Paseo Íbero sobre las cenizas de la luna

Posted: July 22, 2016 in educación, Uncategorized
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Paseo Íbero sobre las cenizas de la luna

Bajo las urnas de ceniza
que gravitan sobre las cabezas de las lechosas conciencias.
Se nos ha ido el recuerdo del alma
como si fueran calabazas
arrancadas como las piedras
que se cogen como hierbas
para construir las murallas.
Dentro de nosotros aun vive el lobo
bajando a los infierno a repartir la caza.
Aún hay visiones compartidas del buitre,
llevando el alma al cielo.
Dentro de nosotros
Dentro de nosotros
Aún abre el cíclope el portón
y nos avisa el fauno,
para protegernos de una masa furibunda
armada con tarjetas de crédito.
Tres íberos
habéis estado bailando ajenos a lo que pasa.
Uno se ha bajado del caballo para pelear.
Todavía somos inocentes
bailamos y luchamos escuchando al lobo.
Pero os advierto desde este tossal.
Que llegará el día en que la gente bailara sola.
Y se peleará sola consigo misma hasta destruirse.
La muerte estará en la tierra
mientras la gente perdida,
subirá grandes escaleras mecánicas hasta el cielo,
Y el alma estará infectada de gusanos.
Cuando esto ocurra,
Irán hombres gordos a la cabeza del mundo,
carentes de valor o mérito,
más que el de reírse de las prostitutas y la gente desnutrida.
Y la nausea la tendremos que contener con una sonrisa.

Esto es todo amigos
así fue como se perdió nuestro mundo,
con una lenta agonía fuimos saliendo
para entrar en otra era.
II. escrito en un viaje a un poblado ibérico a Olocau. 2014.

Homero en el puntal de los lobos.
Ésta Epopeya ibérica está construida sobre la explicación de una arqueóloga en una visita guiada al poblado ibérico del Puntal del Llops de Olocau. Está basada en hechos reales que han sido dramatizados para el relato. Comprende desde el siglo V antes de cristo hasta su abandono precipitado en la segunda guerra púnica.

Cruces de los bronces sobre alabastrinas lapidas con nombres castellanos bajo un poblado ibérico custodiado por la base militar de Marines. Hélices de helicópteros galopando cómo las valquirias por los cielos. Los cuatro jinetes del Apocalipsis desplegados en maniobras militares a punto de estallar agitados en el fondo de la boca de los morteros, cañones y fusiles de la infantería. Junto a la puerta del cementerio de Olocau, la arqueóloga nos espera para iluminarnos el camino. Un saludo con beso en la mejilla. Gracias de antemano, interés por si lleva mucho tiempo esperando. Disculpas a la inglesa por el retraso de 5 minutos. Varios halcones aleteando sobre nuestras cabezas se deslizan hacia el profundo bosque que se encuentra a nuestras espaldas. Nos giramos y vemos el homérico sendero. Escuchamos el ancestral el sonido cascabelero y silbante de las rapaces sobre la milenaria piedra llamándonos cómo a las legiones romanas.
Romano legado a nuestro alrededor de algarrobo verdiamarillento por sequía a las veredas del sendero retorcido y ascendente. En cotas más altas y más antiguo, sobre la pendiente: la vid y el olivo, legado frutal de los fenicios. Árboles que nos anuncian la cota temporal en la que estamos, siglo V antes de Cristo, asoman colosales las ciclópeas murallas que nos asombran micenicamente.
II.
Podéis ver está meseta arrasada. Fue utilizada cómo cantera- Nos explica la arqueóloga haciéndonos observar el estrato de piso horadado frente a la sobrehumana construcción.
Al desvanecerse la noche, sobre una humanidad joven, la roca escarchada es astillada por hachas de bronce y de hierro, arrancada por dedos, arrastrada por brazos. Furia de cíclopes sobre la tierra nueva que todavía no conoce el nombre de España. Ningún Homero ibero canta al esfuerzo de los heroicos cíclopes acometiendo su hazaña. ¿ Qué lugar ocupa el poeta en la sociedad ibera?
Su mundo es el del homo labor: mujeres en los telares confeccionando túnicas de lino y lana, herreros haciendo arados, hachas, espadas; molineros moliendo el mijo, el trigo, agricultores, pastores, guerreros. Hay gran división del trabajo y el aumento de la jornada laboral con la llegada del conocimiento del hierro. Toda una revolución y un drama sin precedentes desde el fatídico descubrimiento de la agricultura. La humanidad era todavía joven y llena de esperanza en la emancipación del trabajo gracias a la ciencia. Hoy sabemos que no es así, pero es tarde para advertirles que paren. Avanzamos unos metros sobrecogidos.
Vemos tras la muralla ciclópea que aseguraba todas aquellas vidas, una enorme torre maciza cuya función era de vigilancia. Pasamos por el hueco de lo que fue la puerta. Rodeamos la torre. Paralelos al abismo, pasamos por el hueco de lo que fue la segunda puerta. Tras ella, una vista espectacular sobre los que se arrastran nuestros curiosos ojos reptando indiscretos en la intimidad de las casas de 2500 años de antigüedad. Un minotaurico laberinto de estancias que recorre semirrecto un pasillo de tierra amarilla varias veces milenario hasta precipitarnos a un inesperado final amurallado en dos hileras de mampostería donde se precipita nuestra vista sobre un azul espacio, alejándonos hacia un paisaje marino donde flotan barcos y nubes. Tengo que hacer fuerza para no desvanecerme, me siento sobrecogido.
La arqueóloga nos señala la primera estancia, se trata de una sala capilla multiusos. Allí se cocinaba, y se adoraba a los dioses.
Suena un arpa. Sale un momento del telar del que está encargada la hija del herrero, la joven Aditi, de 24 años y la que más hijos ha tenido en el poblado, 8 pese a tener 24 años. Eso no le ha estropeado la belleza oriental que le dan sus ojos almendrados semejantes a las fenicias. Algunos dicen que su padre fue un fenicio que les trajo ambar y el olivo para que lo cultivaran. Va vestida con una hermosa y lujosa túnica color turquesa que no oculta bajo la forma de su hermoso vientre redondeado por el nuevo embarazo. Ha dejado sobre el telar media túnica por hacer destinada a su padre. Ya la terminara al día siguiente. Se lo dice a su padre que está en la estancia contigua separando la plata del plomo en el horno. Cojeando Vulcano golpea la fragua viva dando forma a un nuevo dios que le ha enseñado todo lo que Vulcano y el resto del pueblo saben. Apiadado de las miserias de los hombres, este dios ha sido el encargado de bajarles de los cielos la ciencia de los dioses. En el poblado han hecho un esfuerzo entre todos para comprar los materiales necesarios para que Vulcano haga su imagen y adorarlo en las fiestas del solsticio de Mayo. Aditi va hacia el templo antes de que las encargadas de hacer la comida esa semana lo utilicen cómo cocina y no se pueda orar. Uno de sus numerosos hijos que juega con una cabra en la única calle del puntal del llops al verla se acerca:
mama, mama ¿ donde vas?
Ella sonriente le dice con cariño.
Hoy a hacer los votos a los dioses lares hijo mío.
¿ te acompaño mama con la cabra?- pregunta el niño que sufre dos empujones cariñosos de la cabra.
No tontorrón, ya sabes que no me gusta que metas la cabra en el templo- responde tierna en coniforme plomizo la dulce Aditi derramando leche a través de la suave gasa de la túnica que se ensucia.
Papa dice que no pasa nada. Además también dormimos con ella ¿ que más da mama?- le responde el niño que siente ganas de morder los pezones de la madre y lactar.
Beeee- bala la cabra con envidia de rival.
Tu padre es un irresponsable por enseñarte esas cosas- le riñe Aditi aún en el subconsciete lo que late es un poco de rencor hacia le padre. El rencor siempre está en el subsconciente de las personas que se aman profundamente y le pregunta:
¿ Has ordeñado la cabra y recogido la miel de la terraza?
Su hijo se hace el loco, agacha la mirada y responde con un tímido: No.
Aditi le recrimina con la sensación de que acabara siendo un ibero del montón. Decide castigarlo:
– hasta que no haga esos deberes no le dejare ir a tender lazos para cazar concejos ni cazar jabalíes ni ciervos con tus amigos.
Jo mama- se aleja el niño correteando con la cabra a recoger la miel. Las abejas vuelan sobre el poblado ibero. Las cabras, los perros, los halcones, conviven en igualdad entre las murallas de los pobladores de aquellas tierras vírgenes. Un humo blanco sale de las chimeneas de las casas, de estancias destinadas a la metalurgia resuena el martillo a destinadas a moler. A tres departamentos de distancia del herrero que martillea incesante las piernas del dios, dos Sísifo giran durante horas y horas en el molino para trituras el grano de trigo y de mijo. Una suave harina se amontona sobre los costados de la roca que muele.
20 personas viven juntas, laboran juntas, depositan todas sus esperanzas unos en otros. Todos son importantes para todos. EN cada hogar vive un Dios. Cada casa ésta lleno de espiritualidad, solidaridad y de amor. Las luciérnagas salen cada noche y hacen sonreír a los niños que las persiguen.
La tejedora íbera entra en la sala capilla. Se recoge la túnica y de rodillas, emocionada por hablar con los dioses que la observan con ternura ora:
Proteger nuestra morada, oh almas de nuestros antepasados que nos vigilas, que nuestra morada sea fuente de bienes y de prosperidad, de felicidad y de dicha.
III.
Los íberos incineraban- nos relata la arqueóloga señalando una de las dos estancias destinadas al descanso donde todo el poblado dormía junto, repartido entra esas dos estancias. Unos 20 individuos. Aquí se encontró una vasija con un niño, seguramente no alcanzo la edad en la que se incineraba- nos señala la arqueóloga un rincón de una estancia donde se encontró el hallazgo.
¿ Algo así cómo los niños que van al purgatorio por no haber sido bautizados?- le pregunto.
La arqueóloga acepta el símil si me sirve para comprender.
Siglo IV antes de cristo, la nieta del hijo de Aditi.
Neftis: cuida a los muertos, los protege y les permite pasar al más allá.
Sobre el centro de la torre ibera una mujer cuyos largos cabellos dorados mece el viento y obliga al lino de su túnica a apretarse sobre su cuerpo de una belleza sin igual, capaz de superar a la argiva Helena o empatar con la diosa Venus. Conmueve el alma, tanto por su singular belleza cómo por la bárbara desgracia de haber perdido a su hijo. Todo el pueblo está con ella sintiendo su dolor. EL dolor es todavía nuevo y soportable para la humanidad. Se sabe aceptarlo y convivir con el. Su hijo de gran hermosura descansa sobre una pira funeraria. Sobre el mar se ve una vela alejarse. Los cascos de un caballo resuenan galopando por el barranco del carraixet. El difunto que espera ser metido en una urna está engalanado con una corona de laureles sobre su bella cabeza de rizados cabellos íberos. Lleva bajo el brazo una hogaza de pan para su vida en el más allá. Dos enromes águilas cuyas alas de parte a parte sobrepasan los 8 metros de parte a parte sobre vuelan el puntal del Llops mirando entre las nubes el muchacho muerto. Hacen ademán de llevárselo, cuando un pequeño cordero salido del taller de tejer les hace cambiar de decisión. Las águilas se apoderan del cordero y lo despeñan sobre el barranco del carraixet.
Es una buena señal- le dice el sacerdote a Neftis entregando la representación de un caballo que han sacado de la cueva de Olocau que siglos después se llamaría en honor a este momento del caballo- El alma de tu hijo ha llegado a su lugar- explica el sacerdote ante los divinos ojos serenos verdes de la hermosa Neftis que sujeta el caballo y ora a Epona.
A ti, diosa Epona montada sobre un caballo con un niño muerto sobre tus brazos, cabalga con el alma de mi hijo al más allá y vuelve permite la abundancia a mi vientre. Cabalga Epona, cabalga.
El caballo con ímpetu atraviesa las puertas y sin detenerse el guerrero salta gritando: Mi hijo, mi hijo.
Sube a la torre empujando a todo el mundo hasta caer de rodillas fulminado por el dolor sobre el cadáver de su hijo al que abraza vertiendo abundante lágrimas blancas de sus ojos azules.
El caballo rampante relincha y golpea con los cascos una estancia. Su huella hoy en día a un se puede ver esculpida sobre la piedra. Saltan chispas de las herraduras que provocan un pequeño incendio.
El padre se serena. Las nubes pasan soplando un fuerte viento mientras todos se unen en un abrazo sobre la torre. La naturaleza desata una terrible tormenta. El padre coge a Niftis de la cintura y se la lleva a la estancia capilla. Rayos, truenos consuman el acto y Niftis queda en cinta.
IV.

Hemos llegado a las estancias finales. Se ve el rocoso cortado y toda la planicie de verdes frutales de fruto explosivoanaranajado que llegan hasta unirse con el mar. Sobre salen las enromes torre Eiffel cargando las mercancías del estresante puerto de valencia envuelto en un hogo blanco de contaminación gris. Locura de barcos entrando y saliendo con sus mercachifles de fábricas chinascoreanasvietnamitasindiasalemanas.
-En la segunda guerra púnica que abarca desde el 218 al 201 antes de cristo el poblado es súbitamente deshabitado. Si os acercáis a este lugar- señala la arqueóloga educadora. Nosotros atentos obedecemos y observamos unas marcas en la roca de color negro.
Se produce un incendio- nos relata la arqueóloga. La palabra nos sobrecoge y presentimos el final de un mundo que jamás volverá a ver la luz más que a través de la poesía y el arte. Allí siempre vivirán nuestros antepasados. Estarán unidos a nosotros por la acción que realizaron sobre el mundo y un relato.
-La gente huye despavorida dejando todo. La panopla del guerrero se ha encontrado intacta en este lugar, al igual que otros objetos cómo metales. Huyeron muy rápido, hubo un incendio- nos explica.
¿ romanos, cartagineses?- le pregunto.
La arqueóloga no lo puede confirmar, pero responde:
Es probable, estamos en un periodo cronológico que coincide con las segundas guerras púnicas.
Helena ha conseguido huir de la vencida Sagunto por Aníbal. Huye con dos siervos romanos por la Edetania íbera esperando encontrase con las legiones de los Escipiones.
Aníbal al entrar a Sagunto es asaetado por cupido al contempla una representación en ébano y marfil de la figura de Helena de Sagunto.
¿ quien es esa mujer?- le pregunta a una prisionera hecha esclava.
Esa es Helena de Sagunto- le dice la esclava.
Aníbal se conmueve y se espanta arrepentido de haber tomado Sagunto por si Helena ha muerto. Temblando pregunta a la esclava.
Repódeme y te concederé la libertad vieja.
¿ ha muerto Helena?
La esclava niega con la cabeza y le responde estas aladas palabras que llenan de alegría al victorioso Africano Aníbal.
Huyo ella y los dos romanos castrados que le sirven fieles, aquellos concedidos a Helena cómo obsequio por el tribuno Marco Flavio por haber ganado un concurso de belleza en el circo romano. Fueron castrados por el propio tribuno delante de Helena desnuda. Gloria a roma.
¿ Cómo pudieron huir?- pregunta intrigado el africano Aníbal.
La anciana esclava le responde:
Bajaron por el pasadizo reservado a la aristocracia de Sagunto para salvarse de la muerte, dejando a los pobres que nos llevemos la gloria y le honor de la hazaña de haber muerto defendiendo roma. Gloria a roma.
Aníbal suspira aliviado.
Manda que los persigan. Hace esculpir a los artesanos figuras con la cara de Helena y que se repartan entre los pueblos íberos con la siguiente inscripción en cuniforme:
Se busca viva para casarse Aníbal con ella en Roma. Se dará recompensa a quien diga donde está, y muerte a todo el clan al que la proteja. Firmado: Aníbal.
Despliega sus tropas por la zona de Sagunto y da orden de parar la campaña militar hasta que aparezca Helena.
Helena llega al bosque de Olocau cuando encuentra a Paris, un alegre pastor que se siente traspasado de inmediato por la belleza de Helena. Ella le susurra coqueta entre unos manantiales del barranco entre el espeso follaje y el canto silvestre de las aves que le persigue un hombre. Deja caer sutilmente un poco su túnica mostrando medio pecho. Canturrea femenina y tierna unas palabras que marean a Paris enloquecido de amor.
Por favor, por favor señor, me persigue un hombre que quiere obligarme a casarme con él por la fuerza. Yo no le amo y por eso he huido de mi casa. Le pido ayuda.
Paris la agarra y la sube al poblado. Les explica el caso. EL pueblo, gente de bien, enseguida se pone de parte de Helena y consideran un gran honor que alguien de tanta belleza cuidada, pues su cuerpo no tiene callos, ni cicatrices, ni marcas de latigazos, lo que demuestra que es una gran dama, viva entre esas humildes e ignorantes personas de pueblo.
La extranjera es acogida cómo una más. Aunque Helena se queja amargamente del trato recibido, pues tiene que ir a por leña, a por setas, ordeñar las cabras., lavar ropa… Paris en varias ocasiones la intenta seducir. El muchacho le dice cosas bonitas lo mejor que puede:
¡Qué bonita eres Helena! Te haría varios hijos está noche. Ven Helena ven.
Helena mira a Paris con depresión y asquito.
En las noches iberas de primavera, cuando después del trabajo los lugareños se reúnen para cantar canciones que Helena considera pasadas de moda, bailar danzas folk que Helena considera incultas y bárbaras, cosa de paletos a diferencia de los bailes que acostumbra a practicar llegados de roma, fenicia, Cartago o Egipto. Helena escucha ausente las conversaciones sobre las lluvias que no llegan y cómo consecuencia se perderá la cosecha de lentejas, o que las cabras no paren. La situación produce que Helena cada día se sienta peor, prisionera de los paletos, de un mundo en decadencia que se acaba en aras de un nuevo orden de ciudades, servicios, termas, grandes juegos y consumo. Ha perdido peso y belleza. Un eunuco romano se le ha suicidado después de pedirle permiso para hacerlo.
Helena huye de esas gentes dos semanas después y se entrega al enemigo Aníbal. Cómo represaría por los trabajos sufridos le pide cómo condición a Aníbal para su boda que incendie el poblado y mate a todos sus habitantes.
Aníbal se lo concede con mucho gusto.
Así acaba está trágica epopeya ibérica.
Angelillo de Uixó.

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