El Cabo del Pánico.

1665_aerdromo_de_larany_9
Interpolación musical.
Death In Vegas – Hands Around My Throat


con el alma y los sueños se vencen en las revoluciones teresina- le dije a mi compañera con lágrimas en mis ojos que contemplaban por la ventana las ruinas de la guerra civil que asomaban a nuestro paso por el Cabo del Pánico. Aún quedaba restos de metralla incrustada en las viajas masías abandonadas, gritos escritos en las rocas de No pasarán, árboles con sogas podridas colgando de  mohosas ramas, sangre pegada y arrasada en el lecho del viejo lago seco repleto de huesos y retama de la época en que fue un aeródromo de guerra, donde extendieron vías por las que navegaba nuestra locomotora en medio un paisaje helado, detenido en el tiempo, ente el vuelo de miles de pájaros que se ocultaban entre las ramas plegando sus alas y produciendo ligeros sonidos con sus patas. El tren avanzaba lento, produciendo un acorde de bajo monótono y rítmico que subía y bajaba en una zona arrasada, convertida en un santuario, en un teatro de guerra que se había puesto su mascara de realidad:

La revolución no triunfa sin muertos, la revolución no triunfa si no se cree en lo imposible. La revolución no triunfa sin muertos, la revolución no triunfa si no se cree en lo imposible. La revolución no triunfa sin muertos, la revolución no triunfa si no se cree en lo imposible. La revolución no triunfa sin muertos, la revolución no triunfa si no se cree en lo imposible. La revolución no triunfa sin muertos, la revolución no triunfa si no se cree en lo imposible. La revolución no triunfa sin muertos, la revolución no triunfa si no se cree en lo imposible. La revolución no triunfa sin muertos, la revolución no triunfa si no se cree en lo imposible. La revolución no triunfa sin muertos, la revolución no triunfa si no se cree en lo imposible. La revolución no triunfa sin muertos, la revolución no triunfa si no se cree en lo imposible. La revolución no triunfa sin muertos, la revolución no triunfa si no se cree en lo imposible. La revolución no triunfa sin muertos, la revolución no triunfa si no se cree en lo imposible. La revolución no triunfa sin muertos, la revolución no triunfa si no se cree en lo imposible. La revolución no triunfa sin muertos, la revolución no triunfa si no se cree en lo imposible. La revolución no triunfa sin muertos, la revolución no triunfa si no se cree en lo imposible. La revolución no triunfa sin muertos, la revolución no triunfa si no se cree en lo imposible.
Sin la utopía no hay revolución.

el cabo del panico
Una profunda angustia repleta de sueños de muerte y vida invadía mi cuerpo. Lo primero en notarlo fueron los oídos; cómo cuando se sube a mucha altura o se escucha música muy fuerte, se taparon, un pitido interno los sacudía cómo mi cabeza, que miraba a un horizonte dominado por las vías y las inmensidades del lago del Cabo de Pánico. Junto los raíles se veían las ramas blancas, desnudas, con las manos alzadas entre las dunas tendidas a un viejo fusil, donde un caracol vigilaba sobresaltado por el lento paso del tren que le hacía perder el equilibrio de su casa. De los dientes del cráneo de una mujer, cuyo pelo negro aún perduraba, salia una rosa petrificada sin aroma, mientras su puño cerrado resistía firme en su creencia en que algún día, un gobierno justo impulsaría la revolución de los pobres y acabaría con los amos y señores.

el tren de la indignidad
Mira esa pobre mujer, fue una soñadora. – le dije a teresiana que hojeaba una revista de moda mientras dejábamos atrás sus restos donde se escondían los escorpiones.
Cierra la ventana, tiende la cortina, no quiero ver este paisaje- me solicito cuando a su hijo que imposibilitado de ver palpaba los pechos de su madre que dejo la revista entre sus piernas.
¿ Por qué? Es una a función importante que puede explicar muchas cosas. Cerrar la cortina es renunciar a comprender la función, a dejar de creen en lo imposible, en la resurrección de estos muertos tirados en las cuentas. nosotros somos cómo ellos, y no cómo la gente de las revistas- le cogí de entre sus enormes piernas con gota la revista, y le mostré el rostro de una modelo sonriente con la que ella: gorda, fea y estúpida no tenía nada que ver, y sin embargo mirada a esa modelo pegada a esas hojas, siempre, eterna, feliz y sonriente, cómo eternos estaban los cuerpos que flotaban en el fango de ese lago.-
Note cómo las miradas de los viajeros del tren de la indignidad se volvieron hacia mi al escuchar mis palabras, bostezaron, sintieron indiferencia, hasta el loco que se metió en el tren al escapar del psiquiátrico y nos decía ser Napoleón soltó mirándome cómo un cuerdo, un: menuda tontería.

2012-08-18-Sariñema-pista-viejo-aerodromo
Eso paso hace tiempo- contestó teresina con tono de queja, pidiéndome su revista de moda, cómo si yo estuviera fingiendo, intentando burlarme de ella, poniéndola a prueba, una prueba que yo no pasaba. Ahora todos mis compañeros me semejaban enemigos y quería bajarme, pero mi imputación penal me lo impedía.
Sentí rabia hacia ella y hacia todos. habían renunciado a lo imposible, a salir del barro, de la inmundicia, por miedo a morir a manos de la policía.
Me levante indignado. No quería estar con ella, me senté donde estaba un yonki condenado por misántropo. Entre sus delitos de misantropía estaba pinchar con sus jeringuillas infectadas de su sangre con sida y hepatitis los higos de la casas de su vecino cristiano que repartía entre los pobres.
¿ Quieres un higo?- me pregunto con su habitual cara de subnormal, mostrando ante mi su rostro enjuto, consumido por el vicio. Hablando con su boca sin dientes y maloliente, cómo su carne envejecida y amarillenta que segregaba un aroma y color de pollo recién desplumado en el matadero, parecía un difunto viviente de la guerra civil viajando en el siglo XXI.
Ahora no pelirrojo, largo de aquí o te meto con las botas militares en el viente hijo puta- le ordene para estar solo, pues el pelirrojo era muy pesado y si le dabas coba el cabranazo no se iba y te metía mano.
El yonki se fue sin comprender lo que me pasaba, mirándome cómo si le despreciara.
Es por culpa de gente cómo tu que estamos perdiendo la revolución- le grite y se puso a llorar sintiéndose insultado, cómo si él fuera un revolucionario.
Yo me puse las manos a la cabeza, escondiéndome del mundo, no queriendo aceptarlo cómo era.
¿ Que me pasa?, nadie me comprende, sollozaba desconsolado mientras el tren salía del lago, y la vida se llenaba de colores, las montañas surgían repletas de bosques, y a los pies de los valles había pueblos con carteles anunciando a los candidatos para las elecciones.
Teresina, se acercó un par de horas después pensando que ya estaría mejor. Sin mirarme tomo asiento a mi lado.
No hay ya ninguna revolución , mira si te atreves los rostros de nuestros compañeros, ninguno de nosotros, ni siquiera el solitario, famosos por sus atracos, cree ya en un mundo justo, ni feliz. Acéptalo, acepta la realidad tal y cómo es.
Angelillo de Uixó.

Licencia de Creative Commons
El Cabo del Pánico. by Ángel blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s