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Quiero dejar una nota, siendo el día de San Antonio,  sobre el espantoso crimen cometido en Vall d´Uixó por una jauría. A lo que nadie llama crimen, aunque  andan buscando cabezas de turco. Todos hablan a mi alrededor del suceso- como si lo que hubiera pasado fuera un  extraño sueño- Solo tienen claro lo menos claro, o más sencillo de comprender. Tener  “Al culpable”, al que tienen casi preso  la prensa y  guardia civil. El resto, les sobra. En una tierra donde todos tienen perros, y muchos   andan sueltos sin dueño cuando estos se cansan de ellos. Deja perplejo el asesinato, por lo inverso del proceso normal. El hombre de esta tierra, comete salvajes crímenes a diario, sin dejar por ello de ser hombre. Este ,es una más de sus animalidades. Cuatro perros abandonados, seguramente de cuatro vecinos de Vall d´Uixó, que ufanos piden una cabeza humana en una bandeja de plata. Pero que no sea la suya, con absoluta indiferencia hacia las víctimas, el falso acusado, y que alguno de ellos, abandono a los animales. No muy lejos de San Antonio. Dos mujeres, una bella y joven, otra viuda y enferma, en un triste cuarto se calientan con una estufa de electricidad. Son la madre y la hija. El hijo en la salita, con brazos hundidos en la mesa, viaja con la mirada perdida entre los presagios. se pregunta si están malditos.

I.
* Las tierras de la jauría.

¿ quién esperaría en la ciudad de la alpargata, el algarrobo y el tomillo. La que remueve las montaña laboriosa y descuida sus milenarios paisajes. Crisol de múltiples civilizaciones marcadas en piedras  y cultivos, que unos perros que siempre se apartan del camino ante el hombre, y le sigue aunque sea su verdugo, se lanzaran a cometer un crimen por hambre y miseria, sabiendo que les aguardaba la muerte a todos ellos?
Quizás estuvo escrito este crimen mucho antes de cometerse en estas tierra de jauría, conocidas por sus fiestas y alegría. Donde al inocente se le arrastra hasta dar con los dientes y sus huesos en la tierra antes de lo que debiera.
* Ignacio
Tuvo Ignacio vida desde la juventud hasta la muerte, solo de horas de labores. Tirando del esparto y los cordeles, y en las sienes en los talleres de zapatos, cargadas del recuerdo para su mujer y sus hijos. Soportando los reveses de todos ellos,  entre sus generosos hombros de hombre valeroso, . Sus hijos crecieron sanos y fuertes, con un destino trazado: prosperar con el  trabajo.
En una tierra que agrupa a los obreros como si fueran ganado, y les doblega la frente como los bueyes.

* los hijos.

Fueron creciendo los hijos, como es habitual en esta tierra, donde se espera que sean los hijos más ricos y felices que sus padres. Terminaron sus estudios con éxito. Haciéndose más serios a cada nuevo tropiezo. Tantos años de esfuerzos dio pocos frutos. Sin que se desviaran de una línea recta trazada; la mala suerte, el escaso empleo, y que cualquier mamarracho sin principios llega más lejos que la gente decente en estas tierra donde corre la jauría libremente. Dieron en lo mejor de sus vidas con la cornada de la decepción, y ahora seguían la línea más lentos, y cansados.
Sus tierras se cubrieron de amapolas.
La madre dio con una enfermedad . El padre se jubilo viendo como sus hijos se quedaban amustiados en paro en la casa de sus padres; como flores fabriles que prometieron una día abrirse, y desplegar toda la belleza con la que podrían construir la primavera.

* Las tierras.
Las montañas de Vall d´Uixó forman un acantilado de dolor. Desde sus picos se ve el mar bañado  de cañas, romeros, almendros. Cumbres secas y abandonadas. A Ignacio le persigue la desgracia.
En su palmo de tierra descansa trabajando entre sus oliveras.Su huerta barbechada, cuando la siembra, con pocas esperanza de que respeten su trabajo, siempre es saqueada. Le rompen puertas a la casa de aperos, y hasta las patatas le son robadas. Por el campo abandonado atrae  a la mala gente. Solo desgracias conoce el labriego.
Mala gente va por esos caminos casi perdidos, como mala semilla caen y solo florecen las desdichas.
Al monte se le echa encima lo que no se quiere de las casas. Y a los que lo quieren, se les expulsa.
También los perros son dejados como el mueble en el monte. En el campo hay puertas , sillas, y ventanas, pero no hay caza, ni pastos, ni agua, ni muchas especies que antes lo engrandecieran. Y las bestias alteradas, ya no cumplen con las leyes de la selva.
La nada, a la que están destinadas todas las criaturas, se revuelve contra todo.

* Los perros.

1 de enero no trae nada nuevo. En casa de Ignacio gotea de infortunios la taza hasta rebosar. En un ocaso ceniciento, se va al huerto a vigilar. El pueblo ahíto de vino y circo apura su copa, tampoco espera nada nuevo del año. Ignacio viendo el mar casi oscuro presiente que se lo traga. La última luz a su espalda, se pierde para él para siempre de vista. Las tinieblas rápido envuelven el lugar, y las asustadizas oliveras mueven las hojas. Entre las sombras y bajo sus ramas, suena un gruñido y asoman como ascuas encendidas unos ojos alimentados por los duros senos de la luna. Ignacio retrocede asustado hasta el tronco de la olivera borde , mientras es rodeado por los perros.
Angelillo de Uixó.
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