Las aventuras de un judío ortodoxo heroinómano.

Posted: January 15, 2015 in relatos
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Las aventuras de un judío ortodoxo heroinómano.

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Interpolación musical: layla de Clapton


Nos alejábamos de los soldados de la estación Mahoma, que se quedaron mezclados con la población civil con sus metralletas apuntando a las flores, a los vendedores ambulantes morenos de piel, a las jóvenes prostitutas, a los traficantes de hachís y chulo putas, que sentían su negocio protegido y en auge gracias a la entrada de cientos de policías y de soldados para vigilar, y dispuestos a consumir drogas y mujeres cuando no tuvieran que estar de guardia. Varios de nuestros nuevos compañeros musulmanes, expulsados de La meca city , y subidos al tren de la indignidad estaban abrazados a los asientos de delante como los amantes se abrazan en los jardines. El tren mecía sus frentes reclinadas sobre el terciopelo desgarrado y grasiento, y el sol se deslizaba ligero sobre sus rostros mientras la locomotora silbaba hacia la siguiente estación llamada Éxodo.
Apiñados en el lavabo del tren orinaba a mi lado un hombre cuyos dorados bucles le colgaban del pelo bajo un sombrero de riguroso color negro, cómo su traje, entre las piernas sujetaba un violín.
Me miro.  debieron serle familiares los rasgos de mi cara.
He de decir que mis facciones son fácilmente identificables, solo pueden ser la de un español:

moreno de piel, bajo, corpulento pese a estar delgado, caderas finas, con las cejas muy pobladas y negras formando dos arcos romanos perfectos, pelo castaño, ojos pardos , y con nariz de tamaño medio, ni fina, ni aguileña, ni excesivamente gruesa cómo la de los franceses:
español.
¿ español?- me preguntó.

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De familia hidalga, adarga en ristre, y dispuesto a dejar un rastro de sangre allá donde fuere por el honor, y por defender mis ideas contra el resto – le conteste sujetando mi enorme pene, mucho más grande que el de mi compañero de urinario.
Yo vuelvo a mi tierra,después de haber estado exiliado años y años, errante por Europa y América, sin pegar ojo, dando vueltas de un lugar a otro. La conclusión que he sacado, es que aunque en tu país te hayan tratado mal, es mejor  ser un judío en Israel, que serlo en España, donde he vivido, cómo en América e incluso que en Alemania. Quiero regresar a casa,  ver  caras familiares, aunque me escupan más que en Francia, que es de donde vengo harto de los franceses- comentó con melancolía tras subirse la cremallera y recoger  el violín.
¿Sabes tocar a Claptón?- le pregunte con acento español mientras salíamos al pasillo.
ÉL me sonrió, puso el violín en el hombro calentando con el rif de layla, que sembró con un canto de chicharras ardientes mi alma embriagada.
!asombroso judío !- exclame buscando flores, que es la manera española de agradecer al músico su arte, pero no encontré.
¿ quieres tomar asiento con mi compañera y conmigo ,y hablamos? – le pregunte dándole mi mano de español, aunque él fuera un judío.
Sera un honor para mí. Pero antes debo hacer una cosa-

Sacó del bolsillo un frasquito con heroína a la que me invito.
Ya la he dejado- le conteste algo tentado.
ÉL volvió al cuarto de baño para hacerse la heroína.
Yo le espere silbando layla en la puerta cuando llegó un seguridad del tren. Iba a pasar al lavabo, lo entretuve para que terminara de colocarse mi nuevo amigo.
Jefe, no hay papel higiénico en los servicios, es una vergüenza, ¿ a quién debo reclamar?- intente frenarle.
El segurata, un tipo de casi dos metros con la cabeza pelada y vestido de negro me miro con asco.
Yo que coño se. No me emplees palabras chungas conmigo, reclamar, reclamar, hizo gestos de anormal repitiendo cómo un idiota mis palabras haciendo cómo que lloriqueaba, suena a maricón. en la siguiente parada haz una queja tan grande cómo una mierda, hijo puta- me respondió categórico dándome un empujón para pasar en el momento en que salia sonriendo mi amigo el judío.
EL segurata iba a decirle algo, pero al ver su aspecto sionista calló. Tenía orden de no meterse con los judíos. Entró el mastodonte para hacerse un tiro de cocaína que sonó a gran distancia el brutal esnufido.
El judío y yo nos giramos asombrados al escucharlo:
Joder-exclamamos asombrados.
EL segurata salió dando un gran portazo. paso por nuestro lado insultándonos:
asquerosos maricones os voy a meter.
Pero no hizo nada.
¿ Cómo te llamas?- le pregunte al judío para presentárselo a teresina.
Hervás- contestó.
Teresina estaba hablando a su bebe ciego del padre que buscaba para él,pronto se uniría al joven testigo de jehová.
Pronto tendrás un montón de hermanitos- le canturreaba a modo de nana al pequeño ciego que se movía cómo una culebrilla que solo tiene bien el sentido de tacto para guiarse, y lo hacía agitándose entre las manazas de su madre sintiendo el calor familiar de mama, del que parecía intentar escapar.
Teresina, te presento a Hervás- le dije señalando al judío.
Este se sentó a nuestro lado y empezó a contarnos que deseaba volver a su tierra, de la que se fue para prosperar. Había estado en cientos de países, y varios continentes, pero no consiguió prosperar pese a presentarse en las comunidades locales de los diferentes lugares cómo un judío ortodoxo nacido en Israel. Incluso una herida de moto la hacia pasar cómo herida de guerra contra los palestinos. Y aunque al principio le ayudaban esas comunidades, al final siempre acababan expulsándole o sintiendo indiferencia por él. Esa era la historia de Hervás.

La historia de Hervás:
Veréis, yo trabajaba en primera línea del frente, en las colonias de los altos del Golan. La vida allí era más dura que en otras partes del mundo. La principal economía eran las granjas. Entonces yo era funcionario de Israel gracias a una plaza del gobierno. Me dedicaba en asesorar a los colonos en recortar los gastos en la alimentación de los trabajadores musulmanes. Y la verdad ,lo hacia muy bien. El trabajo lo conseguí gracias a la reputación de mi abuelo. Mi abuelo  fue un judío que murió en un campo de exterminio nazi, muy contento con lo austero que eran los alemanes. Incluso discutía sobre la materia y la ciencia del racionamiento con el coronel Oto Von Clint. El abuelo dejó a Papa, que se traslado a Israel cuando lo fundaron,  un ensayo calculando hasta donde puede exprimirse a un hombre trabajando con el mínimo gasto en su manutención. Solía decir que con un haba podía comer una familia entera un día si se administraba bien. En odessa obtuvo la experiencia necesaria para su ensayo teórico, porqué  las leyes alemanas de hitler no  dejaron al abuelo practicar con los empleados checos de la tienda de plumas que  regentaba en Colonia. la ironía fue que el abuelo no consiguió vivir al programa de austeridad alemán del campo, solo sobrevivió su ensayo. Dicen que solía decir a los otros reclusos que los alemanes eran sus alumnos más aplicados en ahorro, lo que les hizo pensar al resto de presos que el abuelo era un héroe que chuleaba a los alemanes.
Yo era fiel a las ideas del abuelo, que era muy famoso en la aldea, aunque nunca lo habían visto, solo sabían de él que murió como seis millones más de judíos, por eso me dieron la plaza.
El caso es que acabe matando de hambre a medía docena de trabajadores musulmanes en dos semanas, todo un récord, y los granjeros empezaron a desconfiar de mis habilidades. EL gobierno me quito la plaza y me vi en la calle.
Recorría Jerusalén buscando trabajo, mi único sustento era hacerme fotos para los turistas en el muro de las lamentaciones a cambio de propinas.
De vez en cuando, llevaba a marines norteamericanos de excursión al Sinai, trataba de explicarles la historia del éxodo familiar a marines negros desacostumbrados después de estar tantos años en América a los climas duros de los que procedían. Los marines se habían amariconado, es la verdad, a 45 grados de temperatura perdían el interés por las excursiones al desierto, y la verdad, esos cochinos negros mucho interés cultural no tenían , en cuanto te girabas te montaban un partido de baloncesto. me pedían que volviéramos a Jerusalén, cerca de las heladerías y ventiladores, y yo me quedaba sin mi propina. A los marines no les gusta israel, demasiado calor, mujeres feas y todo viejo. Los marines no comprendían una puta mierda que hacían allí. Les caían tan mal mi pueblo, al que debían proteger por culpa de su presidente, como los musulmanes. Yo hasta creo que incluso les caíamos peor nosotros. La mayoría de soldados tomaban heroína y otras sustancias para aguantar su puto destino. todos soñaban con un destino naval en Hawai. Así fue cómo acabe conociendo la heroína, por culpa de los marines, con los que acabe metido en problemas.
Veréis, un día de mucho calor, hacía 54 grados- Yo estaba con los marines que  no hacían más que tomar coca cola helada. fui a mear. Meando he conocido a mucha gente a lo largo de mi vida. Había meando un oficial al que le hice un comentario tonto. Este oficial tenía una peculiaridad, era un enano de caballería. Formaba parte de un programa de enanos que montaban a caballo por ser los más adecuados para esto. Los caballos son muy importantes para enfrentarse a la gente del desierto. El puto joquei estaba intentado mear en el urinario de oficiales de aviación, pero no podía, no llegaba, y daba pequeños saltitos para hacerlo.
yo al verlo le dije:
Los niños mean fuera.

AL escuchar esto el hijo puta se encaro hacia a mi con una fusta de domar caballos, cargado de una fiereza que jamas he visto, le salían chispas de los ojos. empezó a pegarme hasta casi matarme.
Después de eso no me dejaban acercarme a la base.
Cómo no tenía trabajo, y en Israel me consideraban un vicioso por mi adicción a la heroína, al final me tuve que largar.
Toda Israel me conocía, y escupían a mi alrededor nada más asomaba por el muro de las lamentaciones. Ni lamentarme me permitían. Me tenían resentimiento, o bien por haber matado de hambre a los trabajadores musulmanes obligando durante unos días a trabajar a los colonos que se veían en ese duro trance por mi culpa. Hasta corría el rumor entre los granjeros de que yo era comunista, o bien su resentimiento hacia mi  se debía a mi adicción a la heroína que estaba muy mal vista en Israel por entonces.  Así que proscrito, tuve que emigrar a lugares más comprensivos. Pero la verdad es ésta: que no los hay para alguien cómo yo, por eso he acabado en el tren de la indignidad de regreso.
Angelillo de Uixó.

Las aventuras de un judío ortodoxo heroinomano. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com

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