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Intro:

Con 75 kilos de peso y 1, 70 de alto,  cuarenta años de edad, Angelillo de Uixó, el canario de la vall d´uixó, también conocido, como el terror de la vall.

I.

 

Juan Perro quiere que esté triste, por eso hace onomatopeyas psiquiátricas con la lengua desde la jaula donde vive encerrado, convertido en un esqueleto melancólico  y enloquecido.

Lack, lack, lack,

emite una y otra vez a este sonido cuando paso bajo su ventana acompañados de golpecitos a estas con sus débiles dedos.

Lejos de  desanimarme sus onomatopeyas de arriero que dirige al ganado, me anima al ir al trabajo en mi huerta ecológica donde pierdo el tiempo. Supongo que ésta es la nueva forma inútil  que ha encontrado  Juan Perro de provocarme después de nuestra última pelea que terminó conmigo en el cuartel de la guardia civil denunciándolo como si fuera yo un marica para no tener que pegarle como un hombre. Es curiosa la desunión que se ha producido entre nosotros que compartimos la misma situación de absoluto desamparo y miseria económico social hasta el extremo de haber pasado ambos hambrunas y consiguiente acoso social y policial  por las calles. Aún recuerdo los días que lloraba en mi hombro por el miedo a Aquiles, un joven quinquillero que acabó siendo un  romántico idiota que se intentó suicidar cuando le dejo la novia. Por eso me parecía tan patético el cambio de rol de Juan Perro, que en mi opinión, tenía que ver con su descendencia hebrea. Nunca comprender bien lo que pasa por la mente de los judíos, aunque él de ellos no tiene más que sangre en los apellidos. Juan Perro vive para los recuerdos. Los recuerdos de su vida gloriosa cuando era toxicómano y alcohólico. Entonces era alguien. Sin embargo la rectitud le ha asesinado. Cuando empezó a trabajar y dejo la mala vida se perdió. a veces eso ocurre, y llega una etapa en la  vida decente, honrada. Entonces  uno se encuentra rodeado de gente que solo odia. así me sentía yo desde que trabajo en mi huerto ecológico. LLevo la vida más recta y honrada de toda vall d´uixó. Un ser endemoniadamente ordenado, un ejemplo  para la localidad. Sin embargo, esto es una válvula  a presión en mi mente.No encuentro el camino, ni la salida. Me pasa como a Juan Perro, y supongo que como a toda Vall d´Uixó. El pueblo parece un lugar solitario en las fiestas patronales de peñas, pero no es así. Vall D´UIxó está llena de gente que odia. Se mueren de ganas por destrozarse unos a otros, por mucho que se disfracen de los trogloditas  de Pedro Picapiedra y Pablo, son  y serán  gente ordenada, recta, que una gran conciencia de como joder al otro. Saben que palabra adecuada emplear para empujar al otro, al prójimo  a los brazos  del suicidio, o como mínimo de la depresión. No hay habitante de vall d´uixó que en esto no sea un maestro.  Lo llevan en la sangre esta gente. En esta cloaca no han hecho otra cosa en los últimos milenios. Por eso, cuando deje atrás los últimos sonidos de mi pobre canario dando golpecitos contra la ventana y emitiendo sus últimos ” lack, lack, lack”  sonando cada vez mas lejanos, menos personales, ya no dirigidos  contra mí, sino contra la humanidad entera, notaba que el sonido de las fiestas me empezaba a envolver. Las comparsas, las carpas donde se reunían como ganado las cabezas de las peñas mezcladas con las autoridades dándose un baño de masas, en esa enorme mentira psiquiátrica  donde desfilaban toda clase de criaturas desdichadas, pobres, enfermas, profundamente desesperadas, hasta el asco más nauseabundo. Era el pueblo en estado puro. Hombres y mujeres conjurados bajo las mismas carpas, los mismos cadafales  utilizadas en la guerra de los cien años, en las justas medievales. Unidos  bajo la misma bandera, comiendo como en una emergencia militar, o como los animales de corral  los mismo alimentos de la misma olla.

Abría que gritar en peñas en fiesta:

a media asta las banderas  por favor,, hacer que suenen marchas fúnebres,  salir de la carpa a la calle y con vuestra cuchara invitar a comer al que pase y luego acariciarlo, besarle, ungirle los pies.

Ojala estuviera aquí viendo las peñas mi amigo Juan Perro. Seguro que le daría un ataque honestidad. Empezaría a dar golpecillos con la cuchara de comer como un gorrioncillo que salta dentro de una sartén sucia picoteando los restos de comida  que se ha quedado pegados, y empezaría a emitir onomatopeyas  con la boca a los peñistas que seguro repetirían a coro hasta el delirio, hasta el éxtasis orgiástico.

Angelillo de Uixó.

 

 

 

 

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