Inocentes cómo corderos.

Posted: June 19, 2015 in alcaldes cabrones
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Inocentes cómo corderos.

servicios sociales

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Lo que más me gustaba recordar cada vez que bajaba los peldaños de los juzgado de Nules, escribía alguna instancia al ayuntamiento de vall d”uixó, acudía a inspección de trabajo, o en definitiva me paseaba por alguna de las instituciones del estado, aunque fuera la biblioteca municipal , era ese aire que trataban de transmitir esas paredes limpias, esos grandes espacios de los edificios públicos, de que instituciones   trabajaban para el ciudadano y eran un  sitio seguro para el. Pero bastaba con rascar un poco la superficie con las uñas, para que todos aquellos lugares salpicarán a inmundicia que se quedaba pegada en las uñas . Entonces observaba  las instituciones de otra manera, no eran más que una forma de hacer de los hombres corderos y quitarles toda responsabilidad personal.
En el caos de mi cuarto volvía a mirar la limpia carta que me había llegado de inspección de trabajo sobre una denuncia al ayuntamiento que puse sobre las colaboraciones sociales. Lo hacia con una sonrisa irónica. Una sonrisa que si hubiera habido alguien cerca de mí hubiera podido comprender mis pensamientos. seguramente la inspectora de trabajo al ver mi sonrisa me hubiera denunciado a la guardia civil. Pues en esa sonrisa le hubiera llegado al alma, y le hubiera hecho dudar de su opinión viendo la siguiente paradoja. Primero, que yo estaría de acuerdo en que me diera la razón en que la cuestión era denunciable, y daría también por bueno el que yo comprendiera cómo normal y justo el que les diera dos meses para que el ayuntamiento siguiera cometiendo irregularidades hasta que se pusiera al día, que era el plazo que otorgaba. Luego ya no pasaba nada. Así de barato era ser ilegal si se está en las instituciones. Dos meses es mucho tiempo. En esos dos meses estaba volcada mi sonrisa y la de tanta gente de clase baja que iba a ver explotada en servicios sociales. Daban ganas de brindar con vino por aquellos responsables que se iban a librar de cualquier responsabilidad por estas practicas no solo ilegales, si no de una bajeza moral indescriptible que golpeaban el alma y la dignidad con un martillo hasta deformarla. Mi sonrisa osciló ahora en la encrucijada en la que se encontraba supuestamente la sociedad sobre unos nuevos tiempos que yo no veía tras las elecciones municipales. Con la carta empezando a plegarla sonreía  pensando sobre el nuevo equipo de gobierno de izquierdas, que intuía que tampoco iba a hacer nada por compensar o restituir a la gente ultrajada mientras hablaban del cambio en foros. Un cambio que tenía que venir con una paradoja utópica , casi sin que se notara. Ese cambio no debía ser ofensivo a los poderes mediáticos ni financieros,  y los más difícil de entender: Un cambio sin dolor, un cambio feliz, donde una parte perdonaba todo, y los otros se entregan dejando sus privilegios a un lado.

Toma mis riquezas hermano.

Los que tenían que tutelar el cambio yo los observaba cómo la parte más débil ,pues estaban siendo perseguidos por aquellos que habían salido del poder, que les acechaban y no paraban de detener por afectar a sus intereses económicos.
Jueces, policías, convertidos por la prensa ante la opinión publica en corderos salvadores del sistema de clase media, pese a que no paraban de robar, saquear y violar todo tipo de derechos humanos de la forma más tiránica y arbitraria inimaginable contra los más desfavorecidos, sin que estos movieran un dedo por salvarse, contraviniendo las leyes más elementales de la existencia: la conversación.

El lector no debe extrañarse que yo por mi forma de sonreír fuera calificado por sus semejantes cómo un tipo inmoral y mezquino, con una escala de valores invertida. A veces me gustaba escribir todas estas historias, más que nada para entretenerme. A  veces… incluso me animaba y las publicaba por Internet, más que nada para entretener.
Mi sonrisa en el fondo estaba llena de amargura y humillación personal al comprobar cómo las personas que cometían todo tipo de irregulares dentro de las instituciones pasaban sin pena por encima del resto, y encima con gloria ante sus semejantes pese a que  sus inmoralidades provocaban un dolor inmenso a mucha gente. Lo peor de esta época es no se veía el cambio, este solo podía venir así en las instituciones:  jueces, funcionarios, policías, periodistas,  las nuevas personas metidas en los Ayuntamientos, tenían que  dejar de pensar en si mismos y asumir algún tipo de responsabilidad espiritual con sus semejantes.

Angelillo de Uixó. que lo que han hecho no se olvide.

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Inocentes cómo corderos. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com.

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