Lamentos umbilicales: grito a las madres.

Posted: February 19, 2015 in femen, feminismo
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Lamentos umbilicales: grito a las madres.

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Entra al tren de la indignidad , entre  coro de comadres parturientas, Carmen Dos pasos, huyendo de los gallos que la pican entre las piernas y han sembrado su vientre inmaduro, al que ahora abuchean cacareando.

La estación de valencia tiene forma de luna, cuya luz cae  sobre un yunque de bruñidos toros esculpidos en andenes que desfilan entre las flores y las fuentes triunfadores.

Suenan las guitarras, las palmas, en el corro de las ninfas lujuriosas cargadas de cantaros de agua que arrojan a las huertas donde se pierden los novios.

La llanura del Turia extasía y resbala.

Se adentra por las calles estrechas y perdidas donde la luz no penetra.

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El olor a sudor a gallo, a idiotas y a memos que se acercan a los ombligos jabonosos y lúbricos que bajan por la baranda verde de los balcones por la que trepan las manos heridas de los hombres amarrados a una cuerda que se corta al final de la hemorragia , cuando la alegría por el dolor se vuelve asco con el equilibrio.

Carmen entrega al revisor del vagón su pena.

Teresina, sujetando su hijo ciego que medita mecido entre sus enormes senos de giganta, observa con pena, y escucha el interrogatorio que en el vagón es publico, del revisor a Carmen Dos pasos.

Yo observo desde la ventana la policía en valencia agitada en las detenciones, y a gente que espera en la estación tomando horchata impasible a cuanto le rodea.

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El revisor, con traje alemán, mira atentamente a Carmen: una menor de 15 años embarazada con aspecto de lujuriosa. Sus senos perfectamente redondos tersos y perfumados, cubiertos por una fina seda. Sus ojos negros y oscuros, repletos del misterio que da no saber de letras ni de ciencias. Las nocturnas cejas finamente labradas cómo los capiteles de una iglesia. El cuello engalanado de collares envueltos en su garganta barrocamente cargada de cristos y vírgenes. Sus piernas torneadas por el sol…

La voz, la voz,

dulce y melodiosa capaz de encender el fuego de la hoguera.

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Revisor

¿Quien le dijo señorita Carmen que huyera?

Carmen:

Hubo un gallo que voló hasta la luz de mi ventana. Estaba cerrada y se estrelló contra ella. Así todas las noches, cuando las campanas daban las doce de la madrugada, hasta que un día abrí, y paso.

Revisor

¿Eso es todo?

Carmen Dos pasos

Luego el gallo se fue y no volvió.

La verdad Teresina, no me parecía tan lista esa chica  a primera vista cómo para huir. ¿ crees que se lo habrá dicho el gallo?- hago de confidente de lo que escucho a mi compañera de viaje, que llora al escuchar el relato de Carmen Dos pasos-

Entonces Teresina me mira disgustada y me responde:

De verdad, ¿eres idiota o que te pasa gilipollas?

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Exclamo apesadumbrado un joder, cómo estamos de sensibles, cualquier día me llamas cerdo machista.

Sin ganas de seguir hablando con teresina miro por la ventana del vagón.

Puedo ver cómo jinetes negros entran en la estación con navajas de Albacete que brillan cómo la luna.

La escena me llama la atención, cómo si estuviera ante una representación de hechos dramáticos, incluso tengo la tentación de decirle a teresina:

mira nena, la escena final de bodas de sangre de Lorca pasada por un episodio nacional de angelillo de Uixó.

Pero me temo que si digo eso interprete mal mis palabras y se disguste.

Teresina se levanta para abrazar a Carmen Dos pasos pisándome el pie.

Ambas están en el centro del vagón unidas.

Yo observo desde la ventana y presto oído al andén.

La policía nacional para a los jinetes un momento para tomar declaración de donde van con las navajas.

Momentos después de hablar con ellos piden instrucciones a la comisaria, que a su vez debe aclarar con el ministerio del interior sobre si Carmen Dos pasos puede huir en el tren de la indignidad, donde entre otros pasajeros se halla Konfu, un médico chino que hace abortos ilegales y operaciones de estética monstruosas a muy buen precio.

Un agente de la nacional llama al vagón.

Les habla la policía nacional.

¿ Puede bajar el supervisor del tren o un responsable? Tenemos que hacerle unas preguntas.

Nuestro revisor Klaus, baja al anden.

Le escucho dar cabezazos negativos a un policía nacional, y me llegan unas palabras sueltas que trato de reconstruir para dar coherencia:

Nain, es una indigna, tiene derecho a escapar cómo el resto de pirados. Esa chica ha resbalado por la pendiente de la vida, así que nos la llevamos-

La policía no sabe que decir. Media entre las partes, los jinetes se la quieren llevar por la fuerza, hasta que el ministerio de interior saca un abogado que cruza las vías vestido con sombrero y gabardina. aparece envuelto en el vapor de la locomotora. Presenta sus credenciales. Con el dedo acusador se sube las gafas redondas que han resbalado unos centímetros por su nariz aguileña. Corrige la desviación encajándolas perfectamente tras el hueso de su nariz que surge como una pequeña joroba cerca de los ojos pardos y somnolientos.

Escucha los argumentos de Klaus y contesta monótono, frío:

Hay una diferencia entre los indignos que carga usted en este tren, y esa jaca valenciana  que pretende ir contra corriente, pero no contra la ley. Ella no ha cometido delitos cómo el resto de la panda del tren. Le recuerdo señor klaus que en su  tren hay gente imputada por amenazar a la sociedad con bombas sin carga explosiva, pegar a una gallina, abrir la gabardina para mostrar su cuerpo desnudo a niños, robar en supermercados comida, caminar en sentido contrario al resto de peatones de la acera, manifestarse por el trabajo, por el aborto y la dignidad, y muchos otros crímenes contra la humanidad similares.

Hace una pausa y prosigue con su tono frío.

( concentrado)

Pero señores, veamos el caso que nos ocupa.

( sacando un informe y mirando al padre de Carmen que se afeita las patillas con la navaja)

La señorita Carmen Dos pasos…

Leo:

menor preñada.

Mira a Kaus amenazante.

Señor Klaus. quedarse preñada no es delito en España, por lo tanto no debe estar en el tren de la indignidad. Pido que se devuelva.

Klaus convencido pide perdón:

Caballeros, perdonen mi error.

Esa chica no merece estar entre los indignos.

Ahora la tiro.

Los jinetes montan a Carmen Dos pasos en la grupa del caballo.

El abogado resbala con la sangre que dejan los cascos y desaparece entre el vapor bajo las vías por las que circula un mercancías.

Angelillo de Uixó.

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Lamentos umbilicales: grito a las madres. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a 
Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en 
angelillo201.wordpress.com.

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