La Piedad Canina.


Antes de dejar éstas líneas de despedida, me queda anunciar a los perros que me quedan vivos después de enterrar a su padre tras sufrir un ataque de epilepsia ayer, que quizás en breve, no esperen cenar. Se nos acercan días de hambre, como en otras ocasiones, dependemos de lo que quieran hacernos. A veces , pienso que es la muerte la que nos ha señalado para desvelar al mundo la Piedad, en otras ocasiones reflexiono sobre el poema de César Vallejo, los Heraldos negros, y sean quizás ellos los que vengan a buscarnos.

La Pietà Canina.
Me llama,
tu corazón sagrado

que se deshoja por el suelo.
Anunciando la muerte ya imparable;
Entre golpes que parecen nacer del alma.
Como todos los que nos han llegado,
del odio y del sufrimiento de los hombres.
Sujeto, con resignación tu cabeza ida,
Pende en la cruz de mis brazos,
maldecidos por un destino demasiado humano.
Hundo mi mirada
en tus inmensos ojos azulados,
que naufragan en la otra orilla;
de la que me alejo. Para irte como loco,
en tu último paseo,
rodando por el suelo,
que te traga entre nuestros miseros cacharros.

Hasta que termina de pasar;
la Muerte.

Dejando alfileres en mis brazos y mis sienes.

Que se calvan cada vez más hondos.
Y yo,
yo, yo.
Yo, ya me detengo para siempre en este agujero.

Angelillo de Uixó.

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