El chico del casco ciclista.

Segunda parte del tren de la indignidad.

descarga
Había parado el tren en una estación para discapacitados. Se escuchaban todo tipo de gritos y lamentos de voces en trance, gritos de histeria, que se mezclaban con aullidos monstruosos de sentimientos de tristeza, abandono, soledad, que emanaban de las almas cercenadas en cuerpos y mentes mutiladas, torcidas. Por motivos legales, por desgracias familiares cómo fallecimientos, iban a ser cargados al tren de la indignidad varios discapacitados. Sus lamentos y quejas eran acompañadas de palabras frías :
es por tu bien hijo mío, dentro de poco estarás mejor, y no te acordarás de nosotros, te cuidaran mejor que en casa. Se fuerte.
En esa estación había médicos, abogados, psiquiatras, y cómo siempre policías y curas que rezaban:

Nuestro señor curo a los leprosos, igual sanara vuestras mentes y vuestros cuerpos.
El triunfo de la vida lega después de un gran castigo.
resignaos.

A nuestro vagón entro un chico con un casco ciclista en la cabeza montado en una silla de rudas. Parecía un colosal calimero sobre ruedas al que iban a enjaular contra su voluntad. Le
chillaba a su padre:
Granuja, sin vergüenza, lo que quieres es ingresarme en un psiquiátrico y quedarte con mí mujer en mi casa sin mi.
Si mama vivirá no lo consentiría. te acogimos Elvira y yo porqué estabas solo y en la calle.

Los celadores lo sujetaban cuando intentaba arremeter a su padre que le decía a la gente:
Mi hijo está loco, no le hagan caso. Por eso lo ingreso.

Un abogado entregaba los papeles al padre que firmaba ante un notario de la propiedad.
Ponerle las cuerdas- mandó el psiquiatra enojado al ver que intentaba el discapacitado arrebatar los papales, presa de la ira.
las cuerdas no- chillo el chico del casco ciclista desesperado lanzándose en la silla de ruedas impulsada por sus fuertes brazos con toda su fuerza y arremetiendo con su casco ciclista haciendo de ariete contra un celador al que alcanzo en el estómago. El celador antes de caer pego un gran chillido cómo un animal herido.
Los pasajeros del tren de la indignidad empezamos a dar animo al muchacho.
Dales fuerte hijo, dales fuerte calimero- es cómo fue bautizado.
Un empleado de la policía lo cogió del cuello. Y sus fuerzas quedaron detenidas. Sus ojos arrojaban abundante lagrimas y de la agitación nerviosa empezó a tirar espuma por la boca y a defecarse encima mientra no paraba de saltar convulsivo sobre la silla de ruedas con los ojos en blanco, ajeno ya a todo el alborozo de voces. Finalmente se rindió con la frente bañada en sudor y los ojos cerrados quedando sedado con el monstruoso beso de despedida de su padre en la frente agotada del hijo.
Los asistentes del tren se lo levaron al aseo.
El tren arrancó fiel a su horario y a su destino.
Como el lento movimiento de las nubes, sus metálicas ruedas se mecieron sobre los raíles oscuros que rechinaron cómo cigarras abrasadas un caluroso día de agosto. Se hizo una breve soledad, y silencio en cada unos de nosotros.
Teresina estaba sentada junto a mí acunando a su hijito ciego que parecía muerto con sus ojos blancos, de mirada de estatua romana, bajo su barbilla. Ella se giro a ver por la ventana alejarse la gente que estaba en la estación. Teresina empezó a hablar del chico que buscaba enamorada, su joven testigo de Jehová , todo lo que tenía de él era un folleto que se dejo titulado :
los días del advenimiento.
Me lo iba a mostrar cuando se escuchó salir del aseo un ruido de la silla de ruedas, y yo puede ver con detenimiento al pasar por mi lado la cara del chico del casco ciclista.
Tendremos dos hijos más ese chico y yo, serán guapos cómo él- comentaba entusiasmada haciendo sus planes.
Sin darme cuenta le pedí a teresina que silenciara mientras hablaba de sus proyecto de tener dos o tres hijos más.
¿sabes quien es el que acaba de pasar?
Lo miro sin reconocerlo.
Ese es Sordelo. El discapacitado de mi escuela. ( con gesto de incredulidad, hasta de espanto le empece a relatar lo que le hacíamos a Sordelo)

Veras Teresina, cuando yo iba al colegio Santiago apóstol, un día el director entro en el aula, nos miro y pidió silencio. El profesor de matemáticas estaba su lado muy serio, y servicial junto al director. Solo le faltaba besarle el culo. Reclamo silencio que tuvimos que hacer si no queríamos quedarnos sin recreo y empezó a hablarnos cómo a adultos:

Aceptar los tiempos. estamos hijos míos 1987, es un tiempo de modernidad, y alguien de arriba, y me refiero al ministro. ¿ sabéis quien es el ministro?- ( nos preguntó cambiando de tema, cómo si fuéramos una panda de borricos y la verdad es que lo eramos, nadie sabia quien coño era el ministro de educación) Bueno, pues ese señor que no sabéis quien es, ha dicho que los discapacitados deben ir a escuela con los normales. Idiota e inteligentes aprenderán juntos sin discriminación.
Y ahora os presentaré a vuestro compañero.
Entró temblando de miedo, sin poder pronunciar su nombre, estaba acompañado de su madre, una mujer que recuerdo muy hermosa, rubia, sonriente, que no paraba de acariciarle. Iba en una silla de ruedas de madera, y ya llevaba un casco ciclista. El chico del casco ciclista. todos le llamamos así por este motivo. Había pasado por la meningitis , según nos explicaron, aunque nosotros no sabíamos lo que era la cochina meningitis,eso le producía algo de retraso en la lectura y comprensión. sufría también de violentos ataques epilépticos que lo hacían caer la suelo, fuera de si. El casco lo llevaba cómo protección. Del cuello colgaba una barra de plástico para ponérsela en la boca cuando tuviera un ataque de esos. Ese era nuestro Sordelo, el que acabas de ver.
Para nosotros  un monstruo, y como a todo monstruo se le desprecia, es sometido a burlas, a todo tipo de crueldades. Y parece que sigue igual hasta hoy. Está marcado cómo nosotros.
La cosa llego a tal extremo, que al cabo de varias semanas el profesor de matemáticas hablo conmigo, y pidió que lo cuidara en el patio.
Yo no tenia porqué hacerlo, pero no lo sabía, creía que si me lo mandaba Don Sebastián tendría que hacerlo. A mi me caía muy mal Sordelo. Sus notas eran tan malas cómo las del resto, sin embargo era dramático verlo atender, tomar apuntes y estudiar a todas horas para fracasar. Se ponía a llorar delante de todos. La meningitis pudo más que su voluntad de ser un buen estudiante. A su alrededor mucho asco.
Yo me pasaba el recreo con el monstruo, tenía prohibido que jugara con los demás chicos.
Así que nos sentábamos en la pared al sol los dos. mirábamos con resignación cómo mis compañeros jugaban a paredón., pero entre Sordelo y yo había una resignación diferente. Yo quería ir a jugar y no podía por tener que estar con él. Él no quería ir a jugar a paredón y estaba resignado por estar viendo aquello.
¿ que es paredón?- me pregunto teresina.
¿ No sabes que es paredón?- le pregunte asombrado, y se lo explique:
paredón consiste en ponerse un jugador en la pared ,mientras otro frente a él le tiraba con la pelota con intención de darle, el que está en la pared, recibe una balonada si no se espabila. raro era el día que no acaba nadie con la nariz sangrando o el ojo hinchado.

Tampoco le gustaba el juego de caballero, que era mi favorito. Te explicare en que consiste:

Caballero consistía en coger al mas débil o rarito de la clase entre cinco o seis, uno de un brazo, otro de otro, alguien de las piernas, y arrastrarlo en volantas entre gritos de:
caballero, caballero, te vamos a nombrar caballero, hasta llegar al poste de la portería y esclafar le los huevos contra el poste gritando:
caballero, caballero. ya eres un caballero.

También había juegos de patio más políticamente comprometidos con la realidad social de los años 80, donde la droga corría tan rápido por las calles cómo nosotros.
Había días que jugábamos “a corre, corre que te pillo”, y la verdad, oh Teresina, más valía correr y que no te pillaran, era el juego más educativo de todos, pues al salir de clase estaban los yonkis y la policía jodiendo nuestra vida, cada uno a sucio estilo.
yo solía contemplar al cabezón mirando con asco nuestros juegos, a veces me pedía que quiera irse de allí, a otro lugar más tranquilo, donde jugaban las chicas a la comba, la rayuela y otras mariconadas.
¿ No crees que te equivocaban con él?- me pregunto teresina llena de ternura, con su hijo ciego en sus brazos que balbuceaba mama, mama, girando la cabeza hacia todos los lados sin ver. El chico del casco ciclista, cómo un calimero entristecido, se acercaba a nosotros empujando despacio su silla de ruedas, clavando sus ojos hacia mi, con los puños cerrados y cantando:

el tren se mueve susurrante,
y nos envuelve a todos dentro de su seno,
entre encuentros en una larga marcha por la  indigna  vida,
mecida por una gran soledad y adornada por los pétalos del fracaso.
Monstruos que aúllan.

Angelillo de Uixó.Licencia de Creative Commons
El chico del casco ciclista by Angelillo de Uixó is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en angelillo201.wordpress.com.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s