Detenido E.T. por señalar al banco diciendo mi casa.

Posted: June 25, 2015 in represión
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Detenido E.T. por señalar al banco diciendo mi casa.

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Observaban extrañados a aquel tipo que por su actitud parecía haber aterrizado de otro planeta. Lo hacían tras los cristales blindados color salmón de la caja rural de San Isidro de vall d”Uixó donde no podía ni siquiera entrar de la calle el aire que abrasaba como una gran bola de fuego aquellos primeros días de verano del 2015. Tras pasar por unas aparatosas cámaras de seguridad de doble puerta del banco, se accedía a la sucursal.  El cliente entonces podía sentir  en medio de ese ambiente claustrofóbico  dominado por un escenario de puertas blindadas  , el reconfortante aire frío que lanzaban las maquinas de los aires acondicionados del banco, y entrar en contacto con unos trabajadores que intentarían hacer lo posible para satisfacer los deseos de sus clientes. Humanos de tez sonrosada con aspecto de ser personas tolerantes,  simpáticas y comprensivas. Aunque esa mañana observaban inquietos a aquel tipo que desde la calle les señalaba como si  ellos fueran gente recriminable.
Pero, por Dios Santo.

¿ El amor al prójimo no era  acaso el catecismo del banco y su máxima prioridad?

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En su publicidad, en la visión de decían tener de ellos mismos y en los mensajes que lanzaban mediante  folletos siempre hacían alusiones a Podemos, entre todos, eres de los nuestros, y os queremos por igual estimadas personas, o nos importas tú.

Por eso se sentían incómodos aquella mañana de verano los trabajadores ante sus clientes. Estos la verdad es que no pedían explicaciones de su publicidad , ni hacían alusiones ni para bien ni para mal del extraño tipo de la calle.  Lo miraban con algo de tristeza lánguida mezclada con toques de indiferencia a través de esos enormes cristales ahumados a esa pobre criatura moradora del mundo exterior. Enternecía de forma primitiva, salvaje, subconsciente, extraña. Tanto cómo extraños eran sus grandes ojos redondos, su cabeza chafada, su largo cuello, y su piel amarronada , y ante todo, singular era  ese  susurro incesantemente con acento de extranjero cuyo misterio principal es que no llegaba a oírse dentro del banco, pero cómo si fuera un mensaje telepático,  llegaba a todos muy fuerte y nítido:
mi casa, mi casa, mi casa.

De verdad, aquello era lo más triste que se podía ver en vall d’uixó esa mañana de verano.

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El director de la sucursal que era un hombre de mentalidad burguesa, daba vueltas en su despacho viendo por la ventana al tipo ese allí plantado. Hasta ocho veces se agarró de la corbata y tiró nervioso de ella.
Que cabrón, no se va- se decía preocupado.

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No era la primera vez que desde que había estallado la burbuja económica alimentada por los bancos, que la atmósfera del pueblo se había contaminado para los pobres que apenas podían respirar, mientras para los ricos se habían creado otra burbuja donde respiraban mucho mejor que antes.
La gente de la calle que circulaba esa calurosa mañana por la acera donde estaba la sucursal bancaria, al pasar por el lado de aquella criatura le miraban con la habitual indiferencia alienada del siglo XXI.  Pero esta solo era aparente, en cierto sentido, pese a que las directrices capitalistas eran muy tajantes a la hora de sentir compasión hacia alguien de  desgarbada figura, envuelto en un halo de tormentosa soledad marciana, que careciera  de posesiones,  iniciativa, y emitía una sinfonía pueril de susurros lastimeros de perdedor. Melodía que estaba censurada y penada en el nuevo paradigma de sociedad. Aun así, era inevitable, pese a todos estos automatismos, sentir cierta simpatía y compasión nebulosa y confusa hacia él en la gente que lo veía. Aunque claro, otra cosa era pararse para comprometerse, asumir responsabilidades de conciencia, y arriesgarse a salirse del sistema. Era mejor estar alejado de extraños,  y sentir esa pequeña semilla de compasión capaz de florecer algún día lejano.

Un coche llegó y paró junto a él. Salieron dos enormes criaturas vestidas de verde y se lo llevaron diciendo:
Venga E.T. que nos acompañas al cuartelillo que tienes muy mal carácter.
El pobre desgraciado seguía cantando su canción, cómo si buscara desesperadamente  a gente cómo él.
No decía nada más que:
Mi casa, mi casa, mi casa.

tranquilamente se subió al coche sin ofrecer resistencia  aquella calurosa mañana de verano que  tinteneba tristemente bajo un sol capaz de alimentar a todas las criaturas de la tierra.
Instantes después parecía cómo si allí no hubiera pasado nada, y esa criatura no hubiera existido jamás.
Todo había sido silenciado, acallado, y ese actual silencio era más brutal, desgarrador, violento, y difícil de comprender que las palabras que decía aquel ser.

Los banqueros de la caja rural parecían algo más animados.

Se sentían más seguros y tranquilos.

Las cajas sonaban,

click, clak, tom, tam. clint.

Clint, tom, clank, clonk.

Ring, ring ( teléfonos)

los labios burgueses sonrían tranquilos,

dedos gordos resbalaban por billetes,

las manos se apretaban en las carteras.

El sol calentaba mucho,

una gran bola de fuego recorría el pueblo.

Un perro aullaba melancólico bajo la sombra de un naranjo.

Entonces entre yo y atraque la sucursal.

Angelillo de UIxó.

Licencia de Creative Commons
Detenido E.T. por señalar al banco diciendo mi casa. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com.

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