El círculo de Pablo en un ascensor

Posted: July 13, 2015 in ABC
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El círculo de Pablo en un ascensor.

pablo encerrado
El día era esplendido esa mañana de 26 de julio. Yo iba acompañado de hombres y mujeres que conozco muy bien, en una misión muy importante. Nada más ni menos que dar a entender con la palabra que se puede cambiar. Era una misión solo para elegidos. Nos encontrábamos en el ayuntamiento de Barcelona, y nada podía presagiar en esa hermosa ciudad repleta de edificios con ascensores, puntera en todo el mundo por sus ascensores, que fuéramos a dar con uno como el del ayuntamiento de Barcelona.
Pero lo que voy a narrar fue algo positivo. Una nueva señal de que las cosas pueden ser diferentes si se cree que se puede cambiar.

rescate
A la hora de coger el ascensor ese día tuve un mal presentimiento, y le dije a Ana mirando el reloj que ponía, son las 12:30 del cambio. Nuestra misión era importante, comer,  y nos daba tiempo de sobra para llegar al restaurante.
Oye Ana, ¿por qué no bajamos por la escalera?- pregunte tímido pues estaba en su casa.
¿ Cómo los currantes? – me respondió irónica Ana, y el resto del equipo de ayuntamiento que nos acompañaba se rieron de mi como palmeros.
Yo me di cuenta de que no iba vestido como un trabajador. Si es cierto que no llevaba corbata, pero eso solo era una mascara de mi revolución, como mi coleta. Iba elegante, sobre todo si lo comparaba con una mujer en bata azul que pasaba la mopa en el rellano del ascensor. Aquello me dio verdadera pena, tanto que le di una propina de dos euros.

maxresdefaultsom la vall
Subí al ascensor negando lo que soy, obrero de corazón, pero metido en un mundo de clase media y elevada.  Cuando se cerraron las puertas comprendí que estaba a la voluntad de una maquina. Yo odio las máquinas, destruiría todas con una escopeta. A veces, cuando vuelvo a ser un paria, un demonio rojo, cuando sueño y soy poeta, me gustaría salir a la calle con un lanzallamas vestido de Napoleón y hacerlo todo polvo. Eso sería el verdadero cambio, y luego, haz,  a la plaza Sol que se llamaría la de Pablo Robespierre, guillotinando a todos esos cerdos burgueses de clase media. O ser el Pablo  bajista de los Class. Lust in the elevator. Pero no, no vivimos como soñamos, vivimos como «podemos». Tuve como cuando despierto, un mal presentimiento nada más la puerta del ascensor se cerró. Me pareció escuchar una risa de satánica, a lo Mick jagger.

annie-leibovitz

Mire a Ana por si había sido ella, y luego al equipo del ayuntamiento, pero no parecían haber sido ellos . parecía venir de los altavoces del ascensor. Ana pulsó el botón, y yo empecé a sentirme mareado con el vaivén. Una sensación de que mi cuerpo escapaba a mi poseyó  mi pensamiento Llegue a verme desde fuera, era una sensación extraña que había leído en el horla de maupssant y en cuentos de Lovecraf. Algo invisible me había arrojado al exterior de mi cuerpo.
sentí vergüenza de que alguien se diera cuenta, por eso decidí hacer unos chistes.

El ascensor empezó a bajar muy deprisa, cada vez más, no sabia si subía o bajaba.
hasta que de repente un fuerte ruido lo detuvo.
Todos  estuvimos con el aliento contenido.

miré enseguida el reloj, las doce y media. No había pasado el tiempo.
Ana parecía no haberse dado cuenta de que estábamos atrapados, se reía ignorando que quizás estaban detrás las fuerzas de seguridad del estado.  Mi estado psicológico era extraño, pero yo no quería aparentarlo, así que bromeaba sobre las maquinas:
Vaya invento el que ideo esto de los ascensores.
Un gilipollas, seguro- me respondió con su cara larga estirándose la corbata un ayudante de Ana.
Yo me sentí un poco furioso con su contestación, !que hipócrita! El que se había reído de bajar andando.
El reloj seguía  parado.

¿ Y si lanzaban gas las fuerzas especiales desde el techo? Conforme estaban las leyes no me extrañaría nada que  la ley mordaza mientras estábamos allí hubiera sido modificada por el gobierno por la ley mostaza.
el reloj volvió a funcionar, habían pasado cinco minutos de golpe.
No se el motivo, pero me sentí aliviado.
Ahora vendrán enseguida a rescatarnos- me sonrió Ana.
El aire empezaba a ser espeso, y nuestra misión estaba detenida.
Yo empece a sospechar que quizás a ellos no les importaba la misión, como no parecía importarles estar en ese ascensor. hasta parecían pandilla de don felices.
Acaban de pasar 10 minuto más , mi corazón palpitaba.
La sensación que tuve de salir de mi había desaparecido, y ahora me sentía dentro de mi fatigado, somnoliento.
El ascensor se movió quejumbroso, sonó a poleas y motores. alguien o algo tiraba de él
¿ Quizás obreros?
volví a pensar que yo era un obrero de verdad, de los que no van nunca al ayuntamiento, beben cerveza en los bares hasta caer doblados y votan al PP.
Si, aquella vida era mejor que estar en esta oficina en que se había convertido el ascensor.
Ana y su equipo atendían tuiter, hacían gestiones del ayuntamiento, llevaban la misión adelante, y me sonreían mientras yo estaba en el suelo con fiebre. Mis ojos estaba rojos, como mi corazón.

Había vuelto mi confianza en ellos.
Un ruido de poleas metálicas golpeó muy fuerte la cabina, y el ascensor empezó a moverse hacia abajo.
Me puse en pie y contemple el espejo del ascensor.
había unas letras escritas del Gato Pardo en el cristal a la altura de mis ojos donde se reflejaba mi cara:
A veces las cosas tiene que cambiar para que todo siga igual. Pablo Iglesias.
Cerré los ojos con una sensación de perturbación y al abrirlos , en el espejo ya no ponía nada.
Pregunte a mis compañeros miedo enloquecido y desconfiando de ellos:
¿ Por qué?
¿ Por qué?- me respondió con otra pregunta igual Ana extrañada.
¿ Por qué has escrito eso?- le pregunte.
Era una broma para tuiter- me respondió enseñando su móvil.
No, no, digo en el cristal, donde se veía mi cara, la frase del gato pardo.
Te tienes que separar de la propaganda hermano, o te volverás loco como Chanquete- me dijo el ayudante de Ana Colau , un tipo bien vestido, pero de aspecto extraño, con unos grande labios y aspecto de lujurioso.
Ana se acercó  a mi misteriosa. Nunca la había visto así, me recordó a una novia que tuve hacía años. Se dirigió hacia mi con una amplia sonrisa que me lleno de paz:
Al final no vas a saber quien eres Pablo, si un mesías que une a gente tanto de derechas como izquierdas, si un lobo estepario  rojo, si un burgués  socialdemócrata. Llevas demasiadas mascaras, eso no es malo siempre y cuando las puedas separar y saber defender.
Pero últimamente Pablo, estás siendo demasiado Pablo. ¿ Comprendes?
El ascensor se movió y cayó al suelo. Las puertas se abrieron en un sótano, y pude ver a unos trabajadores que aplaudían.
entonces yo volví a ser Pablo Podemos.
No, no por favor, es a vosotros a los que hay que aplaudir, aplaudir hasta sangrar de aplaudir a la clase trabajadora, siempre al “rescate”
Angelillo de Uixó.

Licencia de Creative Commons
El círculo de Pablo en un ascensor. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.worpress.com.
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