Guarida de Lacoonte, vieja cueva de vall d´uixo cubierta de chumberas sobre un bancal sembrado de miserias junto al viejo molino de arroz  derruido por un incendio. Paisaje de zona cero que renace una y otra vez cada nuevo día luchando y defendiendo su miseria eterna.

algún poeta o poetisa le canta como esa mañana lo hace Mercedes B. Ibáñez. El poema dedicado se produce antes de que llegará el campesino Ángel con su carretilla y sus garrafas azules.

“Ángel este por lo de las tierras esas que ocupas, ánimo , la verdadera vida es así, no la regada de comodidades.

Tierras por Dios olvidadas,
y tierras que ya no saben
a que sabe un azadón,
tierras ya sin el calor,
de una mano que acaricie
de sus hierbas el verdor,
y a esas tierras vinieron
el Ángel y otros dos más,
con la ilusión en la mente
y teniendo bien presente
que mucho hay que trabajar
y aprovechar la simiente
que siembren en el lugar,
que es propiedad de otra gente.
Suelo perdido en el viento
al que nadie le hizo caso
mientras estuvo parado,
¡pero por Dios qué milagro!
que está puesto a producir,
por cuatro desarrapados!
¡¡¡y no puedo consentir,
que esas tierras son legado
de mis padres para mí!!!

Así funciona este mundo
¡qué lo mío es para mí
aun lo tenga abandonado!
y si veo alguien allí,
saldrá de mí lo inhumano,
¡¡¡todo el que quiera vivir,
qué pague como yo pago!!!”

 

Poco después de este poema llega como muchas veces el campesino Ángel . Se sienta junto su carretilla en un pequeño ribazo bajo la cueva del Laocoonte a esperar a un grupo de personas a las que ha contagiado con su espíritu de cooperativa. Da una nueva vuelta a la palestina que lleva puesta sobre su cabeza  para proteger los  hombros  del sol  mientras espera.

Les he citado demasiado pronto, y más siendo hoy el chupinazo de las peñas en fiesta- disculpa Ángel  a sus amigos con los pies sobre las hojas secas de la higuera que tiene enfrente. Son arrastradas desde hace años a ese lugar  por  el cálido viento  y forman un espeso manto. cuando nota un extraño ruido metálico que baja ladera abajo. Con curiosidad ángel se levanta. al hacerlo varios jilgueros salen volando. llega hasta sus pies un anillo. Lo recoge. mientra lo observa siente una presencia. De la cueva de Lacoonte asoma la horrorosa barba blanca y larga de un viejo con túnica, turbante en la cabeza, una calabaza para beber atada del hombro sobre  un pequeño macuto. Sus ojos brillan como ascuas por la fiebre. De cuerpo alto y delgado. Este misterioso hombre hace gestos amigables hacia el campesino que lo obserba extrañado. Poco a poco va bajando de la cueva por el empinado y casi perdido sendero hasta llegar al campesino al que le habla con voz dulce en un castellano almendrado.

Se me cayó el anillo. La noche ha sido horrorosa en esta cueva. En mi país las cuevas son más acogedoras. He debido perder el anillo al despertar. ¿ me lo devuelve?

extiende la mano y la cierra tirando de ella para si cuando ángel coloca en el centro de su mano el anillo.

¿ Eres tu Bin Laden?- le pregunta el campesino.

EL anciano se horroriza al escuchar eso, mirando hacia todos los lados para comprobar que nadie les escucha . lleva la mano al corazón y exclama un rotundo y perturbado:

No.

El agricultor insiste creyendo que finge y no quiere decir quien es por seguridad:

No te preocupes, no te delataré, ya que cualquiera que simplemente diga tu nombre es cómplice de seguirte. El estado español , con la excusa de proteger vidas las quita a rabiar a cualquiera. Así hasta las personas menos imaginables, son para ellos apologéticos de terrorismo. Impera una psicosis inducida por opiniones que se convierten en acusaciones. Si nos viera cualquiera con turbantes hablando, dirían que nos estamos radicalizando en el huerto.

El viejo del turbante le pregunta sobre el huerto.

¿ es tuyo este huerto?

El campesino mirando con orgullo las tomateras le responde:

si señor, y eso se lo debo a usted.

El anciano perplejo le pregunta:

¿ de verdad? me gustaría comprenderle.

El agricultor tomando asiento en el ribazo y pidiendo que el Bin Laden hiciera lo mismo se lo explica:

Ya le dicho señor Laden, que muchas personas están siendo detenidas con la excusa del terrorismo. Tiene usted delante a una de tantas personas. En el mundo hay miles. Si la gente como usted si no existiera, la inventaría la inteligencia del estado. Incluso es posible que usted sea una invención de la C.I.A.

Bin Laden sonríe y calla. El campesino con antecedentes prosigue su discurso:

Usted representa la justificación de la guerra, de los méritos policiales, de la vida relajada de jueces y fiscales, su buena reputación y seriedad en la sociedad. Tiradas de periódico, recortes sociales. La servidumbre de artistas y trabajadores, incluso… hace un inciso mirando los ojos emocionados de Bin Laden que pregunta impaciente:

¿ incluso..?

soltándose el turbante el campesino español señala al anciano hacia la cúpula de la iglesia del Ángel.

Usted mantiene vivo a Cristo señor Bin Laden.  A una religión agotada y moribunda en occidente.

Bin Laden se levanta agitado y se aleja.

menudo disparate.

El agricultor le pide que se siente y se tranquilice:

Por favor regrese, no se lleve una mala impresión de mi ni de Jesucristo.

Bin Laden ha desaparecido, su presencia ahora se le antoja imaginada al agricultor. En la espera mientras habla solo.

Yo no creo en las opiniones que tratan de conformarnos. No, ya no. antes veía las noticias, opinaba también sobre las mismas. Conozco a mucha gente pobre que opina sobre política.  Me parece una aberración ahora que he visto ese rostro que vi muchas veces representado como si fuera usted el mismísimo demonio. ¿ también no fui yo representado así? ¿ Por qué confiar en la prensa, en los jueces, en la policía? ¿No son hombres como los demás?  incluso diría que moralmente más degradados que el resto de la sociedad. seguramente por su oficio. Imagino que la persona que he visto, cuyo rostro provoca mundialmente horror, se trata solo un pobre hombre que vive en una cueva. Debe haber alguna forma de salir de esta caverna.  Y creo que esta llave la tengo delante. Es el trabajo en la huerta, la tierra, la naturaleza. Vivir de espaldas a las opiniones de los demás. Estoy impaciente de que lleguen mis compañeros. debo tener Fe en ellos, con ellos puedo formar una cooperativa. Juntos podemos producir lo suficiente para abandonar este miserable estado de degradación. Vendrán pronto y empezaremos a trabajar.  Estoy pensando en ese pobre hombre parecido a Bin Laden , cuando le vean los chicos de  peñas… con esa barba y esa túnica. Me temo le insultaran. Le llamaran terrorista y tiraran de sus mangas, incluso le pueden golpear. no habrá condena por parte de la policía. Esta todo el pueblo lleno de insultos racistas contra los musulmanes. nadie lo condena. Hubo incluso un atentado en mezquita de vall d´uixo …y no se condenó. a veces entra gente borracha a la mezquita cuando rezan , y les gritan terroristas. Pobres, pobres.

Si empieza una pandilla a seguirle al pobre hombre, gemirá como un perro.

por favor dejarme, no soy Bin Laden, no soy Bin Laden.

Pero Bin Laden está en todas partes, en todas nuestras cabezas. Ese hombre está condenado por otro. Se ha ido y no le dicho que se podía quedar aquí a trabajar. Espero que vuelva y tener la oportunidad de decírselo. ¿ Y de qué vivirá? de comer higos chumbos. seguro que me ha cogido tomates  y pepinos del huerto. Hace días que noto como alguien casi todos los días me coge algo, una lechuga, dos o tres tomates. Pero da igual si es para comer.A los musulmanes  las empresas al verlos no quieren contrarlarlos. Son cadáveres laborales y vitales. ¿ qué les queda si no la religión?

Viendo que sus compañeros no llegan entra en el huerto, se mete el solo y empieza a trabajar. nadie ha tocado nada ese día. Hunde sus manos en las hierbas, arranca las malas hierbas para ayudar a las lechugas, contempla las bachoquetas sintiendo un gran gozo con la verdor, escampa semillas de amaranto en los surcos.

el trabajo le hace agradable el día, pensar que más gente pueda llegar le alegra más.

Angelillo de uixó y M. I Ibáñez.

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