga. Antonio volvió en sí. Su semblante se contrajo, pasó su mano derecha por el bigote que rascó cayendo algo de caspa que sopló. Para tranquilizar a Silvestre le dio la siguiente explicación con un tono de misterio oriental:
Algo paso con el servicio.
Vaya- respondió atónito Jacinto que observó con buenos ojos las fotos de la panadería.
ÉL como propietario de un negocio.
Tengo que decírselo a Vicenta, mi señora, si ella dice si, todo arreglado.
Ambos hombres se dieron la mano.

Señor Silvestre, nosotros nos haremos cargo de negocio. Mi marido y yo hemos trabajado en panaderías, conocemos el oficio.
Vicenta acaba de pasar al comedor de los Silvestre para hablar del traspaso. El comedor: amplio, limpio, luminoso hcia el este. Con fotos de la virgen de los desamparados sobre el viejo televisor junto a un toro bravo de peluche con banderillas con los colores de bandera de España, y la señera valenciana. Presidiendo la mesa plantada en el centro de la instancia donde se reunía la familia, las fotos de la boda de ellos hacia 25 años, y la comunión de Elvirita, su hija que estudiaba filología inglesa y estaba en Canada. Todas las fotos en marco de plata.
Don Silvestre les dijo el precio por el alquiler. El acuerdo siendo razonable se cerro.
EL 15 de septiembre abrió sus puertas de metal la panadería chirriando como siempre, plegándose como un abanico de nuevo la puerta de metal. Nuevas manos la abrían.  Ese día invitaron a café y pastas a todo el mundo. Los antiguos clientes volvieron atestando el local a ver quien se lo había quedado.  Hubo curiosidad de gente sencilla. Incluso Raquel, la antigua empleada acudió como si todo se hubiera perdonado  ya. Ellos eran gente humilde y buena que luchaba contra un empresario parecido a un judío. Vencido Silvestre, el malo, quedaba todo resuelto. Pero el local seguía siendo de Silvestre, que ahora era arrendador y ganaría dinero sin trabajar. Además, Raquel seguía sin trabajo, y sufriendo por el despido, verla allí con su precioso pelo recogido, sentada habiendo sido el alma de esa panadería, impresionaba.

¿ Qué sería de ella? se preguntaban muchos. Las viejas y limpias estanterías eran las de siempre, la caja registradora, la caja que durante tantos años abrió Raquel ,que ahora estaba seria y la vez alegre, sin que nadie supiera lo que pensaba, y a la que iban suspicaces miradas de las antiguas clientas intentando adivinar que pensaba, era una señal de que no era lo mismo siendo todo igual. En la inauguración vieron y escucharon que tras el mostrador  habían unas personas que no hablaban valenciano, ni nadie conocía. Eran de las tierras fronterizas de Aragón. Bajados escapando de la miseria de esos lugares a un pueblo industrial. Durante años la floreciente industria del zapato de Vall d´Uixó asombró a la gente inmigrante  con sus tuberías de amianto a lo largo del río Belcaire escupiendo agua amarilla repleta de espuma hepática con olor a carne podrida que se filtraba en el cauce seco, hasta las lluvias torrenciales que arrastraban como un vomito haciendo flotar la basura acumulada: cañas, ramas, pieles , plásticos; que revoloteaban juguetones entre oleadas turbulentas de espumas químicas hasta mezclarse con la espuma de nata de las crestas de las olas azules y frescas que morían en moncofar donde también desaguaban paralelas al Belcaire, las aguas verdes de acequias que alimentaban los fértiles campos de la vega.
Al día siguiente, Vicenta, con su delantal blanco junto a su marido abrieron con ilusión de que se llenara como el día anterior. Incluso colocaron flores rojas y amarillas  que recogieron de la orilla del Belcaire a su San Pascual, imagen que colocaron con cariño en el mostrador.
A las nueve Vicenta le dio ánimos a su marido.
Es pronto todavía.
Nadie entraba.
El segundo día fue un desastre.
El tercero se ánimo más.

Entró Teresa, erguida, con el moño bien puesto,seguida de Sandra con su cabeza encorvada, mirando al suelo por si encontraba un céntimo. Pascuala entró poco después. Saludo tímida sin saber donde sentarse, hasta que la virtuosa de Teresa la llamó:
Pascuala, siéntate con nosotras.
Esta dócil obedeció.
¿ qué les sirvo?
Con una amplia sonrisa de alguien que llevaba horas despierta les atendió Vicenta mientras Jacinto como un jeque leía el periódico.
Yo unas patas con café con leche. Exclamo autoritaria Teresa, y para Sandra una coca con tomate y café (añadió)
Sandra mirando unas ensaimadas tuvo un alarde de voluntad.
Prefiero unas ensaimadas.
Teresa la corrigió:
¿ Desde cuando comes ensaimadas? ( con asombro añadió) antes no lo hacías.
Sandra tímida, confusa, mirando el brillo del hojaldre de las ensaimadas.
Es que estás parecen diferentes, vull tastarles.
Bueno- dijo Teresa con amargura.
Pascuala no sabia que decir hasta que Teresa le aconsejó:
Antes, cuando Raquel la tarta manzana estaba muy buena.
Esas palabras molestaron a Vicenta que silencio.
Pascuala eligió tarta de manzana.
Jacinto observó la cara de asco que hacia Teresa ante sus pastas.
Tomaron el café con prisas, dando a entender que querían irse. Teresa no quiso terminarse las pastas y Vicenta angustiada le preguntó:
¿ es que no le gustan?

Teresa por fingir ser educada con una sonrisa falsa y tocándole la mano le dijo con dulzura levantándose victoriosa de la silla:
Las terminare en casa, dame un papel para envolverlas:
Vicenta envolvió las pastas medio mordidas en un papel y volvió al lado de su marido que la abrazó mientras sus ojos se llenaron de humedad cuando salieron, estaba apunto de romper a llorar.
No te ha dicho que no le gusten- intentó consolarla Jacinto.
Al día siguiente el rumor se escampó. Sandra y Teresa detuvieron a Rosita que iba a comprar el pan. el pan de la nueva panadería no valía nada, el café menos.
Vicenta y Jacinto veían pasar a la gente mirando con disimulo, y riendo de ver el local vació.
Parece que disfruten de que no entre gente y nos arruinemos- solía decir desesperada Vicenta viendo su inversión perdida sin saber el por qué.
Entró Angustias, vecina del bloque donde estaba la planta baja de la panadería. Ella conocía a la gente del lugar, y desde que abrieron solía tomar café a eso de las doce del mediodía ya que estaba desempleada. Luego compraba el pan y ya no salía de casa en todo el día. Había escuchado lo que pasaba y quería que les fuera bien.
Fila meua, ( aconsejo a Vicenta con cariño) cambia el café y pide el pan a otro despacho, y ganaras mucho, a la gente no le gusta. Aquí la gente es así, hay que hacer las cosas a su capricho, muchas veces no tiene que ver con el gusto. Es conforme lo vean. ( con ademan de confesión) he sido cocinera. A veces a una tarta asquerosa le pones una naranja de metal sobre la nata, y les metes dentro un Cristo de acero como sorpresa con el que se rompen los dientes, y estas bestias piensan que eres la mejor cocinera del mundo. Realmente estos paladares viene de comer garrofas, y de pasar calamidades, penurias, insultos, humillaciones en los almacenes de naranjas o cuando estaba la fábrica en Segarra. Allí comían entre pieles apestosas casi todas ellas y ahora es peor aun, en sus casas no tiene ni para comer, ven a sus hijos y sus maridos sin empleo y sale la barbarie. No son malas gentes, solo que viven como animales. Nadie se preocupa por sacar a la gente de estas condiciones de vida y cada vez va a ser peor.
Vicenta cambio de distribuidora de pan y de café.
En vano, seguía estando malo según la gente, no era como el de antes.
Acudió a Silvestre para que les bajara el alquiler al segundo mes.
Fue en vano, Silvestre quería recuperar lo perdido con Raquel. Ellos podía aguantar, sin embargo, él, Silvestre, debía pagar los costes de un juicio elevadísimo. La panadería era buena, si ellos no la querían vendrían otros necesitados.
Vicenta y Jacinto abrían todos los días a la misma hora con endereza, esperando que cambiara algo.
Pero veían las mismas caras. Algunas les sonreían con malicia, o entraban para quejarse al hacer la compra, o simplemente a ver que el negocio era una ruina:
María ,madre de Conchín entró un día extraño, llovía. Lo hizo con el paraguas como si se refugiara de la tormenta ,y con disimulo pidiendo un café la llamó cuando lo preparaba:
¿Le puedo hacer una pregunta?
Vicenta sintió una punzada por el tono de voz, y acostumbrada a decir que si fuera asintió amable:
Me han dicho en el bar las Encinas qué vais a cerrar, es por mi hija Conchín que pregunto, hace años que no trabaja. Quizás ella pueda levantar el negocio. ¿ Es muy caro el alquiler?
Vicenta asombrada de que supieran que iban a cerrar pues no se lo había dicho a nadie miró a Jacinto irónica.
SI quiere le doy la tarjeta con el número de Silvestre el dueño, y habla usted con él. Cerramos la semana que viene.
Gracias- con alegría cogió María la tarjeta con humildad pensando en su hija, casi con ganas de besar a Vicenta. Poco después entró Macario, un desempleado de cincuenta años que bajaba de las casetas de San Antonio echando pestes y con una fuerte impresión que quería desahogar. Era ajeno al drama de la panadería. La panadería estaba vacía de clientes. Solo estaba Vicenta y Jacinto agotados. Acaba de dejar de llover y el suelo de la acera estaba repleto de charcos plateados cuando se sentó absorto en un rincón y pidió una cerveza con la cabeza perdida. Sus vecinos, mala gente, canalla chulesca que le tenían como un idiota porqué no les plantaba cara le habían talado un algarrobo para quemar en sus chimeneas ahora que venía el frío. Lo plantó hacía más de 30 años, cuando compró un terreno donde sembraba hortalizas alrededor de ese algarrobo. Año si año no sus vecinos por hacerle mala sangre y disfrutar con su sufrimiento y sumisión, le destrozaban la siembra. El entonces empezaba un ritual de chillidos y quejas del afectado que les divertía, porque Macario era inofensivo.

Fill de putes, lladres, – les gritaba lleno de rabia e impotencia.

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Dos semanas después, una tarde de noviembre, acudió Silvestre  con las luces del atardecer, la hora en la que regresaban algunos trabajadores a casa cansados de coger naranjas. La puerta chirrió como si se lamentara al cerrarse.

Aquí están las lleves señor Silvestre- se las entrego Jacinto.
Jacinto y Vicenta de la mano regresaron por el margen del Belcaire seco, en silencio hacia texas.
Fin.

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Angelillo de Uixó.

 

La panadería venganza moruna.

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A Silvestre desde que perdió el juicio  interpuesto por su antigua  empelada Raquel unos labios arrugados se le quedaron  permanentes  en su semblante sin separarse de él en todo el día. Especialmente al acudir  a primera hora a la panadería en su furgoneta temblando por las pérdidas de la venta como por  los costes del juicio y las indemnizaciones que se veía obligado a pagar. Cruzaba  de este a oeste el pueblo. Las primeras luces procedentes del mar  salpicaban  el cielo  con todo tipo de colores vivos y alegres  iluminando  desde fértil y desaprovechada  vega cercana al mar  que se estrellaba seis kilómetros tierra adentro en vall d´uixó. Puerta de la sierra de Espadán,  donde la agricultura  nunca tuvo ningún tipo de consideración más que en la época de los moriscos, cuya cultura había  sido cubierta con piel de cerdo para hacer calzado. Esa fisonomía es la que se veía desde las cumbres de vall d´uixó, una enorme piel de cerdo silenciando la cultura  morisca que había debajo, y que en cualquier obra, remodelación de viviendas o en el comportamiento del numen del lugar: surgía. La fábrica segarra había dado un ritmo frenético y lumpemproletario a la vall d´ Uixó de tranquilas acequias moriscas que repartieran el escaso, pero regular caudal , de los barrancos   repletos de hortalizas en bancales. Esa cultura de la calma quedaba  representada  en cada esquina de los barrios viejos, atrapados entre un  cinturón de avenidas para los trabajadores del curtido que los envolvía como una serpiente, estrangulando su calma milenaria  entre gritos y palmas flamencas de gente de bares. Canalla asomada a las puertas  buscando peleas o mirando con descaro a las mujeres que les temían como al demonio.

Silvestre al llegar a la panadería  veía a Lolita arrepentido. Era una buena adquisición, con carita de porcelana, una larga melena morena,  cuerpo muy bien dotado, educada y atenta a los clientes. Clientes  tradicionales que tenían en cuenta que no la habían visto pese a ser del pueblo, de fallera llevando flores  y cantando a la Virgen. Tenía cierto aire de ateísmo, y en su mirada de ojos verdes y resueltos saltaba una chispa de pragmatismo anglosajón que chirriaba junto la imagen de San Bartolo que tenía a su espalda. Lolita tenía futuro fuera de esa panadería, fuera de vall d´Uixó. Eso es lo que pensaba Silvestre al dejar el pan con el ceño fruncido por el desorden del mundo. Lolita se sentía arrepentida de trabajar allí. La poca clientela que entraba era gente de paso que compraba una empanadilla,  o antiguos clientes. Generalmente  mujeres con la sangre avinagrada que querían husmear, hacerla sentir culpable de usurpar ese puesto de trabajo de otra mucho más honrada que ella.  Se hubiera ido a la menor ocasión, pero en todo el pueblo no había un solo  empleo desde hacía cuatro años. El empleo era un cadáver en la piel una vez la fábrica Segarra cerró. El Ayuntamiento, junto la cámara de comercio,  hacían campañas para incentivar el comercio. Ese era su  plan ante una situación catastrófica de miseria , hambre  y un pánico aterrador de los vecinos ante las amenazas de la exclusión social. También  fomentaba el emprendimiento el ayuntamiento y las cámaras de comercio entre los trabajadores,para que se  abrieran estos un comercio. La mayoría de las veces eran panaderías, verdulerías, zapaterías, venta  de productos  a un euro. Esos eran  los comercios que abrían unos miserables trabajadores desesperados que no sabían dónde ir,  y no se aventuraban a viajar por  una Europa con las puertas cerradas a los inmigrantes. Según ellos, solo España, la buena, la tonta, la pobre, la generosa,  era la única que permitía el paso a los inmigrantes dejando a la gente del lugar  sin empleo. Así es como muchos trabajadores cogían la senda de los emprendedores. se endeudaban por encima de sus posibilidades por segunda vez cuando veían como los bancos con ayuda de ayuntamientos  les amenazaban para que les pagaran impuestos o los  créditos de la hipoteca.

Señor, son peor que los judíos los ayuntamientos,  y los bancos- es lo que más se repetía en la calle.-

A los pocos meses de abrir se cerraban estos humildes negocios terminado de arruinar a sus propietarios que pasaban a tener una deuda mayor.

El pueblo estaba lleno de grandes superficies, dos mercadonas, erosky, charter, dos o tres msymas, aldy, varios Dia, hasta había  super en las antiguas cooperativas agrarias  que se había apuntado al carro de la compra en china. Estas superficies comerciales controlaban con puño de hierro   la soberanía  alimentaria del pueblo teniendo comprada la voluntad de los jueces , que sentenciaban  no solo multas , sino prisión de años por robar alimentos.

Sin embargo seguían promocionando en vall d´uixó  el  Ayuntamiento el comercio local por promocionar algo, casi como un acto de Fe, a ver si alguien sobrevivía y tocaban las campanas por él.

Silvestre esperaba al igual que Lolita que llegaran las vacaciones  de Agosto.

Un mes de tregua con esta gente- se decía Silvestre volviendo a su anterior confianza en si mismo que había perdido. Solo el pensamiento positivo de empresario de que la gente humilde se cansa pronto de las causas. Estaba sorprendido de que durara tanto el boicot. Seis meses ya desde el despido de Raquel y no aflojaban. Las mujeres, que eran la mayoría de la clientela,  no iban a ninguna parte ya que los bares de hombres que tenían a lo largo de la avenida suroeste les daban miedo. La mayoría eran parados de la obra, gente peligrosa cuando estaban en grupo y bebidos  que podían poner en un aprieto a una mujer.

EL día de mayor caja en la panadería  eran los sábados. Un grupo senderistas y de ciclistas  de montaña, hombres  de cuarenta años, hijos de curtidores de piel cuyas madres aún reputaban en casa  para lo que quedaba de la industria del zapato que había  diseminado  el trabajo,  ya no en costosas fabricas, sino  que las empleadas, siempre mujeres, trabajaban en  casa mientras los maridos , más afortunados en la reconversión industrial de los 90,  muchos lograron la jubilación completa desde los 50 años de edad. Ellas que al casarse se salieron de la fábrica para criar, cuando los chiquillos tenían cierta edad, 10 o 12  años,  volvían al oficio repuntado en casa por un suelo mísero que era una pequeña ayuda para comprar ropa o libros a sus hijos.

Lolita ¿dónde iras en vacaciones? Le preguntó con amabilidad un senderista.

Los senderistas o ciclistas eran indiferentes al tema de Raquel,  y no participaban en el boicot al no haberse  enterado bien de lo que había pasado. Escucharon campanas como las que sonaban en ese preciso momento anunciando procesión. Solían ir solo los  sábados por estar la panadería  al final de la avenida y dar paso a los caminos de montañas hacia la Font de Garrut. Allí se juntaba gente procedente de Texas, el Toledo, el Carmadai. No había entre ellos ninguno del Roser. Solo era un punto de reunión que eligieron al azar hacia varios años, y como gente de costumbre perpetuaron comprar el pan para el bocadillo allí y lo harían hasta el final de los días.

Iré a Mallorca- le respondió Lolita con su hermosa sonrisa, abriendo el pan con sus manos finas  para la mezcla  de los deportistas. Gente que sin ningún amor ni interés cultural por el paisaje corrían por  el término sin prestar atención a la gravedad de deterioro  en que se encontraba el medio ambiente. Languidecía  la cultura no solo morisca de vall d´uixó sino consigo la  ambiental. EL  origen de esta degradación de las montañas y valles estaba en el desprecio que la industria peletera causo, junto la  inmigración nacional empujada por Franco de gente desesperada de Andalucía y Castilla huyendo del campo, y que no quería ni oír ni hablar de la tierra y toda su enorme miseria.  La puntilla a esta situación en la actualidad venía del  modelo social.  La actividad comercial como apuesta sin sentido y  suicida  de vall d´Uixó , aunque el problema de fondo era  de civilización.

Los sábados era el día favorito de Lolita. Los que acudían era hombres, con ellos se sentía segura. No se tenía que enfrentar a rumores de la  gente del barrio. Mujeres que entraban juntas de vez en cuando a doctorear y miraban todo de arriba abaja con desagrado, a ella la primera.  Sandra, de luto con el rosario, anciana de metro cincuenta. Una mañana se acercó para soltar la lengua.

Filla meua, pon un café.

Cuando se lo servía. arrugando  la cara:

Te puc fer una pregunteta?

Claro señora- contestó amable Lolita.

Que me han dit (exclamó mezclando los idiomas cosa que hacía de forma habitual haciendo gesto de estupidez- me han dicho que sales con la hija del jefe, con Rosarito y por eso tienes el empleo.

Sorprendida Lolita rió:

La conozco de la facultad, y hemos coincidido en las discotecas del pueblo. La conozco de vista, además, aunque no le importe, tengo novio. SI lo dice por el puesto de trabajo, lo conseguí por estar inscrita en una bolsa de empleo, lo otro es una casualidad. ¿Quién le ha contado eso?

Sandra  tratando de disimular con excusas:

 

Ay filla meua, no te pongas así, que solo es un rumor que m´han dit.

Lolita miraba por la ventana pasar a Teresa con el perro mirando con interés desde la calle la conversación. Lolita la miró fijamente y se fue.

Llegó el mes de agosto y la pendería cerró como todos los años.

Los números no mentían. Silvestre perdía todos los meses mucho dinero.  Gracias a las ganancias de las otras dos panadería podía sobrellevar, pero esa situación no podía durar.

 

Te llama Lolita silvestre,- le dijo Maruja con el teléfono en la mano un doce de Agosto a la hora de comer cuando estaba a punto de echarse la siesta  Silvestre

Señor Silveste he encontrado trabajo en un hotel en Mallorca y me ofrecen un contrato de seis meses. Me gustaría  quedarme aquí.

Silvestre comprendió en seguida la situación.

Te prepararé los papeles, te deseo suerte Lolita.

¿Qué quería silvestre? Le preguntó con interés Maruja  adivinando en su rostro lo que iba a decir.

Cerraremos la panadería. Esto no pasa Maruja.

¿ Y no crees que en septiembre se les abra olvidado lo de Raquel? Intentó dar ánimo para que continuara   la lucha Maruja.

Silvestre negó  con la cabeza.

Empiezan las fiestas patronales del barrio. Raquel pondrá la estela de la sagrada familia colgando del balcón y saldrá de fallera con un ramo de flores para la patrona.  A la hora del toro preparará coca de tomate como todo los años  e invitará a todo el barrio a su casa y se recordará todo.

EL semblante de silvestre palideció, miró a su mujer como un hombre  decidido  y que afronta  su resolución final,  y ya no hay más que hablar.

Agarró de Maruja llevándola contra sí . Ésta  suspiró sofocada.

Se acabó Maruja la panadería, la pondremos en  traspaso.

Angelillo d eUixó, continuará-

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La panadería, venganza moruna.

 

En los siguientes días al despido de Raquel, la nueva empleada, Lolita, abría la panadería con el mismo estrépito de persianas de metal rompiendo como una saeta el silencio de la madrugada de la avenida suroeste igual que lo hiciera Raquel. Silvestre aparecía a la misma hora con su furgoneta sacando la cabeza redonda entre los basquets de pan abrazados con sus rechonchos brazos cortos dejando apiladas las mercancías junto las estanterías.
EL silencio reinaba entre ellos, era un silencio de dos desconocidos en medio de una situación extraña.
Tras dejar el pan, pensativo salía Silvestre entre los primeros rayos del amanecer que iluminaba las cumbres de las montañas secas de Vall d ‘uixó abandonadas al trabajo, repletas las laderas de troncos de algarrobos moribundos entre los ribazos donde se amontonaba todo tipo de matorrales en bancales sedientos, convertidos en una escombrera entre las que rumiaba de perfil de algunas de las casetuchas por construir o por derribar de San Antonio, y sobre este chabolismo caótico: la humilde ermita  de san Antonio con su techo inclinado como la cabeza d eun buey manso, su fachada blanca rematada con una cruz de metal torcida, casi anticristiana,  y bajo ella, su pequeña campana. Silvestre invadido por el frescor optimista de la mañana tranquila y despejada al meterse de nuevo en la furgoneta para proseguir el reparto. Creía que todo pasaría rápido, que la gente olvidaría lo de Raquel y todo volvería a la normalidad.
Lolita se colocaba tras el mostrador con su delantal perfectamente blanco esperando con ilusión la entrada de clientes. Pero no se producía, dejándole una sensación de culpa.
Cada dos o tres horas atendía a algún cliente extraviado de otros barrios que pedía una empanadilla, o algo similar. Miraba algo confuso y turbado las sillas vacías sin atreverse por educación a preguntar.

Lolita miraba por la ventana de la panadería con la mirada extraviada viendo pasar a gente del barrio paseando al perro. Gente que antes entraba, y ahora se quedaban merodeando observando quien entraba y quien salia.
No había ningún tipo de amenazas para el cliente de toda la vida que entraba a comprar el pan. Pero sus vecinos, que estaban en la calle paseando  el perro, o  hablando en los portales de las grandes finca de siete plantas de altura de la avenida suroeste, la más alta de vall d’Uixó, miraban al traidor que salia de la panadería de tal manera, que cuando se metía en el portal con el pan, sentía haber cometido una traición hacia la pobre Raquel. Ésta , después del despido se había encerrado en casa como un animal herido y durante días apaenas salía, como si cumpliera un dolo muy intenso.
Silvestre recogía todos los días por las tardes los basquet de pan casi llenos. Ahora miraba la recaudación de la caja. Era escasa, misera, apenas cubría los gastos del sueldo de la nueva empleada. Y eso que era miserable el sueldo que le pagaba a Lolita.
Lo veía claro, se habían puesto de acuerdo para arruinarle el negocio los vecinos. Silvestre era vall d’uixó, y sabía cómo era el pueblo cuando le ponen la cruz a alguien. ¿ pero a él?  a uno de los suyos.
¿Qué mal había hecho él? ¿ Por qué esas gentes humildes, que siempre apoyaban al empresario, conspiraban para hacerle daño ?
Él , Silvestre, solo era un pobre empresario sin fortuna en el mundo empresarial. Uno de esos empresarios que está obligado a trabajar, a levantarse cada mañana a las cuatro de la madrugada y no volver a casa hasta el anochecer. así día a día,  para sacar adelante tres panaderías. Fue la cámara de comercio de castellón la culpable de todo ( pensaba con rabia de hombre engañado por las instituciones,) junto con el ayuntamiento de vall d’Uixó. En unas jornadas de emprendimiento a las que le invitaron a acudir junto otros empresarios de vall d”uixó. Allí le convencieron que tenía a su disposición un amplio abanico de posibilidades de despido y recontratación de nuevos empleados por la mitad de sueldo. Le ofrecieron ventajas increíbles. Aquello era un chollo: discapacitados mentales, tullidos, enanos, delincuentes que acaban de salir de la cárcel y no cobraban por trabajar a cambio de reintegrarse en la sociedad.
Finalmente Silvestre después de pensar en lo que se iba ahorrar si despedía a Raquel, y teniendo miedo siendo una persona conservadora, al igual que su clientela, de lo que pudiera pasar,  o lo que pudieran decir de él  si metía una partida de mongólicos en la panadería ,  opto  por una modalidad  más moderada y tradicional, menos innovadora: universitarios sin beca y con necesidades económicas. Así apareció  Lolita que estaba inscrita en la bolsa de la universidad como demandante de empleo en la categoría de Auxilio. La cámara de comercio tenía un acuerdo con la facultad donde Lolita estudiaba filología inglesa. Al acabar la reunión los empresarios de vall d”uixó fueron captando sus nuevos talentos para sus empresas.
¿ Cómo decírselo a Raquel? fue lo que pensó Silvestre inspirado por las nuevas ideas que acaba de conocer , pensando ya sin dudas en despedir a Raquel . Estuvo dándole vueltas como decírselo. Raquel era una trabajadora ejemplar, pero de la vieja escuela Europea: cara. Seguro que si le decía después de catorce años que debía trabajar por la mitad de sueldo, se negaría. Conocía su carácter, cuando Raquel se negaba, era como la gente humilde del pueblo que cree tener razón, no da  su brazo a torcer ni a palos. Durante toda esa noche Silvestre dio vueltas agitado  en la cama. Su mujer maruja, una señora  cincuentona, apática,  que cualquier gesto fuera de lo normal de su marido o sus hijos se desencajaba. Le preguntó varias veces sobresaltada:
silvestre ¿qué te pasa? Estás muy raro desde que has venido de la cámara de comercio.
Recollons, que me ha de pasar dona, los negocios han cambiado ¿ comprens? No podemos seguir así, hay que deshacerse de Raquel. Ya ha dado bastante leche.
Maruja asustada por  estas palabras se fue a rezar el rosario.

 

A las 10 de la mañana del día siguiente aparecieron para sorpresa de Raquel unos técnicos dedicados a la instalación de cámaras de vigilancia. Tenían la misión de instalar una cámara de filmación con grabadora para vigilar y escuchar a Raquel. Ésta llamó sobresalta de inmediato a Silvestre extrañada.
“Silvestre, hay unos técnicos de seguridad en la tienda que dicen que usted ha mandado que instalen unas cámaras de vigilancia detrás del mostrador”
-Si, es por tu seguridad Raquel- le contestó secó Silvestre, y colgó.

Durante varias semanas los gestos feos, las malas miradas, la cámara a la espalda de  Raquel siguiéndola,  fueron enturbiando la relación entre jefe y empleada. Raquel,  de voluntad firme y pensado sobre todo en su hipoteca,  y en la gente del barrio que acudía a la panadería y la apreciaban, tuvo fuerza moral para continuar. bajando con paciencia infinita todas las mañanas por las calles morunas del Roser entre vírgenes y santos hasta abrir sobresaltada por la presencia de Silvestre que le causaba estrés, la puerta de metal.
La clientela notaba algo de lo que pasaba.
Teresa, que siempre ocupaba la mesa a la izquierda de la puerta junto a un grupito de jubiladas, que a la misma hora acudían y tomaban  día tras día, años tras año lo mismo, café con pastas. Teresa, que   ejercía de lideresa al tener más virtudes que ninguna, siempre con gesto amable hacia Silvestre por ser  hombre,  y esto de por si era para cualquiera de ellas era una categoría de respeto.  Un día de los que solía frecuentar la panadería Silvestre ( cosa que después de la instalación de la cámara empezó a ser habitual) le preguntó sin tapujos   al comprobar que las cosas habían cambiado en la relación entre Raquel  y SIlvestre, y empezaba a comentarse entre las mesas, siempre pendiente de los cambios,  sobre todo si eran cambios no deseados que agriaban la pacifica convivencia en un lugar convulso y lleno de miseria laboral , con situaciones  para la gente humilde de ésta tierra que les era difícil de comprender: los inmigrantes, los discapacitados trabajando, causantes de las increíbles cifras de desempleo.
Silvestre ¿ por qué ha puesto la cámara?- le preguntó con rostro lleno de inocencia ingenua en el que no cabe  malicia, pues ésta gente sencilla no suele enjuiciar nunca las relacioens de empresario trabajador.
Silvestres le respondió sonriendo:
Por seguridad.
Ahh ¿ veis ? con ingenuidad animal  Teresa se volvió a  sus compañeras que dejaron por zanjada la discusión.
Ningún comentario de este tipo se volvió a dar hasta el día del despido. Según silvestre, producido por falta de interés en el trabajo por parte de Raquel. La cámara y sus visitas lo demostraban. Él lo había visto. Raquel ya no era la de  antes, ahora era un ser desconfiado ante el amo que quería que la panadería se arruinará para cobrar el despido de catorce años. Aquello no podía seguir así. Silvestre no se despertaba a las cuatro de la mañana y volvía a las nueve para que le arruinaran sus trabajadores.
Este motivo del cese se conoció no por Silvestre,  que evitaba tras el despido aparecer , más que lo imprescindible. Por evitar alguna pregunta molesta o mala cara de algún vecino. Así  dejaba el pan a lolita y volvía  por la noche. Fue cuando vieron días después de su despido a Raquel volviendo a su casa con  pan del mercadona bajo el brazo hablando sola,  llena de rabia  y con rostro de agraviada.  Como el de alguien herido no solo en su amor propio, sino en la confianza hacia el mundo,  y que quiere su lógica justicia cuando tiene toda la razón del mundo y se la deniega.
La noticia de lo que le hicieron a Raquel voló por el barrio, y lo hizo como una agravio, no contra Raquel,  sino contra todo ellos, ya cansados de no tener justicia, y por contra, padecer sus golpes y excesos, siendo tratados  por su condición social como mercancía barata por los empresarios, ayuntamientos, cámaras de comercio, policías, jueces  y otros proxenetas. Acabando los humildes, los miserables, por la codicia de esa casta vaga institucional   desamparados y sufriendo toda suerte de desgracias siendo personas trabajadoras. Raquel se recluyó en su casa, como si le hubieran despedido de la vida ante la imposibilidad de tener justicia.
No hubo ningún manifiesto de boicot al despacho de pan, nadie prohibía el paso a nadie al despacho de pan. Sin embargo, entre estas gentes divididas, acostumbradas a no ponerse de acuerdo, esto fue lo que ocurrió. Durante meses y meses nadie entraba en la panadería. Abría cada día Lolita, triste en cuanto a su futuro laboral, con la idea de irse de vall d’uixó, como la mayoría de gente joven. Silvestre  veía  como todos sus esfuerzo de años estaban siendo arruinados. Era la justicia del pueblo de vall uixó. Un pueblo de gente desunida, recelosa y envidiosa. Acostumbrada a coser espardeñas, a cortar piel,  a vivir en un ambiente que olía a carne muerta, y a procesión de domingo. seres subordinados y conservadores, gente tradicional, antihuelgas, que apoyaban al empresario, sobre todo  al pequeño, muchas veces el peor.
Pero la justicia no acabo allí.
Sino que la justicia, la que atenta contra los trabajadores, la que representan esos hombres vestidos de negro siempre cargados con papeles que buscan el mal de la gente honrada y trabajadora, también actuó. Y cosa muy extraña, casi increíble: dicto a favor de Raquel que denunció en un tribunal los hechos.
Angelillo de Uixó. continuará.

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¿ Por qué no te callas?

http://patrimonienextincio.blogspot.com.es/2015/11/por-que-no-te-callas-frase-que-no-se.html

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El siguiente testimonio está basado en hechos reales, transcurre la acción en una habitación pequeña de una caseta destartalada y en ruina de campo de vall d’Uixó que mira al pueblo desde la altura. tiene una ventana. El decorado que hemos montado para la actuación dispone además de  una vieja  radio philips, un ordenador  sin marca de 1998 , una mesa llena de papeles, una silla, un catalejo con el que el protagonista que hemos elegido para nuestro experimento de “¿ por qué no te callas?” observa el mundo. Nuestro actor  es un ser perseguido. vive en aislamiento sufriendo un largo proceso judicial político. Sus condiciones sociales son de empobrecimiento. El grupo dominante quiere matarlo.

Dialogo del protagonista mirando por la ventana.

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A mi modo de ver, pese a estar proscrito en ésta casa en cuya puerta han marcado con sangre de cordero una X , y no poder salir por miedo a ser denunciado o detenido por  cualquier motivo, creo que para el resto de personas que no sufren las misma situación social que yo, la vida en vall d”uixó es bastante tranquila y feliz. Es más, casi diría que el ambiente que se respira en vall d’ uixó es envidiable de cualquier otro sitio que se precie de democrático.

Se escucha al hilo de estas palabras en la cadena ser

” el ex alcalde Óscar Clavell  del PP se reune con las peñas de los toros y fiestas para proteger las señas de identidad( cruz de los caídos y otros  símbolos fascistas, fiestas patronales….)

( agarrando el catalejo y abriendo la ventana de forma teatral)

Oh ventana donde me asomo con precaución a ver el mundo exterior  sin prejuicios, dispuesto a observar lo que sea y anotarlo. ( rostro irónico)

Puedo comprobar que se vive la vida con bastante libertad en este lugar. Sobre todo en los atardeceres, cuando la gente se despierta de la siesta se reunen antes del ocaso en los parques , ribazos, escaleras… que se extiende a mi vista. Allí tranquilamente me llegan  sus voces lejanas, crisol de personas que  hablan de sus cosas .Generalmente por mi experiencia social anterior, hablan de cosas alegres. Cada persona tiene su rincón como cada estrella tiene su sitio cada noche. los chiquillos que no van al colegio tienen su rincón cerca del campo de fútbol, los jóvenes que no trabajan se tumban en las escaleras del parque, los padres de cuarenta años que no hacen nada más que vender marihuana y amenazar a su mujer cuarentona que si se van de su lado la matan, en los banquillos de la petanca. Es bastante divertido verlos. Algunos de ellos, los de los  bloques de alquiler social que viven de las subvenciones llevan un bastón y un perro de presa y van con la cabeza rapada.

aunque pueda parecer que este aislado de la gente , siento un amor profundo por estas personas y sus costumbres. Mi aislamiento y las  miserables condiciones  de vida en la que estoy , no debe entenderse como un argumento contra ellos, sino por ellos.
En el fondo se revelan contra esa quietud de la que hablo.

( la gente del barrio  se levanta y se va como en una función. )

La manifestación o expresión de esa rebeldía está en las jornadas de toros en la calle, la defensa de las calles con nombres fascistas, y el recuerdo imperecedero del Caudillo, que hasta los socialistas quieren salvar de que se olvide a través del consenso.
Las fallas, la música, el replegar velas por si hay tormenta.
El silencio.
En el silencio no hay profecías,  no hay dolor, en el no pasa nada. Nada explota. tampoco nada nace ni florece.
En España se cree que se navega bien por la vida en el silencio.
El único argumento en contra del silencio, es que hace desparecer a millones de individuos, y deja únicamente las voces de los llamados buenos, de los angelitos, los que dicen:

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¿ por qué no te callas?

Angelillo de Uixó.

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Dios ha muerto, ahora nos toca enterrarlo.

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I.

La noticia no extrañó a nadie, ni desde luego sirvió para que cambiarán unas costumbres muy arraigadas en vall d´uixó. Algunas personas comentaron en las vísperas de la sagrada familia lo que se rumoreaba: que Dios había muerto.

recibieron estas personas contestaciones bastantes sensatas y adaptadas a las difíciles circunstancias electorales y económicas que atravesaba el municipio de la vall d´uixó en el año 2015 poco antes de víspera de la procesión.

“Es igual que esté vivo que muerto Dios, es el día de la procesión de la sagrada familia y nos hemos puesto ya el traje de gala, adornado los balcones, y llamado a la televisión para patrocinar el pueblo”
Estas contestaciones fueron así tanto por parte de las autoridades eclesiásticas, como por parte de las autoridades civiles  de diferentes espectros ideológicos, que en estos asuntos, hermanos míos, en un pueblo de silencio cuyas vidas se basaban en el control de una moral de base de contentar a todo el mundo, que sería algo así como el amor al prójimo para salvarme yo. Estando este instinto de conservación muy por encima de reflexiones metafísicas, más propias de indigentes y esclavos necesitados de fe y espíritu para soportar los ultrajes y golpes de los poderosos.

De hecho, cuando más lumpen y necesitado de fuerza y coraje era un barrio, más vacío quedaba en busca de la Fe y la estupidez ciega en la creencia de una realidad divina sostén de la vida precaria.
Acudían así pues, hermanos míos, los perseguidos por la guardia civil, la policía local, los embargados, los desahuciados. Peregrinaban en pandillas, como una verdadera jauría de perros, deshechos humanos, restos del naufragio universal de la globalización en busca de los maderos donde asirse en la procesión de la sagrada familia. Cómo sino podrían soportarse los mil tormentos de los trabajos infames, o la ofensa de una vida paralizada sin nada que hacer, por falta de trabajo, o la duda trágica entre la pared y la espalda de un trabajo insoportable, o lo insoportable de un trabajo desagradable. Pero allí estaba Dios, creado por una gran fiebre para silenciar lo inevitable.
El verdadero caos.
Pero, oh hermanos míos,
¿ sería así el anuncio de la muerte de Dios?
El caos.
O…
¿ sería el anuncio de un mundo mejor?
Pues fue así lo que ocurrió.
nada de lo prometido,
ni una cosa ni otra.
Ni el caos, ni un mundo mejor, sino una indiferencia mortal, el bostezo de la tradición ante una procesión del día de la sagrada familia marchando por vall d´uixó.

Petardos y pedos,
curas y progres,
lumpen y maderos.

Oh voces del porvenir,
de un mañana feliz.
II.

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Pero en aquella tierra,  si hubo quien escuchó la muerte de Dios.

Fueron ellos. Ajenos oídos como piedras, sordos y mudos al lenguaje familiar, aquellos príncipes del cartón que descansaban como un guillotinado Dios muerto sobre un universo donde reposar la cabeza, pobladas de galaxias de estrellas a la deriva, inclinados entre basuras de callejones traseros que tiemblan cálidos alrededor de soles brillantes , tetrabrick tiernos de vino que atestan las esperanzas de estos hombres de violencia y Fe que el alcohol les hace bailar llenos de feminidad y felicidad. Orbitando- quien sabe de que firmamento – dieron tres ladrones bajo la cruz de los caídos de vall d´ uixó, en pleno centro de gravedad del pueblo, aterrizando entre dos palmeras, flanquearon el pedestal de mármol cubierto de dátiles jugosos que mordieron con sus bocas secas. Asombrados, los tres ladrones que habían visto conmoverse a Dios ante su presencia en los calabozos, vieron estas almas violentas cruzar como recuerdos velados, sobre sus conciencias desgastadas, la sombra de un Dios  que se manifestó moribundo ante ellos con una lengua de cemento capaz de derretir de compasión hasta el asfalto, fundir con amor aviones en movimiento, y hacer que el serrín escribiera de nuevo los testamentos transmutados.
Éstas fueron las breves palabras que les dijo antes de morir un Dios desengañado ante tres individuos cargados de pecados que se curaron de las heridas causadas de sus allegados.
Luchar contra el prójimo ,pues os han engañado con el amor a la humanidad tanto como con la culpa.
Envenenar a quien os hable de tolerancia, unidad, patria, pues no pretende más que dominaros.
Y sobre todo… no os fiéis de las mujeres.
Amen hermanos.
Así murió Dios, ente unos pobres ladrones quitándoles el pecado y restituyendo su vida con su fin.
Con la boca llena de dátiles medio vacíos por la cercanía de un otoño frío, notaron estos hombres una nueva fuerza, un nuevo impulso que los engrandecía.
contemplaron la charanga, la comitiva impaciente, el ruido de los petardos, la procesión de la sagrada familia con ojos de animales, y rieron al ver a muchos ateos mezclados entre la comparsa que no dijeron nada, aunque olían la descomposición de Dios, de sus familias, del estado y en definitiva la vida, pero seguían como gusanos y serían capaces de saltar hacia abajo todo tipo de peldaños con tal de salvarse de cualquier esfuerzo.
Angelillo de Uixó.

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Los anuncios de difuntos en Vall D´Uixó.

Interpolación para el anuncio de mi muerte si es en vall D´Uixó.

Dragon ball Z -La muerte de Gohan -AMV

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Las sociedad de Vall d´Uixó vive enclaustrada en si misma. Claro, llegan nuevas modas de las grandes capitales, los adelantos tecnológicos como televisiones, lavadoras, ordenadores, internet, teléfonos… y cosas similares que se guardan dentro de las casas. Pero… por lo demás todo sigue como hace siglos tras las puertas de vall d´uixó.
Vino a visitarme mi amigo Pedro, un eminente antropólogo de Valencia, mi ciudad natal. Quería comprobar si los correos electrónicos y los artículos que le mandaban sobre esta localidad en la que había recaído y estaba atrapado por su hiedra judicial eran ciertos.
Bajé a recibirlo a la estación de autobuses.

En la estación esperábamos desde hacía más de un cuarto de hora un grupo de personas de lo más diverso la llegada siempre impuntual de los autobuses. A mi alrededor había unos canis tatuados de arriba abajo con su cara de palurdos fumando algo. Miraban a varias muchachas, a una de ellas asmática, otra albina, y dos gordas que parecían princesas buscando su príncipe azul que se resistía a aparecer, pero que cuando lo hiciera, se entregarían a él hasta la muerte.
Al llegar el autobús y bajar mi amigo lo encontré muy animado. Siempre había sido una persona muy vital. EL viaje había sido corto, y más para él acostumbrado a viajar en canoas por todo tipo de selvas. El trayecto duro poco, algo más de una hora sobre un paisaje de huertos de naranjos con el mar del fondo, y una carretera lisa, sin sensación de cuesta . Solo era interrumpido este monótono paisaje por la visión monumental de Sagunto donde hacía parada el autobús.
La verdad es que mi amigo se lo había pasado bien escuchando a las chicas del asiento de delante, ya que le sirvió para tomar una primera muestra con dos mujeres jóvenes de vall d´uixó que hablaban de una tercera durante el trayecto. Sus rostros no los había visto. Asomaban solo dos peinetas de falleras mayores que sobresalían del respaldo. Al parecer acusaban a una tercera , una tal Rosita, que no estaba presente, pero con la que la muchacha de la derecha del asiento había tenido una conversación a través del teléfono móvil. Conversación que calificaría mi amigo más tarde de amable, y repleta de repugnante hipocresía. Al terminar la conversación con un beso telefónico, le contó a su vecina de asiento que la vomitona de Rosita con malas artes se había arrimado al Paco Penas. Y llamó a Pilar, la mujer del penas para decirle que Rosita iría de lagarterana a la corrida de toros de las cinco, la otra le contesto que iba a estrenar la sartén en la cara de la puta de Rosita.

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Te encuentro algo desmejorado Dionisios- me comentó mi amigo Pedro al bajar del autobús y verme.
Mi rostro no contradecía como me iban las cosas por aquí.
Ay Pedro, no sabes lo que es vivir con estos palurdos.
Venga, venga, Dionisios, hay que reponerse y adaptarse. No será para tanto como cuentas en tus correos y vídeos con esas hipérboles amenazando de que te vas a arrancar los ojos para no seguir viendo las cosas como son.
¿ crees que soy inmisericordioso?- le pregunté sin confianza en mi. Notaba en sus ojos que le daba pena verme y eso me hizo estremecerme.
Vamos, vamos- me trató de tranquilizarme mirándome con sus ojos azules repletos de inocencia después de haber estado 2 años con los jíbaros en el amazonas, alejado del ordenamiento de una sociedad como la de vall´d uixó.
Empezamos a caminar por las calles adornadas de fiesta, con banderas de España colgadas de los balcones. Se sucedían estallidos de petardos, voces histéricas todas aullando a la vez, y correteaban en tropel en un número excesivo chiquillos harapientos. Nos adentramos por varios callejones, hasta que vi un grave peligro colgando de un balcón:

Cuidado Pedro- grité.

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Él se sobrecogió mirando a todos lados para ver de donde venía la amenaza.
¿ Qué? Preguntó desconcertado tras varios segundos intentando detectar el peligro.
Un megáfono- señalé el objeto mientras le asomó una sonrisa.
De repente el micrófono del megáfono se abrió chirriando de forma zumbona, era como estar apunto de escuchar a las sirenas de Homero anunciando la perdición de quien quisiera escucharlas. Yo me tapé los oídos, y luego me los destapé, pues sabía lo que iban a decir, y aunque no  oyera sus chillidos en mi mente ya estaban las consecuencias de haberlos escuchado. No tardo en emitir su anuncio que ya había escuchado de camino a la estación de autobuses.
Entierro mañana a las 11 de Cornelius, vivía en el número 5 de la calle del Buen Moralista Abad Colonia San Antonio, vall d´Uixó. Fue el padre de Amparito y Ricardo.

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Pedro escuchó atento el mensaje. Era el resumen publico de la vida de esa persona cuyo sentido y destino en la vida  estaba reservado a ser el padre de Amparito y Ricardo, y vivir en la miserables calle del buen Abad. La gente corría indiferente de aquí para allá, por la calle de abad Recadero Centelles lanzando petardos sin importarles mucho el anuncio del difunto. Las muchachas lanzaban ruiditos nerviosos con la boca cuando los muchachos en mangas de camisas les tiraban petardos que explotaban cerca de sus pies.
¿ qué significado tiene aquí morir? Le pregunté a Pedro.
Mi amigo arrugó su frente y me respondió tras meditar la cuestión:
El no haber vivido.
Agaché la cabeza mirando los adoquines del suelo intentando rebelarme.
¿Comprendes mi angustia entonces Pedro?

Una voz de un policía local al verme gritó desde la barrera del toro:
No matarás Dionisios.
Continuamos caminando, adentrándonos por los callejones viejos y débiles del pueblo repletos de fachadas con santos y flores donde la existencia plena todavía no había llegado.

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Angelillo de Uixó.

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Los anuncios de difuntos en Vall D´Uixó. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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A través del canal de la mancha.

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dedicado a todos los emigrantes del eurotunel.
Todo empezó con una gran mentira del mayor cabronazo  que haya existido en valencia, el Almansa.
Me encontraba Yo en 1997 en el parque de marchalenes,  valencia, con mi chupa de cuero y al lado de mi moto de 49 centimetros cúbicos trucada a 75, siendo capaz de alcanzar los 125 kilómetros hora, y cuyo atronador motor y  tubo de escape tubarro perforado era el terror de la ancianas y las palomas del lugar. Cuando me escuchan llegar  todas se espantaban. Excepto mi abuela a la que le pedía dinero para gasolina mientras el resto le decían que no me diera nada, que me lo gastaría en drogas o algo así.
! Como odiaba a esas viejas que rodeaban a mi abuela!

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siempre diciendo mentiras sobre mi del tipo: que no quería trabajar, que era un delincuente, que iba con malas compañías, que era un perdido, que acabaría en prisión,  y cosas por el estilo.
Pero en valencia en 1997 para mí, y mis amigos del barrio, no había nada que hacer.
El trabajo en valencia era una autentica basura sin futuro. Por todas partes estaban empezando a levantarse grúas para la construcción de edificios en medio de un famosos paisaje que había trascendido a la literatura mundial con Blasco Ibañez. La huerta de valencia. Los terrenos valían cada vez más dinero, al igual que las casas , y solo empezaba a haber trabajo para obreros. En 1997 intuíamos, pero sin saber lo que iba a pasar, que ahora si sabemos, que algo malo iba a ir mal.  Los trabajos duros no iban con gente sensible y comprometida socialmente como eramos mis amigos y yo que aspirábamos a algo mejor que ser obreros. Aún quedaba de los años 80 una poca resistencia sindical y  tejido productivo. Pero estaba empezando a ser desmantelado mientras atónitos veíamos sobre nuestra ciudad  un paisaje de grúas y el sonido de las hormigoneras. La población  de Marchalenes de 1997 pre-internet, gozaba de muchas más libertades  que hoy no existen, como el derecho de reunión, o la libertad de expresión y la de opinión. Si lo comparamos  con el 2015, es asombroso lo que hemos perdido. Entre mi grupo de amigos lumpen los había marxista, anarquista, comunistas… Los barrios de valencia aun estaban formados por grupos cerrados donde tener una ideología era  importante y parte de la identidad del individuo,, aunque todo aquello estaba empezando a desparecer con la introducción de las grúas y las hormigoneras. Nosotros andábamos de aquí por allá todo el día respetando a nuestros semejantes en bares heavys del barrio del Carmen, aunque a veces el semejante el semejante se volvía muy cabrón  contra nosotros. Entonces se montaba la fiesta.
Las perspectivas  de futuro en 1997 en valencia eran muy malas, y yo por entonces con 22 años quería labrarme un buen futuro. Sin embargo parecía que mi destino y el de mis amigos sería acabar tirando de una carretilla llena de hormigón para ganarnos el pan, y eso a los 22 años era muy difícil de asumir. Yo creo, a día de hoy, de que esa decepción era lo que nos llevaba a estar todo el día en el parque maldiciendo al estado.
Varias veces había intentando trabajar en lo único en que se podía trabajar en valencia. Se fuera licenciado en derecho, psicología, o en lo que fuera. La puta obra.

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Una vez llegue a estar junto al sapo 9 días de peón de la construcción abasteciendo a grupo de  oficiales llegados de cuenca, bastante cabrones, para que pusieran sus putos ladrillo a destajo. Yo cobraba a jornal, ellos a destajo. Me pasaba 12 horas al día arrastrando una carretilla en Albal, llena de cemento, que pesaría por lo menos 150 kilos, a  mi amigo le tocó un compresor, se pasaba el día abriendo zanjas con el puto martillo ese.
Hasta que el día que hacía 10, al arrancar la moto a las 6 y media de la mañana para ir a Albal , a mitad camino pare la moto y le dije a mi amigo que iba detrás si nos íbamos a desayunar   a la malvarrosa.

me dijo de forma responsable que si.
En la orilla de mar junto a dos putas que estaban de servicio con unos yonkis que salían de la famosa discoteca A. C.T.V . amaneció para nosotros ese día lleno de libertad y esperanza.

Por la tarde en el parque estaba junto a mi moto esperando que llegaran el resto, cuando aparecio  Almansa.
Acaba de venir de Inglaterra y estaba dispuesto a contar sus típicas mentiras con las que salia del paso de sus desgracias.
Tras saludarme mirándome empanado con sus grandes ojos azules incrustados en sus cara de muñeco, empezó a marearme la cabeza:
Hostia angelillo, debes ir a Inglaterra, allí se encuentra trabajo bien pagado, sencillo, y poco sacrificado. Yo como era español y somos famosos entre los ingleses por nuestro pintores, me contrataron para pintar las chimeneas de los barcos, 6 horas al día, y pam, a cobrar el  equivalente en libras a 200.000 pesetas.
allí se vive muy bien, sin apenas trabajar, nadie trabaja en Inglaterra. angelillo,( me dijo esto último con gestos muy vehementes) nos sacan años de revolución proletaria.
Como prueba me saco un fajo de billetes.
Entonces le creí,  y convencí a mi abuela a que me diera dinero para irme a Inglaterra. Cosa que  de inmediato prometió hacer. Nunca le había visto tan contenta conmigo.
me dijo que antes lo dijera en casa.
En casa cuando lo comente hicieron una gran fiesta, y mi padre fue muy cariñoso esa tarde conmigo. Me dijo que me deseaba suerte y que no volviera.
Esa noche fui presa de una profunda agitación mientras me debatía en que hacer. Mi porvenir, mi camino, my way, era como un puzle que era necesario desvelar. Tarde esa noche en conciliar el sueño. al despertar lo único que recuerdo que soñé, es que en mi sueño salia el big ben en el sueño, y veía barcos bajar por las aguas negras y tranquilas del Tamesis. Interprete que era la señal que necesitaba para tomar una decisión clara, firme y de por vida. Por la mañana estuve buscando en agencias para comprar el billete.
Por fin a los 22 años mi vida empezaba a arrancar, quizás iba un poco rezagada, pero estaba claro mi porvenir ,y yo tomaba las riendas de mi destino.  Las palabras que mi padre me solía dirigir de si algún día iba a tener un trabajo, un proyecto, unas metas… cobraron un profundo sentido. Casi tuve ganas de abrazarle por vez primera en mi vida. Nunca había tenido las ideas tan claras, ni había estado tan cerca de sentirme como esos personajes de los libros de aventuras llamados: héroes.

Yo era un héroe.

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Al llegar a Londres sentí una profunda angustia nada más se abrió la puerta de la terminal. Era agosto y llovía y hacia frío.
Lo primero que hice fue refugiarme bajo un portal esperando que pasara la tormenta.

Cogí el tren y llegue a Londres. No llovía, pero estaba nublado. Empece a caminar  desconcertado bajo tenues rayos de sol. la gente hablaba en un idioma que no entendía, y empece a pensar que eso iba a ser un problema más importe de lo que podía parecer en principio.  me pareció a primera vista una ciudad caótica, decadente, triste, y sobre todo…  mucho más sucia que valencia.
Me sorprendió ver la cantidad de inmigrantes que como yo  había. buscaban como borregos  trabajo.
Lo primero en mi caso fue dar con  una pensión barata donde dormir. No llegaba a ser medio día cuando me pareció oír al big ben dar las campanadas. No lo veía, pero lo intuía. Encontré bastante pronto la dirección de una pensión tras preguntar a un indigente español que vi tirado en un parque insultando en mi idioma a los ingleses que pasaban por su lado indiferentes. A estos  les daba igual que les insultara, incluso le echaban de vez en cuando alguna moneda.  me acerque a él preguntando:

¿eres español verdad?

acabo de llegar hace un momento y busco una pensión barata- añadí con pena.

El hombre se puso a reír y me dijo que se llamaba Leopoldo  que era de extremeño y que me fuera, pero si no podía me dio una dirección:

Ve aquí y di que vienes de parte de Leopoldo.

Dejo en mi mano una tarjeta publicitaria que llevaba de una pensión a la que él de vez en cuando acudía. Me indicó como llegar king Cross. allí dormí por primera vez en mi vida como si fuera  ganado con 12 personas más, y repleto de chinches tras pagar 10 libras.
al día siguiente empecé a buscar trabajo sin desayunar. Todo era muy caro.  Encontré trabajo antes que el desayuno.  al colarme en el metro cuyo precio era un robo, me metí al ver a unos controladores que estaban delante del vagón que quería coger, en un restaurante típico español que había dentro de la propia parada del metro. No me di cuenta de que había un  cartel en castellano difícil de entender
se busca pirata españolo para trabajar.
Al verme la camarera me echo una mirada de arriba abajo, debió pensar por mi pinta de español o pirata  que venía por el puesto.  Yo estaba plantado sin saber  si salir o quedarme. La chica era una mujer bajita, pecosa, fea,  con trenzas rubias atadas a lo heidei.  Me llevó al encargado sin que yo me resistiera.
no paraba de sonreír, cosa que me molestaba.
el manager era un tipo con aspecto de marica con una cinta en el pelo que me recordó al cantante de Dire strait, su camisa abierta y anudada a la cintura también me lo recordó. También estuvo sonriéndome como si yo fuera un imbécil, o un niño pequeño. La verdad es que no me enteraba de nada.
entonces me paso a la cocina y me presentó al que sería mi compañero y encargado, un cocinero que era  Libanés que me dirijo una mirada repleta de odio nada más verme. empezó a tirarme cazuelas sucias para que las limpiara.
Así empezó mi trabajo en Londres, a una libra por  hora limpiando  cazuelas.
De vez en cuando me hacían salir con platos de comida que llamaban cocina española.
aunque lo que cocinaba el libanés daba verdadero asco.
La versión de la paella marinera era realmente lo más bizarro que he visto en mi vida.
Se trataba de un arroz hinchado amarillento lleno de especias hecho a base de despojos de   pescado rojo y apestoso que debía ser del  mar del norte.
Los puercos ingleses  se comían eso, y les encantaba y felicitaban al libanés que les insultaba en su idioma. Era un tipo extraño que escupía  en los platos antes de servirlos. Hablaba algo de español, y odiaba a los españoles y a los ingleses. yo creo que a todos los europeos.
Lo poco que supe de él es que estudiaba medicina en londres y que detestaba ese trabajo y la vida en Londres.
se pasaba le día chillándome. Todo lo contrario que Caroline, que en el restaurante se  hacía llamar lolita.
En Londres fue la primera vez que una chica me metió mano.
Estaba yo fregando unas cacerolas cuando la gorda de Caroline se acercó por detrás sin que yo me diera cuenta y empezó a acariciarme el culo.
al cabo de cinco días me fui de allí cobrando un miseria.

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Con 10 hora de trabajo no pagaba ni mi piojosa habitación.

al día siguiente de irme  volví a encontrar trabajar. Lo hice  en el inverness hotel, donde casi toda la plantilla de peones era de españoles.
La forma de dar con este trabajo fue casual. Me había colado en el metro, cosa a la que francamente le había cogido cariño. El metro era como mi moto en valencia,  casi todo el día iba de aquí para allá como un verdadero fantasma por los vagones, cuando escuche a  dos trabajadores de ese hotel que hablaban del fútbol en castellano mientras iban al curro.
¿ Sois españoles verdad? les pregunte.
De Madrid- me respondieron.
Acabo de llegar a esta ciudad y necesito trabajo- les salte a boca jarro.
entonces uno miro al otro, y afirmando con la cabeza tras darme una rápida mirada aprobatoria , me dieron:

pues vente con nosotros y te presentaremos donde trabajamos.

En el hotel me explicaron que iba a ser camarero de habitación.

al día siguiente fue mi  primer día. me dedicaba a ir detrás de un tipo mayor de unos 55 años que llevaba unos 30 años en londres. Era de albacete, hijo de gente de la tierra. Él era un hombre delicado que odiaba trabajar en el campo, por eso emigro.  Estaba encargado de llevar a los nuevos por su gran paciencia. Se llamaba Ambrosio , y siempre le colocaban a los nuevos para que aprendieran de él. El pobre desgraciado era una leyenda de la sumisión  en el hotel. Llevaba más años que el nuevo propietario que era una árabe que había comprado el hotel hacía tres años. iba dos veces al año de visita con su harén. Ambrosio  era un hombre educado. Físicamente español, ni muy alto ni muy bajo, delgado, con la cara alargada y más bien flaca, los ojos negros y vivarachos, optimista por naturaleza. Decía que era feliz con la vida que  llevaba desde hacía 30 años en ese hotel realizando el mismo trabajo. quitar las toallas sucias y reponerlas de una forma elegante, también cambiar las sabanas, y como si se tratara de la instrucción miliar  del ejercito, había que hacerlo como si los clientes fueran oficiales, de forma correcta, con cuatro centímetros de pliegues sobre la manta que debía estar perfectamente lisa. también se requería poner jabón en cada habitación, papel higiénico, y un montón de no se que  de pequeños detalles bastante molestos para mi…  pasar el aspirador, el plumero…
El primer día consistía en observar y aprender de Ambrosio.
al salir del hotel iba con cabeza embotada por toda de toda esa información acumula que era incapaz procesar.
caminaba  por la orilla de tamesis con el parlamento de fondo.
navegando pasaron unos chicos remando en sus botes, iban cantando y dejando tras de si unos pequeños remolinos producidos por los remos.
A  mi izquierda quedo la abadía  de westminster  y el big ben sonando. Me metí por unas calles y vi a un chico sentado en un banco con la camiseta de la discoteca masía y una gorra de tela de la discoteca de mi tierra, spook factory. Era de mi edad y parecía abatido.
me sentía bastante solo. me propuse averiguar si era de mi tierra
¿ eres español?- le pregunte cómo siempre.
de paterna-  respondió.
Coño, yo soy de valencia- le dije muy contento al conocer un paternero.
Observe con detenimiento al chaval. Pese a estar sentado se le ve veía muy alto, más tarde cuando se puso de pie me di cuenta de que debía medir por lo menos un metro noventa. Destacaba de que era muy delgado, casi anoréxico. Su piel era muy morena, y su cara era de imbécil pastillero.
empecé hablar con él .

me dijo que se llamaba David y conforme se expresaba  me di cuenta  de que estaba como una cabra.
Más tarde me enteré que estaba en londres porque se había escapado mientras estaba haciendo el servicio militar de una guardia.
Oye amigo- me dijo- no sabrás donde puedo dormir, me han largado de la pensión donde vivía.

Me explicó con cara de verdadera lastima de que le era imposible pagar las 70 libras a la semana por dormir con 15 tíos  en un cuarto  lleno de pulgas.

Luego se llevó las manos a la cara y me dijo:

he perdido mi trabajo, no ganaba ni ocho libras al día fregando cacharros sucios en un restaurante típico español.
Su historia me recordaba a la mía, y pensé que no podía dejarle tirado a un compatriota.
Colega,estás de suerte – le tendí la mano y se levantó todo lo grande que era llegando mi cabeza hasta la altura su cuello.

Le dije tranquilizándolo

vente a mi pensión, es una pocilga para cerdos, pero podrás dormir tranquilo  en algún rincón, de vez en cuando unos búlgaro y eslavos  traen a amigos suyos, ¿ por qué no iba a hacer yo lo mismo? pero escucha, tienes que tener cuidado con el manager, es un cerdo judío de origen polaco, y es capaz de llamar a la policía si te ve, para subir tendrás que esperar que yo baje al portal a las 12 de la noche , el cerdo cae borracho todas las noches a esas horas sobre el mostrador. entonces sube y te acoplas. Por la mañana antes de las 7 hay que salir. bater no hay, el único que teníamos para los para doce  en ese cuarto está atascado, y en las otras habitaciones no nos dejan entrar.

¿ te va bien?

afirmó con la cabeza.
venga nos vamos- añadí-

empezamos caminar en dirección al metro. Saltamos por encima de las puertas automáticas donde la gente los idiotas pagaba el billete, cuando caí en la cuenta
Espera, podemos ir al hotel donde trabajo por si necesitan personal.
Que buena idea- me respondió.
Esta es la parada de donde está el hotel, hay que ir andando, venga David , a votar hermano.
volvimos a saltar en dirección ahora contraria golpeando con nuestras piernas  a unos japones que estaban metiendo su billete para entrar.  recuerdo que se pusieron chulos los muy hijos de perra, pero los calmamos en seguida el paternero  y yo.
No os pongáis chulos amarillos de mierda que os metemos- les dijo David muy convincente con las venas de la garganta fuera de si a punto de estallar y gesticulando tanto que los japos desconcertados se cagaron encima.
Salimos riendo tras chocar nuestras manos.
Si,  todo estaba empezando a ir bien.

tenia por  fin un amigo en Londres.
El hotel inverness era una construcción tipo palacio que un rey  había mandado construir hacia un par de siglos para su puta favorita. había acabado como todas las  iglesias, mansiones, palacios, edificios públicos de Londres,  en hotel.
Ambrosio- le llame mientras tomaba su té en el hall,

¿ Puedes preguntar si hay trabajo para este chico? Yo respondo por él.
Mi sorpresa fue gran cuando   dijeron que podría empezar mañana a aprender.
Al salir nos perdimos  buscando el metro y volvió a  aparecer el tamesis.
Joder que río más grande- exclamó David.
¿ que no lo habías visto todavía ?

Negó con su cabeza, y asombrado le pregunte sospechando algo extraño si sabía cómo se llamaba.
David  mirándome fijamente y sorprendido levanto los hombros:
No sabia que en Londres hubiera un río.
Iba a preguntarle si sabia si Inglaterra era una isla,  estoy seguro de que no lo sabía.
Es el tamesis- le aclare.
por casualidad David ¿cuánto tiempo llevas en londres?
Seis meses me respondió mirando el tranquilo río discurrir con su ancho caudal

Al día siguiente fuimos a trabajar al inverness hotel con mucho cuidado al salir  de que el polaco no nos viera. tenía la cabeza sobre el mostrador, a esas horas aun estaba dormido.
Yo ese día tenia que estar ya solo, no había Ambrosio que me socorriera.
Fue un autentico desastre, no había manera de plegar bien las sabanas, ni de que me acordara en  todas las habitaciones de dejar la botella de colonia,  o la tarjeta de bienvenido, debido a que teníamos solo 5 minuitos por habitación para hacer todo y pasar a la siguiente.
Yo arrastraba pesadamente las bolsas de basura con ropa sucia, las dejaba en el pasillo, o las bajaba al montacargas, me sentía de nuevo como si estuviera en la obra en España, pero mucho peor, controlado como si fuera una maquina. El encargado de personal era un indio, venia de la antigua colonia. Estaba en el pasillo asomado con un reloj en la mano observando que nadie estuviera más de 5 minutos en las habitaciones. luego iba pasando una vez quedaba limpia  comprobando que todo estuviera en perfecto orden. A mi me puso más de 8 incidencias.
Sin embargo no me tiraron a la calle.
AL día siguiente tuve otra oportunidad, pero fue en vano, no me concentraba.
Mi amigo de paterna después de su día de observación con Ambrosio debía estar solo. fue un verdadero desastre. Peor que yo.

batió todos los records  del hotel.
De toda la plantilla , unos 30 trabajaodres, todos españoles en el escalafón de camareros , David y yo eramos los peores.
El hindú vino a hablar con nosotros el cuarto día y nos dijo que nos daba una oportunidad más.
pero al día siguiente  fue otro desastre.

Yo cada día lo hacía todo peor, incluso llegamos media hora tarde.
por la tarde el manager que estaba por encima del hindú, un tipo  ingles, nos llamó a su despacho. había  un español que traducía.  nos dijo si necesitábamos algún tipo de aprendizaje especial.
le dijimos que si.
Así pudimos pasar una semana más ayudados por el resto de compañeros. íbamos mi colega de paterna y yo siempre con un paisano que realmente era el que se comía los marrones y hacia el trabajo sucio.
Al terminar de esa semana nos liquidaron.
El dinero  que me dieron esta vez estuvo bien. Había de sobra para volver a España.
Así que desde Victoria station decidí volver en autobús. EL autobús embarco en un ferry en Dover  que cruzaba el canal de la mancha. A mi lado se sentó en Dover una inglesa muy guapa y joven que iba a ver a su novio a Francia. Era bastante puta, me sacó la cena en el ferry que  tenia discoteca donde bailamos , y nos enrollamos  durante 15 minutos.
El viaje Londres-Madrid duraba unas 36 horas. hacia parada en diferentes pueblos de Francia, incluida dos o tres paradas en París.
Mi compañera fue de las primeras que se apeo en francia. Me dio su dirección, por lo que me explicó vivía en  un pequeño pueblo cerca de Dover .
El resto del viaje fue un  aburrimiento, a mi lado fue un francés mayor. Luego un gallego  que me contó que era adoptivo. así hasta madrid donde volví a coger  un autobús a valencia. Cinco horas más tarde estaba en el parque de marchalenes con un petate en mi hombro recomendado a Tomás que fuera a Inglaterra.

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Angelillo de Uixó.

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La caseta.

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Caía la tarde sobre el enjambre disperso entre las pordioseras casetas de vall d”Uixó donde el numen que habitaba éstas construcciones de treinta años: ligeras, ilegales, estivales, torpes, que rozaban el chabolismo y el ridículo tratando de imitar una arquitectura perdida de piedra seca en el monte y los chalets de los ricos en las grutas de San José. Con sus puertas de hojalata de saldo falsamente acogedoras. Puertas como estas gentes, de las que el valenciano siempre decía que uno no se podía fiar de pasar, aunque estuvieran abiertas mirando al mar. El mar  surgía en el horizonte como una plancha plana y brillante tras un laberinto de senderos serpenteantes de hormigón que destellaban entre los verdes naranjos. Al alcor del ocaso, entre los últimos cantos de las chicharras salían los hombres de estas casetas descamisados a las terrazas dando voces frenéticas, histéricas, animalescas, para revolotear en la terraza como moscas buscando como animales perezosos plegados a la voluntad de ese terreno pedregoso, inmóvil, duro, arisco, llamado a la quietud; un lugar donde seguir descansando una vez el sol se retiraba . A la misma hora llegaban de las pequeñas cuevas y oquedades que rodeaban el secano los murciélagos, cada vez más escasos. Aleteaban dispersos entre si, alrededor de las casetas en un vuelo muy bajo y vivaracho, danzando por el aire como borrachos ahítos de sangre entre los ultimo rayos del sol que se ocultaban tras las grutas de San José, dejando un lienzo dorado sobre un paisaje apagado de campos desnudos. Terrenos valdios, sepulcrales, carentes de vitalidad, secos. Donde el monumental algarrobo languidecía junto la aromática higuera que a esas horas exhalaba toda su fragancia, casi sexual , con sus frutos sin recoger fermentando. Al igual que los de los almendros, en cuyas ramas colgaba su precioso y duro fruto olvidado, carente de interés y de valor.  Se pudría como la uva en estos tiempos modernos de desprecio al monte y a la dignidad ser humano.Todo se perdía con la muerte del plebeyo campesino. Ahora convertido en paria que doblegaba su frente. Si ayer lo hiciera en esos duros secanos donde podía desplegar su vitalidad de animal humano concienzudo en la conquista el territorio. Hoy, presa  inculta y sin autoestima ante las asistentas sociales, o las autoridades municipales, buscaba alguna paga, que  la mayor de las veces no llegaba, quedando relegado a la caridad cristiana de cáritas, la cruz roja, o la familia. Convertido por su falta de oficio en  habladuría en terrazas de casetas y terrazas de bares, donde el mal fainer, el gos, el perro, el sin estudios. Como tal , humilde y vivaracho traspasaba la puerta de algún bar de los muchos y abundantes, como el vicio escampado por un pueblo de hasta ayer gente trabajadora, buscando alguna caricia que le llegaba como a los perros,  en forma de comentario que le golpeaba:

¿por qué tío Seba  se toma  usted un café en vez de comprar con el dinero una barra pan?

En las casetas de termino de vall d’uixó, sentados en humildes sillas con el rostro de halcones persiguiendo con la mirada la calle, bajo alguna cochambrosa y raída bandera de España, señal  para que no durara nadie que pasara de la ganadería a la que pertenecían el amo de la caseta. La televisión de fondo, levantados al ver pasar los coches de sus vecinos, que lo hacían inquietos continuamente. Con un frecuencia nerviosa, recorriendo el polvoriento camino de ida y vuelta de las casetas dispersas en el monte entre un kilómetro la más cercana al ayuntamiento, y hasta  cuatro kilómetros de distancias la más alejadas. En menos de una hora habitualmente el coche que bajaba volvía a subir, para una vez llegar volver a bajar en menos de 15 minutos de reposo inquieto, parando ante un saludo  en las  terrazas orientadas siempre al  camino. Orientadas para dotorear,  que en las casetas era la ciencia difusa de observar el comportamiento humano desde una ventana o terraza. Y volver, tras saludar, a seguir el coche camino  frente el mar. Mar quieto desde vall d”uixó, como una plancha de acero vaporosa, brillante. Mar silencioso, misterioso, profundo y calmado a esa distancia. Desde la terraza se realizaba el escrutinio dotoreador al conductor si era de bando afín, cargando con algún saludo histérico  a base de chillidos de reconocimiento, y de pitidos por parte del coche, que informaba que volvía al toro o al bar en busca de alguien.
El coche se alejaba sin que tardara en volver. Las primeras sombras de la noche en las casetas de San Gerundio de vall d’uixó  dejaban un pose de aceituna iluminado por la luna en los rostros morenos de sus  habitantes bajo el aleteo de los murciélagos mientras las innumerables filas de hormigas , última legión trabajadora del secano, se retiraban a los hormigueros a descansar.
varios perros eran vistos con espanto por el valenciano casi todos los monótonos atardeceres. El valenciano era un forastero venido a mucho menos que había estrellado su vida en vall d”Uixó por sus criticas. Tiraba por las tardes de dos bolsas del supermercado, cargado de arroz y latas de sardinas, subiendo la larga cuesta de San Gerundio, donde tenía su sede en lo alto del risco el santo en una ermita caseta. Andaba el valenciano como apestado, como un animal infectado de rabia. Siempre solo, sordo al comentario y ajeno a las miradas de desprecio de sus vecinos que atesoraban con gran gozo su ruina. Pasando sin saludarle por su lado y haciendo con el coche como que le atropellaban. El valenciano miraba casi todas las tardes  unos perros espantando a un grupo de ratas. Siempre acaba  mordiéndose los mismos animales entre si en una disputa eterna por unos despojos de una bolsa de basura que el clan de los chalados habían lanzado entre la chatarra almacenada para vender.
La  caseta de los chalados estaba  formada por unos corrales para personas que servían de granja humana, vivienda y  almacenes de chatarra. Los chalados era familia que vivía amorcillada, y era peculiar en cuanto su hablar castellano marginal, y su gusto por el escombro que trabajan con asombro. Estaban  integrados perfectamente a la cultura del lugar que exigía mucho poco a cualquiera. Los chalados vivían bajo unas torres de media tensión, de esas que suelen propagar el saludable cáncer, que como solía decir el valenciano elimina el montante  de población sobrante, incluido ricos. El cáncer es justo en España hasta ahora,  hay tratamientos igualitarios para ricos y pobres. Sin embargo a los chalados no les afectaba la radiación como al resto de seres humanos. Lo que creo la leyenda de que a los parias ni la alta tensión los mata. A tal extremos llegó esta creencia en los bares  de vall d’uixó, que un ingeniero de hiberdrola miembro del partido popular del pueblo, y el médico de cabecera de los chalados que era burgués socialista, hicieron apuestas un día de Julio del  año 2014, subiendo la tensión a niveles de ultra radiación para ver si sobrevivían. Con orgullo y risas el médico ganó la apuesta dos meses después, sin síntomas, a los chalados que se les podía ver animando todas las fiestas de toros de vall d’uixó a castellón. La apuesta consistió en una donación a cáritas de mil euros para pagar la luz a los pobres. así se trataba la pobreza y la exclusión en vall d’Uixó, con desinterés endémico y tratando a los pobres como basura resistente. Los bebes gitanos y rumanos eran también famosos  en bares y terrazas por su estómagos gloriosos , una mina de la resistencia vital al  ser alimentados con comida caducada y que no les pasará nada.

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Estos forasteros, los chalados, revestidos de un aura de inmortales eran gentes llegadas de Portugal, y sabe Dios como dieron con el sendero de  vall d’Uixó  El valenciano solía explicar como habían llegado diciendo que DIos  juntaba a los iguales, y repelía a los diferentes. Los chalados  eran valientes, estaban dispuestos a conquistar el territorio a base de amenazas, empujones, y exhibición de mugre que desolaba al adversario.  Iban los conquistadores siempre vestidos con chándal raído cosido  con la bandera de España que utilizaban como socorrida costura que espanta. Al atardecer entre música de camaron de la isla y palmas se les podía ver salir de la terraza a varios niños escurridos jugando de rojo y amarillo entre los secos escombros infectados de excrementos de los perros. Patos, gallinas, pavos, incluso cabras hacían una coral dentro de los corrales, al igual que el canto de los pajarillos protegidos: ruiseñores, petirrojos, cagarneras… cazados en parany. Construcciones populares de vall d ‘uixó donde se entra de rodillas, y se ve un techo que huele monte hecho de paja fresca. Dentro  se oculta de cazador donde con una red tras poner alpiste,  como si fueran peces atrapa a los desconcertado pajarillos que aletean desesperados y aturdidos.

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No hay caseta en toda castellón sin su bohemio. En San Gerundio  asomaba  el triste y melancólico  rostro hebreo de la casa del bohemio  apodado el  quebrado. Le gustaba el vino y el polvo blanco, soñador cincuentón con barbas blancas que recordaban sus buenos tiempos de músico durante la época de la movida. Tiempos que se echaron a perder con el asentamiento pop y la tristeza musical que siguió a la transición española. Ahora enloquecido, abandonado de su familia, vivía roto consigo mismo y con todos, buscado en sus incansables horas de soledad reparar el mal, limpiar su culpa en medio de ese secano que durante 12 hora al día bañaba la pared sur de su casa con ese   implacable sol que amarilleaba los campos secos. Lanzaba pestes contra sus vecinos. Las mujeres temían que algún día  San Gerundio le escuchara y llegará la peste bucólica a la montaña. Pero en general  entre los hombres que eran su antítesis especialmente los chalados, reinaba hacia él una gran  indiferencia.   Del quebrado  decía la leyenda que le habían echado en los bares,   que siempre había vivido solo  pensando en la música de la bohemia. En vall d’Uixó solo se recordaba un verdadero episodio bohemio. Y este había puesto el listón tan alto que ni el quebrado decían que podría superarlo. Aquel sensible pintor que tras hacerse marica se colgó de un algarrobo vestido de novia.

Algo más arriba del bohemio, se encontraba la caseta que ocupaba el valenciano.  Famoso por sus piernas, delgadas, no muy altas, pero vitales. Siempre caminando con sus miserables  bolsas de la compra: tres euros le cundían más que a nadie, y se quejaba. Teresa, una pelirroja muy guapa de  texas que paseaba el perro en ocasiones por San Gerundio, solía decirle cuando protestaba que era afortunado por poder vivir con tres euros al día y tener todo el tiempo libre. Ella se pasaba el día buscando empleo y gastaba 10 euros. Del valenciano eran famosas más que sus piernas   sus  quejas, que escribía  en blog con entradas de no saber donde estar. Su caseta, cuyas ventanas miraban al mar, tenía  forma de una enorme caja de zapatos, como el resto de casetas. Su tejado plano de baldosas rojas solo era roto en su  monotonía arquitectónica por la chimenea.  Tenía entre unos perros por compañía y por testigos de su drama, en un estado deplorables, fieles caminante en  su condenada. Decía el quebrado al verle pasar:

 

En la penitencia llevas la condena. fardacho, sin vergüenza, busca trabajo puerco.

El valenciano era el vecino más odiado del lugar, con fama  de vago. Tal fama de vago tenía que al final se lo creyó e imitaba a la perfección a sus vecinos. Nadie le dirigía la palabra, excepto dos inquilinas de más arriba, cercanas a las ideas progresistas en ocasiones, liberales en otras, cosa del relativismo de los tiempos. Pero que al ser  ante todo hembras sentían en las entrañas esa especie de fuego de la compasión por las criaturas que viven solas ante la dureza de ese lugar yermo, seco, sin recursos, donde la gente está condenada a la pobreza nada más nacer, rodeados  de un ambiente de charanga y pandereta en medio de un secano que provocaba tristeza y melancolía al contemplarlo. Por eso nadie contemplaba de cerca de forma concienzuda  las montañas de valld”uixó.
El valenciano salia salir de su caseta vestido como un chico de los recados de la revolución. Se creía su papel, como el bohemio y los chalados el suyo. Vestido con harapos de general se había otorgado el titulo de conde de las fuerzas revolucionarias de la vall d’uixó. Cosa que lejos de dar risa a quien los escuchara y lo viera con una casaca militar descolorida, y una gorra de teniente llamándose conde las fuerzas de liberación le daría risa. Sin embargo la gente del pueblo le creía. Y les daba rabia y que pensar a los sencillos habitantes de vall d”uxó que decían a su marcial paso al son de la flauta:
Se lo tiene muy creído.
andaba el conde siempre lleno de manchas. Su ropa permitía notar que bajo esa mugre había un cuerpo  atlético insensible a la pobreza que había sobrevivido   a los números ayunos, las dietas estrictas, así como varias plagas de gusanos en los intestinos contagiadas por los perros. así como los castigos eméritos que le proporcionaba el ayuntamiento desde el 2011 como premio  tras perder su trabajo temporal en una fabrica en el 2008 y andar por allí pidiendo cosas que querían desmantelar las autoridades cacicales para hacer espacio en vall d’Uixó, donde según palabras del alcalde no se podía respirar en vall d’Uixó  por el tufo de tanto pobre.

Espacio, espacio quiero, corredor sanitario ya en el mediterráneo – solía gritar.

vall d’uixó según el valenciano era un pueblo donde todo estaba preparado para perdurar eternamente, o que ocurriera alguna fatalidad. Las dos cosas las creían sus habitantes ciertas, sin reparar en la contradicción. En cualquier terraza de caseta o bar se podía escuchar a la misma persona decir que esto iba a ser siempre así , como al instante seguido que todo iba a estallar. Pues  conforme la crisis aumentaba lo hacia la sensación tanto de eternidad como de cambio que flotaban en el ambiente seco, hostil, desigual , pobre. Donde las chicharras cantaban, la desnutrición aumentaba,  los suicidios habían entrado a formar parte de las conversaciones en las terrazas junto los divorcios. Las trincheras de la guerra civil  envolvían lúgubres toda vall d’Uixó y transmitía  la cercana idea  de que se necesitaba muy poco para que la mecha de la revolución estallara en un pueblo anarquizado y lleno de odio de los unos por los otros, fomentado con la tolerancia de la desigualdad. cualquiera con una cerilla en el momento adecuado podría hacer explotar todo el sistema moral de la zona, que sobrevivía como un nido de águilas apuntalado  en las terrazas de las casetas y los bares, donde nervioso se mostraba  el pueblo simple de Uixó, que pegaba pataditas sobre las baldosas, medio chillando antes la noticias que se sucedían  sobre los escándalos de corrupción, y las detenciones de gente que protestaba contra el gobierno. Los nervios aumentaban con  la propagando del alcalde de vall d’uixó que le decía a sus vecinos dominados por el miedo en los bares y las terrazas de las casetas, que gente revolucionaria irían al mando de una tropa de socialistas y de la ugt casa por casa, y les pegarían un tiro en la nuca a la gente de bien que tenía fortuna delante de sus hijos en los días de peñas.
Los vecinos de las casetas del valenciano lo miraban mal porque estaban convencidos al ser del  otro bando, el  que no tenía nada más que resentimiento, de que si estallaba la revolución mandaría fusilarlos. Incluso se rumoreaba que lo haría de forma socarrona, vestido de Pancho Villa tocando la flauta montado en un asno mientras las balas penetraban sus cuerpos junto la blanca tapia del  convento de vall d’Uixó  nuevamente en llamas y con las monjas ardiendo después de haber sido violadas por los socialista de vall d’uixó y el comité de milicianos  de la UGT.
Había que hacer un milagro para que esto no pasara. Por eso los vecinos de vall d’uixó  apoyaban en las terrazas comentarios de  las detenciones preventivas de la guardia civil a los que no fueran a los toros ni a la procesión, así como mandar a la cárcel sin juicio a la gente por parte de los jueces de nules. Se escucha desde las terrazas    mano dura y que se imitara a Franco.
Franco flotaban en las terrazas de las casetas  de vall d’uixó, tanto como en las cervecerías .
Los viejos búnkers pulverizados casi indistinguibles de los ribazos, hechos una ruina, y cubiertos en ocasiones por escombros de las casetas recordaban al caudillo como el único garante de la tolerancia en un territorio sin recursos. Solo un tirano fascista podía repartir de forma equitativa entre los suyos y exterminar de forma juicios a los otros. La ventaja estaba de parte unos salvajes bautizados en territorio dividido entre buenos y malos.
En las casetas, todas las tardes con la televisión de antena tres de fondo ametrallando  a alguien, se recordaba a el hombre que trajo la paz, tal como hoy lo hacían los jueces demócratas. Eso tranquilizaba a la gente de las terrazas de las casetas y bares cuando escuchan hablar del cambio de sociedad. Reclinados en las terrazas de casetas y bares, mecidos como la paja cuando el viento  mueve la espiga, observaban con miedo a los que se les oponían. Fingían desde cualquier terraza indiferencia, juzgaban con desprecio animal y temerosos al adversario, temiendo que pudieran cambiar ese territorio que ya estaba bien así.

¿No tenía ellos una paga? ¿ no había entrado su nieto a los caminos a trabajar para el ayuntamiento? ¿ No había toros todos los días?
! Qué había gente sin comer o perseguida por jueces!
En las terrazas de san Gerundio entre risas predicaban como el alcalde bajo unas nubes plomizas producidas por el incansable calor que golpeaba como en una fragua vall d’Uixó, que Dios traía el hambre y la persecución para hacer espacio. había que limpiar las calles.
Angelillo de Uixó.

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