El hombre del brazo de San Vicente y la mujer de las tetas de oro.

Posted: April 26, 2015 in educación, feminismo, Vall d'uixó
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El hombre del brazo de San Vicente y la mujer de las tetas de oro.

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subtitulada  el club del desahucio V.

historia basada en hechos reales, los nombres y lugares han sido cambiados.
No fueron para Damian las teorías de la solidaridad, ni el compromiso social lo que le llevaron a ser voluntario de la cruz roja. Fue su instinto de supervivencia después de que el juez lo soltara fichado por robar comida en el mercadona y  en varias granjas de vall d”uixó y le advirtiera de que al próxima vez que lo mandaran ante su presencia lo tendría en los juzgados de nules tres días en el calabozo sin comer. Eso es lo que le hizo meterse de voluntario en la cruz roja. A cambio de su voluntariado tenía servicio de plancha, bolsa de comida, y la oportunidad de que el alcalde les enchufara un mes en algún puesto de trabajo.
Damian apenas sabia leer, carecía de oficio, y uno de sus brazos a causa de la droga estaba seco y negro cómo el brazo de san Vicente mártir expuesto en la catedral-charcuelteria de valencia.
Su madre había sido drogadicta y la nacer un día  tuvieron que meterle metadona porqué ya era adicto a la heroína siendo un feto. A los tres años de vida de Damian, su madre murió en Barcelona. De su padre nunca supo nada. así fue cómo fue a parar Damian a Vall d’Uixó con su abuela y un gato disecado al que su abuela- madre le contaba las penas en una pequeña casa de sesenta metros cuadrados junto la farmacia del barrio de San vicente de vall d”uixó. La anciana, mujer enferma y católica, nunca consiguió inculcarle a Damian los sanos valores morales católicos en los que creía, y que sinceramente, practicaba poco la mujer, pues nunca nadie le vio dar nada a los pobres, criticaba la paja en el ojo ajeno, detestaba a los inmigrantes, sobre todo los negros. Llamaba rameras y descaradas a las amigas del colegio de Damian, y al muchacho le daba el poco dinero que tenía de la pensión para que se divirtiera, y el chico lo hacía comprando marihuana.
La pobre anciana nunca se dio cuenta de que con 15 años Damian era un drogadicto que salia el viernes de casa y no volvía hasta el lunes después de haber recorrido todas las discotecas. murió pensando que Damian era un Santo.
El chico fue a un hospicio donde termino de aprender con otros desgraciados lo que le faltaba de aprender en la vida. Y a los 18 años salió de nuevo al mundo con una pequeña pensión y la casa de la abuela.
En san Vicente conoció a Consuelo, la chica de pelo ondulado del barrio. rubia, gordita y fácil, que desde los trece años andaba con chicos. Su padre era un alcohólico, su madre no tenía ningún interés en su hija a la que tildaba de Puta. Incluso en el colegio delante de todo el mundo  su propia madre empleo esta palabra en una ocasión para llamarla.  Consuelo a los 15 años se puso a  trabajar de camarera. El propietario del bar, un hombre casado, 30 años mayor que ella se acostaba con Consuelo y le pagaba parte del sueldo con cocaína.
Damian consiguió trabajo recogiendo naranjas. De jornalero, durante los seis meses que duraba la campaña, tenía un buen suelo, que si hubiera tenido cabeza le hubiera dado para ahorrar. El resto de año vivía de las ayudas publicas, más bien escasas y muy justas.
Damian y Consuelo fueron pareja durante varios años. Damian se cansó de ella, y ella andaba de aquí por aquí para allá  con propietarios de bares.
Las cosas fueron así de bien desde 1994 hasta el año 2008.
En ese año ambos perdieron sus últimos trabajos.
nada a lo que no estuvieran acostumbrados.
Pero está vez era diferente.
No hubo campaña en la naranjas para Damian en el 2009, ni el 2010, ni el 2011, ni el 2012, ni el 2013, 2014, ni en el año 2015.
Ni para Consuelo hubo más bares donde trabajar de camarera.
Damian se vio obligado a robar.
Consuelo hizo favores sexuales.
Ambos  había perdido el contacto y el recuerdo del uno al otro.
Hasta que un día primaveral, el último día de la feria de San vicente, Consuelo enferma de hepatitis a sus cuarenta años, envejecida, empobrecida y agotada, sin apoyo familiar, acudió a la cruz roja a que le dieran alimentos.
Entro por la cochera al verla abierta, por vergüenza de entrar por la puerta principal donde había varias mujeres musulmanas con sus hijos que tocaban todo y correteaban cómo por su casa.
Junto una ambulancia, apoyada la espalda en la chapa estaba Damian bostezando. Al verla la miró sorprendido. Consuelo veía a un hombre con un brazo inútil en  cabestrillo, medio calvo, con algo de barriga, sin embargo el brillo de sus ojos negros le hacía recordar al joven al que estuvo unida.
Él observó sus tetas, y sus caderas, en seguida la reconoció.
Consuelo.
Damian.

Damian-le dijo ella, su rostro denotaba espanto- no tengo nada, ni donde ir. ¿puedo…?
ÉL la miró opinando, le desagrado que le suplicara, pero aún así la agarro de su gruesa cintura excitado, y ella se quedo quieta cómo un animal cautivo. Consuelo hizo una sonrisa forzada, casi repugnante, su carne fofa temblaba. Había perdido mucho- pensó Damian.

Ciertamente la mala vida la había arruinado-
Me lo tengo que pensar- le contestó.
Entró al almacén Damian, habló con una trabajadora social que atendía a un nigeriano.
Volvió con una bolsa de comida y un bocadillo.
Toma- le dijo de forma brusca. El aire de la cochera estaba cargado de humedad.
Consuelo, con vergüenza agarró la bolsa, sus ojos azules estaban apunto de cuajar en lagrimas, su voz tembló con una última petición:
Necesito dos euros Damian, ¿ me los puedes dejar?
¿ Para qué?- preguntó intransigente, de mala manera, violento.
Para comprar tranquilmacin. estoy muy nerviosa- Consuelo dejó caer unas lágrimas, su carne estaba a punto de reventar de pena
Lo siento consuelo, no llevo dos euros sueltos. Damian le dio la espalda.
Consuelo salió con la bolsa de comida, arrastrando la cabeza.
ÉL la siguió divertido.
Espera- le grito cuando ya tenía el pie en la acera y se disponía a cruzar la calle.
Consuelo giró su carne blanca, sus enormes tetas de mecieron tiernas suspirando ante la mirada de Damian que las señaló con su brazo muerto mientras con el otro sacaba su teléfono móvil.
Anota mi nuevo número de teléfono, y pasa alguna noche por casa.
No te puedo prometer mucho Consuelo, pero podrás cenar macarrones.
Junto a ellos en la puerta de la cruz roja pasaba la gente. Unos cómo dominadores, otros cómo dominados, jugando una partida que habían creados ellos mismos, un entramado de hipocresía, mentiras, fabulaciones, estupideces que hacían de sus vidas un lugar repugnante.

salta

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Angelillo de Uixó.

Licencia de Creative Commons
El hombre del brazo de San Vicente y la mujer de las tetas de oro. by ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com.

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