Pequeños hombres de Zaidía.

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Intro con información de mi barrio que me vio nacer e irme:
Marchalenes, distrito Zaídia

http://blogs.lasprovincias.es/punto-de-vista/2008/5/27/marchalenes-y-zaidia/
http://es.wikipedia.org/wiki/Marchalenes
Antes de nuestra partida, el portón de la estación de Valencia se abre por el día entero para nosotros.
La luz clara busca el agua de la ciudad del Turia que la teme siempre con pavor de quedar sumergida.
Veo  a mi compañera Teresina apesadumbrada por la suerte adversa de Carmen Dos pasos, la menor de edad embarazada que se ha montado en el tren de la indignidad por equivocación con las manifestantes feministas del tren de la dignidad  en calidad de polizón, intentando huir de las leyes de España y de las de su familia que le obligaban a entregar a su futuro hijo en casa.
Comento a teresina  la posiblidad de ensanchar nuestro espíritu por esta gran ciudad de grandes mecenas.
¿ quieres visitar el poblado de Marchalenes, en el llano de Zaidía? allí aún tengo amigos.
Con rostro triste declina la invitación.
Prefiero quedarme en el tren.
Observo su cara redonda, enorme, planchada a la suerte, cómo colgada de un gancho que alguien hubiera colocado a Carmen Dos pasos, a Teresina y a mi.
Hago el último intento de convencerla de que salga del tren, de ese encierro claustral en movimiento.
-En Zaída Teresina había un convento, ahora apenas queda nada de él. Pero según recuerdo de cuando vivía por esa zona y me contaron, fue una concesión de Jaime I a su tercera esposa, una bella mujer que cogió la lepra y de la que huyó el enamorado monarca al saberlo. Sus restos están momificados y se pueden visitar.
Ella me mira desgarrada, cómo traspasada por la traición. Interpreto por el gesto de su mirada  la interpretación que hace Jaime I . Un cobarde que después de haber cortado cientos cabezas y fundar un país sobre restos de cadáveres, es incapaz de estar con la mujer que ama por tener la lepra, y la abandona a la muerte en un convento para seguir matando.
¿ Seguro que no vienes?

plano zaidia
Ella niega con la cabeza rizada.
Salgo del tren solo, me giro, y le digo:
Ojala Jaime I hubiera cogido la lepra.
Yo lo hubiera hecho.
Ella me sonríe.
Salgo a las calles recordando el poema de Machado a la tierra que me vio nacer y huir:
Valencia.
Amanecer en valencia.

Estas rachas de marzo, en los desvanes
–hacia la mar– del tiempo; la paloma
de pluma tornasol, los tulipanes
gigantes del jardín, y el sol que asoma,
bola de fuego entre dorada bruma,
a iluminar la tierra valentina…
¡Hervor de leche y plata, añil y espuma,
y velas blancas en la mar latina!
Valencia de fecundas primaveras,
de floridas almunias y arrozales,
feliz quiero cantarte, como eras,
domando a un ancho río en tus canales,
al dios marino con tus albuferas,
al centauro de amor con tus rosales.

zaidia

El viento de valencia es para mi extraño. Habito en un lugar que tras unos segundo de exaltación patriótica empieza a darme asco. Desde los viejos muros, los decadentes palacios, los restos romanos entre las aceras. Las altas ventanas de las fincas obreras pintadas de colores chillones… no veo más que gente solitaria y una ciudad reconstruida sobre palomas que vuelan solas.

! Han diezmado a las típicas palomas de las plazas de Valencia al calificarlas cómo plaga!

Creo escuchar a varias personas hablando solas bajo la inmensidad del cielo azul sin alas.
sonrio.
aparco la sonrisa.
no, no son chiflados con los que unirme.
son hombres de negocios que hablan con alguien a través de un pinganillo.
Cabrones.

Sigo a uno de ellos cómo si fuera yo un ángel perseguidor.

para él todo esta bien, acaba de hacer un buen negocio.
!Vaya!( exclamo)

Por el camino encuentro  entre los muros de torrefiel un control policial.

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Más de una docena de policías entre la local y la nacional tienen a varios moros contra la pared, y sus coches sobre la acera están abiertos siendo registrados.
la gente de mi ciudad pasa indiferente, cómo si se tratara de algo ajeno a ellos. Algo entre los moros y la policía, y así es.
Observo el control policial durante unos 15 minutos, todos los coches que detienen son de gente de raza magrebí.
El resto pasa sin ser molestado.
Concluyo:

es algo que pasa entre la policía y los moros.
Nada nuevo, desde la reconquista viene aconteciendo esta persecución.
No es diferente a lo que pasó en la guerra civil del país valenciano de la revuelta  de las germanías. El pueblo valenciano, receloso de los moriscos que trabajaban la tierra en régimen feudal de los señores, se levantó  burguesa  contra los señores  feudales, pagándolo muchos moriscos que fueron  torturados y muertos. Iban a sus casas y los degollaban delante de sus hijos. Famoso fue el bautismo forzoso de moros.
Aunque el trasfondo fue una lucha contra los nobles, afloró el odio al moro, y la rapiña del pueblo valenciano. Lo querían todo para si, hasta la miseria del trabajo esclavo del morisco en el latifundio.
Tengo necesidad de tender mi mano a alguien familiar para no sentirme un extraño en la ciudad en la que he pasado la mayor parte de mi vida.

Camino tratando de encontrar los paisajes alegres de Sorolla,
pero solo oigo y veo la sombra difusa, oscura, brumosas, anónima,
de los aullidos de gente que chilla desde el coche impaciente,
o transeúntes que se paran en la acera de repente a mirar un anuncio,
haciéndome sentir cómo el último mártir arrojado en el coliseo del capitalismo.
Así hasta llegar a Marchalenes: la vieja marjalería del Turia.

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La conocida en castellano cómo Marjalenes: mi vieja alquería de paisajes cambiados, donde solo el recuerdo evoca el pasado. El resto es cómo en todas partes del catastro:
hormigón y asfalto.

Llamo al timbre de mi amigo sapito, con dudas.
Hace un par de años que no lo veo, y todo cambia tan de prisa.
Igual se ha hecho madero.
Me arriesgo a llamar.
Contesta su hermano.

Subo esas escaleras cómo he hecho cientos de veces a lo largo de mi juventud.
Subo un piso, dos, tres, cuatro….
puertas y más puertas, celdas de gente del barrio cerradas.
hasta llegar la rellano donde mora su pequeña charca.
Al abrir la puerta me observa con la mano sobre el marco asombrado.
Me siento cómo en Ben Hur.
Solo falta que el sapito grite:

! Mesala!

Tras la sorpresa y el vacío mental que provoca la emoción; la mueca rígida de sus labios se abre y sonríe exclamando un:
ostia tío, mira quien es….
va creciendo el tono de sus palabras y abriendo los brazos en los que acabo acogido.
nos unimos  en un abrazo.

¿ qué es de tu vida?- me pregunta.
Si te contará…
( gesto de cinismo, desdicha en mis palabras, cómo si él supiera de mi vida )
me detuvieron, ¿ no te has enterado?- es lo primero que le suelto.
( creo que lo digo con orgullo)
A mí también
(responde mi amigo sonriendo)
Pero yo salí en la televisión, radio, prensa.- contesto algo desconcertado.

Yo también, hasta en canal 9.
¿ qué has hecho?- pregunto con interés y desconcierto.
No, no tu primero ( me invita a declarar y así lo hago)
Salir con una metralleta en un vídeo de youtube recitando el padre nuestro.
Sapito se ríe.
Deberías haber esperado a que los demás cogiéramos la metralleta para rezar todos juntos el Ave María.- apunta su hermano mayor riendo también de mi famoso y chistoso drama.

Bueno, cuéntame que has hecho tú para merecer los honores de los ministros de la justicia- suplico impaciente, sin saber su proceso judicial, conociendo su forma de pensar y de sentir, tengo un presentimiento de que es algo paralelo a mi causa, algo que la une, que trenza nuestra amistad y elimina cualquier sospecha por las traiciones que causa el tiempo.
Sus primeras palabras me lo aclaran todo:

VARIOS DETENFIOS TRAS CARGAR LA POLICIA
En la huelga general, la del 14N, estábamos manifestando cerca del corte ingles, el de aquí, el del barrio. Era todo un poco decepcionante, nos sentíamos incomprendidos, casi traicionados por no haber casi nadie. De repente se escuchó una flauta, me gire hacia donde sonaban las notas, y vi a un chico con la cabeza cubierta por una capucha. Andaba acompañado de un perro. Avanzaba desafiando a los coches que le pitaban. Cruzaba el tío por medio de la avenida Burjassot. Pasaba entre los coches cómo si fuera Dios sobre un campo de batalla. Era una imagen de película, cómo cuando un grupo de soldados avanza hacia la posición enemiga desafiando las balas con un absoluto desprecio a su propia muerte. Eso hace que los demás se caguen de miedo y se vayan. Ya te digo, la policía lo miraba acojonada. Al cabo de unos segundos, zas. Me veo a su espalda siguiendo la flautista, cientos ! que digo cientos!
miles y miles de personas portado banderas negras anarquistas, arrastrando contenedores y ruedas de coche, y al puto flautista llevándolos a la batalla por esta puta cuidad hermano.
¿ te imaginas? ¿ te imaginas?
Los que estábamos allí nos pusimos a llorar de la emoción.

VARIOS DETENIDOS TRAS CARGAR LA POLICIA
La policía entonces acojonada, antes de que llegaran, mosqueada por nuestros sentimientos empezó a cargar contra nosotros que estábamos sin hacer nada: llorando.
salí en la prensa y en la tele tras mi detención.
¿ y en que situación estás? le pregunto.
me juzgaron y me absolvieron, pero se me han quedado cargos. a mi y a muchos del barrio. Mira, te enseño las fotos.
Abre un cajón y me saca varias fotos y recortes de periódicos.
Observo las fotos de mi amigo, lo hago fascinado. Miro con detenimiento los rostros amoratados, la violencia llevaba al extremo de la ley que me transporta a los limites de la razón, donde nada tiene sentido, y eso fascina, atrapa, engancha.
Escucho una llamada de mi móvil que descuelgo.
Es Teresina que me avisa de que debo acudir al tren a fichar, al revisor le ha llegado al orden del juzgado.

El juez anuncia nuestra despedida Sapito.
la justicia es cómo un caballo rápido,
acude a todas partes para chafar con sus negros cascos la libertad.
Un abrazo en dos movimientos nos separa.
la puerta de su casa se cierra y rehago el camino de vuelta.
Angelillo de Uixó.

chiquillos detenido
Pequeños hombres de Zaidía. by Ángel Blasco Giménezis licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com.

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