Odisea espacial, el viajero entre la evolución y la involución.

Posted: September 1, 2015 in capitalismo
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Odisea espacial, el viajero entre la evolución y la involución.

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A la luz de la mañana salió el viajero de su cueva    en la montaña. Los animales con los que convivía se quedaron quietos sobre el suelo de tierra con restos  de cerámica epipaleótica   viéndolo partir,  esperando que llegara aún más fuerte, como en los dibujos milenarios pintados en la bóveda de la cueva.  Sus aullidos retumbaron y rompieron el silencio cuando su figura se alejó bañada por el sol  entre el canto de los pájaros y los  susurro de las colmenas por una senda que conducía al valle de Uixó.

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Así como fue como llegó a tropezar este viajero con los  primeros farandules de vall uixó en un parque a las afueras que se había convertido en un vertedero controlado por la policía. Voluntad libre, tolerancia, amor al prójimo, rebaño. Latían todo esto en el corazón de la vall uixó que bostezaba,  en un estado mucho más lamentable que cualquier animal con los que estaba acostumbrado  a vivir  el viajero en el monte. Sucios, hambrientos, incluso borrachos habían encontrado su forma de vida. Aquello era para ellos deseable. La sociedad les aplaudía y les castigaba.  Observó el viajero a un degenerado skeiter que con un monopatín dada vueltas y saltaban por encima de las cabezas de algunas de estas personas tiradas en el césped que aplaudían a sus piruetas,   incluso cuando no conseguía saltar todo lo que deseaba y se estrellaba contra algún cráneo  que parecía estallar, o por los menos sonaba a tal.

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Todo era pobreza y degeneración en estos chicos cuyos rostros de bobería no dejaban la menor duda del retroceso involutivo  al que estaban expuestos. Algunos ni siquiera podían articular dos fonemas seguidos y se llamaban entre si como hace millones de años: con gritos, señalando el objeto que querían, o a empujones.
De varios  coches patrullas que rodeaban el parque cuando sonó el despertador:  a las ocho. salieron de los vehículos los agentes.

saltaron sobre dos muchachos a los que arrastraron del banco por el césped hasta un coche patrulla con las gafas de sol puestas y las cabezas dobladas dando vueltas a un lado y otro  tras haber sido cacheados. El resto del grupo del parque miraban la escena entre risas y total indiferencia hacia las detenciones, incluso aplaudían a la policía:
el viajero que quería hablar se quedó mudo ya que le chafaron el discurso unos pankis repletos de voluntad:

Matadlos, matadlos, acabad con esos drogatas del parque.  son gentuza.
Entonces el viajero se alejó con un profundo pesar  olvidándose de si mismo mientras cruzaba el acueducto en desuso que el ayuntamiento de vall d’uixó quería destruir para que nadie más pereciera como hacia una semana había acontecido cuando lo cruzó un desahuciado que cayó al vacío.
Giro la vista hacia atrás el viajero, y desde lo alto, añorando su cueva, vio el parque lleno de montones de inmundicia, sombras humanas empujadas por el camión de basura, harapos al viento de muchos colores, rojos, azules, amarillos,  rosas, morados, blancos, toda una orgía de harapos, gritos,  sirenas de la policía, timbales, huesos lanzados al aire…

Y al final silencio mortal.
Sintió el viajero como su cuerpo se tambaleaba sobre el tiempo que repentinamente levantó un fuerte viento. Al alzar   la cabeza mientras el gran disco seguía su curso vio una enorme  águila volando en torno a él en círculos. El aire de sus alas le hacia tambalearse  a medio camino del  acueducto entre un extremo y otro.
Más el viajero que  conocía a esta águila, símbolo del los tiempos, le dijo:

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No me derribarás, romperé el anillo que formas con tu vuelo.
Y alargando el paso llegó a la otra parte del acueducto donde un perro lobo abandonado surgía de las ruinas  del viejo molino derruido de arroz, asomando su cabeza mojada de la noria oxidada.  Esperaba al viajero mostrando sus grandes fauces. Sus ladridos espantaron al águila que  elevó el vuelo hasta las nubes alejándose  a las montañas como si fuera una flecha.
Ambos se fundieron en una abrazo.
Te llamare Herman Hesse le dijo el viajero  al lobo estepario.

Las campanas sonaban mientras  el sol ascendía con más fuerza.
Vamos Herman hemos de visitar a los últimos hombre envueltos en la bruma de la juzgados de Nules. EL juzgado cierra a las dos. debemos estar antes en  Nules para que fiche , o me encerraran los moralistas en el calabozo. Su justicia está reservada para mí.

II.

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Un  enorme monolito de hojalata con  forma mujer  sujetando en una mano como si fuera un plumero, una balanza, que significaba que era una verdulera, y en la otra mano, sujetando  sin fuerza una espada con intención de golpear,  pero sin saber a quien,  ya que tenía   los ojos tapados por una venda, desprendía todo su poder castrador, opresivo y moralista,  cuando llegó el viajero ante este monolito sabiendo que había llegado al lugar que buscaba  tras recorrer 6 kilómetros por los campos de cítricos de una región agrícola tan devastada como la voluntad sometida de sus gentes.

A esa hora los rayos del sol se posaban en la punta de hojalata de la espada que resplandecía hacia el espacio como un faro que recibía su contestación de los aviones que pasaban por encima con su vientre de hierro brillando como las lácteas estelas de vapor que dejaban a su paso.

El viajero  al llegar le pegó un empujón al monolito oxidado para ver si caía, y comprobó que balanceaba. Tenia la escultura los pies llenos de fango. Brotaba un   barro hediondo que chafaban los abogados hablando en torno al monolito  como parturientas,  dando su opinión del dolor que sentían sus clientes y lo arrepentidos que estaban de haber pegado un palo alguien para sobrevivir
Los jueces que también estaban por allí sonreían ante estas palabras que facilitaban su trabajo los cómplices de su sistema de valores, a las que añadían:
Compasión, piedad, perdón, arrepentimiento.
EL viajero miró el edificio al que debía pasar. Lejos de ser una construcción que diera temor, daba tranquilidad ya que estaban construidos los juzgados de Nules  con forma de corazón, aunque material fuera de cemento armado.

En la  puerta blindada de la entrada había dos guardia civiles con metralleta bajo un cartel donde estaba escrito:
Aquí se encuentra el perdón tras la confesión.
El viajero  al pasar contempló un gran número de desgraciados cuyos delitos imaginaron los jueces. Es decir, previamente les pusieron las circunstancias: marginalidad, pobreza, desempleo, guetos, afinamiento, carencia de poder, leyes, y códigos morales.
Luego solo había que  imaginar  lo que había hecho este linaje descendente  de la evolución, y relacionarlo con algún precepto de la moralina del código penal o psicológico de los tiempos.
Atraco a una gasolinera, obligar a prostituirse a su hermana, incitar a la pedofilia por internet, vender botellas  de butano robadas. Una vez la circunstancia estaba consumada, solo faltaba que el reo creyera en ella. Y la verdad es que funcionaba bastante bien. Incluso el viajero pudo escuchar en un juzgado donde se metió por casualidad en medio del juicio. allí vio con pena  como el acusado situado en medio de la sala, con su cara convertida en algo  pálido, los ojos fuera de sus órbitas, escuchaba aterrorizado la bala que había disparado en su cabeza cargada de culpa. Lo hacía delante de las víctimas que lloraban sin cesar pidiendo al juez agitando el pañuelo  muerte al reo o cadena perpetúa, mientras el juez decía si, si,  si… inclinando la cabeza de forma automática.
La luz del sol pasaba por los grandes ventanales que brillaban a lo largo de los pasillos de los juzgados donde hombres uniformados llevaban a los presos de aquí para allá sin saber donde tenía que ir,  o que habían hecho realmente para que les hubieran detenido.
El viajero estaba tan confuso como cualquiera dentro de los juzgados y  no sabia donde tenía que fichar. Vio  a un trabajador aburrido tras un mostrador. La nariz amarillenta la tenía hundida entre un montón de papeles tratando de ser eficaz y servicial . Solo de vez en cuando sacaba su hocico para mirar con sus ojillos de topo una postal de Brasil pegada a la pared. EL viajero sintió compasión  pesando que este ecce homo  podía haber sido como los criminales, un ser humano, si no se hubiera equivocado la naturaleza dándole un  cuerpo raquítico que solo podía vivir del funcionariado o la caridad.

!si no fuera lo mismo!
Al viajero le pareció un gusano que hubiera que aplastar  bajo la silla para mejorar la especie humana, y no tuvo reparo en ser sincero con el funcionario.

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Eh tu gusano,¿ qué no notas mi presencia   enano? broma fisiológica de un hombre de verdad ¿ dónde tengo que fichar desgraciado?
EL funcionario  acostumbrado a que los imputados y detenidos le trataran así al igual que su mujer, sus padres y sus amigos, levantó la cabeza pidiendo al viajero perdón y después amablemente su auto de libertad provisional.
A ver, a ver, que tenemos aquí

empezó  a leer subiéndose por la nariz las gafas con el dedo machado de tinta:

¿ Su nombre es Zaratustra verdad?- preguntó mirando al viajero.

No. Es mi alias- le respondió haciendo ademán el viajero de que se diera prisa si no quería que le pegara.

Bajando el dedo por el folio como si rezará leía los cargos:

Amenazas graves a la sociedad.
Con su penosa cara de empollón y sus ojillos algo bizcos le preguntó a su compañera, una mujer fea, gorda, cercana a los cincuenta años.
Conchín , este caballero, alias Zaratustra , está acusado de amenazas graves contra la  sociedad ¿ qué tribunal lleva el caso? ¿Pudiera  ser el dos?

Conchín moviendo el ratón del ordenador y tecleando respondió dándose importancia, como si fuera una mujer lista y práctica:
Lo han cambiado y trasladado  al señor Zaratustra al  número uno, como la mayoría que amenazan la paz. lleva el caso el juez ese calvo, el nuevo,

¿ Cómo se llama? ¿ sabes quién te digo Fermín? El falangista que han traído de Madrid.

El funcionario espiritualizado por el nuevo juez empezó a elogiarlo:

¿El que fue seminarista y tiene relaciones al más alto nivel con el opus dei y es del partido popular? !que bien! Menuda suerte tiene Zaratustra.

Conchín afirmó:

Ahora lleva también el caso del mahatma Ghandi  de Sagunto, el  que decía  que iba a poner  una bomba en el leroy Merlyn y ahogó su periquito en una bañera.
EL funcionario con sus ojillos un poco bizcos se volvió a Zaratustra:
Ya lo ha escuchado caballero, el primer juzgado, planta uno, izquierda. no tiene perdida, como usted. Por cierto:

le deseo suerte.
EL viajero malhumorado  recogiendo su citación le respondió al cabrón enano:
No la necesito para hundirme yo solo en mi ocaso. Busca otro líder espiritual para desearle suerte majadero.

IV.

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Cuando el viajero  salió de los juzgado resplandecía más suave el brillo del sol. Ahora iluminaba lleno de esperanza  el fango que nacía del monolito. Abogados, charlatanes, procuradores, jueces, periodistas, conservadores, estaban alrededor del monolito, poseídos  por su energía misteriosa que les hacía mentirse unos a otros y colaborar en el atraso de la evolución humana. A la salida del juzgado estaba el perro lobo que ladraba a cierta distancia  al monolito, como si  hubiera visto  el espíritu de un fantasma ancestral que lo poseyera.

El viajero y el perro lobo iniciaron el regreso siguiendo los raíles de las vías del tren.
EL águila volvió a aparecer bajo sus cabezas al llegar  a vall d’Uixó a la que rodeaba dando vueltas circulares por el   aire.
Antes de adentrarse  a la cueva de Zaratustra en la montaña vieron el animal y él  a los hombre de vall d’Uixó plantados como arboles en las terrazas de los bares, soportando el veneno de los telediarios, participando de la mentira común sin ningún tipo de vergüenza, en un estado lamentable de miseria al que parecían ajenos e indiferentes.
Al declinar la mortecina tarde apareció  Zaratustra siguiendo la senda hacia su cueva. Los perros salieron a su encuentro a recibirle. A su alrededor empezaron a brincar, ladrar, aullar mientras los últimos rayos  iban imprimiendo movimiento entre  luces y sombras a las pinturas rupestres que anunciaban la llegada del superhombre si de conseguía llegar a la estrellas. A la misma hora sobre la cruz del campanario de la iglesia se posaban los cuernos de la luna que  proyectaban en un línea continúa hasta el cuartel de la guardia civil y del cuartel a la cueva hasta los mismos pies de Zaratustra.
Angelillo de Uixó.

Licencia de Creative Commons
Odisea espacial, el viajero entre la evolución y la involución. by Ángel blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com.

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