La pecera Griega.

pecera griega

Imaginemos a cualquiera de nosotros entrar a comprar pienso para sus perros en la pequeña tienda de mascotas que hay en de la esquina de la plaza del mercado de Vall d”Uixó, junto al bar de la Pataqueta, y la pecera con el templo Griego que está en el fondo es Grecia entera que se ha hundido con un crack o choque de países. Ahora imaginemos  que los pececitos que flotan medio idiotizados sobre las columnas del Partenon son los ciudadanos Griegos. E imaginemos que la mujer que acaba de entrar a la tienda  seguida de un niño rubio que parece ser su hijo  es Angel Merkel.

en Grecia en la puerta del tesoro de Atreo, Micenas

en Grecia en la puerta del tesoro de Atreo, Micenas

Tú estas entretenido observando el agora de la pecera donde un pez con cola de sirena parecido a Aristóteles  parece examinarte, hasta que se aleja del cristal con otro que le acaba de llamar y es semejante  a Platón , incluso  mueve de forma grácil la cola por el agua, desaparecen en una cueva del fondo del acuario.

Sonríes ante la belleza del espectáculo cuando escuchas sin querer a la chica que trabaja en la tienda de mascotas hablar con la mujer que se parece a Angela Merkel que ha preguntado cuánto cuesta la pecera.
La chica empieza a hacer la suma:
La perece 50 euros,
el decorado 30,
el motor para oxigenar el agua 15.
Los pececillos cada uno, 1 euro.

Mama, mama, quiero la pecera pero sin los peces -exige el niño rubio tirando de la falda de la mujer que parece Angela Merkel ante cuyo rostro me he vuelto atraído por la conversación, y tras examinarlo lo hago con desagrado, pues refleja un espíritu  mediocre y mezquino de naturaleza despiadada burguesa.

-Me llega para todo menos para los peces, me llevare la pecera pero tire los peces fuera por favor-

escuchas decir con vergüenza a esa mujer, observando ahora que lleva el monedero cerrado entre sus gruesas zarpas.
La chica de la tienda  no está acostumbrada a vender la pecera sin los peces, ni tiene sitio para dejarlos pues la tienda es muy pequeña  ya que solo hay esa pecera en todo el humilde local.

La empleada entonces responde amable intentado convencerla de que se quede con los peces. No lo hace por el dinero, si no por los peces.
-Pero si lo que menos vale son los peces, de verdad, y hay muy poquitos, son media docena.
Merkel gira la cabeza y da una explicación económica cómo respuesta a su conducta:
Nain, solo tengo para la pecera y los complementos, no quiero nada gratis. a cada uno lo que le toca.

la puerta de los leones, Micenas, Grecia.

El niño está muy contento con su nueva pecera , grita y se entusiasma correteando por toda la tienda triunfador, aunque yo que observo todo esto, lo hago muy perplejo, ya que no comprendo los motivos de su alegría. Si es por haber obtenido  la pecera, o por tirar los peces fuera de ella. Los animales de la tienda que descansan en sus jaulas se alborotan ante los gritos del niño presintiendo que a ellos les  puede pasar lo mismo.
Así, las ardillas rojas españolas que dan vueltas dentro de una rueda de una jaula les da un síncope, lo mismo les pasa a las cobayas italianas, a los hurones búlgaros que se suben por los alambres de las jaulas. Los únicos que aguantan tranquilos son los bulldog franceses.
La chica de la tienda parece asustada, mira los peces griegos con lastima y trata de mediar, aunque su posición no es neutral ya que trabaja allí, y por eso debe obedecer los caprichos de  la clienta, pese a no conocerla de nada, mucho menos que a los pececillos con los que  lleva dos años conviviendo y alimentando.
Si quiere le regalo los peces- llega a comunicarle a modo de oferta la trabajadora para salir del paso, ya que los peces son siempre lo más insignificante en un acuario, lo realmente valioso es, tal y cómo pasa en los estados, no es la vida de sus ciudadanos, si no la construcción del mismo.
Angela Merkel niega con la cabeza de forma misteriosa y obstinada hasta lo ilógico  sobre la oferta que le ha hecho la dependienta. La chica y yo intuimos algo siniestro en esta sinrazón. Lo que no nos imaginamos es que le cuesta decir en publico a Angela Merkel  que el motivo de comprar ese acuario es para que su hijo meta  a varias ardillas rojas españolas para ver si saben bucear.
La dependienta busca con la mirada a quien la pueda socorrer, pues por su trabajo no puede negarse a dejar de vender la pecera que lleva dos años en la tienda esperando comprador, pero de otra parte cómo una paradoja del capitalismo, moralmente no tiene valor para matarlos .

Me mira a mí como su último recurso:
¿ Y usted no quiere comprar la pecera Griega?- me pregunta suplicando.
Yo soy un indigente, así que  le contesto la verdad:
ojala pudiera comprarla, pero no tengo dinero, lo único que está en mi mano es denunciar lo que he visto y he escuchado.
angelillo de Uixó, dedicado a J. Lobo la única persona que he  conocido viajando por Grecia con la que aun  tengo contacto aunque sea por internent.

Licencia de Creative Commons
La pecera Griega by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com.
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