Posts Tagged ‘apocalypse now’

Con que gravedad medita el helicóptero para acercarse a la llama.

Parece un faquir en medio del apocalipsis.

Vall d´Uixó- Saigón.

Me revelan sus aspas las selvas que arden.

Giran como un mantra en mi cabeza,

Una vuelta, otra vuelta,

gira la rueda oxidada en el corazón de la exclusión.

Voy en bicicleta caminado sobre cenizas.

El poblado Ibero de la punta de Orley,

en llamas.

Hacia villa vieja,

en llamas,

la senda de los pescadores,

llamas.

En mi pupila se desvela la devastación.

 

A veces me pregunto.

¿ qué hago aquí en medio de todo esto?

Los pajaros huyen cuando vuelve el gran faquir

Y mis ojos me empujan hacia las llamas.

quiero arder.

¿ Es esto el fin?

Angelillo de Uixó.

424

Angelillo de Uixo.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

 

Advertisements

 

Espantados como moscas

Deambulan detrás de los cristales de los restaurantes,

Recibiendo el insulto nuevo de cada día.

Formando  un enjambre molesto

Cerca de los charcos de las ciudades.

 

Estirando sus huesos al sol,

Como bueyes esperando su  hecatombe.

Sin ninguna esperanza posible

Que pueda apaciguarlos sus ojos.

 

Esperan la llegada de los señores,

Que los observan con asco,

Como se observa a un insecto.

Pero aún así,

Son personas en  su forma.

Por eso hay que darles en las mejillas,

Para aplastarlos como moscas.

  1. No quiero olvidar esta película tan clara, tan hermosa, tan bella, tan certera, yo.. yo quisiera haber estado allí, en la selva, en Vietnam, y hacer todo tipo de burradas y maldecirme.

CORONEL KURTZ: He visto el horror… horrores que tú no has visto. Pero no tienes el derecho a llamarme asesino. Tienes derecho a matarme. Tienes derecho a hacerlo… pero no tienes derecho a juzgarme. Es imposible describir el horror en palabras a aquellos que no saben lo que verdaderamente significa. Horror, horror. El horror tiene una cara… y tú debes hacer del horror tu amigo. Horror y terror mortal son tus amigos. Si ellos no lo son, entonces son tus enemigos, a los que debes temer. Son en verdad tus enemigos. Recuerdo cuando estaba con las fuerzas especiales. Parece que han pasado siglos. Nos internamos en un campamento a inocular niños. Dejamos el campamento después de haber inoculado a los niños de polio y un hombre viejo vino corriendo hacia nosotros. Estaba llorando, no podía ver. Volvimos allí y ellos habían llegado y… habían amputado cada brazo inoculado. Estaban en un montón. Un montón de pequeños brazos. Y recuerdo… yo… yo lloré. Lloré como una abuela. Quería arrancarme los dientes. No supe qué quería hacer. Y quiero recordarlo; nunca quiero olvidarlo. Nunca quiero olvidar. Y entonces me di cuenta… como si me hubiesen disparado… como si me hubiesen disparado con un diamante… una bala de diamante justo en mi frente. Y pensé: Dios mío… el genio de esto. El genio. El deseo de hacer esto. Perfecto, genuino, completo, cistalino, puro. Y entonces me di cuenta de que eran más fuertes que nosotros, porque ellos podían soportar eso… ellos no eran unos monstruos. Eran hombres… oficiales entrenados. Estos hombres que luchaban con sus corazones, que tenían familias, que tenían hijos, que estaban llenos de amor… pero tenían la fortaleza… la fortaleza… para hacer eso. Si yo hubiese tenido diez divisiones de estos hombres, entonces nuestros problemas hubiesen terminado rápidamente. Tienes que tener hombres que tengan moral… y al mismo tiempo que sean capaces de utilizar sus instintos para matar sin sentimentalismos… sin pasión… sin juzgar… sin juzgar. Porque es el juzgar lo que nos derrota.

Apocalypse now. Francis Ford Coppola (1979).

 

Angelillo  de Uixó y Francis Ford Coopola.

Los Nadies: el nuevo horror de ser Michael jackson

el nuevo rostro del horror: ser otro

el nuevo rostro del horror: ser otro

No deseo aburrir a nadie contando la historia de los Nadie, pero necesito hacerlo aunque sea para continuar siendo un ser humano racional en ese nuevo rostro del horror que estaba viendo en mi viaje a Valencia y que había imprimido la crisis económica en las caras, gestos y cuerpos de la gente con la que me encontraba. Perecían que les hubieran puesto una plancha de plomo candente sobre el cerebro y fueran otros.

Me encontré en la calle Cuba a Michael Jackson. La gente pasaba por su lado sin prestarle mucha atención mientras actuaba, le tiraban alguna moneda más que nada por compasión. Yo arrastraba mi bicicleta del manillar. Me parecía tan patético ver a Michael Jackson con rostro de gitano, cantando Billie Jean con tonalidad flamenca y dando palmas cómo si aquello fuera la macarena o la verbena de la paloma, que me pare frente a él para asegurarme de lo que veía.
Hola primo- me dijo con una amplia sonrisa, y añadió:

– ¿ puedes ayudarme?
Yo le respondí con sinceridad :
No se que puede necesitar michael Jackson de mi.
Venga tío enrollate- replicó empezando a bailar cómo si fuera un loco salvaje dando unas horrorosas palmas y brincos- te enseñare a bailar el moonwalker-
Yo sentí una profunda pena al ver sus muecas, sus gestos, su incesante tatareo calorro:
Billie jean,

uo, uo, ja,
dice que soy el padre,
pero solo soy su amigo.

ua, ua, ua.

gua, gua, gua,

al guru guru guru guru.
Cómo si algo en su cerebro se hubiera desconectado en medio de su frenesí animal, de repente dejo de bailar, cayó al suelo cómo si lo hubiera detenido la guardia civil.  En posición de rodillas, de forma  semejante a un animal , pero humanizado al poner las manos en la cara comenzó a llorar amargamente.

!Joder! Exclamé.

electra
Apoye la bicicleta contra un contenedor de basura todavía caliente del incendio que había sufrido seguramente por la noche tras el partido de fútbol. Esto se hacía a modo tribal en señal de victoria de algún equipo primitivo. Salia aun de la tapa medio calcinada una pequeña columna de humo blanco, la pared del contenedor donde apoye la bicicleta estaba intacta , a diferencia del lado contrario que tenía un agujero donde se veían bolsas de basura derretidas.
¿ Qué te pasa muchacho?- le pregunte conmovido mirando sus ojos negros repletos de amargas lagrimas que me llegaron al corazón. observe su rostro ovalado aceitunado. Calcule que no debía tener más de 16 años, aunque parecía mayor debido a lo largo que llevaba el pelo que le llegaba cómo si fuera una mujer casi hasta la cintura. Era un joven hermoso, daba mucha pena verlo en ese estado de agitación. Con mi ayuda pudo levantarse apoyando sus brazos sobre mis hombros. Me sentía cómo si llevara a un herido de guerra a cuestas.
En un lugar discreto, que era un bordillo que se adentraba hacia un callejón sin salida, nos sentamos para hablar.
Yo no tenía ni idea de quien era ni que le pasaba. De lo que estaba seguro era de que no era Michael jackson, si no otra persona,  con sus peculiaridades especificas, pues cualquier individuo es diferente del resto,  y esta creencia debe unir a la gente en vez de separarla.

¿ Puedo preguntarte quién eres hermano?- le dije esperando que me dijera su verdadero nombre, más me asombró cuando insistió  que era Michael Jackson.
Quizás no debiera haber dicho lo que dije, pero se me escapó sin darme cuenta de que podría herirle cuando le pregunte:
¿ Acaso no crees en ti que tienes que ser Michael Jackson?
Pero fue él el que me desconcertó cuando me respondió:
Acaso alguien cree en si mismo.
Entonces pasó cómo una plaga de langostas varios curas, un moje tibetano, varios muchachos con la camiseta de Iniesta, una chica vestida cómo Madona.

Mire a mi alrededor sobre ese inmundo callejón donde toda la ciudad pasaban ante mi fingiendo ser otro.
Un grito de horror subió por mi garganta sin salir de ella.

angelillo y sus amigos

Había algo siniestro en esa gente fingiendo ser otro y renunciando a su propia identidad, imagine que gente así sería capaz de hacer cualquier locura, y lo harían pensado que lo hacia otro pues no eran capaces de ser  ellos mismos.
Angelillo de Uixó.

Licencia de Creative Commons
Los Nadies: el nuevo horror de ser Michael jackson by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com.

El instinto de cárcel de los hombres desechos.

tumblr_lnmftgHbLg1qge2mro1_500
Estamos acostumbrados a ver la vida cómo algo conquistado, solucionado, donde la locura ha sido encadenada en lo profundo de los sueños. Sueños alejados de nosotros, cómo si estuvieran en otro planeta, cómo nuestro corazón. Me daba cuenta conforme arrastraba mi bicicleta por valencia que el corazón estaba cada vez más lejos del cerebro de la gente envuelta en ese halo de felicidad desdichada y amargada que no podían notar al estar en estado de alienación. Parecían hechizados por una fuerza organizada que brillara cómo un diamante, pero bajo este aparente brillo se escondían estructuras miserables que no valían nada. Esa fuerza luminosa se llamaba civilización o estado organizado. Un grito de presos, de pobres, de animales torturados flotaba bajo los motores de los coches, en los ascensores, a través de los ventiladores de las oficinas de seguros.  Si la gente se parara a escuchar, si se asomarán a contemplar la noche que los envolvía, lo escucharía todo verdaderamente claro en la oscuridad.
Necesitaba ver, comprobar antes de llegar a ninguna conclusión que para sobrevivir a todo este mundo había que poseer un gran una gran capacidad de amargarse la vida.
Y sabia que tarde o temprano daría con alguien así. Estaba en el lugar indicado, con la misión adecuada, encontrarlo.
Así que cualquier cosa podía pasar, y pasó así.

palmobil vahagundo
Cerca de la estación de trenes se acercó un tipo que se levantó del suelo haciendo gestos de amargado. Junto él había una mujer. Iba medio desnuda, era joven, parecía una salvaje, era hermosa, pero al ir medio desnuda y estar postrada en el suelo la califique cómo una mujer ligera de cascos y le robe la belleza, pero era hermosa. Tenia la mirada de una persa.
Los movimientos de ese hombre que veía hacia mi eran lentos. avanzaba despacio, tambaleándose. Parecía cansado, apunto de desplomarse entre la gente que pasaba con prisa, agitada, haciendo muecas de impaciencia junto la estación.
Cuando estaba casi tocándome escupió al suelo, su mirada era torcida, su piel casi negra, no se podía saber de que raza era. llevaba sobre su cuerpo unos harapos de cuero llenos de polvo, los brazos velludos, repletos tatuajes con el rostro de una mujer semejante a la que estaba postrada a su lado, y un nombre sobre los tatuajes con letras rojas:

Macarena.

El tipo parecía muy perdido. Se dirigió hacia mi, parecía que se quería enfrentar conmigo, y yo deseaba  escucharle. Saber que tipo era este.
Me extendió la mano haciendo este gesto repugnante de mendicidad, y emitiendo palabras con una voz ronca, que parecía malvada  me solicitó:
¿ me da un euro para coger el autobús?
¿A dónde vas? le pregunte sacando la cartera el euro.
Tengo que ir a la prisión- me contestó sonriendo de una forma enigmática, y la vez santa cómo si fuera un mártir.

Ante mi expresión de perplejo me aclaró

– Por la noche duermo en la cárcel. Allí me uno con mi gente, me echo con mis hermanos sobre un colchón y me olvido de los problemas del día.
Es cómo ser libre, libre de miedos, libre de mi mismo, libre del amor, libre para soñar con  ella que es lo que  más quiero del mundo ( y señalo a la chica que seguía con su mirada nuestra conversación)
Yo lo miraba intrigado, parecía decir la verdad, una verdad realmente amarga que no comprendía en ese instante.
¿ Y no has pensado nunca en no volver a la cárcel?- pregunte.
Miro a su alrededor, a aquel bullicio de gente de todas partes del mundo intranquilas, solitarias, agitadas, voraces.
de ninguna manera dejaría de ir a prisión a dormir- contestó.
¿ Y qué delito has cometido?- pregunte sin imaginarme que podía haber hecho una persona tan moralmente recta.
me pillo la policía escribiendo en un muro:
Tirar la bomba, exterminar a todo el mundo.
Le di el euro.
Se retiró hacia la chica, ambos desparecieron entre la gente cansados, cómo si fueran arrastrados entre las sombras de los transeúntes, una sombra que se mezclaban unas con otras en contornos no definidos.
se escuchaban los anuncios por los megáfonos de los trenes llegando saliendo. Alicante, Madrid, Barcelona… que más daba el destino. Eran todos iguales.
Yo arrastraba mi bicicleta por la acera, me había vuelto a poner en marcha alejándome no sabia en que dirección. Seguía pasos, pasos que otros había dando antes con una extraña sensación de muerte acechándome, no desde fuera si no desde dentro.

Algo dentro de mi me espiaba, crecía cómo si fuera mi enemigo. Me acechaba cómo un animal herido.
Tenía la sien cargada, la voz llena de amargura.
¿ estaba preparado para la sabiduría?
En eso consistía el secreto de la vida, en la renuncia, en la unión silenciosa e incomoda con la gente.

prehistoricoperro
Angelillo de Uixó.

Licencia de Creative Commons
El instinto de cárcel de los hombres desechos. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com.

La tribu de los hombres parados.

indio

somos los hombres huecos, sin voluntad, sin utilidad, sin diversiones.

somos los hombres huecos, sin voluntad, sin utilidad, sin diversiones.

El olor a gasolina, a humo, los pitidos en la plaza del Ayuntamiento de Valencia me animaron a continuar caminado. Fluí entre las cabezas de gente arrastrado mi bicicleta en medio de esa quietud en movimiento y sonora de las aceras repletas de personas cuyas expresiones y gestos me aterrorizaban por lo artificiales que eran. Me deslice cómo una serpiente por una rama entre unos callejones por los que cruzaba bajo un arco del tipo de las antiguas juredías. Había mucha menos gente en esas oscuras calles repletas de placas con nombres de viejos generales. El aspecto de las personas que por allí andaban eran mucho más reconocibles cómo humanos. Iban sin gafas de sol y se les podía ver los ojos. Unos ojos fatigados, vitales, acostumbrado a aquella oscuridad claustrofóbica de callejones, adornaban sus rostros curtidos. Las expresiones de sus gestos cuando se cruzaban conmigo eran también mucho más humanas que los que andaban por la plaza del ayuntamiento. Me habían producido la gente de la plaza del ayuntamiento una profunda emoción de  asco verlos de tan emperifollados y con aspecto de alienados. igual de repugnantes eran sus movimientos y las expresiones que les acompañaban. Ocultaban bajo estas muecas de glamour y alegría un terror oculto que dormía en el fondo de sus corazones y al que se negaban a escuchar. Formaban todos ellos parte una gran mentira. Una gran civilización para  sordos, ciegos, basada en no tener mala conciencia. Pero allí estaba el terror, latente, cómo un país remoto al que no se quiere ir, esperándoles bajo el maquillaje, bajo sus rostros perfectamente rasurados y limpios. SI algún día ese lugar oscuro que llevaban se despertaba¿ podria dominarlo cómo a los perros amaestrados que  habían perdido sus instintos y les acompañaban dóciles en sus paseos en calidad de mascotas domesticadas?
Me detuve ante un hombre de cabellos plateados. Calcule que tendría unos 50 años.

leía una revista de viajes. Había abierto un desplegable donde se veía un hipopótamo en medio de un río rodeado de cocodrilos, en la orilla unos negros daban saltos y brincos junto unos monos. Sobre la foto se podía leer con grandes letras:
Visita República del Congo por solo 1.500 euros, visita al río incluida.
Me acerque al hombre y le pregunte con una amplia sonrisa:
¿ Te gustaría estar allí, eh amigo?
EL hombre me miró con una mirada inquisitiva, seguramente por no conocerme. sin mover un solo musculo tras mirarme atentamente  me confesó:
Odio valencia, esta ciudad es la jungla.
Aquí la gente desaparece, se pierde, te vacía.
Llevo en este bordillo toda mi vida.

¿ Sabes lo que he hecho en los últimos 8 años?
Yo encogí los hombros cómo muestra  ignorancia:
Nada- me contestó horrorizado, y añadió haciendo unas muecas de  un gran dolor espiritual indescriptible de narrar:

Soy un hombre hueco.
Un hombre roto.
pertenezco a la tribu de los hombres parados.
Me lanzaron a este bordillo de este callejón,

y aquí me he quedado.
Sin ganas de vivir,
sin deseos,

sin motivación.
Paralizado.
Mi vida es una gran decepción.

indio II

Vaya cabronada- le conteste yo entristecido.
El hombre me miró con ganas de romper a llorar y empezó a hablar de su niñez.

No soy psicólogo, pero creo que ese tipo necesitaba a alguien  lo escuchara, y yo era la persona adecuada para esa misión:

vista el congo

De pequeño  soñaba con navegar por un gran río salvaje. Solía jugar cuando terminaba de ayudar a mi padre en la huerta a tirarme con una cámara de neumático de tractor por el río turia hasta llegar al mar. Yo creía que algún día atravesaría ese mar , y viviría muchas aventuras en países lejanos. Pero secaron  primero el río, lo canalizaron, más tarde una promotora compró las tierras de mi padre. Le dieron dinero y se hizo un borracho cuando dejó de trabajar. Se bebió todo el dinero del terreno. Mi madre lloraba mucho. MI padre le pagaba. Yo contemplaba  aquello aterrorizado.  No comprendía lo que estaba pasando. cada vez había más niños cómo yo, cuyos padres ya no trabajaban y bebían mucho, y pegaban a sus mujeres. La atmósfera de valencia se volvió enfermiza conforme la tierra negra, esponjosa, abonada, se convertía en ladrillos, en bordillos. Yo me dedicaba a dar vueltaS por el cauce seco del turia donde se veían esqueletos de peces muertos. Se había secado el río para siempre, habían colonizado las tierras, nos había quitado todo. ¿ Pero quien? Nadie sabia lo que había pasado, solo que un día nos despertamos y la tierra, el paisaje, las formas de vida eran diferentes. Crecían las avenidas, el hormigón se vertía sobre el lado primitivo de nuestras marjales. el arroz, los juncos que antes formaban el paisaje era invadido por esa capa gris de cemento que aplastaba la vida primitiva que desaparecía.  mujeres y hombres  se volvían unos perdidos en una sociedad enajenada. Mi propia hermana, descanse en paz, se hizo primero yonki y después puta. Los hombre iban dando vueltas de un lado para otro rellenado papeles en agencias de colocación para ser camareros, o se hacían unos rematados picaros
El fuego prendía por todos los montes y después surgían cómo hongos tras las lluvias de octubre, urbanizaciones de lujo.
Todo lo contemplábamos en silencio.

sin comprender que pasaba.

La mentira que nos contaban de progreso y creíamos, era lo peor de todo.
La gente nos hicimos huecos.
Tapamos con era nuestro oídos.
Nos dejamos envolver por una atmósfera gris e insalubre de fabricas que abrían y cerraban de forma muy rápida. Algunas las trasladaban a esos países remotos con los que soñaba viajar en mi infancia, donde su lodo primitivo era también sepultado bajo el brillo de este progreso que hacia huecos a los hombres.
Si hermano, somos hombre huecos.
hombres sin utilidad.
sin diversiones,sin sueños, sin imaginación.
caminando a cuatro patas de las casas a los servicios sociales, de los servicios sociales a las ETT, del bordillo a la subvención.
Yo presenciaba el rostro fatiga de este hombre, estaba horrorizados contemplado aquel ser humano.  Comprendía que era eso lo que me horrorizaba, que ese tipo era cómo yo, un ser humano:
Dios mío- pense- a esta gente les han dado bien en el corazón.
Los han roto a ellos ,y les han roto los lazos con su comunidad.

blogger-image-500797867

Enseguida cómo un rayo me vino un pensamiento que me produjo un profundo terror, desató mi lado oscuro. Me estremecía solo de pensarlo porque ese pensamiento se remontaba a mi niñez feliz y olvidada, cuando mi padre me regalo por navidad el fuerte apache de playmobil, y creía ser el general Caster. Fue la época más feliz de mi vida. Me pasaba el día jugando a que masacrar indios con mi 7 de caballería, también hacia matanzas de bisontes, asaltaba diligencias, y violaba a las playmovil indias y blancas. Para un niño daba lo mismo, pues las playmovil estaban hechas de la misma pasta. Yo no tenía entonces ningún remordimiento moral. Era cómo ser el protagonista de una película de aventuras donde siempre pasaba algo interesante. Pero la vida no es cómo en los juego. Ese hombre y yo lo sabíamos. Ahora el estaba viviendo sobre un bordillo, y yo en cierto modo también, y no pasaba nada interesante. Solo una vida que nos tragaba en silencio, sin prestarnos atención, a gente cómo nosotros, sin ambiciones.
¿ Hacia donde debíamos ir?

Quizás a la guerra.
un ejercito de desempleados,
una tribu de perdedores.
sin voluntad, sin aspiraciones, sin grandes ideales, agrupados en torno a un líder.
No puede evitarme volver a mi niñez y verme cómo el rey de la tribu de los hombres huecos. Yo los llevaría la victoria que perecía abandonarles por culpa de los métodos que empleaban. Para vencer había que emplear los mismos métodos que las agencias de colocación, que la guardia civil, que los psicólogos, que los jueces, en definitiva: que el estado.
El horror sobre la maquinaria del capitalismo.
El terror en un banco de credito, cómo un incendio sobre el bosque.
Creo que ese hombre hueco debió comprender mis pensamientos, me miraba cómo a un líder, o quizás solo quería que alguien le escuchara y le comprendiera.
A mi me daba miedo compreder lo que me rodeaba, y sobre todo: escucharme.
Angelillo de Uixó.

eth-nya-st-04_article_column

Licencia de Creative Commons
La tribu de los hombres parados. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com..

La ruptura de los hombres pequeños.

fuego quemando selva

La calle parecía romperse al llegar a la esquina donde se agolpaban un montón de pobres que esperaban su manduca junto un viejo edificio donde ondeaba el puto trapo   de la bandera de España flotando muerta con una brisa suave del mediterráneo.
Dos centinelas vestidos de verde expresaban sus sentimientos fascistas con sus rostros repletos de asco hacia los pobres cuyos ojos enrojecidos y sus posturas desgraciadas de rodillas apiñados en las sucias escaleras daban tanta pena cómo cuando se mira a los animales perdidos. Berreaban cómo cacatúas por su derecho a comer. la gente que pasaba sentía indiferencia, o risa. Otros opinaban que habría que matar a todos esos pobres que no servían para absolutamente nada.

braz-awa-tn-2011-3968-final_fixed_height_gallery
Bordeando ese edificio de la caridad se encontraban una puta dando placer a dos gordos en un descampado de un solar con los que dí  al escuchar lo que me parecía unos lamentos, y meterme.
El acto sexual humano es algo violento, horroroso, y los protagonistas que lo acometen unos pésimos actores a los que es mejor no ver. Pero los chillidos de la puta y las carcajadas de los gordos me causaron una profunda vergüenza que me paralizó. me quede allí mudo observando  algo que para ellos parecía un alegre danza de la vida. La gente del lugar debía saber que esa  era zona de putas, por eso pasaban de largo haciéndose el loco dejando que la vida siguiera fluyendo bajo un cielo que como un velo envolvía de misterio el mundo.
Yo había remontado la carretera nacional 340 desde vall d”uixó y había acabado en valencia sin saber que coño hacia en ese lugar. Me había dado lo que yo llamaba con mi autoconocimiento: Un puntazo.

Muchas veces me daban esos puntazos, y joder, en ocasiones , Oh hermanos, acaban de lo más mal que uno pueden imaginarse.

empujaba del manillar la bicicleta para ver la gran ciudad.

ruptura de los hombres pequeños

ruptura de los hombres pequeños

Lo que me sorprendía de ver era la gente tan vacía que observaba.
¿ Quienes eran esas personas tan vacías?
¿Qué clase de tribu eran?
Me daban ganas de revelarme, parecía soñar sobre un mundo de jaulas y hormigón.
Me sentía muy solo y perdido entre pitidos de coches, gente absurda que pasaban vestidos de góticos, de punkis, con traje y corbata.

Había algo de mentira en todos ellos que me horrorizaba.
Daban la sensación de ser indiferentes a cuanto les rodeaba.
Vi pasar a una persona muy sucia, con una mochila sobre su espalda que hablaba sola.
Al contemplarla me dijo:
Te mataré, te mataré si me sigues mirando hijo puta.
y me quiso morder.

Mientras me mordía una pierna la gente se apartaba para no tropezar con nosotros y seguía peregrinando entre los edificios cuyas contornos grisáceos y opresivos no permitían la visión del horizonte, formando sus estructuras muros de sombras donde estaba seguro de que tras estas estructuras  se ocultaba algún hijo puta dispuesto a venderme algo o contarme una mentira.
Cuando me  libre de este pirado seguí caminado entre gritos, estallidos de sirenas de la policía que te paralizaban unos breves instante mirando a todos lados para ver que pasaba.
LLegue así hasta el centro de valencia.
Estaba muy cansado y me senté en un parque muy elegante.
Note una sensación que tiraba de mi. Una gran fuerza flotaba en ese lugar. Me gire y vi el ayuntamiento.
Cerré  los ojos y cuando los abrí una luz cegadora de flashes me golpeo los ojos. Contemple con horror a unos japoneses haciendo fotos al edificio del ayuntamiento. iban todos juntos, cómo si fueran animales, formaba una sombra espesa de color amarillo. Eran guiados de forma muy severa por un guía turístico. Parecían no tener opinión ninguna los turistas, y a todo lo que les contaba el guía los cabrones amarillos decían que si. Era horroroso verlos, daba ganas de exterminarlos. Yo me había acercado para escuchar la explicación del guía. Un hombre de mí raza, semejante a un poeta, les contaba lo que estaba pasando en el ayuntamiento esos días, y lo hacía con una clarividencia que le dio sentido a mi viaje.
Las carta del reparto.
Las cartas del reparto.
Están barajando las cartas del reparto tras las elecciones.

Los hombres pequeños,
se reparten el poder.
Son hombres huecos que lanzan cartas.
Ese es su juego.
tiene un gran talento para el juego
Les encanta hacer tratos, cambios.
y sobre todo,

las trampas.
No hay quien se crea la partida,
que se llevan entre manos.
Dan mucho asco, y risa
a mitad del juego si no les gustan las cartas,
empiezan a pegarse.
Observe cómo el guía me observaba sin saber que hacia yo entre el grupo de japoneses, y a modo de saludo, presintiendo que era el único que le comprendía mientras se preparaba para dirigirlos a la plaza de toros que se veía a lo lejos añadió para mí:
Son unos cabronazos los hombres pequeños.
Los pequeños japoneses se fueron, y yo me quede allí contemplando cómo se alejaba entre las sombra de los edificios ese hombre sabio, guerrero, poético.
El balcón del ayuntamiento estaba sobre mi cabeza.
En mi cabeza resonaban cómo hélices de helicópteros las palabras de ese hombre prodigioso que ensancho mi mente.
Varios niños gitanos rumanos medio desnudos, gritando  o cantando, no lo sabía diferenciar muy bien, pasaron delante de mi.
Podía contarles las costillas de lo delgados que estaban.
Angelillo de Uixó.

Licencia de Creative Commons
La ruptura los hombres pequeños. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com.

Te quiero Pequeño.

contemplando mis putos atardeces en vall d'uixó.

contemplando mis putos atardeces en vall d’uixó.

El nuevo rostro del horror.
casi quieto se ha dormido ,
envuelto en la quietud de la tarde,
que demasiado pronto ha llegado,
con un estallido interior de chillidos,
que parecen surgir desde la hierba seca
amenazante repitiendo:

adopción
Te has juzgado,
y has perdido el alma.
Te has juzgado,
y has perdido el alma.
Te has juzgado
y has perdido el alma.
Boquiabierto escucho contemplando
el mar en llamas,
bajo un cielo purpura,
y escuchó el final del mundo roto,
sobre una dorada colina que me domina
bañada cómo si fuera un río amarillo,
iluminado por los últimos rayos del sol del día.
Desde mi pequeñez muda,
no puedo seguir adelante.

My beautiful picture

My beautiful picture

Tras contemplar este atardecer.
vuelvo arrastrándome a mi casa,
junto a mis 10 perros,

fieles a mi dolor,

custodios de mi renuncía
atravesando el ramaje seco.
Soy una palabra:
Pequeño.
Y esa sensación de ser pequeño me persigue,
me persigue en un mundo demasiado grande,
que me invade,
me traga cómo a todo cuanto me rodea,
que es a la vez  inmensamente insignificante,
cómo el agua de un charco que desaparece.
El horror:

seguir con el sueño hasta el final.

hey joe

My beautiful picture

My beautiful picture

Angelillo de Uixó.

Licencia de Creative Commons
Te quiero Pequeño. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com.