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La siguiente historia está basada en hechos reales.

En vall d´uixó, en la puerta de los supermercados hay un hombre Nigeriano,cuyo único recurso es mendigar. Hasta llegar ahí ,ha recorrido un largo camino no exento de peligros como desiertos, bestias peligrosas, mares, violencia de países en guerra…. y explotación en el paraíso. Muchas veces a caído en tan largas penalidades y aventuras.  se ha levantado, para ser empujado nuevamente.  Nos centraremos en su estancia en europa, en un breve momento de su vida . Este verano estuvo trabajando en los chiringuitos de moncofar para un empresario local que lo contrato para ayudarle sabiendo de su situación de mendicidad, en el barrio nos alegramos mucho porque su suerte parecía cambiar. Aún no ha cobrado.

I

Nada era tan hermoso en mi camino  que observar como subían y bajaban de los ficus de la avenida suroeste una nube de estorninos . formaban por el aire los más hermosos dibujos como corazones, elipses,  delfines, que se repente,  se rompían. caían en picado los estorninos como almas negras  para reaparecer en el cielo como lanzados de los ficus y formar  otro dibujo en el aire.  Imaginaba la libertad contemplando aquellas aves.

– Unos son más y otros son meno, estás son las reglas del paraíso.

Fueron las primeras palabras que recibí al acercarme a un hombre Nigeriano contra la pared del supermercado sujetando un bote entre las manos.

Así es- respondí yo dejando caer mis brazos y dando con el suelo las patas de la carretilla cargada de leña, un rastrillo, una regadera y una bolsa llena de guisantes y lechugas.

Un golpe de metal y a carga de leña sonó en ese rincón de la ciudad educadora bajo las luces de neón del supermercado.

Contemplé nuevamente el rostro de ese hombre negro que me era familiar pese a no ser de este lugar. Accedió al paraíso con como yo, por mis buenas obras después de nacer en él. A él le abrieron las vallas y las rejas cuando llegó con una patera huyendo de la violencia y el hambre. Cruzó el desierto con una piedra atada en una faja en el estómago para contener el hambre. En el paraíso sabían de su desesperación y dolor, por eso Apolo que guarda sus fronteras con la espada y la lanza, les dejo pasar ese día y no tumbo su barca. Fueron de este modo engullidos por el paraíso. Filtrados como las barbas de la ballena el agua cargada de krilling de la que se alimenta el gigante animal,a unos; los mandaba a centro de detenciones; a otros los llevaba a la industria, al campo, el servicio domestico; los había que enviaba a la prostitución, marginalidad, mendicidad.

cual chispa que enciende la compasión, el hombre nigeriano se volvió hacia un grupo de señoras que entraba al supermercado.

Buenos días señoras-

estas , movidas por la piedad, le devolvieron el buenos días con un pequeño puñado de céntimos que sacaban del bolso con cuidado de no mostrar el billete para parecer tacañas.

se sintieron felices de hacerlo. sonó aquel ligero caer de monedas al bote, como el canto de los ruiseñores.

como yo no dije nada, ninguna limosna  obtuve, pese a que las señoras me invitaron con la mirada a participar.

Cuando hubo el hombre nigeriano terminado su oficio, volvimos  a nuestros asuntos.

su voz denunciaba su último empleo en españa.

– Arriesgué mi vida entre las tribus, el desierto y el mar; esperando no arriesgar en el trabajo . Aquel derecho empresario, que fue hospitalario  y bueno conmigo, ofreciéndome un empleo en su chiringuito de verano, en las playas de moncofar. Entraba el dinero con cada aquel turista  que pisaba ese comercio. Y eran muchos,  y muchas las horas de alegre música, chicas ligeras de ropa, felices, disfrutando de la vida, compartiendo copas con chicos, de la mañana a la noche, nunca se escucha el sonido de los olas, solo el del dinero y las copas. Este era el paraíso que me habían vendido. ¿ Pero que hacia yo? trabajar para ellos como un esclavo. No hubo salario hermano. Paso el alegre verano, estamos en noviembre, sigo en esta pared detenido. esperando. pasando muy malos ratos. esperando. a veces me acuerdo y le llamo, le preguntó ¿ va a pagarme? me dice: no tengo dinero. Yo espero. Espero en este paraíso.

¿ a quién esperas? le pregunté yo.

su gesto se volvió solemne, como el de un rey  africano del siglo XIX arropado de la dignidad de la sabiduría ante su tribu antes de luchar contra un ejército colonizador. Vi en él hablar a Shaka Zulu, a Espartaco el tracio, a tantos que lucharon por la libertad.

Espero a los que vagan por el paraíso perdidos, y se buscan por las noches en las cabañas que ocupan. se reúnen en torno a una hoguera a hablar, cantar, sobre sus penas.

A ellos aguardo; al igual que  a los blancos que se han hundido en su cuna.

dirigió su mirada hacia mi ,y añadió:

a ti, y a los que están como tú… espero.

Y tú ¿ a quién esperas?- me preguntó.

Angelillo de Uixo.