Calígula de vall d ‘Uixó.

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(A la memoria de un cachorro que se me ha muerto de parvoviris  por la miseria y represión judicial y social que arrastramos. Nunca olvidaré tu breve vida, ni tu agonía, ensartada en la pobreza extrema)

En una terraza de una caseta en San Antonio, Vall d”Uixó, aparece un hombre  de espaldas a sus vecinos de la caseta de arriba y de al lado que lo vigilan como se hace con un loco. Cara a la luna la está mirando como si hubiera perdido en ella algo. Porta un plato vacío de comida donde queda reflejada el astro lácteo y su rostro de dolor. En el jardín, cercano a la terraza está la tumba de un cachorro enterrado hace 48 horas que no había cumplido ni los seis meses. Los padres y hermanos del cachorro muerto están tumbados en la terraza construida a base de losas de rodeno. Unos pasos alertan a los perros que ladran a varios vecinos  de San Antonio. Pasan indiferentes hablando de sus asuntos  camino a las fiestas de peñas. Varios cohetes silbando se aúpan al cielo, subiendo a la luna. Estallan iluminado una parte del pueblo al abrirse sus hojas  de palmera de fuego  fatuo, tras brillar de forma intensa, desaparecen como la vida, al instante, sin dejar rastro.

Vuelve a hacerse un silencio mortecino sobre la terraza. Con tristeza, el hombre gira el plato de forma inconsciente  hablando a la luna.

La luna siempre estuvo cerca colmillo de donde dormimos tú y yo.
¿ Por qué no llegamos a tomarla nunca?

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La luna lo esto todo, si la hubiéramos alcanzado hubiéramos tenido el antídoto a tu enfermedad, platos de comida llenos, deseos colmados, paz, satisfacción, alabanzas por parte de los que nos escupen a la cara.
El hombre nota entre sus manos el tacto  del plato vacío, lo mira asombrado, repara en que la luna se refleja en el.

Con la mano hace como que toca la luna en el fondo  del plato donde ha caído. Se ríe tranquilo al comprobar que no hay nada.
Mira a sus perros, después de ladrar se han enroscado y duermen ajenos a la trampa del deseo, la ambición, la de la pobreza, la muerte y la peor  de todas las burlas: la de otros hombres.
Los mira con resignación, se acerca al más grande de ellos que abre sus ojos amarillos. Inclinado acaricia su amplia cabeza mansa, cogiéndolo con la otra mano de  su fuerte mandíbula de lobo :
Los animales morís y seguís siendo felices. En las personas supongo que es igual. La gente de por aquí muere, sufre y la vida prosigue en una alegre fiesta.
( se levanta, gira su cuerpo 180 grado hacia la pared y se pone las manos en la sien.  Grita bajo la luna que se ha movido levemente por el espacio. Ahora está por una esquina de la casa brillando sobre la concha de un caracol pegado en ella)
Tengo que meditar un plan para sobrevivir.
Ya lo tengo, ya lo tengo.
Oh Dios mío,  mañana mismo me encargaré de ir al ayuntamiento, y tiraré de la manga del algún concejal suplicando:
por favor, por favor, quiero dignidad y trabajo.
Que vean que tengo buena voluntad e interés, eso es lo más importante, como dice Begoña de la cámara de comercio:
«Tú pasate todas las semanas que te veamos, a ver qué conseguimos»
( irónico riendo)
Los mismos gitanos, canis, parias, todas las semanas vuelven semana tras semana, a ver y a escuchar a Begoña, que como una emperadora les saluda:

«Tú pasate todas las semanas que te veamos, a ver qué conseguimos»
jaaaaaaa.
Pasan las semanas, los meses, incluso los años y allí están, sin que cambie nada,
jaaaaaaa

«Tú pasate todas las semanas que te veamos, a ver qué conseguimos»
como si fuera todo un juego de roles, tan difícil de comprender y soportar ésta visión sin rebelarse. Sin sentir asco o ganas de vomitar ante todos ellos.

Con resignación y tristeza mira de nuevo la luna.
“hay que renunciar a lo imposible para vivir”
Da dos pasos inquietos por la terraza, temblando, asustado como si viera la muerte venir. Se asoma a la baranda. Percibe  la tumba del cachorro adornada por una larga caña que le acuna bajo la luna.
Se retira traumatizado, dubitativo da vueltas por la terraza:

la economía personal agradece la esplendida dosis realidad , al igual que la salud.
hay que desenterrar a los que están vivos en la luna.

Y aceptar que aquí las verdades que soportamos están bien como están, no hay que cambiarlas.

Las verdades de Begoña, las verdades del ayuntamiento, las verdades de los parias, las verdades ….( ríe recordando su imputación) de los jueces de nules.
mirando a sus perros
Y vosotros, perros, vosotros,  que os estáis muriendo por una plaga similar a la peste¿ qué decís al respecto?

se acerca a ellos y hace como que les escuchan. riendo vuelve a mirar a la luna levantando las manos hacia ella:
“Nada.

los perros dicen nada”
tras un minuto de reflexión grita, acaba de comprender  lo que le dicen  sus perros
Dicen que el mundo no tiene importancia.

Se cierra la escena con los brazos impulsando su cuerpo sobre la baranda,  casi hasta el borde como si fuera a saltar de la terraza. Se escucha un  gran grito desesperado:
Calígula.
Angelillo de Uixó.

interpolamos otro monologo en esa misma terraza:

https://angelillo201.wordpress.com/2014/05/09/el-monologo-de-la-terraza-de-angelillo-de-uixo/

En tú recuerdo colmillo.

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Licencia de Creative Commons
Calígula de vall d ‘Uixó. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com.
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