Aún tratan peor que perros a trabajadores en España

Posted: September 10, 2018 in capitalismo, Uncategorized

 

Solo Juan Miguel, de entre todos los compañeros que nos manifestábamos y recogíamos firmas contra la exclusión social que yo sufría en Vall d´UIxó,  conocía a ciencia cierta el infierno en el que trabajaba. El resto, estaba movido por un ideal de solidaridad. Conocían  las noticias, documentos, que durante más de un año había ido aportando a sindicatos como CGT Castellón, a la oficina de atención obrera, o  al casal popular de Castellón sobre mi situación y sobre la exclusión social. Fenómeno incluso desconocido para sindicatos y organizaciones sociales, quedando reservado en el ámbito del trabajo clínico de servicios sociales. En los informes que yo aportaba se describía vagamente , como ante la carencia de empleo y de rentas, y al estar socialmente excluido de cualquier puesto de trabajo por el Ayuntamiento de Vall d´Uixó, había ocupado unos terrenos para uso agrícola. En esos informes no se describía el dolor de mis piernas,  y el de un hueso del hombro  afectado por andar todo el día empujando una carretilla con garrafas de agua. Llegó hasta tal punto el dolor, que me vi obligado  a emplear con gran éxito y fortuna, he de confesar, a unos  perros que tenía en casa recogidos de la calles y que se pasaban el día aburridos en el corral . Ahora venían conmigo  enganchados a un carro, y el esfuerzo era más llevadero al estar mejor repartido. Aunque eso no evitaba que un tramo, por donde no podía pasar el carro,  tuviera  que andar con dos garrafas de 30 litros cada una, portando cada una de un  brazo. Además de tener que andar con 60 litros escaleras abajo, llevaba atados a mi mano dos perros que tiraban de mí  hasta bajar de la calle de arriba donde estaba la fuente pública,  a la rivera del Belcaire que conducía a mi huerto. Cuando llegaba abajo, y miraba hacia arriba, quedando sobre mi cabeza el pequeño parque con la fuente y el banquito bajo dos sauces llorones me preguntaba como lo hacía para no haber acabado  rodando yo, las garrafas y los perros hasta el barranco. Una vez sobrepuesto teníamos que hacer unos cuatrocientos metros de transporte de agua hasta llegar  a los bidones. Otras veces el método de evitar la carga por la escalera consistía en hacer el spiderman. Ataba los perros a la barandilla del paseo de la rivera y escalaba con una goma entre los dientes el muro con pendiente que separaba los seis metros de desnivel entre la fuente y el paseo de la rivera. Una vez lograda  la operación  la bajaba conectando un cubo con una salida de 16 milímetros a la goma que llenaba un bidón de 100 litros .  luego otra vez a  volver a llenar las garrafas del bidón y meterlas en el carro, enganchar los perros y salir disparados a otro bidón ya en mis tierras. Allí debía desenganchar las garrafas  del carro y llenar a pulso los bidones. El hueso de mi  hombro izquierdo empezaba  a inflamarse por el esfuerzo constante de años levantando a pulso estas garrafas. Este descomunal derroche de fuerzas daba muy poco. Unos kilos de guisante, algunas lechugas…miserias donde en ocasiones tenía ventas de veinticinco  o treinta euros a la semana. Tenía que mal vender los productos ecológicos a precio similar o más baratos que las grandes superficies, debido a que la gente de Vall d´Uixó carentes de conciencia ecológica  no estaban dispuestos a pagar más por productos ecológico y locales que por lo que pagaban en el supermercado traído de no se sabía donde y contaminado. Por citar un ejemplo de cada venta en Vall d´Uixó en la que me daban 5 euros, por los mismos productos  en Madrid, Valencia o Barcelona me hubieran dado de media 15 euros. Y esto era cuando las cosas iban bien, pero la mayoría de las veces la falta de lluvias, los robos y los golpes de calor no rentaban nada, absolutamente nada el huerto. Había semanas sobre todo en Agosto ,donde las necesidades de agua eran 10 veces superiores a las que podía proporcionar, y los perros eran inservibles debido  a que el calor les hacía detenerse, entretenerse a la mínima, incluso tumbarse a la sombra con un descaro inaceptable desde el punto de vista laboral.   Los meses de invierno por contra, cuando menos agua se necesitaba y los husky eran cien por cien operativos, ocurría que desde enero hasta abril, eran cuatro  meses donde prácticamente el campo quedaba detenido. EL crecimiento se ralentizaba.  Cebollas, ajos, puerros, patatas quedaban en estado de hibernación sin apenas   crecimiento. De habas y guisantes, si la flor no se helaba, y dependiendo del viento, daban para casa y para la venta siempre y cuando no las robaran. Las acelgas y las espinacas si no escarchaba, y eso hacía varios años por el cambio climático que no pasaba, no paraban de dar hojas sin espigarse, pero su valor de venta era ínfimo, ya que pocas personas comían platos con acelgas y espinacas,  y acaba haciendo trueques por arroz o leche a mujeres que aún hacían potajes.  De acelgas y de coles de Bruselas hubo un año que tuve que arrancarlas todas por los robos.

En un momento en que no pasaba nadie por la calle y estábamos  en silencio  les pregunté  a mis compañeros, considerando importante que vieran el huerto:

cuando terminemos de recoger instancias, ¿ os parece que nos acerquemos  al huerto ? como no dijeron nada, añadí para que no pensaran que nos íbamos lejos, ya que la mayoría de asistentes una vez acabara el acto irían a sus trabajos o  sus actividades normales , que no tenían nada que ver con el sector agrario o el de la exclusión social.

–  Queda muy cerca de aquí. Casi desde el balcón del Ayuntamiento que tenemos al lado me pueden ver sufrir los empleados públicos  todos los días-

Sonaron varios si  no muy altos, aceptando visitar el huerto.

Varias personas se acercaron a interesarse en ese momento por la reclamación.

Un flamante  mercedes  blanco  ralentizó su marcha.

¿ sabes Paco de quién  es ese Mercedes que pasa? Le pregunté mientras Jorge e Inma hablaban con varias personas que estaban detenidas interesadas.

Paco tras sus gafas redondas miró con sus ojos azules y negó cabeza la cabeza.

Ese que ha pasado es el concejal de seguridad.  Su miraba la ha guiado a los carteles. Como apenas sabe leer ha tenido casi frenar el mercedes para unir las palabras del cartel:

Contra la exclusión social.

Luego ve visto como nos ha contado. Como apenas sabe contar iba con los dedos marcado, uno, dos, tres, cuatro… A los progres solo les preocupa el número, aunque el número dé el resultado un montón borregos como ellos. Como ha visto que somos pocos no se ha preocupado, y como no sabe lo que es la exclusión social no le preocupa, pero por si acaso nos mandará la policía fingiendo que le preocupa un asunto que no le preocupa. El cambio de aceite del mercedes es en lo que está pensando. Cuanto le van a cobrar.

Pero el mercedes es bonito- comentó Paco

Para ser socialista no están mal- riendo comenté- peor le ha salido el mercedes a la Alcaldesa . Se ha comprado uno, el pequeñito, que lleva un motor Renault. Hasta la casa mercedes le engaña a la alcaldesa. Luego tenemos al concejal  de empleo que se ha comprado un mustan yanqui que le ha costado una fortuna mientras los demás pasamos hambre.

Paco, como buen comunista, alargo sus suaves labios esbozando una sonrisa:

Los progresistas y sus discursos cínicos llenos de buenas intenciones con la barriga repleta y calentitos en inviernos, entretanto  los demás de matan trabajando.

Una radio sonó a nuestra espalda cuando comenzábamos a hablar de política.

Se escuchaba del walky : desalojen a los que están concentrados.

Escuché con voz educada, era un policía local. Vino como adiviné cuando nos vio el concejal de seguridad.

¿Tenéis permiso de estar aquí?

Yo le contesté la verdad:

No.

El policía sin querer parecer autoritario, mostrándose razonable  y algo cansado pensando en su futura jubilación  nos dijo con tono campechano:

Pero para estar aquí hay que tener permiso.

Juan Miguel haciéndose el loco le preguntó:

¿ Y eso como se consigue?

El policía  le aclaró como se consigue el permiso. Hablaba como cuando le preguntaban por una dirección de una calle:

Pues se va al Ayuntamiento,  se pide una instancia, luego toca rellenar solicitando espacio público y el motivo, en este caso  para recoger firmas.

Podemos hacerlo ahora- pidió Jorge.

Si pero… comentó el policía mirando a cada uno de la oficina obrera que formábamos un grupo en torno a él.

pero será para la semana que viene, ahora sin permisos no se puede estar…

¿ nos desalojas? Pregunté yo un poco brusco, parecía que se iba a iniciar una confrontación.

EL policía pareció dubitativo:

No he dicho eso., estuvo un par de minutos más hablando con nosotros, no recuerdo muy bien que dijo, y se retiró.

Al cabo de unos minutos vino otro policía montado en bicicleta. Iba por la acera directo a nosotros. Le vi llegar, pero  en ese momento estaba   atendiendo  a una estudiante universitaria  que quería firmar. Entre atendieron al policía mis compañeros. Después de explicarle mi situación a la chica brevemente:

trabajo en un huerto sin agua, abocado a esos debido a que nunca consigo  entrar en las políticas activas de empleo, y  esas mismas políticas son un desastre para la clase obrera ya que obedecen a una ley del embudo, de igual modo que los servicios sociales… La chica de unos veinte años, delgada, pálida, con gafas redondas, me escuchaba atenta y con horror. Noté que al contarle mi relato  se indignaba ante las cotas de miseria a que se estaba llegando en Vall d´Uixó . Firmó para que por lo menos me dieran agua para el huerto. Cuando se fue   me metí en la conversación del grupo que hablaban con el policía de forma afable. Yo les había estado  escuchando aunque se mezclaba mi voz y mis razonamientos con los de este. Era conmigo con quien quería hablar, ya que era por mi por quien se estaba produciendo esta reivindicación. Se trataba de un policía joven y de rostro agradable que no intimidaba como algunos de sus compañeros. Hablaba de forma educada y reflexiva. No sé exactamente la  pregunta que me hizo, pero con esa pregunta lo que buscaba era que yo confesará las motivos por los que estábamos recogiendo firmas. Cosa que estaba deseando hacer.

Nos hemos reunido aquí para recoger firmas como ve, porque ya no quedaba otro remedio. Otra cosa no se podía hacer. Desde hace más de cuatro años cultivo un huerto ecológico. Al principio, no era del Ayuntamiento y las cosas iban bien. Pero desde que lo compró el Ayuntamiento, y ha empezado a hacer trabajos de mejora medio ambiental, que no es más que maquillaje caro que pretende tener un tinte cosmético  social dando puestos de trabajos en muchos casos a gente a holgazana y esquirola que no van a mover un dedo por el resto de trabajadores. Entre sus logros  medio ambientales está el secar la última charca de reserva con fauna protegida que quedaba.. Después está la creación de una especie de jardín que rega matorrales de montaña. Todos los días tira litros y litros de agua a matorrales que son de secano. Yo solo les pido lo que marca la ley. Que pongan  a disposición de los ciudadanos todas las posibilidades que tenga  al servicio de la economía y  el medio ambiente. Solo les pido tres barriles de agua cada dos o tres días para regar un huerto que da rendimiento. He hablado con el concejal de medio ambiente, bienestar social, de empleo, con la alcaldesa… Mis peticiones se amontonan, ni siquiera me contestan, o me dan largas. Me desprecian porque saben que estoy solo y sin recursos… yo paso hambre cuando a mi lado hay agua, a la distancia de un muro, tan solo con dos metros de goma y un adaptador podría regar. Hay gente que todo esto lo ha visto injusto, y han venido a expresarlo.

El policía hizo un breve gesto  molesto, como mucha gente que pasaba por la calle y se avergonzaba del cartel de la exclusión social en su pueblo. Era hora de empezar a hablar de  injusticias. Ahora que se hablaba tanto de igualdad femenina,  integración,  recuperación económica. Dentro de el policía, parecía comprender los motivos que teníamos para protestar, a la vez que le molestaba  que se alterar el orden público, pero también  la injusticia. En general a la gente que mi miraba aunque guarda silencio  le pasaba lo mismo. Era molesto ver cartelitos hablando de exclusión social, y que mi nombre figurara como afectado era molesto incluso para mi. Y es posible que a partir de ahora incluso empeorara mi situación.  El policía para despedirse de nosotros una vez me escuchó, nos miró  a todos e insistió en que teníamos que irnos al carecer de permisos, y nos aconsejaba como hacer lo que hacíamos  el próximo día con los papeles en reglas. Incluso para desearnos suerte y que viera que no estaba en contra nuestra nos  dio una recomendaciones de lugares donde la gente hacía sus peticiones. Luego se retiro una vez le prometimos que en cuanto registráramos las instancias en el  Ayuntamiento nos iríamos.

Una vez hecho esto, fuimos a mi huerto.

Aparca aquí- le dije a Juan Miguel dirigiéndolo a la pista de atletismo ya  que conducía el coche.

Empezaremos visitando la charca. Les bajé a un sumidero lleno de plantas que crecían salvajes con barro por todas partes y peces agonizantes.

Esto que veis es de donde cogía el agua. Aquí me le llegado hasta a bañar. he visto parar patos. Vivían familias de fochas. Cientos de ranas alegraban con su canto, incluso se veían cangrejos. Se  cargaron esta charca cuando metieron una retroexcavora para hacer una pista de footing.

La oficina obrera en pleno miraba aquello con tristeza. El paisaje era apocalíptico dentro de la charca llena de limos verdes y lomos de pequeños peces en un palmo de agua.

Subimos por el barranco. De mi huerto se veían las bachoquetas, las hojas más altas de las matas de pimientos.

Antes de entrar iremos para veáis de donde cojo el agua- les comenté.

Les hice el recorrido de la fuente a mi huerto fingiendo que iba con los perros y tiraba de un carrito con garrafas de agua.

Al entrar el huerto les enseñé el cartel del Ayuntamiento que me habían puesto delante de la puerta, para que quedara claro que lo había hecho una escuela taller ese huerto.

La escuela taller- les aclaré mostrando el cartel – aquí no ha hecho nada. No sé ni cuanto se habrán gastado en este paraje, seguro que un cuarto de millón de euros, y hacer en un año lo que es hacer, no han hecho apenas nada. Arriba de mi bancal han limpiado algo, pero en un año… Ahora como apreciáis hay muy poco plantado en el huerto. Estoy esperando a que bajen las temperaturas para arrancar las tomateras, los pimientos y plantar lo de invierno. Aunque sin agua,  la verdad ya no puedo más, es una tortura constante, y más cuando veáis lo siguiente. Los llevé al final de huerto donde había sembrado unas pepineras, tras darles unos pepinos a cada uno de ellos les dije que me siguieran. Subimos una rampa.

Allí vieron un jardín horroroso, ni siquiera habían quitado las piedras ni habían retirado la maleza salvaje . La tierra estaba sin trabajar. Eso si, habían instalado un moderno sistema de goteo que arrojaba agua a plantas monstruosas e improductivas. En ese momento estaba regando.

Fui corriendo a por garrafas y empecé a llenarlas. Mis compañeros  veían con estupor el resto la escena llena de violencia, vejaciones  y maltrato por parte del Ayuntamiento.

Así llevó años- grité desde abajo del acueducto mientras me hacían fotos.

Años de este modo. Viendo como regan todo esto mientras yo me mato empujando el agua con mis perros.

¿ Y no puedes coger tu el agua cuando regan?- me preguntó Jorge.

No conozco su horario.  Casi siempre cuando llegó ya han regado. Es posible que el riego este a cargo de una centralita y una electro válvula de la orden. A lo mejor es a las seis de la mañana cuando empieza a regar. No es habitual que regué a estas horas. Y para postre también tengo conflictos  con los jardineros y facsa que me amenazan con denunciarme si cojo agua. Me han pillado varias veces y me amenazan.

Que poca vergüenza tiene el Ayuntamiento- exclamó indignado Juan Miguel.

Yo me he movilizado cuando trabajaba en empresas y ha habido un conflicto social- les comenté- y os digo que es muy diferente a una movilización por exclusión social. EN esos casos, el gerente habla con los trabajadores, les trata de convencer con mentiras del tipo: es que la empresa no gana dinero y debemos bajar salarios y despedir gente. Ved la competencia que quiere arruinar esta empresa.- La empresa también lo pasa mal y para sobrevivir se ve obligada a reducir costes….

Sin embargo en este caso como veis, no es la escasez de agua lo que no permite que me den agua, ni que haya que hacer unas obras, otra excusa que me han puesto muchas veces, tampoco es la competencia de mercado porque la alcaldesa o el concejal de empleo vendan verduras en su tiempo libre lo que les obliga a no darme ni agua ni tierras. La realidad es que están para desorganizarnos a los trabajadores, para que dependamos de ellos y no les demos problemas. Abrir los ojos y despertar con lo que veis.

Al día siguiente cuando bajé a mi huerto estaba otra vez solo, con los pies doloridos, las piernas ese día las tenía tan pesadas que caí de rodillas con el trineo bajo el puente de San José rezando asqueado de pobreza y de no tener futuro. Me acompañaban al tajo los husky. EL humor de los perros era excelente ya que estaba nublado y no hacia un calor extremo, aunque si muy pegajoso.  La situación sabía que iba a empeorar, el Ayuntamiento progresista era capaz de hacer cualquier locura, presentarse con la guardia civil  y sacarme a punta de fusiles de las pepineras, o hacer algo más sutil y decir a un juez de nules que era un inadaptado cuya sanación dependía de   mandarme  a un psiquiátrico que me darían electro shocks hasta hacerme votante socialista. Eso es lo que esperaba, pero lo que pasó. Encontré enormes ramas, tan grandes como árboles detrás de la fuente. Iba a hacer el spiderman con la goma en la boca para no bajar las garrafas por la escalera. Intenté subir y me enredé entre las ramas de unos sauces que me habían puesto de barricada. Resbalé por la ladera. Los perros atados empezaron a ladrar y yo a gritar. Me levanté lleno de rabia, de ira, olvidé el dolor de mis piernas y subí con los pies doloridos . chillando levanté las ramas y las lancé hacia  abajo aplastando los árboles plantados por la escuela taller a los que empecé a patear cuando bajé, entre gritos pegaba a los árboles aplastados:

Sé que lo habéis hecho adrede para que no coja el agua, dos malditas garrafas cuando al lado de mi huerto se arrojan a tierra miles de litros. Es posible que hayan sido los jardineros, obreros bien pagados por el Ayuntamiento, con buenos horarios de mañana, que están en contra de que otros trabajadores se organicen. Están dispuestos a boicotearme. También hay alimentos tirados detrás de la fuente que apestan. Hace varias semana que aparece un mal olor detrás de la fuente. ¿ Qué queréis, hacerme huir de este modo?  Inventar algo mejor, esto solo me da más fuerzas, hoy mis perros y yo tiraremos con más vigor y energías que nunca. Coloqué la goma en mi boca una vez estuvo libre el camino y fui  trepando hasta llegar a la fuente. Mi mano se deslizó bajo el asiento donde había una pareja de jóvenes besándose. Mis ojos estaban a la altura de sus pies entrelazados. En la pata del banco até la goma y bajé en silencio.

Angelillo de Uixó.
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

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