En vall d´uixo, esta mañana.

Lo siento, lo siento mucho- dos o tres veces he dicho esto,  mientras María apenas podía hablar ahogada por las lágrimas.  Haciendo un esfuerzo ha proseguido hablando

Estaba con la cadena ahogado, ademas…ayer hizo mucho calor,

( ha vuelto a romperse llorando)

si me hubiera asomado- al decir esto se ha debido sentir culpable, y se ha descompuesto totalmente en  lágrimas, bajo las gafas no paraba de pasarse pañuelos de papel que estrangulaba mojados entre sus dedos y tiraba al cenicero del coche. Yo, con los dedos  apoyado en la ventanilla , he esperado que se restableciera  guardando silencio. Más que por el relato de María, han sido sus gestos, sus movimientos espasmódicos, lo que me han hundido con ella en  la tragedia. con espanto,  podía ver el escenario tan solo levantando la cabeza.  Una docena de pinos plantados delante de una caseta eran testigos de este nuevo  drama que aquí es viejo. Atar a un perro desde cachorro a una cadena. algunos animales, llenos de deseos por vivir les pasa como a algunas personas de esta tierra, que no aprenden a convivir con sus cadenas y acaban  atados por la policía. La contemplación de la muerte de este cachorro de seis meses de color canela,  ha atado ha María, acostumbrada a ver a este cachorro junto a su casa brincando siempre feliz jugando con su perrita por su patio.

Imaginar el sufrimiento  de la muerte del   cachorro.

Bajo el cielo atado junto a su puerta y muy cerca de la mía para al amancer encontrarlo  muerto enrollado en su cadena, verdugo de metal frío  contra el que luchó él solo con garras y dientes ayer, eslabón por eslabón. Con sus  diminutos intentos de escapar de la muerte dejando como una huella en la cadena las marcas de sus dientecitos  yéndose de este mundo un animal   inocente, de sus diente blancos, de pura leche que ahora custodia la muerte

María incoherente, saliendo como entrando yo del trance de dolor por el drama, se ha despedido de una forma extraña-

me voy que se van a despertar-

-de este modo se ha alejado llorando. No sé muy bien a quien se refería,  pues vivimos en una zona llena de casetas que están casi todas deshabitadas, y aquí los pocos  que vivimos madrugamos mucho, y ya estaban todos los que podían oírnos asomados a las ventanas escuchando esta catástrofe anunciada. Hace semanas, al subir a su casa a cenar con ella y su pareja,  vi la muerte de ese animal  que me presentó. Al preguntar de donde salía, me relató  que era el perro de su vecino, que siempre dejaba estaba atado.  Solo los días que subía a darle de comer lo soltaba un rato, que aprovechaba para saltar a su casa  a jugar con su perrita, como en la ocasión que yo estaba presente. La prueba de que iba a morir ese perro pronto la tuve al confesarme María la conversación que había tenido   con su dueño para disuadirle de que no lo atara. Le explicó María que el cachorro suelto era más feliz que atado, y no suponía un peligro ya que se iba   a su patio y de allí no se movía jugando con su perrita, formando una alegre pareja. El dueño le contestó que haría lo que le diera la gana que para eso era suyo el perro. Entonces comprendí  su destino, porque cuando se tiene dueño se tiene destino, por eso me duele tanto y siento igual la muerte de ese perro que si fuera mío.

( En San Antonio Vall d´Uixó, se ha muerto un perro de un vecino  atado por una cadena con la que se ha ahogado, su muerte no la podemos aceptar)

Tu cola Colmillo lácteo, forma una ligera sombra de un día de primavera abanicando las hierbas que crecen junto a nuestra puerta, tras la cual tus hermanos se agitan para besarte la boca y olerte a romeros en flor del monte, mientras yo me preparo para alimentar la tierra de nuestro huerto en una mañana clara de luz, casi transparente.

Un silencio cercano, alargado, se ha liberado y nos ha sorprendido.  Durante un minuto ha pasado una tormenta y ha dejado todo por el suelo. María, aparecida como un rayo en nuestra puerta, cubierta únicamente por lágrimas resbalando por la tierra,recogiendo sus pedacitos con una voz traspasada por la guadaña.

No comprendía, ni se hacia a la idea de la imperdonable muerte anunciada de un perro atado   a una cadena , que ahora hay que desatar y enterrar.

Junto a la reja de la puerta, mis manos que abren la tierra, se han quedado atrapadas, sintiendo la vida mordida y arañada.

Hemos comprendido como hace en estas tierras prácticas el destino.

angelillo de Uixó.

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