Rajoy piadoso besa el ojo vacío de un manifestante herido.

Posted: March 30, 2014 in capitalismo, educación, instrucción
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Rajoy piadoso besa el ojo vacío de un manifestante herido.

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I.

(La escena se sitúa en la puerta de un hospital de Madrid; van saliendo los heridos por la policía de una manifestación, algunos están esposados y custodiados por centauros del sistema que los montan en sus grupas y los conducen a lúgubres mazmorras)

El poeta se dirige a sus compañeros manifestantes agotados y sintiéndose vencidos tras conocer los partes médicos que mencionan lesiones muy graves…

El poeta les infunde ánimo:

Oh hermanos de la democracia, las manifestaciones y el progreso, no desfallezcáis, con nosotros arrastraremos a los compañeros tuertos y descojonados a causa de la represión policial en las manifestaciones.

Es mucha la tristura que sentimos al ver estás víctimas martirizadas por los centuriones del sistema, sobre todo por su inocencia de corderos ultrajada por la violencia de los lobos del estado.

Merecemos vencer porqué estás voces hoy mutiladas, solo balaban mejoras sociales y paz.

Ahora piden justicia, cómo veis es gente con Fe, porqué seguramente la justicia lo que hará es quitarle el otro ojo y el otro cojón.

Ea compañeros, ya que no vamos a hacer la guerra ¿ verdad?… ( el poeta con sagacidad de hiena tanteando a los manifestantes deja la frase sin terminar esperando que contesten)

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Los manifestantes responden:

No, no, Magno, desde luego que no queremos guerra, maldecimos la guerra civil y los desordenes en nombre de la democracia, la tolerancia, el mundo global respetuoso con todos los derechos humanos. Nosotros no somos los romanos.

El poeta:

Bien dicho gente, bien dicho. No esperaba otra cosa de vosotros hermanos. Entonces ( el poeta hace una pausa) solo nos queda una solución, ya se hizo en la historia.

Manifestantes con interés:

¿ Qué solución nos propones Magno poeta? Dinos tú que eres conciencia. Tú poeta, que tienes el divino Don otorgado por los dioses de la madre Gaia para interpretar los sentimientos de cada uno de nosotros y unirlos en el colectivo. Tu, nuestra voz. Habla, te exhortamos a hacerlo, somos el pueblo, no te guardes las aladas palabras tan necesarias.

La piedad – invoca aristocrático el poeta abriendo los brazos al cielo. Una nube de palomas aparece y gira en torno al poeta.

Los manifestantes se asombran. De repente un águila imperial surge atravesando las nubes y caza varias palomas en el aire a las que devora sin detenerse en su homicida vuelo.

El poeta le silba al fiero animal de brillantes ojos que grita espeluznantemente espantando a los manifestantes que huyen para no ver semejante escena. Los gritos del ave atraen a los centuriones de sistema. El águila se posa junto al poeta.

Varios centuriones se acercan al poeta y le piden documentación del ave y la suya.

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El poeta se niega a contestar y a entregar ningún tipo de documentación. Le llevan primero al cuartelillo, después al seprona donde no aclaran nada. Lo dejan a las horas libre imputado por un delito de maltrato animal y con una orden de ingreso en un psiquiátrico cuando quede una plaza vacante.

II.

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(El presidente de España, ante si, en su despacho, solo. Entra la diosa piedad por la ventana y le toca. Hay una pila de informes en su mesa de despacho con las noticias de los tuertos por pelotas de goma en manifestaciones, los heridos, la sangre derramada en las manifestaciones, la pobreza… El presidente asqueado de la masacre nacional, se quita la venda de los ojos y ve la realidad)

Piedad, piedad, piedad, señor, no puedo más, no puedo más- grita, llora, se mesa los cabellos, se arrastra por el despacho, pega la cabeza al suelo y grita:

Piedad, piedad, piedad.

Su mente se llena de flaquezas y de temor, su cuerpo se agita, arde, delira.

Grita:

Besare las cuencas vacías de los ojos de aquello que han quedado tuertos, besare el cojón que le quede de aquellos a quines se los han extirpado por culpa de los golpes de la policía de la que yo soy responsable.

Pero señor, ten piedad, ten piedad de mi. No dejes que mi dureza, mi impiedad me condene cómo a Ramses.

Piedad, piedad, piedad.

El presidente se mira las manos, están cubiertas de sangre. Espantado mirando al techo, suplica.

Lava mis manos de sangre. Piedad, piedad.

Angelillo de Uixó. Dedicado a la mayoría silenciosa y su forma de entender las manifestaciones.


Rajoy piadoso besa el ojo vacío de un manifestante herido. by Ángel Blasco Giménez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://angelillo201.wordpress.com/.

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